Ninguno de los dos grandes bloques políticos en las elecciones en Israel alcanza la mayoría necesaria para gobernar, según el escrutinio del 85,6 % difundido por el Comité Electoral Central y los cálculos de los principales medios locales. El sector liderado por el primer ministro Benjamín Netanyahu perdió un escaño respecto al recuento anterior y quedó en 53 diputados, mientras que la coalición opositora que encabeza el exgeneral Gadi Eisenkot también cedió una banca y se ubicó en 48. Para formar gobierno se necesitan 61 de los 120 asientos de la Knéset.
El Likud, partido de Netanyahu, cayó a 26 escaños, aunque se mantiene como la fuerza más votada. Lo acompañan Judaísmo Unido de la Torá y Shas, con siete bancas cada uno, y los partidos de los ministros Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich: Poder Judío, con siete, y Sionismo Religioso, con seis. Ninguna de esas formaciones varió en la última actualización.
Del otro lado, Yashar!, el partido de Eisenkot, descendió a 21 diputados. Su bloque se completa con los 12 escaños de Beyajad, la lista de los ex primeros ministros Naftali Bénet y Yair Lapid; los ocho de Los Demócratas y los siete de Israel Beitenu.
Los partidos árabes, la llave de un eventual gobierno opositor en Israel
El dato que reordena el tablero es el desempeño de los partidos árabes, que canalizan mayoritariamente los votos de los palestinos con ciudadanía israelí. Tras una votación récord, sumaron dos bancas y treparon a 19: la Lista Conjunta asciende a 12 y Raam llega a siete.
Estas formaciones quedan excluidas de ambos bloques, incluso por partidos de la oposición, pero sin ellas la alternativa a Netanyahu no tiene aritmética posible.
Los sondeos previos a los comicios anticipaban una mayoría del voto para Eisenkot, pero tanto las encuestas a pie de urna como el conteo oficial ubicaron a Netanyahu como el más votado.
¿Cómo sigue el proceso electoral en Israel?
Una vez publicados los resultados oficiales, el presidente Isaac Herzog tendrá una semana para consultar a los partidos, que le recomendarán un candidato a primer ministro. Luego encargará la formación del gobierno a quien considere con más posibilidades, con un plazo de 28 días prorrogables por otros 14 para lograr la investidura.
El mandato no recae necesariamente en el líder de la lista más votada: en 2009, Simón Peres se lo encomendó a Netanyahu pese a que el Likud había obtenido 27 escaños frente a los 28 de Kadima, de Tzipi Livni, porque contaba con más apoyos para armar una coalición.
Si el primer candidato fracasa, el presidente puede designar a un segundo, con 28 días sin prórroga. De no prosperar, 61 diputados tendrán 21 días para proponer un nombre, que dispondrá de 14 días adicionales antes de que la Knéset se disuelva y se convoquen nuevas elecciones.
Mientras tanto, Netanyahu continuará al frente de un gobierno en funciones hasta que el Parlamento otorgue su confianza a un nuevo Ejecutivo, una situación limitada por la jurisprudencia del Tribunal Supremo y las directrices de la Fiscalía General, que impiden nombramientos no urgentes de altos cargos o jueces.
En caso de que las negociaciones fracasen y haya que repetir los comicios, Israel podría llegar hasta la primavera con "un gobierno interino con todo el poder y casi ninguna rendición de cuentas" y sin nuevos presupuestos, lo que tendría "consecuencias constitucionales muy significativas", señaló Yossi Mekelberg, investigador del programa de Oriente Medio de la Chatham House.
Con información de EFE
Este contenido fue hecho con la asistencia de inteligencia artificial y verificado por un periodista de El País.