Hoy martes Israel acude a las urnas en sus primeras elecciones parlamentarias tras los ataques terroristas del 7 de octubre de 2023. El Likud del primer ministro Benjamín Netanyahu aspira a repetir fórmula de Gobierno junto a la derecha religiosa, cuya cara más visible es el ministro Itamar Ben Gvir.
Frente a ellos, se perfila un bloque encabezado por el ex jefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot (Yashar!), con la derecha nacionalista de Beyajad; y Los Demócratas, considerados de izquierda en Israel y liderados por Yair Golán, otrora subjefe del Estado Mayor.
En un contexto de convulsión en Medio Oriente, las últimas encuestas -publicadas el pasado viernes- arrojan que ambos bloques estarían prácticamente empatados, con entre 52 y 56 escaños para los opositores y 50 para la actual coalición de Gobierno, lejos de la cifra mágica de 61 escaños en el Parlamento necesaria para poder gobernar.
Unos 7,3 millones de israelíes están llamados a votar hoy martes -incluidos 810.000 residentes en el exterior que deben viajar para ejercer su derecho al sufragio- en unas elecciones que han contado con una campaña electoral particularmente discreta, en la que Netanyahu ha sido protagonista de escasos actos públicos.
Sí ha agitado, en cambio, con sus declaraciones el avispero bélico con Irán. Una semana antes de las elecciones, cazas israelíes sobrevolaron Siria e Irak hasta la frontera iraní, mientras medios como Financial Times o Axios apuntaban que Netanyahu había solicitado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reanudar los ataques contra el país persa antes, lo que el republicano descartó por el momento.
Y el pasado viernes Netanyahu anunció una contundente operación militar en Cisjordania después de un ataque armado perpetrado por dos palestinos contra un puesto de control israelí en Hebrón, que se saldó con dos soldados de las FDI y los dos atacantes muertos.
Durante la campaña, Netanyahu ha mantenido que su coalición debe seguir en el poder para acabar “definitivamente” con la “amenaza nuclear iraní y ha destacado el apoyo público de Trump hacia su candidatura. Pero más allá del apelativo de “gran guerrero” con el que Trump lo respaldó, Netanyahu enfrenta divisiones con sus socios de gobierno.
Por un lado, los partidos ultraortodoxos amenazan con retirarle el apoyo si continúa deteniendo puntualmente a jóvenes jaredíes desertores y, por otro, la formación radical sionista Poder Judío lo ha atacado por no comprometerse a entregar el ministerio de Defensa a su líder, Itamar Ben Gvir, si ganan las elecciones.
Mientras, desde el bloque opositor, el general Eisenkot se ha consagrado en su bajo perfil y en un discurso basado en sus dos grandes caballos de batalla contra Netanyahu: realizar una investigación independiente de las supuestas negligencias que derivaron en el 7 de octubre, y el compromiso de obligar a los ultraortodoxos a hacer el servicio militar.
La reconstrucción de Gaza tras la guerra contra la organización terrorista Hamás, responsable de los ataques del 7 de octubre, ha estado casi ausente de la campaña electoral.
Tan solo la Lista Conjunta y la Lista Árabe Unida, integradas por palestinos que quedaron dentro de territorio israelí tras la guerra de 1948, proponen alternativas para Cisjordania y Gaza.
Las últimas encuestas otorgan a ambas listas en torno a 14 escaños que resultarán clave para formar gobierno ante un previsible escenario de empate entre los dos grandes bloques políticos. EFE