El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, apuesta por aprovechar la cumbre de la OTAN como un foro para reforzar su imagen internacional y desafiar a sus opositores, sometidos a una creciente represión, según analistas.
Al recibir la cumbre de la Alianza Atlántica el 7 y 8 de julio, el gobernante espera consolidar el papel de Turquía como potencia regional y como intermediaria entre Estados Unidos y Europa. Erdogan quiere presentar a Turquía como “un actor imprescindible en Europa y más allá“, señaló a la AFP Serkan Demirtas, experto en relaciones internacionales.
La unidad de la OTAN fue puesta a prueba recientemente por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, en la que los gobiernos europeos se negaron a sumarse. No obstante, Trump prometió participar en la cumbre de Ankara. Turquía tiene una ubicación geoestratégica privilegiada entre Europa y Medio Oriente, en la margen meridional del mar Negro.
“La organización de esta cumbre en Turquía recordará el importante papel que tuvo desde su ingreso a la OTAN en 1952, dentro de la Alianza y a escala regional”, consideró Luke Coffey, investigador del Hudson Institute. Demirtas insiste también en el papel activo de Turquía en las misiones de la OTAN en la región del Báltico, donde contribuye a la vigilancia del espacio aéreo y participa en los ejercicios conjuntos.
Aun así, las fricciones no faltan, según Coffrey. “Las numerosas turbulencias entre Washington y Ankara han llegado a repercutir en el funcionamiento interno de la alianza”, apuntó. Tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, Turquía se mostró reticente a validar la adhesión de Suecia y Finlandia a la OTAN. Ambos países tuvieron que negociar intensamente para que Ankara no vetara su entrada. También irritó a sus aliados, empezando por Estados Unidos, al adquirir el sistema ruso de defensa antiaérea S-400. Esto le valió ser excluida del programa de cazas F-35, al que Ankara trata no obstante de sumarse.
Con todo, las buenas relaciones entre Trump y Erdogan, tras un período de frialdad bajo Joe Biden, permitieron preservar el diálogo. “A todos les interesa que esta cumbre transcurra sin sobresaltos”, sostuvo Coffey. Para Aaron Stein, director del Foreign Policy Research Institute, su membresía de la OTAN sigue siendo “la garantía de seguridad definitiva de Turquía”, al darle la posibilidad de gestionar por separado su compleja relación con Rusia.
Los analistas destacan la importancia de mantener a Turquía alineada con la OTAN, dada su capacidad de intervenir en varios frentes. Sin embargo, la cumbre de Ankara ocurre en plena deriva autoritaria y en un momento en que Turquía atraviesa un nuevo período de turbulencia política, tras una decisión de la justicia de destituir al principal líder de la oposición. EFE