Las autoridades colombianas ultimaron ayer sábado los preparativos para la primera vuelta de las elecciones presidenciales de hoy en las que se elegirá al sucesor del actual mandatario, Gustavo Petro, y para las que están habilitados para votar 41.421.973 ciudadanos, incluidos los residentes en el exterior.
De los trece candidatos que aparecen en el tarjetón electoral, solo once siguen en la carrera presidencial porque en las últimas semanas se retiraron el exministro Luis Gilberto Murillo y el exalcalde Carlos Caicedo, ambos de izquierda, para sumarse a la candidatura del senador Iván Cepeda, que lidera todas las encuestas de intención de voto.
Sus mayores rivales son el abogado ultraderechista Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, que aparece en segundo puesto, y la senadora uribista Paloma Valencia, del partido de derecha Centro Democrático, que está en tercer lugar.
Salvo una sorpresa en las urnas, ninguno de ellos aparece en las encuestas con el caudal de votos suficiente para ganar en primera vuelta, para lo cual se necesita la mitad más uno de los votos en unas elecciones en las que la participación ronda el 54 %. De confirmarse los pronósticos, será necesaria una segunda vuelta el próximo 21 de junio entre los dos más votados que, según las encuestas, serán el izquierdista Cepeda y el ultraderechista De la Espriella, cuya candidatura ha crecido de manera sostenida en las últimas semanas con un discurso populista.
El crecimiento de De la Espriella ha coincidido con los tropiezos de Paloma Valencia, que representa a una derecha moderada que en su intento de atraer al centro acabó perdiendo apoyos en el propio partido uribista al que pertenece, donde un sector radical optó por irse con el candidato de la ultraderecha.
Masacre pre-electoral
La semana previa a las elecciones, en zona rural de San José del Guaviare se registró una de las peores masacres derivadas de enfrentamientos entre grupos armados, por lo menos en la última década.
La disputa entre las disidencias de alias Iván Mordisco y alias Calarcá por el control territorial de una zona que quedó bajo fuego tras la fractura de ese grupo armado dejó un saldo de al menos 48 personas muertas, muchas de ellas menores de edad víctimas de reclutamiento forzado.
Este escalamiento del conflicto, en plena víspera electoral, fue quizá la cara más visible de una violencia presente en distintas regiones y que, según entidades como la Defensoría del Pueblo, podría incidir, en parte, en el voto libre de los ciudadanos.
En territorios como el Catatumbo, el nordeste antioqueño o el suroccidente del país se imponen dos formas de coerción. La primera: la violencia derivada del pulso entre dos o más grupos armados que se disputan el control criminal.
La segunda: la gobernanza ejercida por el dominio hegemónico de uno de estos grupos y las prácticas de control que se desprenden de ello, como la carnetización y toques de queda. Según Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), este escenario, motivado por el fracaso de las negociaciones enmarcadas en la llamada ‘paz total’, convirtió estas elecciones presidenciales en las más violentas desde las de 2018.
De acuerdo con el último mapa de riesgo electoral divulgado por la Defensoría del Pueblo, 69 municipios están bajo alerta inmediata, el nivel más crítico en el semáforo de violencia asociada al ejercicio democrático. “La preocupación central no es la realización de la jornada electoral. La preocupación central es la libertad con la que se desarrollarán esas elecciones en el país. El riesgo no es la cancelación de las votaciones, sino la consolidación de una democracia meramente formal en algunas regiones, que ignore el silencio obligado de las comunidades ante la gobernanza de los grupos armados”, dijo la defensora del Pueblo, Iris Marín Ortiz, durante la presentación del informe.
Cauca es el departamento más crítico, con cinco municipios en los que se agravó el riesgo: Puerto Tejada, Balboa, Jambaló, Padilla y Villa Rica. La mayoría han sido epicentro de atentados y hostigamientos contra la Fuerza Pública.
A lo largo y ancho del país fueron instaladas para hoy domingo 118.346 mesas de votación en 13.489 puestos, cuya vigilancia y seguridad se ocuparán unos 248.000 miembros de la Fuerzas Militares y de la Policía. El registrador nacional, Hernán Penagos dijo en la semana que «no hay manera de que un software pueda difundir información diferente» a la registrada físicamente en las mesas de votación. Además, habrá observadores internacionales en la jornada electoral.
Sara Quevedo, El Tiempo (GDA )/ EFE
Las urnas
Para estas elecciones presidenciales la Registraduría de Colombia adoptó y difundió el lema «Dale tu voto de confianza al proceso electoral», en respuesta a las dudas que el presidente de la República Gustavo Petro y miembros de su partido, el Pacto Histórico, han sembrado sobre la transparencia del proceso alegando que no hay garantías de que éste no será alterado.
Influencia de Trump en esta región
Los colombianos votarán hoy en lo que será una prueba crucial para la izquierda latinoamericana, en un momento en que los líderes de derecha están en ascenso en toda la región, en ocasiones con el impulso del presidente Trump. Los principales candidatos representan las “direcciones radicalmente distintas que podría tomar el país”, dijo Michael Shifter, experto en Latinoamérica y expresidente de Diálogo Interamericano, un instituto de investigación de Washington. “Hay mucho en juego”. La elección se produce en un momento en el que Trump está adoptando una postura más firme en la región, prometiendo erradicar los cárteles y el crimen organizado como parte de una estrategia de seguridad nacional destinada a reafirmar el dominio estadounidense en el hemisferio.
Trump ha intentado ampliar la presencia militar estadounidense y asegurarse aliados leales, respaldando a candidatos desde Argentina hasta Honduras. También se produce en un momento en que Colombia está convulsionada por el mayor nivel de violencia desde que el gobierno firmó en 2016 un histórico acuerdo de paz con las FARC. The New York Times