El Reino Unido cede a la presión de Trump y anuncia que revisará la devolución del archipiélago de Chagos

El presidente estadounidense calificó de “terrible” el acuerdo en Nueva York y reiteró que no lo apoyaría. Ahora, el gobierno británico buscará renegociarlo para lograr la aprobación de EE.UU.

El presidente Donald Trump (derecha) se reúne con el primer ministro británico Andy Burnham durante una reunión bilateral al margen de la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York.
El presidente Donald Trump se reúne con el primer ministro británico Andy Burnham al margen de la 81.ª Asamblea General de la ONU.
Foto: AFP

Donald Trump ya ha obtenido la primera concesión importante del primer ministro británico, Andy Burnham, después de la reunión que mantuvieron ambos este martes en Nueva York, con motivo de la celebración de la Asamblea General de Naciones Unidas.

El Gobierno del Reino Unido ha echado el freno al acuerdo alcanzado el año pasado con la isla-nación de Mauricio para la devolución del archipiélago de Chagos, e intentará renegociarlo en condiciones que cuenten con el apoyo de Washington.

El presidente de Estados Unidos había vuelto a cargar contra ese pacto, que calificó de “terrible”, y reiteró que “no lo apoyaba”. Horas después, el ministro británico de Defensa, Wes Streeting, confirmaba en la BBC que Londres paralizaba la decisión y suspendía los pagos anuales comprometidos con Mauricio, de unos 162 millones de euros.

“El acuerdo, en sus condiciones actuales, no puede seguir adelante sin el apoyo de Estados Unidos, así que nos toca renegociarlo para que logre ese apoyo, así como el beneplácito de Mauricio y del Gobierno británico”, ha dicho Streeting.

La confirmación del ministro ha ido acompañada de una crítica velada al anterior primer ministro, Keir Starmer, ya que fue su equipo el que impulsó el pacto.

En un primer momento, obtuvo la aprobación y hasta los elogios de Marco Rubio, el secretario de Estado estadounidense, pero pronto fue el propio Trump quien echó un jarro de agua fría sobre lo acordado, al considerar que ponía en riesgo el uso conjunto británico-estadounidense de la base militar localizada en la isla Diego García.

La isla Diego García está ubicada en el archipiélago de Chagos.
La isla Diego García está ubicada en el archipiélago de Chagos.

El Gobierno de Starmer suspendió el acuerdo, pero sin intentar cambiarlo. Prefirió hacer oídos sordos ante el planteamiento de Trump, con la esperanza de que cediera con el tiempo.

“No creo que la estrategia pueda ser la de esperar a que el presidente Trump se canse, sino más bien la de trabajar con él y su Administración”, ha justificado Streeting. “La idea de enterrar la cabeza en el suelo como el avestruz no es inteligente, cuando se trata de decidir qué hacer con uno de los activos más sensibles para nuestra seguridad nacional”, ha dicho.

A cambio de que Mauricio recuperara la soberanía sobre ese territorio, los gobiernos británico y estadounidense acordaron, en mayo del año pasado, asegurarse el control futuro, al menos durante 99 años, de la base militar conjunta de la isla de Diego García, en la parte sur del archipiélago.

El coste del arrendamiento sería de un promedio de poco mas de 160 millones de euros anuales. Las condiciones del pago establecieron que durante los primeros tres años la cifra a entregar sería de 196 millones de euros. Del año cuarto al decimotercero, la cantidad pasaría a suponer casi 143 millones.

El presidente estadounidense Donald Trump durante una reunión con el primer ministro británico Andy Burnham en el marco de un encuentro bilateral celebrado al margen de la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York.
El presidente estadounidense Donald Trump durante una reunión con el primer ministro británico Andy Burnham.
Foto: AFP

La base militar de la isla Diego García se encuentra a 5.200 kilómetros de la capital iraní, y Washington la contempló como una posible rampa de lanzamiento de ataques contra ese país, antes de que el Gobierno de Starmer rechazara esa opción y desatara la irritación de Trump.

Francia cedió el grupo de islas al Reino Unido en el Acta de Capitulación de 1810. Cuando en 1965 Mauricio alcanzó su independencia, Londres retuvo el archipiélago, como parte de lo que denominó Territorio Británico del océano Índico. La decisión contrariaba el derecho internacional vigente, que prohibía desgajar territorios colonizados antes de su devolución.

En la década de los sesenta del siglo pasado, Estados Unidos puso su mirada en la isla de Diego García por su interés estratégico, como el tiempo se ha encargado de demostrar. Durante las guerras de Afganistán e Irak, desde su base militar despegaron muchos bombarderos de largo alcance estadounidenses y británicos.

A través de un pacto secreto, nunca refrendado por el Parlamento británico, Londres puso a disposición de su aliado, en 1966, el control de la isla por un periodo de 50 años.

Andy Burnham, primer ministro del Reino Unido.
Andy Burnham, primer ministro del Reino Unido.
Foto: AFP

Por exigencia estadounidense, el Gobierno británico expulsó a los habitantes indígenas del archipiélago, los chagosianos o ilois, unas 2.000 personas, a las que prohibió regresar y envió a Mauricio y las Seychelles. Muchos de ellos se enfrentaron a una situación de pobreza, y luchan desde entonces en los tribunales por su regreso.

En 2019, la Asamblea General de Naciones Unidas votó de manera abrumadoramente mayoritaria a favor de la devolución del archipiélago de Chagos a Mauricio. Países como Francia y Alemania expresaron su apoyo mediante la abstención. El Tribunal Internacional de Justicia sentenció ese mismo año que el Reino Unido debía renunciar cuanto antes a la soberanía sobre las islas.

El pragmatismo de Burnham

El nuevo primer ministro británico se había preparado a conciencia para su primer encuentro con Trump, consciente de lo imprevisible y atrabiliario que suele ser el dirigente estadounidense. Burnham evitó la confrontación directa cuando su interlocutor volvió a cargar ante él contra el acuerdo de devolución del archipiélago. Al asegurar que el Reino Unido iba a darle una vuelta al asunto, el británico se limitó a asentir.

Más tarde, explicaba que “había heredado la situación y que necesitaba dar con una solución”, porque resultaba “crítico el asegurar el futuro de la base militar, por razones de seguridad”.

El actual Gobierno británico afirma que la posición no ha cambiado respecto a lo decidido anteriormente, que condicionó siempre cualquier acuerdo a la aprobación de Washington. De hecho, Starmer puso en pausa la tramitación legislativa, y el el Parlamento no llegó a dar su visto bueno al asunto.

Pero hasta las declaraciones de Streeting de este miércoles, nunca se había expresado de modo tan tajante que lo firmado ya no valía y que era necesario empezar de nuevo. Rafa de Miguel - El País de Madrid

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