Así se vive en las "ciudades fortaleza" de Ucrania que Rusia intenta doblegar

Cuando las explosiones resuenan en Kramatorsk, Oleksandr Chyvenkov y la unidad de paramédicos policiales que dirige no acuden de inmediato. En lugar de eso, escuchan.

Unos residentes observan desde las ventanas destrozadas de sus apartamentos después de que bombas planeadoras rusas impactaran contra varios edificios en Sloviansk, Ucrania, el 23 de julio de 2026
Unos residentes observan desde las ventanas destrozadas de sus apartamentos después de que bombas planeadoras rusas impactaran contra varios edificios en Sloviansk, Ucrania, el 23 de julio de 2026
Foto: TYLER HICKS/NYT

En esta compacta ciudad industrial, donde cada detonación retumba en los altos edificios de concreto, la primera explosión suele ser un señuelo. El equipo monitorea los canales de comunicaciones militares en busca de reportes sobre posibles ataques posteriores antes de apresurarse, con un pesado equipo de protección, a salvar vidas.

“En nuestra unidad casi todos se han enfrentado de alguna manera a ataques de doble impacto”, dijo Chyvenkov, utilizando un término común para este tipo de ofensivas.

Chyvenkov ha liderado equipos de rescate durante más de cuatro años en diversos lugares, incluyendo las ruinas de las ciudades cercanas de Pokrovsk, Toretsk y Avdiivka, presenciando su destrucción metódica y su caída ante los rusos. Ahora las fuerzas de Moscú están usando las mismas tácticas en Kramatorsk y Sloviansk, dos ciudades contiguas que forman el núcleo de las defensas de Ucrania en el Donbás, la región más codiciada por Vladimir Putin, el presidente de Rusia.

Cuando el equipo de Chyvenkov va a un complejo de apartamentos destrozado o a un negocio destruido por una explosión, el protocolo se reduce a un triaje básico: tomar los casos críticos “rojos”, estabilizarlos sobre la marcha y salir a toda velocidad hacia el hospital antes del próximo ataque ruso.

Repiten el proceso una y otra vez.

“En lo personal, ya no me quedan emociones”, dijo. “Al ser una de las personas en las que confían, no tengo derecho a estar triste ni a dejarme llevar por la desesperación. Hay que mantenerse fuerte y seguir adelante”.

A medida que los ataques rusos se intensificaron durante el verano, las autoridades ucranianas expandieron las órdenes de evacuación a cada vez más vecindarios.

El lugar donde impactaron bombas planeadoras rusas contra varios edificios residenciales en Sloviansk, Ucrania, el 23 de julio de 2026
El lugar donde impactaron bombas planeadoras rusas contra varios edificios residenciales en Sloviansk, Ucrania, el 23 de julio de 2026
Foto: TYLER HICKS/NYT

Evacuaciones complejas y miles de civiles atrapados en la línea de fuego

En Kramatorsk y Sloviansk, el ritmo de las evacuaciones ha disminuido porque quienes se quedan suelen ser personas mayores o con movilidad limitada, o son trabajadores municipales que mantienen funcionando las líneas eléctricas, las tuberías de gas y los hospitales bajo el fuego. Otros se han acostumbrado a la guerra que se libra a las puertas de sus casas y esperan poder sobrevivir a la ofensiva.

En Kramatorsk y Sloviansk aún viven cerca de 60.000 personas. En términos más amplios, en el 20 por ciento del Donbás que está bajo control ucraniano quedan 93.000 civiles, incluidos más de 4200 niños, según funcionarios locales.

“Lo que me molesta es que algunos padres ignoran los llamados a evacuar, y hay niños pequeños que todavía caminan por la ciudad, viendo todo esto y escuchando los sonidos de las explosiones”, dijo Chyvenkov. “Eso de verdad me deprime”.

Auxilian a una mujer herida tras un ataque diurno con bombas planeadoras rusas en Sloviansk, Ucrania, el 24 de julio de 2026
Auxilian a una mujer herida tras un ataque diurno con bombas planeadoras rusas en Sloviansk, Ucrania, el 24 de julio de 2026
Foto: TYLER HICKS/NYT

Estrategia de desgaste: bombardeos masivos para hacer las ciudades inhabitables

Las divisiones terrestres rusas siguen a kilómetros de atacar estos reductos urbanos directamente. Para capturarlos muy probablemente se requerirían meses o años de agotador combate de infantería, en el que decenas de miles de soldados casi con certeza morirían o resultarían heridos.

Pero Rusia no está esperando a que sus soldados de infantería lleguen a estas ciudades. Ha decidido bombardearlas hasta que sean inhabitables.

Por ahora, la vida sigue para los que se quedan. Con el fin de intentar protegerlos, se han instalado redes de protección contra drones sobre casi todas las avenidas principales. Hay sacos de arena apilados en las tiendas y gasolineras que quedan. En calles residenciales que alguna vez fueron tranquilas, hoy serpentea el alambre de púas.

A pesar de los bombardeos regulares, servicios municipales esenciales como la electricidad y el agua, las instalaciones médicas, los bancos y las comunicaciones móviles y por internet continúan en funcionamiento. La gente intenta mantener una apariencia de normalidad, pero a medida que las armas de precisión de Rusia extienden su alcance, la vida se reduce cada vez más a los confines de los refugios en sótanos.

Bombardeos diarios con bombas guiadas cargadas con cientos de kilos de explosivos, municiones de racimo lanzadas por cohetes y pequeños drones omnipresentes dirigidos por pilotos rusos están borrando de manera sistemática el entramado de la vida urbana. Las calles conocidas se han transformado en zonas de caza.

Bombardeo Rusia-Ucrania
Bombardeo ruso sobre territorio ucraniano.
Foto: AFP

"Una no le desearía una vida así a nadie": el testimonio de los sobrevivientes

Todo esto fue demasiado para Olha Volodymyrivna, de 61 años, quien abandonó Sloviansk a principios de septiembre.

“Todo volaba por los aires. Había alarmas antiaéreas todo el tiempo, drones todo el tiempo”, dijo. “Los militares vinieron y nos dijeron que teníamos que evacuar porque mi esposo tiene una discapacidad, y si ocurría algo peor sería mucho más difícil evacuarlo”.

“Durante todo el verano, la situación empeoraba cada vez más y más”, agregó. “Y en algún punto entendí que simplemente no podía soportarlo más”.

Los drones vuelan rápido, dijo Volodymyrivna, y ella no puede correr. “Así que si algo pasa, entiendo que no podré escapar a ningún lado”, dijo.

Las bombas guiadas infunden un tipo de terror distinto. Suelen caer de noche y la única advertencia es un silbido fugaz en el aire antes del impacto. Las explosiones tienen la potencia suficiente para destruir un edificio de apartamentos de seis pisos.

“Dios sabe que una no le desearía una vida así a nadie”, dijo Volodymyrivna. “Es muy estresante y da mucho miedo”.

Serhii Chepyga, de 27 años, un bombero que vive en Sloviansk, describió una operación de rescate reciente que demostró cómo las ciudades de la región se han transformado durante el último año y cómo los equipos de emergencia son blanco directo de los ataques.

Serhii Chepyga, un bombero, en el lugar de un ataque ruso en Sloviansk, Ucrania, el 23 de julio de 2026.
Serhii Chepyga, un bombero, en el lugar de un ataque ruso en Sloviansk, Ucrania, el 23 de julio de 2026.
Foto: TYLER HICKS/NYT

Los funcionarios ucranianos dicen que los ataques contra los trabajadores esenciales forman parte de la campaña de Rusia para desmantelar la red de seguridad necesaria para que un lugar siga siendo habitable. Chepyga recordó cómo su equipo llegó recientemente al lugar de una explosión solo para recibir la alerta de que otra bomba guiada venía en camino.

Corrieron hacia un sótano y, después de más explosiones, salieron para inspeccionar un patio lleno de escombros. Luego las sirenas volvieron a sonar.

“Empezaron a atacarnos con las municiones de racimo”, dijo. “Todo estaba esparcido por todas partes, había muchos escombros alrededor. No recuerdo haber corrido tan rápido antes”.

Escaparon por poco. Y luego regresaron al trabajo.

“Lo único que queda es esperar lo mejor, bromear, burlarnos unos de otros y alegrarte de estar vivo”, dijo. “Tienes que alegrarte de poder despertar cada día, tomar café y respirar aire ucraniano limpio. Y eso es todo”.

Dzvinka Pinchuk y Liubov Sholudko colaboraron con la reportería.

Tyler Hicks es fotógrafo sénior del Times. En 2014 ganó el Premio Pulitzer de Fotografía de Noticias de Última Hora por su cobertura de la masacre del centro comercial Westgate en Nairobi, Kenia.

Marc Santora ha estado reportando desde Ucrania desde el comienzo de la guerra con Rusia. Antes trabajó en Londres como editor de noticias internacionales enfocado en noticias de último momento y antes fue jefe de la corresponsalía de Europa Central y del Este, con sede en Varsovia. También ha reportado ampliamente desde Irak y África.

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