Para Garcé “el gobierno mostró poco y arriesgó poquísimo”, y tiene una agenda “por debajo de las necesidades”

“Se van a terminar acercando a lo que debe ser: un gobierno del FA”, señala el politólogo. En cuanto a la oposición, cree que faltó autocrítica: “¿Alguien piensa hacer campaña diciendo: ‘Che, qué bien estuvimos con lo de Cardama’?”.

Adolfo Garcé, politólogo, profesor e investigador de Udelar.
Adolfo Garcé, politólogo, profesor e investigador de Udelar.
Foto: Natalia Rovira

A un año de la asunción de Yamandú Orsi, el politólogo Adolfo Garcé advierte sobre el “mal humor” de las bases sociales del FA ante un gobierno que define como centrista; pone en duda la efectividad de la “revolución de las cosas simples”, cuestiona la falta de autocrítica de la coalición republicana en casos como Cardama y abre una incógnita sobre el posible regreso de Lacalle Pou.

-En 15 días se cumple un año desde que asumió el gobierno de Yamandú Orsi, ¿cómo evalúa, hasta ahora, a esta cuarta administración del Frente Amplio?.

-Como después vamos a hablar de algunos problemas, me gusta primero referirme a un marco general que nunca debemos olvidar: esta sigue siendo la mejor democracia de la región. En un mundo que enfrenta guerras, polarizado y con muchísimos problemas políticos impensados, estamos en un país en paz. Un país donde la política funciona, donde el gobierno funciona, la oposición funciona y los poderes funcionan. Es un país libre donde los grandes males de la política contemporánea por ahora se viven suavemente. Existen, pero se viven “a la uruguaya”. Me parece absolutamente clave no perder eso de vista, porque después, obviamente, tengo algunos “peros”.

-¿Cuáles son esos “peros”?

-El país funciona, pero funciona lentamente. El gobierno funciona, pero lo hace por debajo de las expectativas. La oposición, por su parte, hace su trabajo, pero me llena de dudas en cuanto a cómo lo hace.

Adolfo Garcé, politólogo, profesor e investigador de Udelar.
Adolfo Garcé, politólogo, profesor e investigador de Udelar.
Foto: Natalia Rovira

-Empecemos por el gobierno…

-Es un gobierno heterodoxo, en cierto modo. Estamos acostumbrados a que los gobiernos aceleren en el primer año; pienso desde el 85 para adelante en gobiernos ambiciosos que dejan el alma en la cancha. Este es un gobierno que está comprometido con lo que hace, pero que en el primer año mostró poco, arriesgó poquísimo y, yo diría, más que nada bajó las expectativas. Quizás lo más arriesgado que hizo fue eso: bajar la expectativa. Dicen “tenemos poca plata” y no hay grandes iniciativas. No es solo que no haya una narrativa; es que no hay grandes reformas de políticas públicas. Es todo muy “a la uruguaya”, pero “a la uruguaya” a la “n”: suavemente ondulado, amortiguado, gradualista. Muy poco ambicioso. Eso sorprende porque está por debajo del estándar al que estamos acostumbrados. Y en cierto modo, lo que estamos viendo en una parte del electorado frenteamplista y de sus bases sociales es mal humor, cierta decepción o frustración.

-¿Y lo positivo?

-Para volver al lado bueno de las cosas, este es un presidente que nos hace el enorme favor de no confrontar. De no polarizar, de no construir enemigos. Y eso entiendo que vale muchísimo. Hay que reconocerlo y agradecerlo, porque en la política de la región vemos a muchos líderes buscar capitalizarse por la vía del enfrentamiento, transformando al adversario en un enemigo. Por suerte nuestro presidente no lo hace.

Adolfo Garcé, politólogo, profesor e investigador de Udelar.
Adolfo Garcé, politólogo, profesor e investigador de Udelar.
Foto: Natalia Rovira

-Se habla de “la revolución de las cosas simples”. ¿Alcanza con solucionarle a la gente cosas pequeñas para que el ánimo cambie, o un gobierno tiene que romper con alguna estructura?

-Primero tengo una pregunta: ¿se están solucionando las cosas simples? Este gobierno durante su primer año tuvo un enorme fracaso: el problema de la gente en situación de calle. Fue un fracaso total. Cuando la situación se escapó de cualquier parámetro razonable y se estaba muriendo gente en la calle, cambiaron la política y empezaron a llevar personas a Casavalle. Ahora vemos menos gente, ¿pero es una solución o es un parche? Si siguen saliendo 30 personas de la cárcel por día sin expectativas de reinserción, esto en dos o tres años vuelve a estallar. El propio ministro Gonzalo Civila decía hace una semana en El País que se precisa algo diferente. Insisto: ¿realmente hay una revolución de las cosas simples? La educación, por ejemplo, ¿se va a solucionar con los comedores en secundaria? ¿Ese es el plan para mejorar la calidad de enseñanza? Yo creo que no alcanza. No sé si se están solucionando los asuntos simples, y mucho menos los temas de fondo que no tienen nada de simple. Todos los gobiernos desde el 85 le hincaron el diente a asuntos complejos; en la agenda de este gobierno eso se extraña. Hay preocupación por empresas que cierran, despidos... ¿cuál es la reacción del gobierno? La agenda me genera dudas: poco ambiciosa, poco profunda y por debajo de las necesidades del país.

-¿Cómo ve al gobierno parado dentro de la lógica interna del Frente Amplio? En este carnaval se está viendo mucho “palo” al gobierno y al MPP por parte de las murgas.

-Mi impresión es que el gobierno está desconectando. El gobierno es mucho más centrista que el Frente Amplio y muchísimo más que su ala izquierda. Entre el Partido Comunista o el Socialista y la orientación del gobierno hay una distancia muy grande. La hoja de ruta son los “Compromisos de Colonia” de setiembre de 2024, que son moderados, centristas o de centroizquierda a lo sumo. Pero los frenteamplistas votaron lo que escucharon durante cuatro años. Hay un contraste muy fuerte entre el discurso de la oposición sistemática de Fernando Pereira y el discurso de la moderación acentuada de Orsi y (Gabriel) Oddone.

Adolfo Garcé, politólogo, profesor e investigador de Udelar.
Adolfo Garcé, politólogo, profesor e investigador de Udelar.
Foto: Natalia Rovira

-Y esa desconformidad no es solo del ala más volcada hacia la izquierda…

-No, el frenteamplista mediano, el de las murgas -que no es necesariamente marxista-leninista-, escuchó durante cuatro años criticar durísimamente a un gobierno y ahora resulta que su propio gobierno es moderado, centrista y continuista. El tipo se rasca la cabeza y piensa qué pasó. Lo que pasó es la estrategia, como ya analizó en su momento Jaime Yaffé: oposición sistemática y moderación programática. El Frente ganó así, pero el costo es que hoy el gobierno está atado a un compromiso de Colonia que tiene una distancia conceptual enorme con las bases programáticas del partido. No es la primera vez que pasa, pero antes había impulsos que dejaban contentos a los electores, como la agenda de nuevos derechos. Hoy, el gobierno solo sintoniza con su base cuando habla de la “herencia”, cuando critica a Katoen Natie o al gobierno anterior. Pero a la hora de tomar decisiones, se aleja de las expectativas de su gente.

-¿Y qué consecuencias piensa que esto puede tener para el Frente Amplio? En un momento la oposición de blancos y colorados no lograba conectar con todas las sensibilidades que estaban en contra del Frente, y creció Cabildo Abierto. ¿Puede romperse la unidad de la izquierda con perfiles tan distintos?

-Romperse el Frente Amplio, no. Pero creo que el gobierno va a tener que moverse a la izquierda. En este país no gobiernan las personas; a la corta o a la larga, gobiernan los partidos. Y yo me pregunto: ¿cuánto resiste esta distancia entre el Frente Amplio y el gobierno? ¿Resiste el gobierno la presión de las murgas, del Pit-Cnt y de sus bases sociales? No lo sé. El Frente hizo una autocrítica en 2021 donde decía que perdieron porque se alejaron de las organizaciones sociales. Esa preocupación está presente hoy. Los partidos sin raíces se derrumban. Por eso, aunque Fernando Pereira defienda enérgicamente al gobierno, también toma nota del enojo. Hay una frustración de expectativas y el equilibrio es inestable. El gobierno de Orsi se va a terminar acercando a lo que debe ser: un gobierno del Frente Amplio. Y eso quiere decir correrse a la izquierda. La discusión del impuesto del 1% a los ricos es exactamente eso.

Adolfo Garcé, politólogo, profesor e investigador de UdelaR.
Adolfo Garcé, politólogo, profesor e investigador de UdelaR.
Foto: Natalia Rovira

-¿Por qué es tan importante?

-Porque la discusión del 1% es, en realidad, la discusión sobre la identidad del Frente Amplio en el poder. Es el choque entre la “economía de lo posible” que maneja Oddone y la “economía de la justicia social” que reclaman las bases. Lo que está pasando es que cada día aparece un dirigente nuevo diciendo: “Yo estoy de acuerdo con este impuesto”. Esto no viene solo del Partido Comunista o el Pit-Cnt, también (el intendente Mario) Bergara estaría a favor. Se está generando una masa crítica que el gobierno ya no puede ignorar con un simple “veremos más adelante”.

-Da la sensación de que pasó un año de la asunción y el “modo campaña” no se rompió del todo. ¿Ve que se está cuidando no perder al votante que está en el centro del espectro político a pesar de que la elección ya pasó?

-Veo la misma lógica de siempre: terminó la elección y sigue la competencia electoral, que en Uruguay no tiene pausa. Arranca la noche que se conoce el ganador. No me horroriza, la competencia nos hace libres. Lo que me preocupa son los modos. Vemos una oposición en “modo Fernando Pereira”, sistemática, en la 40, con Sebastián Da Silva y Javier García. En el Partido Colorado hay matices entre (Andrés) Ojeda y (Pedro) Bordaberry, pero predomina esa lógica también. La pregunta es si ese exceso de fiscalización no termina alejando a la gente de la política. Cuando la ciudadanía huele falta de autenticidad o pura estrategia, se aleja. La moderación del gobierno no puede ser excesiva, ni la confrontación de la oposición puede serlo tanto. El gobierno debería revisar si no debería ser “más frenteamplista” y la oposición si no debería evitar escandalizar en exceso.

Adolfo Garcé, politólogo, profesor e investigador de UdelaR.
Adolfo Garcé, politólogo, profesor e investigador de Udelar.
Foto: Natalia Rovira

-Ante estas aparentes desconexiones con el electorado por parte de los dirigentes, ¿puede aparecer en Uruguay una alternativa libertaria?

-En Uruguay siempre hay sorpresas: fue (Gustavo) Salle, fue (Juan) Sartori, fue (Ernesto) Talvi, fue Cabildo Abierto de la nada. El electorado se cansa cuando la oposición se pasa de rosca o cuando el gobierno es excesivamente continuista, como pasó en Chile. Eso le abre espacio a la novedad. Mi sospecha es que hay un terreno muy fértil para el discurso de la libertad. Y ni que hablar si a (Javier) Milei le sigue yendo bien en Argentina, porque yo soy de los que piensa que le va bien. Si se instala la idea de que Milei usó la motosierra, fue espontáneo, abandonó el coaching y le fue bien, la elección que viene puede tener una sorpresa desde ese lado. Claro que precisás oferta: líderes, carisma, personalidad.

-¿Y esa oferta de las ideas libertarias puede venir desde adentro de los partidos tradicionales?

-Puede pasar. (Luis) Lacalle Pou tiene “patentada” la palabra libertad. Ahora, cuando él vuelva -porque damos por sentado que vuelve-, la gran pregunta es con qué tamaño de letra va a escribir esa palabra. ¿Será letra 12 o letra 24? ¿Tendremos a un Lacalle Pou montado fuertemente sobre la idea de la libertad o un estilo más parecido al de Álvaro Delgado, más dedicado a cuestionar al Frente Amplio que a proponer? Ahí hay un espacio para la sorpresa.

Adolfo Garce
Adolfo Garcé, politologo y profesor universitario uruguayo.
Foto: Mateo Vázquez

-¿Cómo ve que procesó la coalición la derrota electoral? ¿Fue sincera la autocrítica o hay cosas que no se discutieron?

-Más o menos. Fue moderno que Delgado fuera a buscar a un experto como Rafael Porzecanski, que generó insumos serios. Pero el informe dice que la pérdida de votos se dio durante el gobierno, no en la campaña. Y ahí pregunto: ¿discutieron por qué perdieron votos durante la gestión? Dicen que fue el viento en contra (pandemia, sequía, tipo de cambio en Argentina, la guerra en Ucrania), pero (Emmanuel) Macron tuvo los mismos problemas y fue reelecto. Hay otra parte que es el ruido generado por las denuncias de corrupción. ¿Hasta qué punto se hacen cargo de eso? Nadie obligó a Lacalle Pou a tener a (Alejandro) Astesiano, lo eligió él.

-¿Cree que no se habla de estas cosas para cuidar al futuro candidato?

-Pero la mejor estrategia electoral siempre es la honestidad, no barrer debajo de la alfombra. Un señor en Piriápolis me paró en la calle y me dijo: “Fito, los políticos piensan que somos tarados”. La gente está más informada en el mundo de hoy. Es mucho más razonable aceptar que lo de (Sebastián) Marset fue un error serio que negarlo. Lo que la ciudadanía más pide es honestidad y sensibilidad. Pepe Mujica o Jorge Batlle se transformaron en referentes sin barrer para abajo de la alfombra, el primero no relegando de su historia y el segundo “cantando la justa”. ¿Vendrá un Lacalle Pou autocrítico o uno que defienda lo indefendible? ¿Alguien piensa hacer campaña electoral diciendo: “Che, qué bien que estuvimos con lo de Cardama”? No tiene sentido. Lo que la ciudadanía percibe es un intento de barrer debajo de la alfombra. Es mejor decir: “Sí, fue un error, teníamos poca plata, la pandemia nos dejó sin los recursos, arriesgamos y salió mal”. Yo creo que la humildad de reconocer errores es mucho más saludable. El gobierno saliente tiene cosas para rescatar (seguridad social, transformación educativa), pero por algo perdieron. ¿Discutieron los blancos, los colorados o los independientes por qué perdieron votos en 2022 y 2023? Creo que eso faltó.

-¿Cómo ve el rol de Cabildo Abierto en este gobierno?

-Primero quiero decir que el Frente no resiste un archivo con Cabildo Abierto, porque dijeron cosas tremendas de ellos y ahora se apoyan en (Guido) Manini Ríos. En cuanto a la actitud de Cabildo, a mí no me sorprende. En 2020, (Nicolás) Albertoni escribió un documento que mostraba que, en política económica, Cabildo y el Frente tienen enormes coincidencias: nacionalismo, proteccionismo, una mirada sobre “los más frágiles”. Cabildo ya votó con el Frente durante el gobierno de Lacalle Pou, por ejemplo con la ley de forestación. Lo que sí pienso es que en una política bipolar, o estás de un lado o estás del otro; en el limbo solo podemos estar nosotros, los analistas y los periodistas. Cabildo pasó de ser un problema para la coalición a ser una solución para el gobierno del Frente. Es una estrategia riesgosa y tengo un pronóstico hiperreservado sobre su futuro.

Adolfo Garce
Adolfo Garcé, politólogo, profesor e investigador de Udelar
Foto: Archivo El País

-¿Cómo ve la renovación de figuras en el Frente Amplio en comparación con blancos y colorados que parecen tener candidatos claros?

-El Frente es un semillero extraordinario. Carolina Cosse ha salido algo malherida por las críticas a la gestión en Montevideo, pero está ahí. Mario Bergara también. En el MPP, Blanca Rodríguez creo que no asoma como precandidata, al menos todavía, ¿pero qué pasará con el “Pacha” Sánchez? El problema del MPP es que es la columna vertebral de este gobierno y, por ahora, no conforma a los frenteamplistas. También está Fernando Pereira: si Orsi fue la moderación, Pereira fue la oposición sistemática que revitalizó al Frente cuando estaba “grogui” en 2020, cuando no entendía cómo Lacalle Pou se había convertido en un superhéroe. No lo descarto como presidenciable para nada. Y está el nombre de (Francisco) Legnani, que se destaca como figura nueva.

-¿Y Oddone? Se ha manejado su nombre aunque él lo descartó.

-Es difícil. (Danilo) Astori no pudo ser candidato. Oddone es un ministro espectacular, pero está ubicado en un lugar ideológico alejado del frenteamplista mediano. Para ser candidato tendría que experimentar una metamorfosis, como aceptar el impuesto a los ricos. Si se corre a la izquierda, okey; si sigue siendo el Oddone que conocemos, es difícil. De todas maneras, las elecciones no las ganan tanto las personas. La elección pasada no la ganó Orsi, la ganó el Frente Amplio. La gente elige entre oficialismo y oposición.

-¿Cómo ve la posibilidad de un lema único para la coalición republicana?

-Me hace mucho ruido. Me parece casi un crimen por el cariño que le tengo a la historia política del país. Correr el riesgo de desdibujar tradiciones de 200 años por un hipotético beneficio electoral me parece innecesario. Todo el mundo ya sabe que blancos, colorados e independientes van a gobernar juntos. No vale la pena debilitar a los partidos. Lo que hace grande a Uruguay es su política sana. ¿Por qué somos un país económicamente sano? Porque tenemos eso, una política sana. No tenemos petróleo ni litio; tenemos buena política y partidos fuertes. No arriesguemos eso.

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