El sector de la construcción vive desde hace semanas un parate que los empresarios ya lamentan por las pérdidas que le está generando y que aún no han calculado en negro sobre blanco. Un escenario que para algunos puede ser aún peor por la cantidad de días que no se podrá construir si se dan las lluvias que se pronostican por el paso del Niño por el país.
La aspiración, según indicaron a El País fuentes vinculadas a la negociación, es que durante este fin de semana haya al menos un preacuerdo con el Sindicato Único Nacional de la Construcción y Anexos (Sunca).
El presidente Yamandú Orsi monitorea de cerca las reuniones que mantienen empresarios y trabajadores. Se comunica a diario con el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Juan Castillo, según indicaron a El País desde Torre Ejecutiva, para conocer los avances o retrocesos en un conflicto que le genera “mucha preocupación” por tratarse de una de las industrias con la mayor cantidad de puestos de trabajo.
Más allá de que la plataforma de los trabajadores tiene varios puntos -que incluye desde aumentos salariales, reactivar comisiones, hasta construir un CAIF- lo medular es reducir la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales.
Este planteo hecho por el gremio en junio tuvo en las últimas horas el visto bueno de las cámaras empresariales. Se pasó a discutir entonces cómo implementarlo, donde los empresarios colocaron como piso mínimo que sea algo que se comience a aplicar plenamente dentro de cuatro años. Y los trabajadores propusieron que quite una hora cada año.
El camino parecía allanarse, pero en una reunión el jueves por la mañana los representantes de la Cámara de la Industria de la Construcción del Este (CICE), la Liga de la Construcción y Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay (Appcu) se opusieron de plano a reducir la jornada manteniendo el salario. Para los trabajadores fue desconocer todo lo negociado en el último mes y esa reunión terminó con “los puentes rotos”, como graficó un presente.
Por la tarde del mismo jueves, Castillo convocó al sindicato y las cámaras y se volvió a retomar la negociación dejando como un punto ya acordado el ir hacia la reducción laboral.
La huelga
Han pasado cuatro meses de negociaciones desde que en marzo venció el convenio salarial entre el Sunca y las cámaras. En las últimas horas varios involucrados en el proceso de intercambio recordaron diferendos anteriores e intentaron compararlo con alguno puntual. Todos coinciden en que el peor momento, muy lejos de los ida y vuelta actuales aunque con un clima tenso similar, fue la huelga de 1993 durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle.
No porque fuera la primera huelga -hubo varias como la de 1986 que duró siete días u otras previas incluso a la formación del Sunca-, sino porque llevó 83 días en los que los trabajadores reclamaron que los aumentos salariales propuestos para la firma de un nuevo convenio salarial eran por debajo de la inflación. Se paralizaron obras de todo el país, hubo ocupaciones de lugares de trabajo, etc. Y finalmente se pudo acordar con ajustes que eran mayores a los planteados aunque sin atender el 100% de los reclamos del sindicato.
Quienes negocian hoy asocian el momento actual a otros dos episodios de las últimas décadas.
Por un lado, el centro de la discusión retrotrae al año 2008 cuando se resolvió justamente rebajar la jornada laboral de 48 a 44 horas semanales. Y por otro -valorando lo distanciadas de las propuestas iniciales- al impacto que tuvo para la industria la paralización en la planta de Montes del Plata en Conchillas que se dio en 2013. Lo asocian por el hecho de detener una obra estratégica, aunque el tema era la seguridad laboral y no el convenio.
A fines de ese enero murió un trabajador en un accidente en la construcción de la planta de celulosa donde se ocupaba en esa etapa a un millar de empleados. El Sunca dijo que existían deficiencias en materia de seguridad y reclamó cambios en los protocolos. El conflicto se extendió desde el 29 de enero al 11 de febrero y mostró el peso del gremio; incluso, hay quienes marcan ese punto como el que aceleró la aprobación al año siguiente de la Ley de Responsabilidad Penal Empresarial.
La negociación actual se encamina a ser un antes y después al firmarse la reducción laboral a 40 horas semanales. Y seguramente implique también a las empresas adaptarse.
En estos 130 días que transcurrieron sin convenio colectivo, el conflicto instalado tuvo en Maldonado su lugar más visible de enfrentamiento. Tanto por imágenes que se viralizaron donde los propios sindicalistas se tomaban a golpes de puños defendiendo diferentes posturas como por los anuncios de empresarios que toman medidas a raíz de que ven paralizadas sus obras.
Por ejemplo, el proyecto que lleva hace años Grupo Cipriani en el exhotel San Rafael pretendía abrir en la próxima temporada de verano, pero anunció que la postergará porque no llega a culminar la obra y aludió como parte responsable a los conflictos en la construcción.
Incluso, anunció que enviará a unas 120 personas al seguro de paro.
Ajustes
Ayer continuaron los intercambios en un ámbito bipartito entre las cámaras y el Sunca. Si bien existen otros puntos a analizar, la mayor complejidad radica en cómo implementar la reducción de la jornada laboral.
Se entiende que a partir de que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) lo promueve y que varios países ya han adoptado cambios legislativos en esa dirección Uruguay no quedará ajeno a ello. El gobierno de Orsi -que días atrás recibió, en diferentes encuentros, al presidente de la Cámara de la Construcción, Alejandro Ruibal, y al titular del Sunca, Richard Ferreira- ya ha manifestado, en palabras del ministro de Trabajo, que promueve que se discuta la rebaja.
Los empresarios intentaron que la baja fuera más progresiva y una de las alternativas que se manejó en un principio fue que se pasara no a 40 sino a 42 horas semanales. La idea fue descartada por el sindicato.
Otra propuesta que manejan las cámaras empresariales es que se incorporen elementos de productividad que permitan asegurar que si se mantiene el salario pero ahora por 40 horas semanales también se sostenga la capacidad laboral.
Uno de los planteos, según narraron presentes en los encuentros, es que las jornadas sean flexibles y que, por ejemplo, pueda una semana ser de mayor carga horaria y otra de menos en función de la dinámica laboral.
Ruibal sobre reducción: "No es algo traído de los pelos"
Alejandro Ruibal, director ejecutivo de Saceem y presidente de la Cámara de la Construcción, estuvo este viernes en el streaming En Clave País y respondió acerca de la negociación con el sindicato
Ruibal dijo que se está “en plenas negociaciones” y que tarde o temprano se llegará a un acuerdo porque los empresarios coinciden en que la semana laboral debe achicarse. “Se fue complejizando porque es un convenio muy particular con temas muy grandes como el de las 40 horas que no está siendo fácil abordarlo ni encontrar la mejor solución que contemple a todos. No quiero eludir el tema, el sindicato tiene todo el derecho de plantear una reducción de jornada laboral a 40 horas, la pertinencia o no y la forma de hacerlo es otro tema y es lo que se está negociando”, dijo y planteó como ejemplos países como Canadá, Estados Unidos, México, Colombia, Chile o Brasil que han reducido sus jornadas en el rubro de la construcción, y “ni que hablar Europa”. “No es algo traído de los pelos”, indicó.
La discusión, según expresó, pasa por “cómo afecta” esta reducción a “un país chico con costos elevados”. Asuntos como la “productividad” y la “flexibilización en el uso de los horarios” son centrales en la conversación actual. “Vamos a llegar a 40 horas de alguna manera, estamos negociando. Lo que ha que cuidar es la salud de las empresas y cómo impacta en los precios, pero no le puedo tirar toda la responsabilidad al sindicato que viene con un planteo que hasta la OIT lo está recomendando”, añadió.