La construcción está atravesando “un bache” y espera por la obra pública para revertir la tendencia a la baja

El presidente de la Cámara de la Construcción, Alejandro Ruibal espera por los contratos con el Estado, ante un menor dinamismo del sector privado y la falta de proyectos que “muevan la aguja”.

Conferencia de Presidencia por Proyecto Neptuno
Alejandro Ruibal
Leonardo Maine/Archivo El Pais

Hay luces amarillas en la construcción, sostiene Alejandro Ruibal, aunque confía en que el segundo semestre “la curva se revierta”. Esa reacción en un sector que profundizó su retracción, “pasará por la obra pública, varios proyectos que están por ponerse en marcha”, apuntó. El presidente de la Cámara de la Construcción solicitó al Gobierno que “se aceleren los proyectos ya presupuestados”, al tiempo que admite una menor actividad ante la falta de proyectos de gran porte “que muevan la aguja”, una vez que se termine el Data Center de Google y a la espera de la obra de HIF. Sostiene que la desaceleración en el rubro inmobiliario, el más dinámico en los últimos trimestres, parece responder a “una saturación de oferta” en algunas zonas de Montevideo. A continuación, un resumen de la entrevista.

—Los últimos indicadores de la construcción resultan poco alentadores. ¿Cuál es la lectura que se hace desde el sector?

—La construcción viene complicada hace unos tres años. Después que se terminaron las grandes obras de UPM y el Ferrocarril Central, la actividad en la construcción se vio notoriamente disminuida. Lo que la viene sosteniendo es el sector de arquitectura, todo lo vinculado con lo inmobiliario, tanto la vivienda promovida como los proyectos de exoneraciones de COMAP y las de gran porte en Maldonado. Eso es lo que nos ha estado dando un piso más o menos aceptable.
En paralelo, se contrajo mucho la inversión en vialidad. Por un lado, esto es bastante común en el primer año de gobierno, donde generalmente lo que empuja es la inercia de lo que viene de antes. Pero en este caso, el último año del gobierno anterior también mostraba una contracción.
El arranque de 2026, con esa contracción de 3,4% que muestra el sector en el primer trimestre según el Banco Central, es una señal complicada. Por lo visto, se ha desacelerado también el sector de arquitectura, por lo que nada compensa la reducción en el resto de los rubros.

—¿Esa es una señal inesperada?

—Yo no prendería una luz de alarma por eso. Desde mi punto de vista, es lógico que en algunas zonas de Montevideo donde tanto se está construyendo, en algún momento se empezaran a frenar algunos proyectos. La demanda tampoco puede ser ilimitada, y el ritmo que traían era muy fuerte. A mí no me sorprende. Pero no es general. Algunas zonas, como el entorno del arroyo Carrasco, Parque Miramar y demás, sigue con una dinámica importante. Además, los inversores y los desarrolladores van leyendo el mercado y son los que le van tomando la temperatura a la economía local. La economía en general se desaceleró y no debe sorprendernos que pase esto.
En Maldonado aplica una lógica totalmente distinta y que no siempre se mueve al ritmo de nuestra economía; allí no se ha enlentecido la obra.
Lo importante, en momentos donde la economía puede generar algunas dudas, es que se termine todo lo iniciado. Que los proyectos se completen. Felizmente., no estoy viendo que algún desarrollo vaya a quedar por la mitad.

—¿Qué está pasando con la inversión privada no inmobiliaria?

—Lo importante, por sus dimensiones, es el data center de Google. Va a estar terminándose sobre fin de año y principio año que viene. Allí han estado trabajando un número muy importante de empresas y de obreros.
Después, ha habido algunos nuevos desarrollos en el sector industrial y de logística, de menor porte. Está muy dinámico el sector en el corredor de las ruta 101 y 102.
Pero no hay en agenda grandes inversiones privadas.

—Eso lo puede modificar si avanza el proyecto de HIF Global para producir hidrógeno verde…

—Ese sería un proyecto importante, claro está. No es del porte de UPM, pero es lo más cercano que podemos tener en el horizonte. No veo otro de ese tipo.
De todos modos, creo que hay algo importante que destacar en momentos de menor actividad, y es que estamos en condiciones de desarrollar en Uruguay ese tipo de propuestas.En los últimos 20 años, la industria de la construcción, ha tenido la suerte de trabajar en tres plantas de celulosa de escala mundial, y realmente lo ha sabido aprovechar. En la primera planta de UPM, o Botnia, las empresas uruguayas eran subcontratistas de algunas empresas afuera y la participación era realmente secundaria. Y ya Monte de Plata, las empresas locales y los trabajadores locales asumieron otro rol; en UPM te puedo decir que los protagonistas fueron las empresas locales con los trabajadores uruguayos.
Hay una capacidad demostrada y eso es un punto a favor. Lamentablemente el país no tiene escala como para tener continuidad de ese tipo de proyectos, las empresas no se pueden especializar, los trabajadores tampoco y hacemos de todo. Pero estamos prontos para cualquier desarrollo de ese tipo.

—El país está invirtiendo muy por debajo de lo deseable; necesitaríamos más proyectos de ese tipo…

—Claro, que muevan la aguja… y la construcción es hija directa de la inversión. Por tanto, en ese porcentaje uno puede encontrar parte de la explicación de la contracción en el sector.
Ahí también pesa, y mucho, la menor inversión en infraestructura…

—Se refiere a la inversión pública…

—La inversión pública y la inversión público-privada también, porque están todos los mecanismos que se han desarrollado para ayudar a los estados a invertir en infraestructura y que en Uruguay se aplican.
Y no nos olvidemos que la infraestructura bien elegida es la que le genera las posibilidades al país de mayor desarrollo, de una mejor productividad, la que amplía las cadenas logísticas, genera la seguridad energética, etc. Y también la infraestructura social, como hospitales y escuelas.

Alejandro Ruibal
Alejandro Ruibal, Presidente de la Cámara de la Construcción
Leonardo Maine/Archivo El Pais

—Pero volviendo al informe de cuentas nacionales del BCU, la formación bruta de capital fijo muestra una caída, y parte de esa reducción se debe a un menor impacto de obras de esas características.

—Estamos en una suerte de bache. Hay varias cosas para empezar a caminar. Las obras principales están de la mano del plan de movilidad, donde todavía no se lanzaron las licitaciones, de la mano de las ampliaciones de algunas obras bajo la modalidad PPP (Participación Público Privada), que llevan un buen tiempo estructurar. Ampliaciones de PPP y proyectos en base a “+ Cremaf”, una herramienta nueva, con puntos de contacto con los Cremaf (Construcción, Rehabilitación, Mantenimiento y Financiamiento) utilizados en el gobierno anterior, pero que en realidad son como PPP más chicos. También algunos proyectos por licitación que comenzarán a moverse en breve. Es el primer año de gobierno, con cambio de partido político y en algunos casos, de prioridades. El primer año se va en el presupuesto, y en este año es donde se tienen que comenzar a licitar los proyectos y ampliar los contratos, en el caso de los PPP. Sobre el segundo semestre de este año y el comienzo del año que viene es donde se debería manifestar un cambio en la actividad.

—El MTOP tiene algunos paquetes de vialidad que se pondrían en marcha pronto, según se ha dicho, y están también las obras de saneamiento y agua potable…

—Todo viene demorado, como ocurre con cada gobierno. Lo que estamos pidiendo es que, en la medida de lo posible, se puedan acelerar las inversiones que están presupuestadas, para recuperar el ritmo de trabajo.
Ahora las obras viales comienzan a activarse. Los de agua y saneamiento son dos enormes proyectos. En el caso de saneamiento algunos se han puesto en marcha y están en ejecución, pero venían demorados. Y en el caso del agua potable, no nos olvidemos que se renegoció el contrato, se cambió de lugar la planta potabilizadora y esas cosas retrasan el comienzo. Esperamos comenzar en agosto o septiembre con la obra.
El problema pasa por los plazos y la espalda de las empresas…

—¿A qué se refiere?

—A que cuando la industria se contrae, las empresas pasamos a tener problemas. Sobre todo aquellas que tenemos mucho costo fijo. Hay otras zafrales, con estructuras de empleo que se pueden achicar rápidamente. No es el caso de las empresas grandes que trabajan tanto para el sector privado como el público, allí no hay esa elasticidad.
Y esa es una de las razones por las cuales, si se observa el empleo en la construcción, a pesar de la baja de la actividad, prácticamente se mantiene.
Es por eso que insistimos desde la Cámara de la Construcción con tener una agencia de infraestructura, un banco de proyectos basado en la planificación de las obras necesarias. Eso no solo daría orden y establecería prioridades al país, sino también más previsibilidad al sector.
Vemos con muy buenos ojos que la Corporación Nacional para el Desarrollo tomó el tema y comienza a caminar en ese sentido.

—Los proyectos por iniciativa privada en este período parecen tener una incidencia menor…

—No llevo un registro; lo que sí es claro es que en el gobierno pasado fue el período en que más se usó esta esa herramienta. También cabe recordar que muchos proyectos de iniciativa privada que se presentaron, se fueron descartando. Pero sí, es cierto que ahora no es la herramienta que está de moda.

—En base a este análisis, ¿cuál es la previsión para el cierre de 2026?

—Yo no veo una luz roja en la construcción, quizás sí amarilla, pero está toda la mesa servida para levantar en el segundo semestre. Tenemos claro que con un crecimiento bajo de la economía y con restricciones presupuestales, la construcción no va andar volando.
Confío, porque he hablado con las autoridades, que en el segundo semestre, de la mano de la implementación de los proyectos que ya están aprobados, se comience a revertir la curva. Fundamentalmente a partir de la obra pública.

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