El intendente de Montevideo, Mario Bergara, atravesará los próximos cuatro años de su gestión con viento a favor. Después de torcerle el brazo al Ministerio de Transporte para que no se construya un túnel en 18 de Julio y de acordar con el sindicato un nuevo convenio colectivo, consiguió ayer que la Junta Departamental, con votos opositores, le aprobara una inyección de US$ 260 millones por fuera del presupuesto.
Donde su antecesora Carolina Cosse había fracasado, no logrando negociar con la oposición para llegar a una mayoría especial en un proyecto de limpieza, Bergara pudo conseguir los cuatro votos necesarios para su cambio de modelo de recolección de basura y para el arreglo de calles y de veredas.
Lo hizo con el apoyo de la Lista 22 del Partido Nacional y sus dos ediles Nicolás Hernández y Joaquín Campos, el único edil colorado Federico Paganini y el independiente (aunque apoyó al candidato blanco Martín Lema en las últimas elecciones) Guillermo Kruse.
El proyecto de saneamiento, como suele suceder, sí fue acompañado por toda la oposición.
Para llegar a esta sesión con los apoyos necesarios, la intendencia trabajó durante meses. Quien lideró la relación con los ediles opositores fue el coordinador institucional Justo Onandi, que este jueves observó todo desde las gradas de la junta.
Su rol de mediador se evidenció incluso en la sesión, cuando el edil blanco Diego Rodríguez dijo que los administradores frenteamplistas de Montevideo “son unos ladrones” y Onandi le hizo un gesto a los ediles oficialistas de que se mantuvieran tranquilos ante el agravio.
Meses de negociación
Desde que comenzó la legislatura, por la composición de la Junta tras las elecciones de mayo del año pasado, parecía que Bergara podía conseguir los cuatro votos necesarios en un grupo de cinco nombres: los cuatro que votaron y la edila Laura Soto, que integraba originalmente la Lista 22.
Para asegurarse los votos de este último sector blanco, la comuna negoció con el dirigente Santiago Caramés, líder del sector y exdirector del Sistema Nacional de Emergencias (Sinae) en el gobierno de Luis Lacalle Pou.
Durante la discusión del Presupuesto Quinquenal, la comuna incluyó casi todos los planteos de la Lista 22.
Algo similar hizo con el colorado Paganini, a quien le comunicó que su propuesta de arreglar el emisario de aguas servidas de Punta Carretas estaría en uno de los proyectos extrapresupuestales.
Pero si bien en ese momento parecía que estaban los cuatro votos necesarios, la marcha de Soto de la Lista 22, volvió complejo el tablero para la intendencia.
Y entonces la figura de Guillermo Kruse se volvió relevante. Kruse había apoyado la candidatura de Lema, como había apoyado años atrás la de Edgardo Novick cuando había sido edil en el periodo 2015-2020, pero no tiene partido.
Esa libertad, sumado a su antecedente de haber dado sus votos a Daniel Martínez en aquella legislatura para el Fondo Capital y la construcción de la Unidad Agroalimentaria Metropolitana (UAM), volvía posible su apoyo ahora a los proyectos de Bergara.
Kruse se mostró abierto a negociar, pero pidió que se baje el monto inicial (los cinco proyectos, que incluían uno para revitalizar Ciudad Vieja, sumaban originalmente US$ 300 millones).
Ante este nuevo contexto, la intendencia debió contemplar los pedidos de la Lista 22, de Paganini y de Kruse, para asegurarse sus votos.
Nuevas versiones
En la noche del miércoles, los ediles de toda la oposición recibieron los cambios que se habían hecho. En el sector mayoritario de la Lista 1, cuyos ediles solo apoyaron el saneamiento, generó molestias. Varios se quejaron de los cambios que hubo en “24 horas”.
En el proyecto de limpieza, la intendencia pedía inicialmente US$ 60 millones para acelerar los cambios que se están realizando con el nuevo sistema de recolección con el que se busca que gran parte del departamento tenga contenedores dentro de las casas o complejos de vivienda.
La Lista 22 y el edil colorado pidieron que se retire la compra de camiones que incluía la redacción inicial, pasando todo el proyecto a US$ 50 millones.
El proyecto de veredas solicitaba US$ 65 millones para intervenir en el 25% de las veredas del departamento. Se bajó a US$ 40 millones y se quitó el mecanismo de fondo rotatorio que se iba a usar para el arreglo de veredas en barrios. Además, a pedido de Paganini se incluyó trabajar en la iluminación de siete playas de la capital: la Playa Ramírez, Buceo, Pocitos, Malvín, Honda, Carrasco y Cerro.
“Es el principal espacio público de todos los montevideanos, pero al día de hoy no se podía disfrutar en la noche por el riesgo de inseguridad”, explicó el edil en rueda de prensa.
Por el lado del arreglo de calles, el proyecto inicial pedía US$ 50 millones para hacer arreglos en “arterias de alto flujo vehicular”. La intendencia lo terminó cambiando a US$ 40 millones.
En el caso de saneamiento, la situación fue la opuesta: se aumentó la inversión pedida en lugar de reducirse. Pasó de US$ 102,4 millones a US$ 130 millones. Aunque el Partido Nacional completo lo iba a apoyar, la intendencia añadió modificaciones a pedido de los cuatro ediles que negociaron.
Se incluyó, a pedido de la Lista 22 y de Kruse, una solución para las históricas inundaciones en la zona de la Estación Central. Este último solicitó además la creación de un fondo para el arreglo de roturas en la rambla.
Por el lado de Paganini, ya se había incluido la reparación del emisario de Punta Carretas, un caño que vierte aguas servidas lejos de la costa y que hace más de 20 años que se sabe que tiene fisuras.
El proyecto para revitalizar Ciudad Vieja, con US$ 40,7 millones, no fue presentado porque el Frente Amplio no iba a tener los votos necesarios.
La IMM recauda US$ 900 millones
En la Lista 1 del Partido Nacional, el sector mayoritario de la oposición, los ediles que tomaron la palabra manifestaron que estaban de acuerdo con las cuatro prioridades de la intendencia, pero entendían que no debía financiar esos proyectos endeudándose.
“¿Cómo llegamos a este punto en una intendencia que recauda US$ 900 millones por año?”, planteó, por ejemplo, el edil Gonzalo Gómez.
Por su parte, Diego Rodríguez, de la misma lista, dijo que creer que el Frente Amplio va a utilizar el dinero para lo que lo pidió “es ser muy iluso o imberbe”.
Con el estilo que lo caracteriza, Rodríguez fue más lejos. “Demuestren que saben administrar, que no es necesario siempre tomar deuda. ¿Sabe cómo se llama a la gente que te mete las manos en el bolsillo y no te da absolutamente nada? ¡Chorros! ¡Son unos ladrones!”, gritó.
Sector del PN votó separado del resto
Hace meses que el Partido Nacional en la Junta Departamental está separado en dos bandos: por un lado la Lista 1 que es la mayoritaria y por otro la 22 que tiene actualmente dos ediles.
Se trata de Nicolás Hernández y Joaquín Campos, que responden al liderazgo de Santiago Caramés, el dirigente que encabeza su sector y que fue titular del Sinae en el gobierno de Luis Lacalle Pou.
Si bien el apoyo se confirmó poco antes de la votación en la Junta, lo cierto es que desde hace meses todos los ediles saben que la Lista 22 estaba negociando con el Frente Amplio.
Lo que estaba implícito se explicitó este jueves cuando el sector publicó un comunicado en el que expresó su posicionamiento respecto a la votación.
Dijo que no había llegado a la decisión de votar “por confianza ciega” ni “por afinidad política”. En cambio, el sector dijo que había logrado “sumar obras nuevas y dirigir recursos a zonas que los esperan desde hace años”.
“No estamos votando confianza. Estamos votando capacidad de cambiar prioridades”, se lee en la carta.
“Reconocemos que la IMM recauda mucho y debió ordenar mejor sus gastos. Por eso no votamos el presupuesto quinquenal. Por eso no votamos ni votaremos impuestos”, subrayó.
El sector encabezado por Caramés argumentó que para “gobernar Montevideo” se debe “demostrar que sabemos tomar decisiones difíciles”.
A su entender, al apoyar los proyectos extrapresupuestales, no estaban “renunciando a ser oposición”.
“Una buena decisión política no es la que gana una discusión entre dirigentes. Una buena decisión política es la que le devuelve tiempo de vida a la gente”, dice la carta.
“Nosotros no podemos seguir mirando. Queremos ver nuestra huella ahora en el Montevideo que queremos en el futuro”, concluye.
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