Canzani: “Se han dado cambios en la visión de la sociedad uruguaya que no son favorables para la izquierda”

El referente en análisis de opinión pública del FA habló sobre la recuperación en la evaluación del gobierno, las diferencias con administraciones anteriores y los cambios sociales que, entiende, impactan en la política.

Agustín Canzani.
Foto: Estefanía Leal.

El director de la Fundación Líber Seregni y referente en opinión pública del Frente Amplio, Agustín Canzani, conversó con El País sobre la recuperación del gobierno en las últimas encuestas y aseguró que ve indicios para que la tendencia continue al alza. Parte de la explicación, dijo, se debe a “un cierre de filas” de los frenteamplistas que se sintieron atacados y reaccionaron manifestando un mayor respaldo al presidente de la República, Yamandú Orsi. El sociólogo también confirmó que la discusión sobre el impuesto al 1% más rico generó tensiones entre sectores dentro de la fuerza política y entre el gobierno y su base social organizada.

-Empezando por lo último, las encuestas que marcaron un repunte en la aprobación del gobierno y un freno en la caída en la desaprobación: ¿qué análisis se hace en el Frente Amplio?

-Lo que tenés en el período es un gobierno que empieza con menos apoyo que otros del Frente Amplio (FA). Esto ocurre por un montón de razones. Tiene menos votos en la primera vuelta: el 44% hay que compararlo con el 51% de 2004 y dos 48% (2009 y 2014). El stock de apoyo inicial era menor. Segundo, no tiene control en una de las cámaras y eso no había pasado al inicio de los gobiernos anteriores. Tercero, todos los estudios que hicimos sugerían que la fortaleza del voto, no solo hacia el FA, sino también hacia los demás partidos políticos, era menor que en anteriores instancias electorales. Y se habían terminado los liderazgos anclas, solo quedaba Pepe (Mujica) -fallece al poco tiempo-, pero no tenías a Tabaré Vázquez, a Danilo Astori. Era gente que anclaba electores y ordenaba con sus opiniones.

-Eran los que articulaban.

-Después tenés otro factor que es la tendencia regional y global más desfavorable. Cuando asume Vázquez -su segundo mandato- estaba Cristina Fernández, hoy está (Javier) Milei. Estaba (Michelle) Bachelet, hoy está (José Antonio) Kast. Estaba Obama y hoy está Trump. El contexto es mucho menos favorable para las izquierdas globalmente. Pero además se han dado cambios en la visión de la sociedad uruguaya en algunos temas, que no es radical, pero no son favorables a la izquierda.

-¿Qué tipo de cambios?

-Sobre el rol del Estado en la economía, en cómo hay que tratar el tema de la seguridad pública. Fueron modificaciones que se fueron dando. Orsi casi no tuvo luna de miel y empezó el proceso de pérdida de apoyo.

- Tampoco Orsi es Vázquez o Mujica.

-Exacto. Totalmente. Esa pérdida de apoyo tiene que ver con esos factores y con cosas que el gobierno hizo o no hizo. Ahí es más difícil hacer una relación causal, pero por ejemplo la podías hacer cuando Vázquez perdió apoyo a partir de 2015. Estuvo la postergación del Antel Arena, la discusión del Presupuesto por dos años, la esencialidad de la educación. En ese momento, había una relación hipotética que se podía hacer entre esas decisiones y la pérdida de apoyo del presidente. El deterioro de hoy es más difuso y empieza a jugar la caída en la aprobación incluso entre los votantes frenteamplistas.

- En la Mesa Política señaló que la oposición no supo capitalizar ese “clima negativo del gobierno”. ¿Por qué?

-Tampoco la evaluación de la oposición ni sus liderazgos —salvo Luis Lacalle Pou que está fuera de la cancha— crecieron en términos de imagen ni de aprobación. Ese momento, en principio, no fue capitalizado por la oposición como podría ocurrir en otras circunstancias. No surgió una figura ni tampoco una valoración que vos digas: ‘Son estos que están haciendo las cosas bien’. En cambio, eso sí pasó con la caída de (Jorge) Batlle en 2002; había una relación clara de aumento de adhesión al FA.

Agustin Canzani
Agustin Canzani, sociólogo y analista político.
Foto: Estefanía Leal

-En mayo habló de “falta de relato, problemas de liderazgo y déficit de gestión y comunicación” del gobierno. ¿Cómo impactó eso en la caída de la aprobación de parte de la gente?

-Influye, más allá de los factores más estructurales, lo que el gobierno hace o no hace. Mi opinión, aunque puede ser discutible, es que está haciendo básicamente las cosas que se comprometió a hacer. Pero no siempre acompaña eso de gestos políticos que tengan impacto entre los votantes frenteamplistas. En el Presupuesto el gobierno dice: vamos a tratar de acelerar el crecimiento, mejorar la distribución, atacar los problemas de desigualdad y pobreza extrema, mejorar los servicios públicos. Generar condiciones para una convivencia razonable en seguridad pública. En la Rendición de Cuentas lo mismo. Te puede salir o no. ¿Pero qué ocurre? En el medio surgen otro tipo de cosas que se empiezan a procesar como demandas dentro del mismo electorado.

-¿Por ejemplo?

-Lanzar la discusión del impuesto al 1% en términos estrictos no estaba en el programa, pero tensiona al gobierno con su base social organizada.

-Y generó tensión entre sectores (el MPP y el Partido Comunista, en particular). ¿Eso el votante o militante lo percibe?

-Las personas no evalúan la realidad necesariamente a partir de sus realidades, sino también por sus expectativas. Cuando colocas la discusión sobre un instrumento que se ve como algo que puede solucionar una cantidad muy grande de cosas en un plazo relativamente corto, las expectativas de la gente que está de acuerdo con el planteo aumentan. Por tanto, lo que hace el gobierno les resulta menos satisfactorio e insuficiente aunque esté haciendo lo prometido. Discrepo radicalmente con que el gobierno está gobernando para los que no lo votaron, lo está haciendo para los que lo votaron. Lo que pasa es que algunos ahora tienen expectativas diferentes de las que tenían cuando lo votaron.

-¿Cuánto juegan los primeros gobiernos del FA en esas expectativas?

-Muchísimo. Va a pasar mucho tiempo para que volvamos a tener gobiernos con esa capacidad de transformación. Por cómo fueron electos, por las mayorías que tenía, el marco de orientación de la opinión pública en aquel momento y el país venía de un período muy malo. Esas administraciones se encontraron con un horizonte de crecimiento muy grande que a la vez viabiliza mucho los cambios. Cuando tenés tasas de crecimiento anual de 4% es mucho más fácil gobernar y también distribuir. Aun cambiando las lógicas de distribución, a todos les toca algo más. Mientras tanto, en un contexto de crecimiento más magro la puja distributiva es mayor.

-¿Hay expectativas de mejora en la evaluación a partir de los últimos datos y pese a esa dificultad para gobernar?

-Hay indicios de recuperación, en particular entre los votantes frenteamplistas y hay mucho para mejorar ahí. Una encuesta es una cosa, dos es otra. Borges decía que dos es una coincidencia y tres una confirmación. Cuando tenés cuatro mediciones que apuntan en la misma dirección, lo que muestran es que el gobierno recuperó terreno. Hay un primer fenómeno que es un cierre de fila entre los frenteamplistas. Cuando te ves atacado hay una reacción natural: juntémonos para protegernos, defendernos. La opinión pública no se genera por los grandes hechos políticos necesariamente, sino por el diálogo e intercambio entre las personas. Imagina que vas a un asado. Vos defendés la posición A, pero cuando llegas buena parte empieza a defender la B. Si no defendés lo tuyo los de las posición B pueden convencer incluso a los que no estaban convencidos. Existe un muro de contención que tiene que ver con la defensa al gobierno. Y cuando ese muro baja, el agua pasa más rápido. Probablemente en esta etapa los que votaron al gobierno bajaron ese muro de contención. Cuando lo empezás a reconstruir es mucho más difícil que el agua pase o precisás mucho más agua para pasar para el otro lado. Eso es generación opinión pública: en el asado, en el boliche, en el supermercado, con un vecino, con un compañero de clase o trabajo…

-¿Hay que empezar por los frenteamplistas descontentos ?

-Para el presidente, recuperar terreno entre gente que no lo votó es más difícil. Lo primero a lo que hay que apuntar es a gente que ya lo votó. Recuperando la mitad de los disconformes que lo votaron, puede subir entre siete y 14 puntos. Valen doble; si subís siete restas siete. No digo que vaya a pasar, pero es un hipótesis plausible que recupere terreno entre la gente que lo votó porque es la más cercana a Orsi. Hubo efectos de otro tipo, de acción política. La forma en que se cierra la Rendición de Cuentas, o que el presidente haya cambiado en algunos aspectos sus apariciones públicas. Todo eso abona. Pero sobre todo se nota en la dinámica interna frenteamplista lo de reconstruir ese muro de contención. Además, los últimos estudios sugieren que la aprobación de Orsi está mejorando en los sectores bajos y de confirmarse estamos frente a un elemento interesante. De generarse un apoyo de ese tipo -que no es visible- puede ser una base muy importante para el gobierno y después a la hora de generar votos.

Agustín Canzani
Foto: Estefanía Leal.

-¿En la elección, que fue calificada de “chata”, hubo apatía de la ciudadanía porque las dos grandes preocupaciones —crecimiento económico y seguridad— no encontraban una respuestas diferente entre el FA y la coalición? Habían sido temas centrales en 2019 y lo volvieron a ser en 2024.

-Ninguno de los dos grandes bloques proponía grandes cambios. Eso tiene que ver con que están muy parejos en términos de peso electoral. Por lo tanto, cada uno cuida sus posiciones porque irse de un extremo a otro podría significar un riesgo muy grande. Lacalle Pou está jugando a eso también. Pero hay otro elemento a preguntarse: ¿qué cosa podría hacer el país diferente? Hay un problema que no es solo de Uruguay. El problema del crecimiento económico se da en todo el mundo y salir de eso es difícil, salvo que tengas una sellada, como Argentina con Vaca Muerta. A eso hay que sumarle temas sociales o de seguridad que la gente vincula al gobierno y son difíciles de entender. Por ejemplo, el otro día hubo elecciones en Suecia. La relación entre migración y seguridad fue tema fundamental de la campaña. Y aunque ganó la izquierda, lo que va a cambiar en esos dos temas es prácticamente nada. Suecia hoy tiene la segunda tasa de homicidios más alta de la Unión Europea. Hay un conjunto de desafíos muy importantes, pero nos quedamos con los figurines viejos. Analizamos la y las realidades con marcos que son relativamente antiguos.

-Mientras ha habido cambios.

Los partidos políticos en Uruguay resisten, pero no están en su mejor momento. Eso tiene que ver con lo que hacen y no hacen, pero también con estos cambios que son muy potentes. Diferencio los cambios sociales, comunicacionales y políticos que marcan la cancha sobre lo que los gobiernos pueden hacer. Tenés sociedades cada vez más diversas, en las que convive gente con características distintas. Por lo que una misma sociedad tiene más dificultades para ofrecerle lugar a todas esas diferentes clases de personas para que desarrollen su proyecto de realización personal. A su vez, las estructuras demográficas han cambiado mucho: más gente vive sola, hay más hogares monoparentales y los cambios en el mundo del trabajo hace que la gente se relacione menos entre sí. Cambian los estilos de vida. Tenés una reducción y privatización de los vínculos. Sobre todo en el cara a cara. Cambian dos cosas fundamentales: la sociabilidad y la socialización.

-¿En qué se diferencian?

La sociabilidad es la forma en que nos vinculamos. Nos vemos menos de manera directa y con gente diferente a nosotros en el sentido social. Y después la socialización es la forma en que adquirimos costumbres y valores. La familia pesa menos, el sistema educativo está más intermediado. Todo esto hace que adquieran relevancia otros factores, por ejemplo las redes sociales que tienen una influencia en la socialización más potente que la propia familia y pierde peso el sistema educativo. Esa heterogeneidad creciente hace más difícil encontrar denominadores comunes, mientras la gente empieza a preocuparse por lo que algunos colegas llaman su “metro cuadrado”. Cuando la gente se preocupa más por lo que pasa en su pequeño entorno se hace más difícil construir proyectos colectivos. La dispersión de demandas es gigantesca y se genera dificultad para articular.

-¿Y lo comunicacional y lo político?

Nunca la sociedad tuvo tanta información, ni tantos problemas para identificar cuál es buena y cuál no. Mientras tanto, la comunicación en redes sociales implica generar adicción, con un ciclo de noticias que cada vez es más corto. Se genera una sociedad de la impaciencia. Eso te lleva a los cambios políticos en un mundo en el que hay empresas transnacionales cada vez más fuertes que confrontan con Estados cada vez más débiles relativamente, con un orden internacional desestructurado. Ese es el peor escenario para regular y a los países o a los organismos multilaterales les cuesta garantizar reglas. En ese marco es que se da lo que se ha empezado a llamar “la promesa rota de la democracia”. Se produce desencanto, frustración y distintas formas de reacción. Entonces, todos aquellos territorios perdedores de la globalización terminan votando movimientos cuestionadores. Los que se sienten dejados de lados por ese fenómeno, con el que perdieron, terminan dándotela con el voto. Y eso termina generando la desconfianza hacia las instituciones democráticas y a quienes las representan. La gente se siente más autónoma porque el sistema de representación no le respondió y lo empieza a cuestionar. Y al final, se cuestiona a todo nivel. A los partidos políticos sin duda, pero también a los sindicatos, a las organizaciones no gubernamentales. Es la idea del fin de la mediación. Por tanto, la idea del fin de la política. No vamos a llegar a ese extremo, pero todas las organizaciones representativas están en crisis. La tolerancia con los gobiernos está en sus mínimos en todos lados y al poco tiempo de asumir pierden rápidamente el capital inicial. Ojo con hacer análisis políticos solamente por lo que vemos que pasa en la política. Es muy endógeno, tiene una dinámica selectiva y afecta a pocas personas. Si observamos lo que ocurre en la sociedad en su conjunto, vamos a poder explicar mejor cómo eso decanta en lo que sucede en la política.

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