La decisión que tomó el presidente Yamandú Orsi, como quedó bien claro en la tarde de ayer, fue que su discurso anual ante el principal foro del mundo sería todo lo general que pudiera ser, pero con algunas referencias concretas —tres, a decir verdad— que lograron, en las últimas horas, algunas repercusiones que habían sido buscadas, tanto públicas como privadas.
Los discursos de los presidentes ante la Asamblea General de las Naciones Unidas siempre se cargan de expectativas, no tanto por su importancia en un organismo que, coinciden analistas y jefes de Estado, tiene cada vez menos incidencia y más pérdida de legitimidad conforme avanzan y se profundizan los conflictos a lo largo y ancho del globo; sino por lo que los mandatarios son capaces de sintetizar en una alocución que es necesariamente internacional, pero que al mismo tiempo condensa una visión política particular y que tiene su anclaje en debates locales.
Por eso el mensaje de poco menos de 20 minutos que dio Orsi ayer generó cuestionamientos de parte de la oposición —desde filas nacionalistas, por ejemplo, se remarcó que el discurso fue "vago" y que el presidente fue "vocero del régimen de Cuba"— y al mismo tiempo un alineamiento importante del oficialismo, concretamente de los principales dirigentes del Frente Amplio.
En buena medida, aunque no lo explicitaron todos, la satisfacción que mostró la bancada frenteamplista se motivó por la directa alusión a la situación de Cuba y el cada vez más tenso relacionamiento con Estados Unidos —Donald Trump dijo esta misma semana, ante este mismo foro, que su régimen "caerá".
"Tampoco podemos ser indiferentes —fue lo que dijo Orsi en el pasaje referido a la isla— ante el dolor que implica un estado de guerra interminable, el miedo y el dolor que genera el crimen organizado, la amenaza permanente del terrorismo, la represión que surge de la tiranía o el sufrimiento que provoca un férreo bloqueo económico como el que sufre el pueblo cubano".
Los aplausos no solo provinieron de parte del núcleo más oficialista —del Movimiento de Participación Popular y de jerarcas clave de su gobierno, como el secretario Alejandro Sánchez— sino incluso de bancadas que, en materia de política exterior, ha sabido mostrar sin tapujos sus matices. El senador socialista Gustavo González, por poner un caso, dijo a El País que la exposición de Orsi le pareció "acorde a la situación que vive América Latina" y que, precisamente, le "gustó mucho la referencia que hizo al bloqueo de Cuba", en tanto se dio "un importante paso, independientemente de la posición política que el mundo tenga frente a esto, porque hay una situación humanitaria que debe atenderse".
Es cierto también que no hubo reflexiones, con nombre y apellido, que aludieran a la guerra en Oriente Medio y a la situación de Gaza, tema sobre que el Frente Amplio ha sido absolutamente crítico. "Se buscó un discurso bien político, humanista, con mucha serenidad y no focalizado", dijo a El País un integrante de la delegación uruguaya en Nueva York.
"No creemos que posicionarse de un lado o de otro de una guerra, de una confrontación o de una disputa, contribuya necesariamente a resolverla. Muchas veces, por el contrario —dijo Orsi—, profundiza esas divisiones. Nuestro compromiso es otro: buscar caminos de entendimiento, abrir espacios de diálogo y contribuir a que los conflictos encuentren una salida pacífica."
Los mensajes a Estados Unidos y Venezuela, y la defensa de la ONU
Las otras dos alusiones —todas referidas a la región— con nociones algo más directas apuntaron a Estados Unidos y Venezuela, ambos en un vínculo muy observado por la comunidad internacional, luego de la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero y el millonario acuerdo por el cual, como fue anunciado días atrás, Caracas cedió a los norteamericanos la explotación de unos 65.000 millones de barriles de petróleo.
La dirigida a los norteamericanos, dijeron a El País fuentes del Ejecutivo, llevó gran parte de la introducción del discurso del presidente, y generó varios mensajes de reconocimiento por parte de diplomáticos estadounidenses. Lo que hizo Orsi fue buscar una manera de distanciarse de la orientación belicista de Trump haciendo un "guiño" a los "valores" fundacionales de Estados Unidos, que este julio cumplió 250 años. Por entonces, este pueblo "decidió y entendió que las personas poseen derechos, que el derecho a la vida, a la libertad y la felicidad tenían que ser la guía de todo gobierno, y que los gobernados deciden sobre quiénes serán sus gobernantes", estandartes que en Sudamérica, 50 años después, fueron heredados, continuó Orsi la idea, que decidió formular al inicio de su discurso hace pocos días, dijeron fuentes de su entorno.
El pasaje referido a Venezuela no menciona en ningún momento al país caribeño, pero aun así el presidente buscó marcar distancia con los pasos que está dando allí la administración de Trump y el freno que, por el momento, está sufriendo la líder de la oposición, María Corina Machado: "Sabemos bien que esto no es entre malos y buenos. Muchas veces los buenos se convierten rápidamente en malos, o los que ayer condenábamos duramente, mágicamente se transforman en referentes de nuestra alianza para el bien. Pero compartimos un mismo planeta, y en última instancia, un mismo destino”.
Por último, y como referencia general, Orsi también volvió sobre una idea recurrente en la discursividad de su política exterior: el multilateralismo en momentos de guerra y de ineficiencia de los organismos supranacionales. "La ONU tiene cada día más razón de existir", dijo Orsi, con un fuerte contraste con lo que, antes, ante la misma asamblea, había dicho el presidente de Argentina, Javier Milei, que describió a las Naciones Unidas como una "organización inútil" que "solo sirve para alimentar a una casta de parásitos" —aunque el contrapunto con el jefe de Estado del país del otro lado del río no fue un objetivo perseguido.