En el marco de un nuevo desayuno organizado por el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), el director de Equipos Consultores, Ignacio Zuasnabar, presentó datos sobre la autoidentificación ideológica de los uruguayos y sostuvo que, en el escenario actual, “la última tendencia parece indicar que el electorado uruguayo se está moviendo a la derecha”.
Aunque el sociólogo matizó que los datos recientes habría que verlos “con cierta condicionalidad y que aún es prematuro afirmarlo categóricamente”, “todas las mediciones de 2026 coinciden en la misma línea”.
“Es un cambio incipiente, pero representa una modificación en las consecuencias potenciales relevantes para la sociedad uruguaya”, acotó. Según los datos, que representan la evolución desde 1989 hasta el presente, se identifican tres grandes períodos en la evolución e identificación ideológica de los uruguayos.
El primero, entre 1989 y 1999, que estuvo marcado por un predominio de la derecha sobre la izquierda, aunque el centro siempre se mantuvo como el espacio mayoritario y predominante.
“A partir de 2000-2001 se produce la crisis que acentúa e inaugura una nueva era. Desde 2002 hasta 2018 en Uruguay hubo más gente de izquierda que de derecha”, explicó.
Según Zuasnabar, desde 2019 se abrió una tercera etapa, caracterizada por un mayor equilibrio entre ambos bloques ideológicos. Ese escenario se mantuvo hasta 2024-2025, aunque con resultados electorales diferentes: primero se impuso el bloque de la coalición republicana y cinco años después volvió a ganar el Frente Amplio (FA). El cambio que aparece ahora, sostuvo, es de una magnitud que no se había registrado en las últimas décadas.
“La matriz ideológica prácticamente se ha mantenido estable hasta 2025, que se da la antesala de lo que estamos viendo en 2026: una brecha de ocho puntos entre la identificación de derecha y de izquierda. Son datos realmente diferentes a los que veníamos viendo y no habíamos visto una diferencia de esta magnitud en todo el siglo. Tenemos que irnos a 1999 para encontrar una brecha de esta dimensión”, señaló.
En este sentido, sostuvo que este cambio en la composición de los bloques ideológicos también está acompañado por “un incremento más leve en la polarización”.
Esto se observa, explicó, tanto en la derecha como en la izquierda: “Dentro del bloque centro-derecha y derecha, aumentan los de derecha por sobre los de centro-derecha, mientras que en el caso de la izquierda incrementan los de izquierda por encima de los de centro-izquierda”, graficó. En caso de que este cambio se confirme en las dos mediciones que restan del año, afirmó, no será muy diferente de lo que está “pasando en Uruguay con respecto a lo que está ocurriendo a nivel global”.
A 2026, los datos presentados muestran que el 34% se autoidentifica con la derecha, el 26% con la izquierda y el 39% se ubica en el centro del espectro ideológico (ver gráfica). Cinco años atrás, las proporciones eran de 31% para la derecha, 30% para la izquierda y 39% para el centro. Hace una década y media, en tanto, la relación era inversa: 27% frente a 36% ubicado a la izquierda, mientras que 37% se definía de centro.
Problema al centro y "paradoja"
Sobre la evaluación del gobierno del presidente, Yamandú Orsi, con 28% de aprobación y 51% de desaprobación —según la última encuesta de Equipos—, Zuasnabar dijo que hubo “un detenimiento en la tendencia a la baja” en el rechazo a la gestión de la actual administración y se estaría ubicando desde abril —confirmado en agosto— en “una fase de estabilidad” en los niveles de respaldo o disconformidad (hubo una mejora en la percepción entre los votantes de la oposición en segunda vuelta, no de los del FA).
No obstante, el analista mencionó “una paradoja” que se están dando a la interna de los que respaldaron al oficialismo en las elecciones y quienes se autoperciben de izquierda.
“El gobierno de Orsi recibe críticas desde la izquierda más a la izquierda, pero cuando miramos los datos de opinión pública, al segmentar el electorado, son esos votantes del FA desde donde recibe más apoyo. Es inverso a lo que se ve en la dinámica política. En el electorado frenteamplista más de izquierda recibe más niveles de apoyo (80% de simpatía contra 7% de antipatía). Es una curiosidad. La base de apoyo político de Orsi viene de sus votantes de izquierda-izquierda. Por tanto, es de parte de la dirigencia y la militancia que recibe buena parte de las críticas, mientras no se percibe a nivel del electorado. Parece haber cierto descalce”, reveló Zuasnabar.
En esta línea, marcó que el problema del presidente está más en “los votantes del FA de centro” (48% manifestó simpatía versus 27% de antipatía), que entre los de “izquierda más allá de los ruidos que se sienten”. En referencia los que se definen ideológicamente de centro-izquierda y votaron al FA, Orsi recoge 69% de valoración positiva y 12% de negativa (ver gráfica).
Cambio de humor
En el primer tramo de su exposición, Zuasnabar volvió a advertir sobre el cambio en el “humor de los uruguayos”, con números de evaluación del gobierno que muestran un saldo “claramente negativo”.
“Está claro y es palpable que la sociedad uruguaya está más incómoda e inquieta que hace un par de años. Hay razones endógenas y exógenas que explican esto”, afirmó, en referencia a un fenómeno que, según señaló, también se observa a nivel global y está asociado a la creciente insatisfacción de los ciudadanos.
En el caso de la opinión pública, dijo que “están emergiendo cosas que antes no existían”. Mencionó, entre ellas, principalmente la irrupción de la inteligencia artificial, que está siendo percibida “más como una amenaza que como una oportunidad”, siendo un factor disruptivo en la “incertidumbre”. Además, señaló como consecuencia de la “insatisfacción la alternancia casi constante en los gobiernos”.
“La nueva norma parece ser la alternancia, mientras que las lunas de miel son cada vez más cortas. Ayer me acordaba del término ‘nueva normalidad’ que hablamos en la pospandemia. Muy rápidamente volvimos a la vieja, pero no sabemos si, en términos políticos, la ‘nueva normalidad’ no son gobiernos mal evaluados de manera mucho más acelerada: por cambios comunicacionales, impaciencias”, añadió.
El director ejecutivo CED, Agustín Iturralde, analizó la marcha de la economía uruguaya y advirtió que el bajo crecimiento ya “no puede explicarse únicamente por el contexto externo”, al tiempo que remarcó como línea de la presentación los desafíos que presenta “los límites de la estabilidad”.
“Uruguay está llegando a un momento en que la estabilidad está buenísima —es un valor cuidar—, pero no alcanza. Nos trajo hasta acá y nos permitió diferenciarnos de muchos vecinos de la región, pero no nos va a llevar mucho más lejos”, provocó el economista.
En esta línea, llamó a encarar reformas profundas y señaló que el repunte registrado en las últimas semanas en el precio de los granos, sumado a los históricamente buenos de la carne, muestra que la coyuntura internacional no necesariamente es “mala” para Uruguay, pese a los desafíos y la “gran incertidumbre”.
En materia de crecimiento económico, Iturralde criticó las estimaciones del Ministerio de Economía (MEF), luego de 18 meses en que “todas las expectativas de los agentes sistemáticamente se han ajustado a la baja”. En esta línea, informó que el think tank incluso volvió a proyectar una reducción del crecimiento del PIB en 2026: lo estimó en 0,9%.
Por tanto, advirtió que con los niveles de inversión actuales —el más bajo desde la pandemia ubicándose por debajo del 16% del PIB— “no hay ninguna posibilidad de que Uruguay pueda satisfacer sus aspiraciones de bienestar material”.
“La economía todavía anda, pero el nivel de inversión es simplemente de remplazo del capital existente. La diferencia entre 20% y lo actual, es un UPM por año. Lo que nos está faltando es muchísimo para tener un crecimiento razonable”, acotó.
A su vez, señaló que, aunque el consumo continúa creciendo, el empleo pierde dinamismo. Al respecto, indicó que cerca del 80% del empleo generado durante 2025 correspondió a trabajadores por cuenta propia, lo que implica una composición menos favorable de esa variable positiva. “Tenemos un divorcio de indicadores. El consumo ha subido alineado con el salario y el empleo. Materialmente para la gente hay cosas que están bien, pero si matcheamos la perspectiva es más amarilla debido a que la inversión suele ser un predictor mejor de lo que va a venir que de lo que estamos viendo. Lo que sabemos es que no es sostenible para siempre”, argumentó.