El científico Rafael Radi, director del Centro de Investigaciones Biomédicas de la Facultad de Medicina (CEINBIO) e integrante de la Pontificia Academia de las Ciencias del Vaticano, repasó en En Clave País, el streaming de El País, algunos de los principales desafíos que enfrenta la ciencia uruguaya, desde las lecciones que dejó la pandemia de covid-19 hasta el desarrollo de nuevos alimentos funcionales y el avance de la inteligencia artificial.
Radi, quien tuvo un rol destacado en el Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) durante la emergencia sanitaria por el coronavirus, recordó aquel período como “uno de esos momentos de la vida donde hay un cambio de trayectoria”. A cinco años del cierre de la actividad del grupo y seis de su comienzo, señaló que vivió ese momento con “mucha responsabilidad” pero también con “mucha satisfacción”, pese a la gravedad de la situación.
Según Radi, uno de los principales aspectos positivos de la experiencia uruguaya durante la pandemia fue la articulación entre la comunidad científica, las autoridades sanitarias, el gobierno y la oposición. “Logramos como sociedad conjuntar una respuesta científica que se acopló muy bien a la respuesta sanitaria, a las decisiones de gobierno y al trabajo que también hacía la oposición en ese momento”, sostuvo.
Las claves de un sistema científico en Uruguay
El científico remarcó que ningún país podía aspirar a atravesar la pandemia sin consecuencias y que los resultados debían analizarse en comparación con lo ocurrido en otras partes del mundo. “Acá nadie iba a salir ileso, todos los países del mundo”, afirmó. En ese contexto, consideró que Uruguay logró avanzar hacia “una mitigación bastante buena”, al tiempo que mantuvo una calidad de vida que, comparativamente con países que aplicaron restricciones más severas, fue “bastante buena”.
Para Radi, además, la pandemia permitió que la población conociera y valorara más el trabajo científico que se realizaba en el país. “La ciencia pasó a tener otro escalón en el conocimiento de la población y en la importancia que la actividad política le ha dado”, afirmó.
A su entender, actualmente existe un consenso más amplio sobre la necesidad de contar con un sistema científico fuerte, no solo para responder ante futuras crisis, sino también para alcanzar independencia tecnológica, retener talento y desarrollar una economía basada en el conocimiento. “Un sistema científico es importantísimo para un país”, resumió.
En ese sentido, sostuvo que el apoyo a la ciencia atraviesa a los distintos gobiernos y partidos políticos. Recordó que desde que comenzó su carrera, en la década de 1980, diferentes administraciones dieron respaldo al desarrollo científico nacional. “A nivel del espectro político hay un acuerdo de que esto hay que darle apoyo”, señaló.
Alimentos y salud: un programa que busca agregar valor a la producción uruguaya
Radi también explicó el funcionamiento del Programa de Alimentos y Salud Humana, una iniciativa nacional que tiene su base en la Facultad de Medicina y que busca conectar la producción de alimentos con sus efectos sobre la salud humana.
El programa tiene, según explicó, un doble objetivo: por un lado, "asistir al sector productivo para desarrollar alimentos que puedan incorporar nuevas declaraciones de salud" y, eventualmente, "acceder a mercados de exportación con mayor valor agregado"; por otro, contribuir "desde la alimentación a que las personas puedan tener una vida más saludable y autónoma durante más años".
“En un país productor de alimentos de calidad es importante poder decir: estos alimentos tienen estos beneficios para la salud”, sostuvo Radi.
La iniciativa trabaja con distintas áreas de la industria alimentaria. Entre ellas mencionó a la producción nacional de aceite de oliva y el aprovechamiento del orujo de la uva, un subproducto que puede contener compuestos bioactivos de interés.
Radi destacó que allí aparece también el concepto de economía circular: elementos que originalmente son considerados residuos pueden ser recuperados y transformados en componentes para nuevos productos. Como ejemplo, señaló proyectos en los que se incorporan derivados del orujo a galletitas para sumar fibra y bioactivos y, de esa manera, agregar valor a un producto que originalmente era considerado un desecho.
También existe una conexión con la industria farmacéutica, a través del desarrollo de productos nutracéuticos. Sin embargo, Radi marcó una diferencia entre las afirmaciones comerciales sobre los beneficios de determinados productos y aquello que puede ser efectivamente demostrado mediante investigación científica. “Están los claims que no están soportados por la ciencia, y están las cosas que sí”, afirmó. Para el científico, el segundo camino es “más tedioso, más lento, más áspero por momentos”, pero es “el único sustentable”.
Más de 40 estudiantes en un posgrado interdisciplinario
Como parte del programa también se creó el primer posgrado nacional en ciencia de los alimentos y salud humana. La propuesta busca formar profesionales con conocimientos en química de alimentos, ingeniería de alimentos, nutrición y medicina.
Radi contó que la primera generación ingresó en 2024 y que la cantidad de estudiantes superó ampliamente las expectativas iniciales. Esperaban tres o cuatro inscriptos y terminaron ingresando 20. Al año siguiente se sumaron otros 15 y en la tercera generación volvieron a inscribirse unos 20 estudiantes.
Actualmente, dijo, hay “40 y algo” de estudiantes de maestría. La propuesta está abierta a profesionales de distintas áreas, entre ellos ingenieros y químicos de alimentos, bioquímicos, médicos y nutricionistas.
La apuesta, explicó, es que ese talento pueda incorporarse a la industria alimentaria, farmacéutica y al sector salud. “Es una apuesta a país”, definió.
Un laboratorio con una inversión de $60 millones
El desarrollo del programa también implicó la construcción de capacidades de investigación. Radi señaló que se instaló un laboratorio en la Facultad de Medicina, en un sector del edificio ubicado sobre Marcelino Sosa, con una inversión cercana a los $ 60 millones.
El espacio cuenta "con equipamiento de última generación" y, según Radi, algunos de los equipos incorporados "corresponden a la primera generación disponible en América Latina". Entre ellos mencionó un espectrómetro de masa.
El laboratorio también comenzó a recibir investigadores y personal del exterior para capacitarse. “Ser un centro de referencia le suma al país”, afirmó.
El programa, además, mantiene vínculos con distintos organismos públicos y con empresas privadas. Radi destacó el contacto con el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca y el Ministerio de Salud Pública, y sostuvo que la naturaleza del proyecto exige una mirada transversal que no puede quedar restringida a una única facultad.
Respecto al financiamiento, Radi explicó que el Programa de Alimentos y Salud Humana cuenta con recursos propios y que fue incorporado al Presupuesto Nacional en 2020, con una combinación de financiamiento nacional y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
El proyecto fue concebido inicialmente con una perspectiva de diez años. “El plazo mínimo son 10 años”, recordó Radi, al explicar que la creación de un posgrado y de capacidades científicas de alto nivel requiere varios años.
Tras una evaluación de medio término que, según afirmó, tuvo resultados positivos, se avanza hacia una segunda etapa de cinco años. “Yo diría que sí, está garantizada la continuidad”, sostuvo.
Radi planteó, sin embargo, que después de los diez años el programa debería integrarse a la estructura permanente del país y contar con un esquema de financiamiento que combine recursos públicos, proyectos competitivos y acuerdos con empresas privadas.
“El presupuesto nacional seguramente siempre sea lo principal, esa es la experiencia internacional, pero el sector privado también va a intervenir”, señaló.
A futuro, además, anticipó la posibilidad de ampliar esta experiencia hacia una plataforma más grande vinculada al área de agroalimentos, que pueda integrar a distintos colectivos e instituciones científicas del país.
Su llegada a la Academia de Ciencias del Vaticano
Radi también habló sobre su incorporación a la Pontificia Academia de las Ciencias, una institución que, según explicó, "tiene sus orígenes en 1603 y entre cuyos primeros integrantes estuvo Galileo Galilei".
Actualmente, la Academia reúne a científicos de distintas religiones y también a ateos y agnósticos. Radi se define como agnóstico y explicó que su incorporación "fue el resultado de un proceso interno de selección en el que los candidatos deben atravesar distintos filtros hasta llegar a una votación prácticamente unánime".
El médico ingresó en 2024 y contó que había sido invitado previamente en dos oportunidades. Entre los científicos que ingresaron junto a él mencionó al Premio Nobel de Química en 2024: Demis Hassabis, reconocido por sus trabajos vinculados a la inteligencia artificial.
La Academia funciona como un espacio de intercambio científico y de discusión sobre temas como cambio climático, inteligencia artificial, clonación, pobreza y resiliencia. Los científicos participan en reuniones presenciales y en comités que trabajan de forma virtual para elaborar documentos de consenso.
Radi destacó que los documentos producidos por la Academia luego pueden ser utilizados por organismos internacionales, gobiernos y sociedades científicas.
“Es una academia de científicos, liderada por científicos y cuya agenda es de la ciencia”, señaló. En ese sentido, contó que el 24 de setiembre tendrá un encuentro en el marco de la Academia donde se reunirá con el papa León XIV, que es matemático de profesión.
Inteligencia artificial: “Cuanto más nivel de autonomía tiene, más la tenemos que supervisar”
Uno de los principales temas abordados durante la entrevista fue el avance de la inteligencia artificial, tras ser consultado por la encíclica acerca de la IA publicada por el papa León XIV. Radi distinguió entre distintos niveles de desarrollo de estas herramientas: la inteligencia artificial analítica, la generativa —capaz de crear contenidos— y la denominada inteligencia artificial agéntica, con mayor capacidad de autonomía para ejecutar tareas.
A medida que aumenta la autonomía, sostuvo, también debe aumentar la supervisión humana.
“Cuanto más nivel de autonomía tiene la inteligencia artificial, nosotros la tenemos que supervisar más”, afirmó.
Radi defendió un modelo de inteligencia artificial asistida, en el que "la herramienta ayude a las personas pero no sustituya su responsabilidad". Para ejemplificarlo, relató una situación en la que detectó un error en un análisis y recibió como respuesta que la equivocación había sido causada por la inteligencia artificial. “No, estás equivocado, el error lo cometiste tú”, recordó haber respondido. “Tú no curaste esto”.
Para el científico, el punto central es que los usuarios deben verificar los resultados que producen estas herramientas. “No podemos delegarle a la herramienta un resultado incorrecto”, sostuvo.
“La responsabilidad al final del día siempre tiene que ser de la persona”, afirmó, ya sea en un diagnóstico clínico, en el cálculo de una estructura o en cualquier otra decisión.
Radi se mostró partidario de establecer algún grado de regulación para la inteligencia artificial, aunque advirtió que "un exceso de normas también podría frenar el desarrollo científico y tecnológico".
El científico señaló que existen diferencias entre los enfoques de Europa y Estados Unidos y consideró que "el desafío consiste en encontrar un punto de equilibrio".
Una de sus principales preocupaciones está vinculada a las poblaciones más vulnerables, entre ellas los niños, los adolescentes y las personas con menor nivel de instrucción, que pueden estar más expuestas a mecanismos de manipulación mediante estas tecnologías.
También mencionó los riesgos para empresas con menores capacidades de ciberseguridad.
Por eso, sostuvo que una posibilidad es que los sistemas de inteligencia artificial sean sometidos a evaluaciones independientes antes de llegar al mercado. La idea, explicó, es que organismos independientes puedan analizar los riesgos y problemas potenciales de una herramienta antes de que sea aprobada.
“Son tantos los problemas potenciales que algún nivel de regulación y de supervisión tenemos que tener”, concluyó.
Del laboratorio al nuevo estadio de Liverpool
En la entrevista, Radi también se refirió a otro proyecto en el que participa desde un lugar muy diferente al de su actividad científica: el nuevo estadio de Liverpool en Belvedere. El biomédico, reconocido hincha y socio del club, integra una comisión interdisciplinaria que trabaja junto a los arquitectos y profesionales encargados del proyecto.
Su aporte está relacionado con la mirada ambiental del futuro escenario. Radi explicó que trabaja sobre aspectos como la eficiencia energética, el aprovechamiento del agua de lluvia, el tipo de césped y la incorporación de naturaleza al entorno. En ese marco, impulsó la idea de “El Bosque Azul”, un concepto que busca "que el estadio no sea solamente una estructura deportiva, sino que también se integre al barrio mediante un bosque urbano".
“Nosotros aportamos lo conceptual”, explicó Radi, quien aclaró que las definiciones técnicas corresponden al equipo de arquitectos. La propuesta apunta a que la infraestructura tenga un impacto positivo en su entorno y dialogue con la comunidad de Belvedere.
El nuevo Estadio Belvedere se encuentra en construcción y Liverpool proyecta inaugurarlo en 2028. El club colocó la piedra fundacional el pasado 15 de agosto, en una jornada que contó con la presencia del presidente Yamandú Orsi. El escenario tendrá una capacidad estimada de entre 15.000 y 20.000 espectadores y todas sus tribunas estarán techadas.
El vínculo de Radi con Liverpool es de larga data. Nació y vivió sus primeros 25 años en Belvedere, en calles próximas al estadio, y en 2021 fue nombrado socio de honor de la institución. Su participación en el proyecto del nuevo escenario es, así, una extensión de una relación que combina su historia personal con una de sus principales áreas de conocimiento: la búsqueda de soluciones científicas y ambientales aplicadas a proyectos concretos.
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