Mientras cada vez más niños recurren a la inteligencia artificial (IA) para hacer tareas, estudiar o incluso consultar sobre cuestiones personales, crece también la preocupación por sus efectos en el desarrollo cognitivo y emocional. En ese escenario, la emprendedora argentina Daniela Buján busca una alternativa: enseñar a usar esta tecnología sin resignar habilidades clave.
Ese es el objetivo de Auroria, una plataforma que cofundó con foco en la alfabetización en IA dentro de la comunidad educativa. El proyecto busca generar “concientización y un uso responsable de la IA”, dijo Buján, en un contexto en el que “ninguna tecnología viene preparada para que la usemos si no entendemos los alcances, riesgos y oportunidades”.
La startup nació a partir de la preocupación de los cofundadores por la introducción de los niños en la IA sin que la herramienta esté adaptada para ese público. Esto puede generar impactos no deseados, tal como ocurre con las redes sociales. El objetivo de Auroria, resumió Buján, es acercar la tecnología “pero no a cualquier costo”.
Los riesgos incluyen la llamada “deuda cognitiva”, la delegación del pensamiento en la IA -con efectos en la memoria y la atención-, así como la pérdida de pensamiento crítico. En ese sentido, citó un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) que reveló que alumnos que utilizaron IA para redactar un ensayo sufrieron un deterioro en su amplitud cognitiva del 55% respecto de quienes no se apoyaron en la tecnología.
Lanzada en agosto del año pasado, la plataforma se dirige a alumnos, familias, docentes y directivos, con perfiles diferenciados, y se personaliza en base a las características de cada institución. Se distingue de otras plataformas de IA porque no entrega la respuesta directa al problema que introduce el estudiante, sino que lo “guía” en el proceso. “No les hacemos la tarea”, recalcó Buján.
Otra dimensión que incorpora Auroria es la emocional, ya que la IA es cada vez más utilizada como medio de consulta en ese plano. En estos casos, la plataforma redirige al niño a hablar con un adulto de referencia. Si detecta situaciones de riesgo en el mensaje, como menciones a autolesiones, activa alertas que se envían a la institución y la familia del alumno, informando el contexto de la conversación, para que puedan actuar siguiendo los protocolos correspondientes.
Por su parte, la plataforma permite a directivos y familias acceder a estadísticas sobre el uso de la IA por parte de los estudiantes, mientras que los docentes pueden utilizarla para preparar clases y hacer seguimiento del rendimiento de los alumnos.
Según Buján, la IA puede ser útil como un asistente del educador, pero sin desplazarlo. “Queremos ayudar al docente, no correrlo del plano, porque es fundamental que una figura humana establezca un vínculo de confianza y de amorosidad con los niños. Eso no se los va a dar un robot”, reflexionó.
Auroria comenzó en noviembre de 2025 con una prueba piloto en una ONG y planea llegar a más centros educativos, incluidas escuelas rurales. En paralelo, prepara un ambicioso proyecto en Argentina donde aspira a alcanzar a entre 7.000 y 10.000 alumnos.
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