Del caos escolar al deporte profesional: los orígenes del fútbol y su evolución hacia un fenómeno global

El deporte surgió en la Inglaterra del siglo XIX como una práctica diseñada para disciplinar a estudiantes de élite. Los colegios promovían el fútbol para que alumnos liberaran tensiones.

Este dibujo representa un partido de fútbol en la Inglaterra de 1855
Este dibujo representa un partido de fútbol en la Inglaterra de 1855

Durante los últimos dos siglos, el fútbol se ha convertido en un fenómeno verdaderamente global que conecta a aficionados de todos los continentes. También es, especialmente durante los Mundiales, un asunto profundamente nacionalista que enfrenta a selecciones y seguidores de distintos países.

Sin embargo, el deporte profesional y de masas altamente competitivo que hoy conocemos tiene orígenes mucho más locales. Las raíces del fútbol se remontan a la Inglaterra de comienzos del siglo XIX, y surgieron por una razón social muy específica.

Cuando estudiantes y docentes de escuelas secundarias inglesas crearon el fútbol como deporte en las primeras décadas del siglo XIX, lo hicieron para ofrecer a los alumnos de instituciones de élite como Eton una forma de liberar tensiones y exceso de energía. Los estudiantes de estos internados privados provenían en su mayoría de familias acomodadas y eran enviados allí no solo para educarse, sino también para socializar con sus pares.

Pero los alumnos de los internados solían ser difíciles de controlar. Muchos jóvenes privilegiados veían a los maestros y directores no como figuras de autoridad, sino como personas de una posición social inferior. Las rebeliones eran frecuentes y enfrentaban a estudiantes consentidos con docentes impotentes. En ese contexto apareció el fútbol: una actividad física exigente, como patear una pelota a través de un campo, parecía a los profesores una forma de recuperar el control de los alumnos y redirigir sus energías.

Imagen de un partido del Mundial de 1930, disputado en Montevideo.
Imagen de un partido del Mundial de 1930, disputado en Montevideo.

Los orígenes

Los juegos de pelota que enfrentaban a dos grupos de personas no eran una novedad en Gran Bretaña. El llamado folk football (fútbol popular) existía mucho antes de convertirse en deporte. Sin embargo, aquellos primeros juegos eran encuentros poco reglamentados, bulliciosos y violentos entre habitantes de dos aldeas o dos barrios. Ni siquiera requerían una pelota propiamente dicha: bastaba cualquier objeto que pudiera patearse a través de un campo o por las calles de una localidad.

Estos eventos tenían poco en común con el fútbol moderno. Podían involucrar a cientos de participantes. Los campos no estaban delimitados y el objetivo consistía simplemente en lograr que el objeto atravesara una referencia determinada, como un seto o el límite de un terreno. No se trataba de marcar goles, sino de imponerse al equipo rival utilizando cualquier medio disponible. Este tipo de juegos era conocido por prácticamente todos en Inglaterra durante la primera mitad del siglo XIX. Fue desde allí que los juegos migraron a los patios escolares.

En la Escuela Rugby, un internado del centro de Inglaterra cuyo nombre daría origen posteriormente al rugby moderno, los estudiantes comenzaron en la década de 1820 a practicar un juego que implicaba patear una pelota. Estos juegos les otorgaban una enorme sensación de libertad.

Todavía no existían reglas codificadas y los docentes permitían que los estudiantes organizaran los partidos sin intervenir. Paradójicamente, lo que para los estudiantes representaba libertad, para los maestros era una útil herramienta de control. Los docentes permitieron que el juego se convirtiera en una actividad apreciada porque mantenía a los jóvenes alejados de otras tentaciones. Pensaban que los estudiantes cansados serían menos propensos a cometer travesuras o a involucrarse en conductas sexuales que consideraban inapropiadas.

Como el juego carecía de reglas establecidas y los profesores mantenían una actitud distante, los estudiantes tuvieron la oportunidad de crear sus propias normas. Y esas reglas surgieron de decisiones colectivas tomadas por ellos mismos.

Entre las décadas de 1840 y 1860, los alumnos elaboraron reglamentos que definían cómo podía manipularse la pelota, cuántos integrantes debía tener un equipo y cómo se contabilizaban los tantos.

Imagen de un partido del Mundial de 1930, disputado en Montevideo.
Imagen de un partido del Mundial de 1930, disputado en Montevideo.

Los estudiantes de Rugby fueron los primeros en codificar el juego. Sus reglas de 1844 permitían usar las manos para controlar la pelota. En cambio, las reglas redactadas por los alumnos de Eton en 1847 prohibían utilizar las manos para impulsarla.

Pero estos eran solo algunos de los muchos reglamentos que los estudiantes escribieron entre las décadas de 1840 y 1850. Además, todavía no distinguían claramente entre un juego centrado en el uso de las manos -característica fundamental del rugby moderno- y otro basado exclusivamente en el uso de los pies, rasgo esencial del fútbol.

El resultado fue una enorme diversidad de reglas para un juego que los estudiantes practicaban por diversión.

Los partidos se disputaban en praderas y campos cercanos a los internados. Estos terrenos muchas veces no tenían líneas de banda ni arcos definidos. Muros, árboles y arbustos servían como límites, mientras que portones y puertas hacían las veces de arcos.

Los egresados de estas escuelas llevaron sus versiones del juego a etapas posteriores de su formación. En la Universidad de Cambridge, los estudiantes comenzaron en 1837 a unificar algunas de las reglas. Durante los 19 años siguientes produjeron tres versiones de un reglamento común. La tercera, redactada en 1856, culminó en un juego basado en patear la pelota con los pies.

En 1863, representantes de clubes de fútbol del área de Londres se reunieron para debatir la creación de una asociación futbolística y un reglamento común. Ebenezer Cobb Morley, capitán del Barnes Football Club, convenció a los participantes de adoptar reglas unificadas que prohibieran el uso de las manos.

Las reglas de la Football Association de 1863 establecían que los jugadores no podían “llevar la pelota”, “arrojar la pelota” ni “levantarla del suelo con las manos mientras estuviera en juego”. Estas normas sentaron las bases del fútbol moderno.

Imagen de un partido del Mundial de 1930, disputado en Montevideo.
Imagen de un partido del Mundial de 1930, disputado en Montevideo.

La profesionalización

Las reglas londinenses de 1863 no reemplazaron inmediatamente a las demás variantes existentes ni fueron aceptadas en todas partes. De hecho, la reunión no contó con representantes de las escuelas que estaban decididas a seguir jugando según sus tradiciones. Más que unificar el fútbol, el reglamento de Londres se convirtió en una alternativa más entre varias.

Sin embargo, aquella reunión reflejaba la madurez creciente del deporte. Los participantes ya no provenían de internados, sino de clubes formados de manera independiente. Y tampoco eran adolescentes, sino adultos.

En 1872, el secretario honorario de la Football Association, Charles W. Alcock, propuso la creación de la Football Association Challenge Cup Competition. La introducción de este torneo ayudó a transformar el fútbol de una simple actividad recreativa en un deporte competitivo. Con el aumento del público llegaron también los estadios. Thomas Adam / The Conversation

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