La creatividad en la ciencia no es un concepto abstracto, sino la herramienta que permite transformar un experimento fallido en un avance médico. La investigadora del Laboratorio de Genómica Funcional del Institut Pasteur de Montevideo e integrante de la startup B4-RNA, Valentina Blanco, sostuvo que la creatividad ocupa un lugar central en el desarrollo científico, tanto en la formulación de preguntas como en la interpretación de resultados.
En el marco del Día Mundial de la Creatividad y la Innovación, que se celebra el martes 21 de abril, Blanco remarcó que la investigación no es un proceso lineal, sino que está atravesado por la incertidumbre y la necesidad de adaptación constante. “La búsqueda de soluciones ante un experimento que no dio lo esperado es lo que nos llevó a desarrollar un proceso innovador”, afirmó en diálogo con El País, en línea con la iniciativa del instituto de promover startups científicas a través de LAB+.
Blanco explicó que el punto de partida de cualquier experimento es una pregunta, pero advirtió que muchas veces los resultados no coinciden con las hipótesis iniciales. En ese contexto, consideró clave “intentar entender qué es lo que la biología nos está diciendo”, en lugar de forzar una respuesta esperada. “Ahí es cuando tenés que usar la creatividad, salir de lo que habías pensado y buscar otras alternativas para explicar ese fenómeno”, señaló. A su entender, ese proceso de reinterpretación es parte esencial del trabajo científico y está directamente vinculado con la innovación.
"El mejor camino para tomar"
Blanco enfatizó que la ciencia no se reduce a la aplicación mecánica de protocolos, sino que implica ensayo y error, intuición y capacidad de reacción frente a lo inesperado. “Tenemos protocolos que seguimos, pero muchas veces los resultados nos van guiando y direccionando hacia otro lado, y tenemos que pensar cuál es el mejor camino para tomar”, indicó. Esa dinámica, agregó, obliga a los equipos a trabajar “sobre la marcha”, ajustando metodologías y explorando nuevas vías a partir de los hallazgos que surgen en el laboratorio.
En cuanto a su trabajo en B4-RNA, Blanco detalló que el equipo está desarrollando un test orientado a la detección temprana de cáncer a partir del análisis de ARN presente en biofluidos, como la sangre. Según explicó, el ARN es la molécula que determina la identidad de cada célula —ya que, aunque todas comparten el mismo ADN, expresan distintos ARN y proteínas—, lo que permite diferenciar células sanas de tumorales. El desafío, señaló, radica en identificar esas señales en un entorno complejo, “como buscar una aguja en un pajar”.
Uno de los principales avances del equipo fue descubrir que el ARN presente fuera de las células se encuentra fragmentado, pero que esos fragmentos permanecen cercanos entre sí, lo que habilita su reconstrucción. “Esperábamos que ese ARN estuviera roto, pero lo que no esperábamos era que lo pudiéramos reparar”, afirmó. A partir de resultados que inicialmente los sorprendieron, los investigadores desarrollaron un método que permite “rearmar” esas moléculas —en una analogía que describió como “ponerle cinta adhesiva”— para luego poder leerlas e identificar su origen.
Ese proceso, explicó, surgió directamente de la necesidad de interpretar resultados inesperados y de aplicar soluciones creativas en el laboratorio. A partir de distintos experimentos y ajustes metodológicos, el equipo logró diseñar una técnica que hoy les permite analizar el ARN extracelular y determinar si proviene de células tumorales o sanas, lo que abre la puerta a herramientas de diagnóstico menos invasivas y más tempranas.
Detrás de la startup
La startup está integrada actualmente por cuatro personas, entre ellas especialistas en biología molecular y un ingeniero en machine learning, encargado de desarrollar modelos predictivos que permitan clasificar las muestras analizadas. Para ello, el equipo entrena algoritmos con datos de pacientes con cáncer y de donantes sanos, con el objetivo de mejorar la precisión del diagnóstico. Además, trabajan en el desarrollo de nuevas técnicas de secuenciación que aporten capas adicionales de información sobre las moléculas estudiadas.
En paralelo, B4-RNA mantiene colaboraciones con distintas instituciones de salud. En Uruguay, trabajan con el Hospital Británico —con muestras de pacientes con cáncer de ovario y endometriosis— y con el Hospital Maciel, en casos de cáncer de pulmón. También cuentan con vínculos con una universidad en España, que les ha proporcionado muestras de cáncer colorrectal. En el caso de la endometriosis, Blanco destacó que el método podría contribuir a acortar los tiempos de diagnóstico, que actualmente pueden demorar años.
En ese contexto, la investigadora insistió en que la creatividad no solo es un valor agregado, sino una herramienta imprescindible para avanzar en el conocimiento científico. “Es como ensayo y error, con mucha intuición”, resumió, y subrayó que muchas de las innovaciones surgen precisamente de aquello que, en un principio, no salió como se esperaba.
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