Noelia Etcheverry estuvo invitada a Algo que decir (Canal 12) y repasó uno de los momentos más duros —y lleno de enseñanzas— de su carrera: cuando pasó de tener un rol central en televisión a quedarse sin pantalla y salir a golpear puertas en busca de trabajo.
Nacida en Trinidad, dio sus primeros pasos cantando en festivales, hasta que Jorge Cabrera la vio y la convocó a un programa de su ciudad. A los 17 se mudó sola a Montevideo y, tras probar distintas carreras, su vida dio un giro cuando se presentó al CONTA (Concurso Nacional de Talentos para Televisión): fue elegida entre 1.600 postulantes.
Ese logro le abrió la puerta de Canal 10, donde hoy es figura y conduce dos programas: Masterchef Uruguay y Sonríe.. Dio sus primeros pasos como movilera en La culpa es nuestra y, con el tiempo, llegó a conducir en horario central Desvelados. Pero cuando parecía consolidada, todo cambió de un día para el otro: el programa terminó y se quedó sin trabajo.
“Lloré mucho, me amargué, pero me levanté y empecé a golpear puertas”, recordó en una nota que dio tiempo atrás a El País. En ese proceso, llegó a la producción de Telemental, donde —según contó en Algo que decir— recibió una oportunidad clave de Rafa Villanueva y Andrés Rodríguez.
"Les dije, 'déjenme hacer algo'. Entonces Rafa Villanueva me dijo, 'tenemos unos viáticos pero me da vergüenza'. 'No me importa' —le contesté—, vos dame, voy a venir'. Porque a mí me servía. Yo sabía que quería seguir trabajando de esto", se sinceró la comunicadora.
De esta manera, pasó de conducir en televisión a trabajar como asistente de producción en este ciclo que conducían Villanueva y Maxi de la Cruz. E hizo de todo: desde conseguir vestuario —compraba prendas en las expo y mandó a imprimir remeras con corbatas— hasta llevar y traer ropa del lavadero.
Uno de los episodios que más la marcó ocurrió un día de grabación. El lavadero donde estaba la ropa cerró por falta de agua y la producción decidió seguir adelante igual. “Me dijeron: resolvé”, contó.
Desesperada, recorrió el Centro buscando bermudas nuevas y suplicó en una imprenta para que le volvieran a imprimir a tiempo las remeras del programa. “Le lloré, le supliqué. Y lo logré. El programa salió y mi cabeza no rodó”, recordó entre risas.
Hoy, con perspectiva, lo define como un aprendizaje clave: “Fue tremendo desafío. Uno aprende un montón detrás de cámara. Con muchos contratiempos, pero se salía adelante”, cerró.
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