En una de las tantas charlas distendidas de Warda con estos (Aweno TV), una conversación entre bromas y chicanas terminó derivando en una confesión tan inesperada como emotiva de Lali Sonsol (34) sobre su padre, Alberto Sonsol, fallecido el 25 de marzo de 2021 a los 63 años a causa del Covid-19.
Todo comenzó cuando los integrantes de la mesa se preguntaban sus edades y debatían, entre risas, si Lali, de 34 años, estaba “gagá”, en mal estado físico o si era un “pendeviejo”. Matías Piñeyrúa anunció entonces que quería hacer una reflexión en serio y le dijo que consideraba que la muerte de su padre había hecho que Lali apurara algunos procesos profesionales.
“Hoy por hoy se recontra nota que sos muy bueno y que sabés resolver un montón de cosas, que a esta edad, en el periodismo deportivo tan tradicional no es tan común”, destacó Piñeyrúa, antes de definirlo como un líder.
Pero enseguida dejó los elogios de lado y volvió a las chicanas: “Con 34 años, estamos para dar un paso más. Un Lalito”, dijo, en referencia a la posibilidad de que Lali fuera padre.
Lali tomó entonces la palabra y explicó que una de las cosas que más valora de sí mismo es su versatilidad: puede codearse con personas de 20 o de 60 años a la par. “Ahí me pregunto qué edad tengo”, confesó. “Vivo como un niño en un cuerpo de alguien de 50. Lo que me saca de eso es mi parte profesional”, lanzó.
Cuando la conversación volvió a la paternidad, Lali decidió ponerse serio. Contó que desde hace un tiempo está en un proceso con un psicólogo y que, aunque no es la primera terapia que realiza, es en la que más a gusto se ha sentido.
“Él me hizo dar cuenta de que yo nunca había duelado a mi padre, por distintas circunstancias, siempre con la mentalidad de seguir para adelante y nunca sentarse a pensar y analizar un poco todo. Él cree que en gran parte eso es lo que me está impidiendo avanzar con algunas cuestiones más personales, como por ejemplo la paternidad”, se sinceró.
El periodista y relator reconoció que ser padre es un deseo que tiene para su vida, pero que suele estar más pendiente de los miedos que de los placeres que podría despertar la posibilidad de formar una familia.
“Lo que él me transmite es que yo no pude hacer el duelo. La angustia más grande que guardo es que se fue la persona que más feliz se iba a poner ante cualquier logro que yo tuviera. Y en algún punto, me dejé de proponer lograr cosas porque no las voy a poder compartir con él”, expresó.
Actualmente, Lali aseguró que atraviesa ese proceso de duelo y que se encuentra a gusto, aunque no sabe cómo continuará. Recordó que, después de la muerte de su padre, sintió que no podía permitirse caer.
“Yo sentía que no me podía caer y tuve momentos de enorme depresión donde siempre buscaba evadirla y seguir para adelante con el laburo, mis amigos. No me soportaba a mí mismo angustiado en mi cama porque no me quería levantar, cuando capaz que lo tendría que haber hecho. La vida misma, mi familia y yo mismo me preguntaba, para qué pasar por esto si tengo la posibilidad de ponerme a laburar”, dijo.
En ese contexto asumió rápidamente distintas responsabilidades profesionales, desde el relato de las transmisiones de básquetbol de Tenfield hasta el programa Tuya y mía, de El Espectador, que continuó junto a su hermano Diego y un gran equipo.
Por eso, Piñeyrúa volvió sobre su observación inicial y Lali coincidió en que su carrera tomó velocidad después de la muerte de Alberto.
“Todo lo que viví, desde que se murió mi padre, no sé si lo hubiera vivido. Sé que venía haciendo un caminito bien. Desde que él partió, todo fue más rápido y lo tengo claro”, reconoció.
Las pesadillas de Lali Sonsol con su padre Alberto
La ausencia también aparece cuando piensa en otro de sus deseos: casarse. “El deseo de casarme no me falta pero no sé si me puedo imaginar casándome y que no esté mi padre. No sé si en algún momento de la fiesta podría dar vuelta la página y asumir que no está”, dijo conmovido.
Contó que cada vez que asiste a una boda se emociona al pensar en esa situación. Tiene ganas de casarse porque encontró al amor de su vida, pero también se pregunta hasta qué punto podría disfrutar de una noche tan especial sabiendo que le faltaría una persona fundamental.
Lali también contó que se tatuó en el corazón la frase “aceptar, asumir y seguir” como una manera de afrontar la ausencia de su padre. “No sé si fue lo correcto”, reconoció. Y agregó una reflexión sobre el duelo: “Te acostumbrás pero cada vez duele más”.
“Todas las cosas buenas que me pasaron, que fueron muchas, siempre había una parte incompleta porque no lo podía compartir con él”, expresó.
Aunque recibe mensajes de personas que le dicen que Alberto estaría orgulloso de él, explicó que lo que más atesora son los aprendizajes que le dejó y las conversaciones que todavía mantiene con él en su cabeza.
Hacia el final de la charla, le preguntaron cuántas veces por día piensa en su padre y si lo hace todos los días. Lali respondió con una confesión que sintetizó buena parte de su proceso: “Lo que sí te puedo decir es que ya no sueño”.
Después explicó cómo eran esos sueños con Alberto y descubrió en terapia que había un patrón que se repetía.
“La última vez que lo vi fue saliendo de la radio un día normal, y nunca más lo vi. No me lo había puesto a pensar pero le conté al psicólogo cómo eran mis sueños con él y no me había dado cuenta pero increíblemente en el 90% de las veces él me pasaba a buscar por la puerta de la radio. A veces me subía solo o con alguien. Y yo le hablaba. Él nunca me respondía. Sí recuerdo de sentir en el sueño muy vívido de subirme con alguien al auto y decirle, 'es él, ¿no? Está vivo, está manejando él'. Y que me digan, 'quédate tranqulo, está acá'. Creo que es más una pesadilla. Es algo que quedó trunco”, expresó.
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