Daro Kneubuhler pasó por Cactus (Fipo TV) para hablar de su experiencia en radio y televisión, y repasar distintas anécdotas de su carrera y su vida. El actual panelista de Polémica en el bar (Canal 10) comenzó contando que, antes de ingresar a los medios, trabajó en distintos boliches de Montevideo y que la comunicación no estaba entre sus planes.
"Me metí en una facultad privada para estudiar Relaciones Públicas y hacer crecer el monstruo y el curro", se sinceró. Sin embargo, durante la carrera se inscribió en la materia optativa Radio y quedó fascinado. Además, tuvo la oportunidad de conocer a dos referentes del periodismo local: primero fue alumno de Ignacio Álvarez y, al año siguiente, de Joel Rosenberg.
"Vi las dos caras del periodismo en radio y dije: 'Yo quiero hacer esto, de alguna manera'", relató sobre aquel impensado cambio de rumbo.
En el verano de 2012 recibió el llamado de una productora del programa Las cosas en su sitio, que conducía Nacho Álvarez por radio Sarandí, y le ofrecieron un puesto. "Yo cortaba audios en un fondo ganando dos mangos, pero era Oppenheimer. Estaba copado", recordó sobre sus comienzos.
Consultado acerca de cómo había sido trabajar con Álvarez, definió la experiencia como una de las "mejores escuelas". "Vos podés estar de acuerdo o no con lo que piensa, con su editorial, pero la verdad es que te da una escuela y un entrenamiento...", sostuvo.
En aquel momento trabajaba codo a codo con Juan Miguel Carzolio y tenía que preparar un informe cada dos semanas. "Era una tesis de facultad cada 15 días", graficó.
También contó que se trabajaba bajo mucha presión y describió a Álvarez como un jefe exigente. "Es un tipo duro para eso, pero cuando agarrás ritmo, llega un momento que si salís a laburar a otros lugares, te cruzás con un montón de realidades que decís: 'Yo creía que esto era un laburito y en realidad aprendí un oficio'", explicó.
En esa línea, reflexionó sobre la profesión: "El periodismo es un oficio, como un panadero, un carnicero, solo que va tomando otro grado y ahora hay otro volumen de conocimiento, pero no deja de ser un oficio".
El momento más curioso llegó cuando la conductora le preguntó qué cosas no repetiría de aquella experiencia laboral con Nacho Álvarez. Kneubuhler reconoció que había tenido bastante suerte con el trato que recibió, pese a que su comportamiento no siempre era el ideal.
"Él me trataba bastante bien y yo era un quilombo. No sé por qué, me agarró cariño, pero yo llegaba tarde, faltaba. Seguro que si algún productor hoy le hace eso, lo echa a los dos minutos. Me tuvo una paciencia bárbara", concluyó entre risas.
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