En uno de los audios de Alfredo Zitarrosa a los que accedió Milongas Extremas durante la preparación de su nuevo espectáculo, el cantor compara los ritmos con los árboles. Dice que nacen, dejan una semilla y mueren; después, esa semilla crece en otra tierra y genera otro árbol que no será igual, aunque conserve mucho del original. Cuando Matías Rodríguez escuchó esa reflexión, encontró algo que también podía explicar a su banda.
"Es una locura que Alfredo lo haya dicho hace tantos años”, dice a El País. “Si vos tomás el folclore como una cosa quieta, está como muerto, porque un tipo que tocaba milonga en 1904 no puede sonar igual que uno que tocaba 30 años después. Hubo 30 años de mundo, de cosas”. Esa idea atraviesa Zitarrosa desde el fondo del tiempo, el espectáculo que Milongas Extremas presentará el jueves 22 de octubre en el Antel Arena. Las entradas se venden en Tickantel, de 1.600 a 2.600 pesos.
La propuesta se enmarca en los festejos por los 90 años del nacimiento de Zitarrosa y será la presentación de mayor escala de un trabajo que el grupo desarrolla desde hace dos años. Ya tuvo siete funciones en la Sala Zitarrosa, llegó a Argentina y encontró un impulso decisivo cuando la familia del cantor escuchó lo que estaban haciendo y decidió acompañarlos.
“Para nosotros lo más importante de todo este mambo Zitarrosa que hemos vivido en estos años es que la familia haya abrazado el proyecto”, asegura. El acercamiento empezó en un aniversario del autor de “Adagio en mi país”, cuando Milongas Extremas participó con dos o tres canciones. Al terminar, recibieron una devolución que todavía recuerdan: “Está bueno lo que hacen, a Alfredo le gustaría”.
Cuando resolvieron convertir aquella experiencia en un espectáculo más ambicioso, la familia y la Fundación Zitarrosa les abrieron un archivo de enorme riqueza. Allí encontraron audios, entrevistas y material visual que los llevaron a conocer mejor al hombre detrás de las canciones y a acercarse a su manera de pensar el oficio del cantor.
Ese acceso también modificó la relación de Rodríguez con una figura que ya era una referencia. En los registros y relatos encontró a un hombre “muy campechano”, pendiente de sus músicos y preocupado porque cobraran lo que correspondía. “Siempre quisimos a Zitarrosa y lo teníamos como referencia. Lo quería muchísimo y ahora lo quiero más”.
Milongas Extremas había construido buena parte de su identidad tomando canciones de la banda española Extremoduro y llevándolas a un enramado de guitarras criollas sin borrar el rock que traían de origen. Con Zitarrosa, explica Rodríguez, el desafío era otro: además de encontrar una interpretación propia, tenían que convivir con el peso histórico y emocional de esas canciones.
“Cuando tocás un tema de Alfredo invocás algo”, asegura Rodríguez. “No vas a tocar un tema así nomás: es un tema de Zitarrosa. Tiene una carga emocional en la gente, en la historia, seguramente también política. Entonces el aire se carga un poco de solemnidad”. El grupo trabaja sobre esa tensión: respetar la canción sin congelarla.
El repertorio retomará canciones que ya pasaron por distintas versiones del espectáculo y sumará otras. Estará “Diez décimas de saludo al pueblo argentino”, que Rodríguez recuerda de un disco de su infancia y Milongas grabó en vivo junto a Balbis, además de “Solos y juntos”, una zamba que no conocía antes de este proyecto y que, dice, le “partió la cabeza”. También se pueden esperar otros temas que el quinteto ya llevó a su terreno, como “De no olvidar”, “Milonga de ojos dorados” y, por supuesto, “Pa’l que se va”.
A las canciones de Zitarrosa se sumarán composiciones propias y alguna de Extremoduro, entre ellas “Ama, ama, ama y ensancha el alma”, que Rodríguez siente hermanada con la obra de Alfredo. Participarán Gabriel Peluffo, Balbis, Carmen Pi y el guitarrista Carlos Méndez. Jorge Esmoris estará a cargo de una intervención teatral que hilvanará distintos bloques del espectáculo.
La llegada al Antel Arena también invita a un balance del camino. El grupo nació cuando sus integrantes rondaban los 20 años, aunque varios se conocen desde el jardín de infantes. Entonces podían tocar un jueves en un boliche, ensayar por horas y sostener otras bandas en paralelo. “Nos hicimos adultos tocando juntos”, resume Rodríguez.
En el medio llegaron trabajos, parejas, desamores, hijos y responsabilidades. Sus hijos hoy son amigos entre sí, y aquella banda que empezó casi como un proyecto lateral terminó siendo parte central de sus vidas. Rodríguez recuerda con humor “el hippismo de 2010”, pero no reniega: “Estaba perfecto porque éramos gurises y estábamos aprendiendo”. Lo que cambió fue la responsabilidad. “Hoy mucha gente nos va a ver. Y esa gente vuelve porque cuando nos fue a ver anteriormente le gustó. Entonces tenemos una vara: el toque siguiente tiene que ser mejor que el anterior”.
Ese paso del tiempo se ve en el público. Hay quienes recuerdan a Milongas Extremas en bares como El Farolito o El Barril, con pocos recursos y un monitor, y ahora se preparan para verla en el Antel Arena. Rodríguez cuenta que algunas mujeres de aquellos primeros conciertos hoy llegan con sus hijas adolescentes. “Yo me acuerdo cuando estabas embarazada”, les dice.
La banda creció sin despojarse de la mezcla del origen. Rodríguez recuerda una casa donde convivían Jaime Roos, Zitarrosa y música brasileña, mientras él sumaba Los Redondos, La Renga, Caetano Veloso o Daft Punk. Todo eso, entiende, puede aparecer en una canción si el objetivo no es limitarse a ser “cultor de un estilo”. Esa mirada explica cómo llevaron a Extremoduro hacia las guitarras criollas y cómo ahora se acercan a Zitarrosa.
Por eso aquella imagen del árbol vuelve a aparecer al final del recorrido. La raíz se mantiene, pero alrededor pasan el tiempo, las escuchas y la vida. En el Antel Arena tendrá una escala inédita: más recursos visuales, luces y posibilidades técnicas para un concierto de algo más de dos horas y una sola función.
Rodríguez insiste en que el objetivo no es cargar de más solemnidad una obra que ya llega al escenario con un peso enorme. “Hay muchos homenajes a Alfredo y todos cargan con una solemnidad. Está bien, no lo estoy juzgando”, aclara. “Nosotros tratamos de traerlo un poco más para el lado de la emoción. Que la gente se permita recuerdos, se permita irse por un rato de donde estamos y entrar en ese mambo”.
La familia de Zitarrosa estará entre el público y la función también condensará algo de la historia de la banda. Después de años de tocar juntos, ajustar canciones y crecer con el mismo grupo de amigos alrededor, el escenario pondrá todo eso en circulación.
“El escenario tiene eso de sublimar muchas experiencias de la vida”, dice. “Entendés algo de tu personalidad, cerrás un duelo, terminás de procesar una pelea”. Y espera que algo de eso se transmita al público: “Queremos que se genere una especie de cápsula. Que la gente, ojalá, flote un rato dentro de lo que nos va a estar pasando a nosotros”.