"Adagio en mi país": la historia del clásico que Zitarrosa escribió para un festival y casi queda en el olvido

Zitarrosa lloraba mientras componía "Adagio en mi país", la canción que nació para un dúo femenino y el Festival OTI. Esta es la historia del clásico que nació en la intimidad y casi no se publica.

Alfredo Zitarrosa.
Alfredo Zitarrosa.
Foto: Archivo El País.

"Adagio en mi país” ocupa un lugar central en la obra de Alfredo Zitarrosa. Escrita en 1972, la canción es a la vez retrato político y confesión íntima. Los versos, el trémolo melancólico de la guitarra y el fraseo grave y contenido del cantor respiran el clima de tensión de los meses previos a la dictadura (“Dice mi padre que un solo traidor puede con mil valientes”). Pero en ese final en contrapunto —cuando las voces se entrelazan y la música se abre— aparece también otra cosa: una mirada obstinadamente esperanzada sobre el país. En esa unión de voces está la clave de la canción: la esperanza, la salida, es colectiva.

El propio Zitarrosa, que hoy habría cumplido 90 años, la definió en varias ocasiones como su mejor canción. Pero su historia pudo haber sido otra. “Adagio en mi país” no fue escrita para que la cantara él: la compuso originalmente para el dúo femenino Marga y Betty, las hermanas Fuentes. Una serie de circunstancias hizo, sin embargo, que esa versión nunca llegara a presentarse.

El dúo, formado en 1969 y activo hasta 1978, era habitué del programa Discodromo Show, de Rubén Castillo. Para entonces ya habían publicado varios sencillos y un EP, y en 1970 habían ganado el Festival de la Canción de Parque del Plata. Fue en ese circuito de certámenes donde empezó esta historia. Esta vez se trataba de la primera edición del Festival OTI de la Canción, una suerte de Eurovisión iberoamericano. El certamen se celebraría en Madrid en noviembre de 1972 y reuniría a representantes de 13 países. Para el dúo podía significar el salto internacional. Para representar a Uruguay debían presentar una obra inédita en la clasificatoria local en Montevideo, y pensaron en Zitarrosa.

Así lo recordó el propio músico en 1984, en una entrevista con el periodista Jorge Migliónico. “Es una obrita que comienza con la visita del dúo a nuestra casa de aquellos años en el Prado. Era muy hermoso oírlas, sonaba muy bien”, relató. Betty le sugirió el clima que buscaban tocando un estudio para guitarra del compositor español Fernando Sor. “La grabé para hacer una canción sobre esa armonía”, contó. “Como toco mal la guitarra, la hice en el piano, aunque también toco mal el piano, pero salía un poco mejor”.

Zitarrosa escribió la obra pensando especialmente en el dúo y diseñó un final en contrapunto para sus voces. La letra, por su parte, es de las más significativas de su obra. “Toca el presente, el pasado y el futuro, pero no deliberadamente; se trata de la memoria colectiva que uno asume como parte del pueblo que uno es”, explicó.

El dúo Marga y Betty.
El dúo Marga y Betty.

Más que “canción de protesta”, un rótulo que se usaba en la época, el músico prefería definirla como “canción de propuesta”. Según explicaba a Migliónico, pensó en la letra y en la imagen del “amanecer” que aparece sobre el final como referencia a la “conquista de una democracia más o menos avanzada y más o menos profunda”. En ese sentido, aseguraba que “el futuro es de los humildes y de los trabajadores”. Ese futuro, añadía, “se llama socialismo”.

En el libro Cantares del alma (1999), el escritor Guillermo Pellegrino recoge el recuerdo del poeta Enrique Estrázulas sobre la primera vez que escuchó “Adagio en mi país”. Fue una noche de invierno de 1972 en Montevideo. Zitarrosa lo llamó con urgencia y le pidió que fuera de inmediato a su casa. Estrázulas cruzó la ciudad bajo una lluvia torrencial, en un “taxímetro destartalado”, imaginando cualquier cosa: una enfermedad o “algún exceso”.

Cuando llegó, encontró la casa en calma. Zitarrosa estaba sentado junto al grabador, “secándose unos lagrimones” que venían “de la emoción creadora”. “Solamente quería que escucharas un adagio que se me acaba de ocurrir”, le dijo. Estrázulas colgó el impermeable empapado y se sentó a escucharla. Fue el primer testigo del nacimiento de la canción.

En 2020, Marga —radicada, como su hermana, desde hace décadas en Madrid— subió a YouTube un video sin imagen: casi ocho minutos de audio en bruto. Se oye al dúo con la guitarra, tanteando la melodía. Zitarrosa silba, marca acentos, se detiene, corrige entradas y, en un momento, se suma al canto. Al fondo, apenas perceptible, suena un teléfono; alguien mueve papeles. La letra todavía no es la definitiva.

En las voces de Marga y Betty, la canción respira con otra fragilidad. Tiene una dulzura que atenúa la melancolía. Ese registro doméstico conserva una posibilidad alternativa del clásico. Revela la vida que no fue.

En la descripción del video, Marga agrega un dato clave. Antes de grabar, Alfredo les hizo escuchar el demo tres veces. “Mientras escuchaba su versión (vinito en mano), le caían las lágrimas”, escribió. Solo después empezaron a trabajarla. Allí también explica por qué nunca llegó al prefestival uruguayo rumbo a Madrid: “No pudimos presentarla en el prefestival en Montevideo. ¡La letra! ¡La letra! Tampoco tuvimos el valor de decirle a Alfredo que no la íbamos a cantar”, confiesa.

La representante uruguaya en la primera edición del Festival OTI de la Canción fue Rona con “Busco mi destino”. El concurso puede verse en el archivo de RTVE, y su actuación es arrolladora. Sin embargo, los ganadores fueron los brasileños Cláudia Regina y Tobias con “Diálogo”, acompañados por el emblemático guitarrista Baden Powell.

“Adagio en mi país” quedó en suspenso y, según sugieren declaraciones posteriores de Zitarrosa, el autor nunca llegó a saber lo ocurrido. En marzo de 1984, durante su paso por el ciclo radial Raíces latinoamericanas, dijo: “Ellas decidieron no ir al festival, así que quedó disponible para una grabación futura”. Meses más tarde, en diálogo con Migliónico, volvió sobre el tema y recordó que al principio dudó en grabarla: “No me pareció una canción apropiada para mi voz, pero hice lo que pude y, contando con los compañeros de la guitarra que estaban dispuestos a cantar, hicimos ese final de contrapunto”.

Según relató, decidió registrarla para cumplir con un “compromiso” con la discográfica argentina Microfón. La grabación integró el álbum Zitarrosa en la Argentina, registrado en Buenos Aires en julio de 1973. Había pasado menos de un mes desde el inicio de la dictadura en Uruguay.

Acá, el disco se editó con el sello Cantares del Mundo y con algunos cambios: se rebautizó Adagio en mi país, presentó otra portada y el repertorio tuvo una única variación, acorde con el clima político de la época. “Chamarrita de los milicos” fue reemplazada por “Romance para un negro milonguero”. En febrero de 1976, Zitarrosa partió al exilio. Fueron ocho años en Argentina, España y México. “Como un pez fuera del agua, así me he sentido todos estos años”, diría más tarde.

“Adagio en mi país” tendría una de sus interpretaciones más conmovedoras el 12 de mayo de 1984. Aquella noche, en el Estadio Centenario, Zitarrosa celebró su regreso definitivo al Uruguay. El concierto cerraba una etapa histórica iniciada semanas antes, el 31 de marzo, cuando se convirtió en el primer músico en volver del exilio y fue recibido por miles de personas en el Aeropuerto de Carrasco.

En la grabación de aquel concierto, el cantor deja la canción para el cierre. Se lo escucha aguantando las lágrimas y, por momentos, rompiendo su estilo contenido. Casi gritando, lanza los versos finales: “En mi país brillará, yo lo sé, el sol del pueblo; arderá nuevamente alumbrando mi tierra”.

Como si toda la historia de la canción —su nacimiento doméstico, entre lágrimas de emoción creadora; su destino truncado en un festival; los años de silencio y de exilio— hubiera sido, en el fondo, un largo camino hasta ese momento.

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