Luana, primera mujer uruguaya con show propio en el Antel Arena: "La gurisa se dio contra todo, pero lo logró"

El 18 de octubre celebrará sus 25 años con el show más grande de su carrera. Habla de "Icónica", del disco que prepara entre Uruguay y Argentina y de su deseo de abrir camino a otras artistas uruguayas.

Luana Persíncula.
Luana Persíncula.
Foto: Difusión.

A Luana Persíncula le gustan los desafíos. Los llama “misiones”: aparecen cuando alguien le marca un límite. Primero fue dejar Colonia y mudarse a Montevideo a los 16 años; después, romper la etiqueta de “la plenera”, cantar rock, entonar el himno en el Centenario y montar un espectáculo propio en el Teatro de Verano. Su respuesta suele ser la misma: estudiar el terreno, asumir el riesgo y avanzar. A veces, dice, se trata de “corromper” estructuras.

Ahora enfrenta la misión más grande de su carrera. El domingo 18 de octubre, el día en que cumplirá 25 años, Luana ofrecerá su primer show en el Antel Arena y se convertirá en la primera cantante uruguaya en presentar allí un espectáculo propio. Será una fiesta de cumpleaños a gran escala, con invitados, baile, cotillón y sorpresas. Las últimas entradas están a la venta en Tickantel a 750 pesos.

El show la encuentra en plena expansión. Tras publicar Icónica, un impecable disco que recorre la plena, el candombe, la murga y el portuñol, ya prepara otro con artistas argentinos y uruguayos que buscará llevar la plena al otro lado del charco. Después del Arena, además, prepara un proyecto con mujeres locales.

Pero Luana nunca habla de esos proyectos como conquistas individuales. Habla de las gurisas del interior que buscan una referencia cercana, de las artistas uruguayas que no tuvieron las mismas oportunidades y de un público que suele esperar la aprobación extranjera para valorar lo propio.

Lo plantea sin renegar de nada: ama la cultura argentina, reconoce que las escalas son distintas y reivindica los covers que ayudaron a construir su carrera. Su ambición es personal, pero su mirada es colectiva. De eso, justamente, habla en esta entrevista con El País.

—A lo largo de estos años fuiste corriendo límites: hiciste un Teatro de Verano y ahora vas a ser la primera uruguaya con un show propio en el Antel Arena. ¿Sentís esa responsabilidad de abrir puertas?

—Puede ser. Ahora, con todo eso de “la primera mujer uruguaya”, empezás a sentir un poco más de presión. Una lo hace porque lo ama, pero cuando te ponen esa responsabilidad decís: “Ah, bueno, tiene que salir bien porque, si no, quedo repegada”. Siempre pienso que todo pasa por algo. Si justo a mí se me da esta posibilidad, debe ser por algo; no creo que sea simplemente porque tuve suerte. Cuesta muchísimo conquistar una meta o atravesar una barrera. Me pasó cuando canté rock: siempre hay algo superpositivo, pero también existe la posibilidad de que salga mal. Gracias a Dios, hasta ahora salió bien. Es arriesgarse y saber que vas a luchar contra una barrera, un espacio o una estructura que venía funcionando de determinada forma. Después venís vos y la “corrompés”. A mí eso me parece divertido. Más allá de la responsabilidad y la presión, están la adrenalina, el disfrute y la motivación de hacerlo.

Luana Persíncula.
Luana Persíncula.
Foto: Difusión.

—Una de esas estructuras era la etiqueta de “la plenera”. ¿En qué momento entendiste que lo más orgánico era ser vos misma y cantar lo que quisieras?

—En verdad, siempre lo supe. Me defino más como cantante que como artista: me gusta disfrutar del canto en cualquier versión, siempre que lo haga bien. La plena llegó a mi vida cuando vine a Montevideo porque era lo que funcionaba, pero yo siempre había cantado cumbia y folclore. No entendía por qué para el público era solamente “la plenera”. Mi primera misión fue romper esa etiqueta. Y pude hacerlo gracias a las personas que me dieron la mano y me invitaron a cantar. Una cosa es que yo saque un rock de la nada y otra es que venga No Te Va Gustar y me diga: “Che, ¿querés cantar una canción con nosotros?”. Ahí entendí que no iba a poder hacerlo sola: necesitaba cierto aval para conquistar públicos más conservadores. Antes era: “¿Cómo una cumbiera va a cantar rock?”. Después pasó a ser: “¿Cómo una cumbiera va a cantar el himno?”. Cuando el himno es un símbolo patrio que nos pertenece a todos y no tiene nada que ver con el género que yo cante. Y así fueron apareciendo distintas misiones. Como salieron bien, la gente empezó a decir: “Bueno, puede cantar rock; si saca una canción pop, también puede”.

—También empezaste a defender con mucha fuerza la cultura uruguaya. ¿Qué provocó ese cambio?

—Yo soy de Colonia y mis padres no tenían la economía para llevarme a ver a One Direction cuando vino. Los artistas top que veía eran Lucas Sugo, Chacho Ramos o, cuando cruzaba alguien desde Argentina, Soledad o el Chaqueño. Amo la cultura argentina, pero ahora de grande empecé a pagar mis entradas y vi los platales que dejamos en artistas de afuera. Obviamente son carreras distintas y productos de otra magnitud, pero me pregunté: “¿Por qué una artista puede venir, montar un espectáculo de gran escala y ser la primera mujer en llenar el Centenario, cuando hubo mujeres increíbles en Uruguay que nunca tuvieron esa oportunidad?”. No se trata solo de magnitud, sino del valor artístico que le da el propio país. Muchas veces esperamos a que alguien triunfe afuera para decir: “Ah, mirá, es bueno”. Hay que valorar a los artistas ahora, y no hablo solo de mí: hablo de los pibes del under o de la pibita que hace su primer show en Inmigrantes.

—En los shows y en las redes se ve que hay una comunidad que no solo escucha tus canciones: también te acompaña en el camino. ¿Eso te ayudó a animarte al Arena?

—Para mí es fundamental. Creo que mi forma de ser influye mucho en la comunidad que tengo. Son todos unos cracks porque se la reaguantan y me rebancan. Somos muy espontáneos: “Luana va para acá; bueno, vamos para ahí”. Yo, sinceramente, acepté hacer el Antel Arena porque me insistieron y me convencieron. Al principio decía: “No voy a vender. ¿Quién va a ir a verme a mí?”. Yo toco en los bailes y capaz no estaba la idea de que la gente pagara una entrada específicamente para verme. La prueba de la verdad aparece cuando alguien corta un ticket: “Te voy a escuchar, pero también te voy a bancar”. Porque ir a presenciar un acto artístico no es solamente escuchar; es apoyar al artista. Cuando salieron a la venta las entradas, me di cuenta de que la gente sabía que iba a ir y pasarla bomba porque ya sabe cómo soy. Espera algo loco, alguna bobada, que aparezca alguien importante para mí. Y sabe que va a sonar bien.

—¿Y qué terminó de convencerte de hacer el Antel Arena?

—Vuelvo a la idea de "corromper". Me dijeron: “Mirá que no hay una uruguaya que lo haya hecho”. Y pensé: “Si yo no lo hago, ¿cuánto tiempo va a pasar hasta que aparezca una piba y lo consiga?”. La idea es que una gurisa pueda decir: “No tengo que esperar a Tini o María Becerra. Yo también puedo hacer un Antel Arena porque una gurisa que nació a 200 kilómetros lo hizo”. Me pasó con “Você”, la canción en portuñol de Icónica: muchas gurisas de Rivera me agradecieron que contara que esa cultura también es Uruguay. Ahí pensé: “No está mal lo que estoy haciendo; es por acá”. Porque, más allá de difundir y gozar la música, lo importante es identificarse.

—Esa idea de representación aparece en Icónica: hay un tema en inglés, otro en portuñol, y aparecen el candombe, la murga, la plena… ¿Lo pensaste como una especie de cédula de identidad?

—Sí, la frase es esa: Icónica es una cédula de identidad. Con mi mánager dijimos: “Vamos a hacer un disco, pero necesitamos que, si ahora vamos a Argentina, podamos decir: ‘Soy esto’”. Podés tener un catálogo increíble, con millones de reproducciones y lleno de versiones de plena exitosísimas —que no tiene nada de malo—, pero no sé cuánta identidad hay ahí hasta que mostrás un producto con una historia, un concepto y palabras tuyas. Yo veía dos caminos: uno era el mainstream, hacer covers y que triunfaran; el otro era decir: “Capaz que no tengo tantas escuchas, pero la gente puede decir: ‘Eu, es esto’”. No tengo nada contra los covers, sobre todo porque hice muchísimos. El goce es fundamental en la plena y lo defiendo a morir. Pero podían decirme: “Me encanta cómo cantás, sos la mejor” y, al final, “A ella” es de Karol G. Te encanta la plena y te encanta la versión, pero la canción es de otra persona.

—En cambio, puede llegarle Icónica y quizá pare la oreja al escuchar una murga.

—Exacto. Analizo mucho esas cosas. Por eso también decidí hacer diez canciones inéditas. La única excepción es “Despecho”, el poema musicalizado de Juana de Ibarbourou. Si escuchás una versión de un tema de Ozuna, pensás: “Mirá cómo suena esto”, pero ya conocías la canción, ya la habías consumido y digerido; por eso se te pega más fácil. En cambio, con una inédita decís: “Bueno, me pongo a escucharla, trato de comprenderla y voy a conocer algo”. Me pasó en Puerto Rico: llegué y pensé: “¿Qué música se escucha acá? ¿Qué artistas?”. Te despierta una curiosidad cultural. Por eso hablo de Icónica como una cédula de identidad.

—Y ahora estás preparando un nuevo disco. ¿Cómo va a ser?

—Se llama Dos y Uno. Es un disco de cumbia y plena, pensado justamente para unir esos dos mundos. Icónica no tiene colaboraciones, pero tengo muchísimos feats pendientes con artistas argentinos y uruguayos. Entonces dijimos: “Vamos a abrir un poco el mercado para viajar y seguir mostrando lo que es Uruguay y lo que es Luana”. Armar la lista de invitados fue épico, pero no te puedo decir los nombres. La búsqueda principal es que el argentino pueda consumir la plena. Ya se está escuchando, pero siento que todavía no la terminan de entender. El título sale de algo que siempre les explicaba a los músicos y a mis colegas de allá: “Se baila parecido a la cumbia: dos y uno, para allá. Es casi lo mismo, pero le ponés un poco más de cadera”. Incluso hay un trend dentro del disco que dice: “A ver qué tan plenero sos y si hacés bien el dos y uno”.

—¡Es buena! Podés hacer como en el video de “Baile inolvidable”, de Bad Bunny, y enseñar a bailar a la gente...

—¡Ahí va! Yo creo que se puede llevar la plena a otros lugares. El Fata estuvo hace poco en Un poco de ruido y ya había funcionado en Argentina hace muchos años. También está Rada con “Muriendo de plena”. Moria Casán abría su programa —me enteré por la serie— con esa canción. Ves a Moria, con sus gomas gigantes y su leopardo, bailando plena, y decís: “Ta, no estamos tan lejos” (se ríe). No hablo de conquistar, sino de compartir nuestra música y conseguir que alguien diga: “Che, cruzo el río para ir a ver a esta banda de plena”. Sería épico.

Luana Persíncula.
Luana Persíncula.
Foto: Difusión.

—Antes del disco está el Antel Arena. ¿Qué podés adelantar del show?

—Va a ser una fecha muy emotiva porque es mi cumpleaños. Cuando me preguntaron cuándo quería hacer el Antel Arena, pensé: “¿Qué mejor que festejar mi primer Arena y mis 25 años?”. Después de todo lo que pasé, mínimamente me merezco un festejo grande. El hilo conductor va a ser el cumpleaños, como una fiesta de 15: se van a ver imágenes del backstage y de los exteriores; va a haber sorpresas, comida, baile, cotillón y hasta un cuadro para firmar. Además, va a haber invitados. El campo es de pie, así que va a ser una joda (se ríe). También va a quedar filmado porque ese material tiene que existir. Estoy en shock y muy agradecida, porque la respuesta de la gente que ya compró entradas me ayuda a decir: “Se puede acá”. Quiero decirles a todas las gurisas que se puede y que cuentan con mi apoyo personal. Estoy a full con eso y tengo un proyecto muy lindo para después del Arena, con mujeres uruguayas…

—¿Podés contar algún detalle?

—Es un producto musical. Hay muchas artistas uruguayas que me encantan y siempre pasa lo mismo: no aparece la oportunidad. Ahora que tengo un lugar desde el que puedo generar más oportunidades para las gurisas, lo voy a aprovechar.

—Si mirás a la Luana de la tapa de Icónica, en bicicleta y con la túnica y la moña, y a la que ahora prepara el Antel Arena, ¿qué es lo que más orgullo te da?

—Es muy difícil explicarlo. Creo que lo que más orgullo me da es estar haciendo cosas. Cito a Rada porque es lo más reciente, pero también el ejemplo más claro: cuando una persona se anima y hace las cosas bien, deja un buen recuerdo y una buena huella. Ojalá esté haciendo las cosas bien para dejar una linda marca en esta vida que estoy viviendo. Para que el día de mañana digan: “La gurisa se dio contra todo, pero lo logró”.

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