Apenas abre el sobre, Jonathan Suárez Gularte sonríe con el asombro de quien acaba de reencontrarse con una versión olvidada de sí mismo. Sostiene las dos fotografías, una en cada mano, y las contempla en silencio durante unos segundos. Por un instante, la cámara que registra esta entrevista deja de importar. “Nunca había visto estas fotos”, dice.
No tarda en reconocerse. “Esto es 2012, el segundo año de Integración”. En una de las imágenes tiene ocho años y desfila en las Llamadas. Lleva la cara pintada, un sombrero de paja con estampado animal y la mirada fija en algún punto que quedó fuera del cuadro. Está ajeno a todo lo que lo rodea. Concentrado. Absorto en ese ritual colectivo que no necesita palabras.
Entonces aparece el recuerdo. “En esas Llamadas rompí el tambor”, cuenta mientras vuelve a mirar las fotografías. “Tuve que tocar el yembé un par de cuadras y después agarré el tambor otra vez. Hice madera”. Se ríe. La anécdota dura apenas unos segundos, pero basta para resumir una infancia entera: la de un niño criado entre ensayos, desfiles y tambores dentro de Integración, la comparsa que fundaron sus padres, Florencia Gularte y Héctor Suárez.
Aquellas fotografías, publicadas hace 14 años en las páginas de El País, parecen el prólogo de una historia que recién empezaba. Un año antes, Jona había sido elegido Promesa Joven en las Llamadas. Desde entonces, convirtió el legado familiar de referentes del candombe como Martha y Jorginho Gularte en el impulso para construir una identidad propia. Ese recorrido lo llevó a renovar el sonido de la plena con La Nueva Escuela y el sábado 22 de agosto alcanzará un nuevo hito: el concierto más importante en la historia del grupo, en el Antel Arena.
Para Jona, sin embargo, el verdadero logro no está en el tamaño del escenario. “Es una manera de llevar mi cultura un poco más lejos”, dice. Explica que en Integración aprendió que el tambor también implica una responsabilidad. Que esa tradición se cuida. Que no puede abordarse de cualquier manera. “Llevar esa energía al Antel Arena es fuerte”.
Esa convicción también atraviesa su música. Evita usar el candombe como un recurso decorativo dentro de la plena y lo reserva para las canciones que considera más significativas. “No me gusta agarrarlo para decir: ‘Ponemos unos tambores y bailamos’. Cuando el candombe entra es porque tiene una parte seria”, explica. Por eso reserva canciones como “El túnel”, “Simples rumores” o “Pa’ lante” para hablar de temas que trascienden la celebración. “Más allá de que es festivo, el candombe siempre tiene un significado”.
La Nueva Escuela irrumpió en 2022 con “Me mataste”. Desde entonces, reúne cerca de 600 mil oyentes mensuales en Spotify, se convirtió en una presencia habitual del Top 50 de las canciones más escuchadas de Uruguay y se instaló como uno de los nombres más fuertes de los bailes y las radios tropicales. Mientras se escriben estas líneas, la banda está de gira por Perú.
Pero durante buena parte de ese crecimiento hubo una historia que el público todavía desconocía. Durante el primer año y medio, Jona evitó hablar de una parte esencial de su identidad. Tampoco quiso apoyarse en un apellido íntimamente ligado al candombe. “No quería decir ‘soy Gularte’ para llegar a algo”, dice. Prefería que la música hablara y evitaba las entrevistas. Quería que el público conociera primero a La Nueva Escuela. “Una vez que la banda se hizo conocida, ahí podía mostrar lo otro”.
Esa manera de entender los procesos también marcó los primeros pasos de la banda. Antes de abrir la puerta al universo del candombe, había que conquistar al público. Así llegaron “Solo tuyo”, “La Chapa” y “Tú y yo”, convertida en la banda sonora de la selección uruguaya Sub 20 que conquistó el Mundial de 2023.
Influenciado por el cubatón, el reparto cubano y el afrobeat, empezó a modificar estructuras, ritmos y arreglos con una idea clara: respetar la tradición sin dejar de empujarla hacia adelante. “La plena hay que cuidarla igual que al candombe”, dice. “Pero podemos jugar con eso para hacer un sonido nuevo”.
A finales de 2023 abrió la puerta al candombe con una versión en clave de plena de “Simples rumores”, el clásico de Eduardo Da Luz. El video convirtió esa decisión en una declaración de principios. Con el tambor de Integración colgado al hombro, aparece junto a sus padres en un desfile por Barrio Sur. También canta desde El Tanque, el lugar donde ensaya la comparsa y el kilómetro cero de su historia. “Fuimos a cantar a Miami, ahora toca Perú, pero siempre volvemos al Tanque”, dice.
Ese mismo gesto terminó dando forma a Directamente desde el tanque, el disco que La Nueva Escuela publicó en 2025. La tapa muestra el histórico gasómetro que mira hacia la rambla y el repertorio está dividido en dos universos: por un lado conviven nuevos éxitos del grupo y versiones en plena de hits de reggaetón como “Qué pasaría” y “Qloo*”; por el otro aparece un segmento dedicado al candombe. Allí está “Bomba H”, de Jorginho Gularte, interpretada por Jona.
Esa misma lógica va a ordenar su llegada al Antel Arena. El espectáculo estará dividido en etapas. Despegará con canciones inéditas de Primera clase, el próximo disco de La Nueva Escuela; recorrerá los primeros éxitos del grupo y luego volverá a las raíces de Jona con un segmento dedicado al candombe y un homenaje a la cultura uruguaya. La recta final volverá al presente de la banda con sus temas más recientes, en una puesta que combinará actuación, baile y juegos de luces.
El Antel Arena no es el único desafío que Jona se propuso para este año. También impulsa otro proyecto que vuelve a unir sus dos mundos: una comparsa llamada, justamente, La Nueva Escuela, con la que buscará competir en el Carnaval 2027.
“Yo quiero competir. Si estamos en un concurso, quiero el uno”, asegura. Quiere reunir a los mejores actores, bailarines y cantantes para que el protagonismo no quede en sus manos, sino sobre el conjunto. “La Nueva Escuela tiene que ser un lugar de artistas buenos para lubolos y hacer crecer la categoría”.
Hay algo, sin embargo, que permanece intacto entre todos esos proyectos. Cuando se le pregunta qué siente al subir a un escenario para cantar o al tocar el tambor en las calles de Barrio Sur, cambia el tono. “Es de las cosas más lindas de mi vida”, dice. “Hoy toco el tambor con mi padre y con mi hermano. Estamos totalmente neutros mirando para adelante y, de repente, se escucha algo zarpado. Nos miramos y ya sabemos que está pasando algo muy bueno. Esa comunicación a través de la música no la comparo con nada”.