La Kermesse en Uruguay: el duelo por el Indio Solari y la emoción de seguir tocando las canciones de Los Redondos

Sergio Dawi, saxofonista de la banda, habló con El País sobre el legado de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y la decisión de seguir tocando en medio del duelo del mítico cantante.

La Kermesse.
La Kermesse.
Foto: Matías Moyano.

El 5 de junio, la música rioplatense recibió un golpe repentino: Carlos Alberto “Indio” Solari, mítico líder de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, fallecía a sus 77 años. Repentino porque, uno no piensa que a gente así de popular, talentosa y querida, le pasen esas cosas. Su muerte frustró la infundada esperanza de sus fanáticos de que algún día Los Redondos se iban a volver a juntar.

Una semana después de eso, La Kermesse —la banda integrada por varios exmiembros de Los Redondos— subió al escenario de la Sala del Museo a cantar muchas de las canciones que supo cantar Solari. Se encontraron con los fanáticos a pesar del dolor de atravesaba a todos.
Hoy, junto a Los Fundamentalistas, La Kermesse son el principal centro de reunión entre ricoteros. En diálogo con El País, Sergio Dawi (sxafonista legendario de la banda) contrasta que, en realidad, fueron el público y las bandas tributo, las que han mantenido vivas las canciones ricoteras.

Eso va a quedar claro este sábado, cuando La Kermesse se presente en la Rural del Prado. Las entradas están en Redtickets a 1.890 pesos.
El vínculo de Los Redondos con Uruguay fue creciendo con los años. Entre 1989 y 1990, se presentaron en el pub Laskina del Parque Rodó, intercando con shows en el Palacio Peñarol y el Teatro de Verano. Finalmente, llegaron al Estadio Centenario en 2000 para presentar su último álbum, Momo Sampler.

Dawi afirma tener un vínculo de cercanía con este país: con La Kermesse, cruzan el río varias veces al año y han estado en, por ejemplo, el Cosquín Rock. Según él, esta parte del año lo encuentra con una agenda apretada. Sigue porque son cosas que le gustan. “Esto es la vida para mí, quedarte quieto no es opción”

Sobre el vínculo de la banda con Uruguay, el duelo que aún está transitando por el fallecimiento de Solari y su legado, y más, Dawi (el de sombrero en la foto que acompaña esta nota) conversó un rato con El País.

—¿Te acordás de los shows que dieron Los Redondos en Laskina?

—Creo que fue el espacio más pequeño que pudimos haber elegido. Pero también fue lo más cerca que estuvimos del público.

—Uruguay es el único país además de Argentina con un fanatismo tan grande por Los Redondos. ¿Qué vínculo mantienen con el país?

—Cuando cruzamos el charco, yo no siento que vamos a otro país. Uruguay es un lugar al que pertenezco, por más que en mi documento dice que soy argentino. Desde chico he escuchado mucha música uruguaya: Los Olimareños, Zitarrosa, Jaime Roos, No Te Va Gustar, Jaime Roos. Muchas expresiones que no tienen fronteras, que las he incorporado y que son parte de mi patria. Entonces, también todas las excursiones que hicimos con Los Redondos están alimentadas de eso. Y además iba a veranear de chico.

—Ahora van a presentarse con La Kermesse en una Rural del Prado sola para ustedes. ¿Cómo ves ese crecimiento del público a través de los años?

—La Kermesse fue creciendo paso a paso y porque hay una comunicación y un acercamiento que nos pasa en todos los shows. A veces es difícil explicarlo en palabras, pero hay emotividad y credibilidad, suceden cosas muy especiales. Yo siempre digo: “Vení a ver un show a ver qué te pasa”. Es lo que vivo en el escenario y para el público es una experiencia extraordinaria. Hay un término que se utiliza mucho actualmente, “inmersivo”, y es así, de alguna manera te atrapa y no te podés quedar como un observador a ver qué hacen, a ver qué... Muchas veces en tantas otras expresiones musicales se da la situación de que uno se sienta en una butaca y escucha, pero cuando hacemos los shows hay una entrega en muchos aspectos: se tiran remeras y cuando terminan los shows encontramos unas cuantas zapatillas que no sabemos de quienes son.

—A los días del fallecimiento del Indio Solari, decidieron seguir adelante con el show que tenían en Montevideo, ¿por qué creyeron que era importante hacerlo?

—Fue una elección consciente. Seguimos viviendo el duelo. Él fue una persona muy especial y su forma de ver el mundo se transmitió a muchos corazones. Y esa mirada incluye que los duelos se pueden vivir de muchas maneras. Parte del legado del Indio, entre otras cosas, está en que el estado de ánimo es algo que no tiene que caerse, lo tenemos que sostener o levantarlo lo antes posible. Esta despedida tiene que ver con la música que hicimos con él, Cuando decidimos ir a Montevideo a hacer el show una semana después de su muerte fue una invocación. Así lo entendimos y lo seguimos entendiendo. Eso también nos ayuda a seguir tocando esas canciones en estos momentos de duelo. Creo que es lo mejor que podemos transmitir de nosotros al público, que son los verdaderos Redondos.

Sergio Dawi, de La Kermesse.
Sergio Dawi, de La Kermesse.
Foto: Ignacio Sánchez.

—¿Cómo es vivir un duelo personal en comunidad?

—Los duelos son muy diferentes en el mundo y en sus distintas culturas. La cultura del mundo Redondo es para las lágrimas, pero también para la fiesta, la solidaridad y el encuentro con esas canciones que siguen teniendo significado para mucha gente y para nosotros.

—El saxofón es protagonista de la música de Los Redondos. ¿Cómo forjaste esa manera de tocar tan característica?

—Hay muchos saxofonistas que se nutrieron en conservatorios o escuchando a músicos excelentes como Charlie Parker o John Coltrane. Yo me curtí de otra manera, haber estado 14 años en Los Redondos me dio libertad y personalidad en lo musical. Yo me parezco a mí mismo, no tengo un referente concreto dentro del rock como saxofonista. A veces no estoy muy conforme y otras sí. Siempre transpiré la camiseta para poder dar lo mejor, de eso se trata.

—¿Cómo es eso que a veces no quedás conforme?

—Hay melodías que pienso que ya hice y me gustaría probar otras maneras. Son desafíos que uno tiene con el instrumento o con lo que quiere decir. Hago las melodías como si estuviera hablando, entonces aprendí a complementar las letras. Para mí, es tan importante la afinación del saxo como estar en un estado de empatía con el mensaje. Si hay furia en las letras, tengo que meterle furia a las notas de la manera que pueda. Lo mismo las melodías, hay que tener empatía con los otros instrumentos. En Los Redondos, pudimos ser una banda: todo funcionaba y por más que en todos los grupos hay figuras. Es como las pinturas: hay un personaje que está brillando, pero que necesita de un fondo que acompañe y con el que comparta paleta de colores.

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