Charly García y sus 24 horas de caos en Uruguay: vuelos perdidos, un show desbordado y compras en el shopping

Por sus 75 años, El País recupera 24 horas extraordinarias de 1999: vuelos perdidos, un toque de casi cuatro horas y una entrevista que terminó en el shopping de Punta Carretas, con fotos del archivo.

Aquel mediodía, Charly García entró en una disquería de Punta Carretas Shopping y compró un disco de Charly García. Eligió Say No More, junto a otros dos CD: uno de Prince y otro de Donovan. Sumó un par de auriculares, una Rolling Stone estadounidense, la revista Spin y el libro Las leyes de Murphy. La excursión no estaba en los planes: acababa de perder otro avión.

Era el viernes 26 de marzo de 1999. Tenía 47 años, había tocado casi cuatro horas en el Velódromo Municipal y pasado la madrugada recorriendo boliches como Mariachi. Carlos Dopico, por entonces periodista de Sábado Show, se había subido a su camioneta para entrevistarlo de camino al Aeropuerto de Carrasco. Pero Charly llegó tarde, perdió el vuelo y Dopico terminó convertido en su guía de compras.

El lugar tampoco fue casual. Durante el viaje, Dopico le había hablado de la fuga de 111 presos de la cárcel de Punta Carretas en 1971 y del shopping que hoy ocupa el lugar. A Charly le fascinó la historia. Recorrieron las tiendas e hicieron escala para almorzar en la plaza de comidas. “Charly García paseando de compras por un penal”, narró el periodista en su crónica.

Hoy, que Charly García cumple 75 años, las crónicas de Sábado Show de abril de 1999 invitan a volver a esas 24 horas. Las firmaron Carlos Dopico y Adrián Minutti, con fotos de Darwin Borrelli. Ayer, Dopico y Borrelli recordaron en En Clave País —el programa de streaming de El País— aquella jornada caótica.

Era el Charly de Say No More, el disco de 1996 que hizo de la provocación un concepto. En 1998 había editado el disco El aguante, más directo pero igualmente áspero, y su representante Marcelo Della Lavalle intentaba ordenar su vida. El 27 de febrero de 1999 había reunido a 250 mil personas en Puerto Madero para cerrar el ciclo Buenos Aires Vivo III. Quiso tirar muñecos desde helicópteros para evocar los vuelos de la muerte de la dictadura, pero Hebe de Bonafini lo disuadió y las Madres de Plaza de Mayo subieron al escenario. De aquel concierto de tres horas saldría el álbum Demasiado ego, que se editaría recién en mayo.

En Montevideo, aquel 25 de marzo, había que conseguir que llegara. “¿Viene o no viene?”, se preguntaban en la sala VIP de Pluna. Se frustraron los vuelos de las 13.30, las 17.20 y otro cercano a las 19.00. Cuando apareció otra opción, faltaban sus documentos: ¿estaban vencidos, los había perdido o su novia los llevaba en la cartera? Cerca de las 21.00, Charly apareció en el Aeropuerto de Carrasco con una filmadora en una mano y un vaso de whisky en la otra. Apenas pudieron fotografiarlo antes de que partiera al Velódromo Municipal.

Charly García con una filmadora y un vaso de whisky.
Charly García con una filmadora y un vaso de whisky.
Foto: Darwin Borrelli.

Diez mil personas lo esperaban en Parque Batlle. Tocó hasta la 1.45 y Minutti lo resumió así: “Desprolija ejecución, luminosa presencia”. Charly apenas tenía voz, el sonido fallaba y las improvisaciones desconcertaban a la banda que sostenía María Gabriela Epumer. Sonaron “Cerca de la revolución”, “Rezo por vos”, “Chipi, chipi” y “El aguante”. Nada de eso enfrió al público.

Borrelli relata algo que el público no vio. Cada tanto, García desaparecía detrás del escenario, se sentaba en una carpa y le acercaban un tanque de oxígeno. Después volvía a correr, trepar a los teclados y lanzar guitarras y micrófonos. Cuando el público creía que el show había terminado, empezaba a irse. Pero Charly reaparecía y la gente volvía. Así hasta las dos menos cuarto de la mañana.

En una entrevista con Sábado Show, Orlando Petinatti contó que iba al Centenario a ver a Nacional, vio una fila inmensa y terminó entrando al Velódromo. “Corre mucho más que varios jugadores de Nacional a la vez”, bromeó. También habló de los “aproximadamente 44 kilos” que quedaban de él, pero cerró sin ironía: “Es un genio de la música del Plata”.

Charly García durante su show de 1999 en el Velódromo Municipal.
Charly García durante su show de 1999 en el Velódromo Municipal.
Foto: Darwin Borrelli.

La noche siguió frente al hotel Lafayette, en Soriano y Michelini. Un admirador de 15 años protestó porque dejaron subir a su novia y a una amiga, pero no a él. Charly salió más tarde rumbo al boliche Mariachi, escoltado y con una Polaroid que disparaba a cada paso. También había filmado el Aeropuerto y llevado un radiograbador infantil al escenario.

A la mañana siguiente, Dopico volvió al hotel. Trabajaba en la radio La X, a pocas cuadras, y entre tandas corría hasta Lafayette para averiguar si Charly despertaba. Tenía cuatro minutos y medio para ir y volver. Sin WhatsApp, redes sociales ni cámara en el bolsillo, tenía que ingeniárselas para avisarle a un fotógrafo.

Charly García con una remera de Marilyn Manson en su show de Velódromo Municipal.
Charly García con una remera de Marilyn Manson en su show de Velódromo Municipal.
Foto: Darwin Borrelli.

Finalmente lo vio salir y, casi sin pedir permiso, se subió a la camioneta. Se sentó delante de Charly, junto a unos teclados pintados de plateado. “Yo iba temblando”, relata Dopico. Cuando le contó que lo seguía desde el Aeropuerto y pidió entrevistarlo, García aceptó. El grabador de cassette ya estaba prendido. Hablaron entre bocinazos y las clásicas distracciones de Charly, que revolvía un bolso negro.

Habló de Marilyn Manson, admirado por convertir su vida en espectáculo —usó una remera con su rostro en el show—, y de su nueva camada de fanáticos: “Ahora vienen los hijos de los que me iban a ver y estos chicos corren más rápido y llegan primero”. Recordó también la moneda que alguien le había tirado en el Velódromo. Le molestó el gesto y, especialmente, que la lanzaran sin fuerza. Ahí cerró el concierto.

¿Por qué había pateado tantos micrófonos? Detestaba los soportes de tres patas: se caían al moverlos. No había sido furia, aclaró. A uno no lo tocó: el de Epumer. Bastó una mirada de la guitarrista para detenerlo. “Si ella me mira yo sé que no le puedo tocar el micrófono”, dijo.

Charly García en el Punta Carretas Shopping.
Charly García en el Punta Carretas Shopping.
Foto: Darwin Borrelli.

Dopico quedó sorprendido por su lucidez. Charly justificaba así su obsesión por filmar: “Lo que estoy haciendo es ver a quien me ve”. El título de Demasiado ego, contó, se lo había robado una revista de chismes. Quería devolver la pregunta a quienes lo juzgaban: “¿Soy yo o sos vos?”. Y sobre su fama de imprevisible, respondió: “Yo debo ser una de las personas más controladas que conozco. Lo que parece un caos no es un caos”. Su obra, defendió, tenía “letra, armonía, música, matemáticas”. Luego deslizó la frase que tituló la entrevista: “Puedo aceptar el caos, pero hasta ahí”.

Charly García en la plaza de comidas de Punta Carretas Shopping (1999).
Charly García en la plaza de comidas de Punta Carretas Shopping (1999).
Foto: Darwin Borrelli.

En el Aeropuerto de Carrasco les dijeron que habían perdido el vuelo. Charly quería comer algo, comprar discos y mirar libros, así que terminaron en Punta Carretas Shopping. Mientras Charly hojeaba libros, Dopico encontró un teléfono monedero, llamó a El País y pidió que enviaran a Borrelli. Después buscó excusas para demorar al músico.

Borrelli los buscó por los tres pisos y apenas lo vio empezó a disparar. En una foto, Charly fuma en la plaza de comidas mientras hojea la revista Posdata; en otra, recorre el Palacio de la Música. En una tercera, una mujer sigue de compras sin advertir quién camina detrás.

Dopico guarda el cassette de la entrevista, fechado el 26 de marzo de 1999; Borrelli, las fotos que desde hoy están disponibles en la web de El País. El archivo retrata a un músico desbordado que se negaba a que confundieran su obra con su vida. Y que, después de perder tantos aviones, se compró su propio disco.

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