Charly García en Uruguay: la entrevista completa de 1999 con El País y las fotos inéditas de su caótica visita

A 27 años de su visita a Montevideo, El País ofrece la entrevista completa que Carlos Dopico le hizo al músico en 1999 y fotos inéditas de Darwin Borrelli: del Velódromo al shopping de Punta Carretas.

Carlos Dopico, 10 de abril de 1999 (Sábado Show)
Luego de una impertinente persecución estilo paparazzi, la mañana del viernes 26 de marzo Sábado Show fue en busca de Charly García. A las 12.30 el músico seguía durmiendo. Era de esperarse: la noche anterior, luego del espectáculo que realizó en el Velódromo Municipal, estuvo recorriendo boliches y el hombre no pasa a pico seco. A las 13.00, de buen ánimo, sin apuro y con su paso largo, el mentor de la filosofía Say no more abandonaba el hotel.

En forma escurridiza y sin previa invitación, este cronista se sumó al equipaje de la camioneta que lo transportaría hacia el aeropuerto para que en el trayecto y post-charla de ablandamiento, Charly nos diera una entrevista.

Tras una nueva serie de imprevistos —que gobernaron toda la estadía del artista en Montevideo—, García accedió a un diálogo jocoso e irreverente, pero con muchos cables a tierra.

Lo gracioso de todo esto fue que luego de la infiltración en su vehículo, la situación se revirtió. Al llegar a Pluna, García fue notificado de una nueva pérdida del vuelo reservado; para nosotros una desgracia, teníamos que volver para atrás y hacer tiempo junto a él. El personaje de bigote mixto y cabellera encrespada nos eligió de guía para hacer las compras de souvenirs (se auto-obsequió, entre otras cosas: su propio disco, Say no more, y El libro de las leyes de Murphy). La propuesta era almorzar en el shopping Punta Carretas. Memorable. Charly García paseando de compras por un "penal".

—Venís de hacer un espectáculo muy similar en Puerto Madero, cerrando el ciclo Buenos Aires Vivo III, ¿cómo lo viste, en comparación con este show del Velódromo?

—Mirá, lo vi parecido. En cuanto a dimensión, había mucha gente, obviamente en Buenos Aires como venía anunciándose desde hacía mucho, era todo un acontecimiento y había mucha ganas de verme y era gratis, una cosa municipal. Al final nunca se supo cuánta gente había. ¿Vos te enteraste cuánta gente había? (preguntó a su manager/asistente, Marcelo Lavalle, y se autorespondió automáticamente) se dijo unos 300 mil, 200 mil y hasta 100 mil. ¿Cómo contás a la gente si no es por entradas vendidas?. Bueno, pero any way (de cualquier manera). Además de lo contento que me pone estar de nuevo en la ruta y con proyectos grandes y... (segundos de colgadera) todo eso, me llamó la atención, como dato a tener en cuenta, el comportamiento de la gente, allá y acá. Allá pasó una cosa horrible, al día siguiente murieron dos pibes. No voy a decir que fue un accidente pero lo que yo vi acá también era como una unión entre lo que..., entre yo y mi banda y lo que sea, arriba del escenario y la gente que estaba abajo. No vi gente como mala onda, no vi represión ni nada de eso. Es curioso pero pasa eso. En el show mío hay de todo, hay canciones de amor, hay canciones de cagarte de risa, hay canciones hipercomplicadas, viejas, nuevas y hay heavy, yo qué sé, punk, no sé. Cambia de ánimo el asunto y es rico musicalmente por eso también. No hay muchos músicos solistas que hagan cosas tan diversas, que después de un tema clásico arranque al palo. Y lo bueno es que los estados de ánimo que yo puedo haber tenido o inventado cuando hice la canción son recibidos en la misma frecuencia. Cuando vienen rock pesados como "Demoliendo hoteles" o cuando tiro los micrófonos, no es que se arme un quilombo y toda la gente se quiere matar entre sí ni mucho menos.

Charly García recorriendo Montevideo en una camioneta.
Charly García recorriendo Montevideo en una camioneta.
Foto: Darwin Borrelli.

—Más allá de las diferencias que generan los distintos públicos de un lado y otro de la orilla, ¿ves variaciones en tus seguidores o la euforia fue siempre igual en tus distintas etapas? Ayer había gente de todo tipo de edades agitando.

—El público mío cambió mucho, bah…, no cambió, se sumó toda la chiquilinada. El público se amplió, ahora vienen los hijos de los que me iban a ver y estos chicos corren más rápido y llegan primero. Y bueno, eso es alucinante y más todavía ver que eso pase acá también. Ya nos estábamos yendo, hicimos todo el asunto de poner la mesa en el escenario y tocar como si nos sentáramos a la mesa y después me despedí... yo no podía creer que siguiera toda esa gente. En un momento estaba mirando así, y veo a un tipo que tira una moneda y la veo así (hace el efecto de caída con un silbido, estilo cañita voladora) cayendo en medio del escenario, a nadie y sin fuerza (recalca molesto). Fue tirada sin fuerza, o sea, el tipo no tenía ni mala onda ni nada. Qué sé yo, estaría aburrido pero a esa hora no daba para tirar una moneda. Porque el artista que fue a ver le tocó cuatro horas seguidas y por lo tanto ya estaba más que aceptado. ¿Qué sé yo? Capaz que quería sobresalir en la barrita que estaba. Fue tácito con la gente y me dije: "bueno, acá se acabó. Empezó la grasada y no da. Ya tuvimos de todo, rock.., no sé, de todo."

—¿Te quemó que hubiese tirado una moneda, o que lo haya hecho sin fuerza?

—Primero que haya tirado la moneda... qué sé yo, me quemó por todas las partes. Yo vine acá a tocar en el medio de la calle para apoyar la democracia, ponele. Entonces no me cierra que tiren una moneda. Además me acuerdo que tiraron una moneda cuando... ¿cuándo fue la otra vez que nos tiraron una moneda? (silencio). Bueno, fue más o menos lo mismo. Me pareció tonto, entonces lo que quise remarcar fue: "ese pibe que está ahí no tiene nada que ver, está dibujado. Estamos todos bien y este boludo está en otra". No sé, una moneda, no sé, fue nada. Si la hubiese tirado a la mitad del recital no le hubiese dado bola, en ese momento me pareció remarcable entre la paz que había y alguien que si potencia irrumpe.

Charly García durante su show del Velódromo Municipal.
Charly García durante su show del Velódromo Municipal.
Foto: Darwin Borrelli.

—¿Te sirvió como excusa para cerrar el espectáculo o hubieses preferido terminarlo bajo otro pretexto, o sin pretexto?

—No, me pareció una superbuena, ¿excusa se dice? Excusa, sí (se responde meditando el término). Bueno, a veces como dice Diego (Maradona), arriba del escenario uno no hace tiempo, y se nota mucho la diferencia con aquellos que sí lo hacen, pero no es mi caso. El escenario es una cosa que está arriba del nivel del mar. Que tiene que tener la dimensión no te digo de lo sagrado pero de lo importante que es estar ahí arriba. Porque si un tipo te gusta tenés que otorgarle respeto.

Charly vs. Marilyn Manson

A lo largo de los 17 kilómetros que separan el hotel del aeropuerto, Charly revolvió reiteradamente un pequeño bolso negro que lo acompañaba con sus pertenencias personales (lo que se llama bolsito de mano). De ahí —casi como un mago y su galera— fue extrayendo los más extraños objetos que asombradamente mirábamos mientras él hilvanaba lentamente pero sin distracción cada respuesta. Bolsitas, paquetes, cajitas y más eran revisadas con curiosidad por el artista.

—Volviendo a las variaciones, ¿ves más transformaciones? ¿En el rock, por ejemplo?

—El rock se está transformando en cosas como Marilyn Manson, a quien yo tanto cito. Y después de eso ¿qué?. O sea, para mí él marca como una tendencia rock comercial, aunque haga la música que sea. Él es alguien que realmente molesta, porque no es un gil que sale a hacer la entrevista y te pone las dos plumitas. Al lado de él todos los demás son como, nada. La transformación es también el rock & roll. Hay un rock que es como adolescente aunque los tipos que toquen sean grandes. Se usa la protesta para vender discos porque temas como: el barrio, el Che Guevara, y todas esas cosas son como mitológicos, no es lo que pasa ahora. Aparentemente esos tipos son más rebeldes que yo, capaz, bah, que yo si me agarran un pedacito de canción. Esa gente cuando se inserta en la realidad pierde todo. Cuando vi las remeras de Marilyn dije: "qué es esto", o sea, me gustó la onda porque me di cuenta de que algo quería decir. Después seguí la historia por las revistas y la propuesta de él, lo que vende tiene su lógica y él la llevó al máximo. A eso se agrega la reacción de la derecha que le imputa cargos de cosas que obviamente no hace, como degollar gente, qué sé yo. Entonces es un poco que se caga de la risa de todo. No es un boludo, es muy inteligente. Hizo una catarsis increíble, supongo que con muy buenos abogados porque sino no sé cómo puede seguir libre. Ahora empezó con ese glam y yo no sé si me va a seguir fascinando, pero por el momento si veo una revista con Marilyn Manson la compro. Me entusiasma cualquier grupo o solista de rock que teniendo ese puesto lo usa para hacer una ópera de su vida, hace como un espectáculo de eso.

Charly García entrando al show del Velódromo Municipal.
Charly García entrando al show del Velódromo Municipal, en 1999.
Foto: Darwin Borrelli.

—¿Ayer te ensañaste con los micrófonos por algo en especial?

—Mirá, razón número uno, (primera y única), los pies de micrófono que hay en Latinoamérica esos de tres patitas los mirás y se caen de nada, ¿no es cierto?. A los inalámbricos, siempre les entra una radio. Pero cómo me voy a ensañar con los micrófonos, son míos. No sé, yo me tenía que desembarazar de los micrófonos. Es una cosa muy curiosa pero se le da tan poca importancia a cómo montar el micrófono. El pie de micrófono que había antes, ese que era de hierro, con base de plomo no ofrecía grandes posibilidades. El problema con estos nuevos es que los querés correr y se te cierran las patas. No sé, yo estaba muy contento, no fue bronca. En todo caso fue una demostración de "me cago en todo".

—En un momento, cuando empezaste a tirar desenfrenadamente todos los micrófonos te faltaba sólo uno, el de María, y con sólo mirarte logró que frenaras la euforia. ¿Qué pasó, tenés con María un respeto especial?

—Yo respeto a toda la gente igual. En el caso de la banda tengo una especial estima, con todos diferente. María Gabriela (Epumer) y yo nos conocemos hace mucho y ahora, al estar ella al frente y ser como copiloto, la tenemos muy clara. En otra parte del toque se da como que yo me enfado en el final de un tema, qué sé yo, es como un jueguito pero a la vez es en serio. Si ella me mira yo sé que no le puedo tocar el micrófono, nada más.

Charly García y Carlos Dopico en la puerta de la camioneta donde el periodista lo entrevistó.
Charly García y Carlos Dopico en la puerta de la camioneta donde el periodista lo entrevistó.
Foto: Darwin Borrelli.

—Últimamente se te ha visto registrando todo lo que hacés. Bajaste del avión con una filmadora, subiste al escenario con un radio grabador y saliste a la noche con una cámara fotográfica. ¿Te preocupa el paso del tiempo?

—No, todo es por un derecho a ver. Lo que estoy haciendo es ver a quien me ve. Es una forma de... no sé quién lo dijo, si fue Peter Gabriel, no sé, "usar la televisión como blanco". Ponés el video y está, siempre hay algo significativo. Me gusta mucho conocer a uno del público o a dos, es imposible que conozca a todos y creo que es como este disco que estoy haciendo ahora, (Demasiado Ego). Por un epígrafe que salió en una revista de chismes que decía: "demasiado ego", se me ocurrió y lo metí en el espectáculo y como nombre de mi próximo disco. Y por eso, después se me ocurrió lo de los helicópteros (que al final Hebe de Bonafini me pidió que no los use por motivos extra artísticos). Entonces me puse a pensar que quería ver a esa gente. Gente que te obliga a darle tu autógrafo o cree que vos sos un póster. Por sea dije: "Ok, 'demasiado ego' ¿soy yo o sos vos?". Me lo dijo un: ¿cómo sería?, no es sicólogo, es un tipo que está como asesor, pero no es asesor, un gurú... no, pero no es un gurú, bueno, como una especie de psicólogo pero unido a nada que ver con la psicología, en el sentido de que: si uno no puede darse cuenta cuál es su problema, la psicología lo que hace es dejar al paciente aislado, volverlo loco y meterlo en un manicomio. Esto es mucho más humano, más en serio. A veces me pasa como que la gente que está con uno se brotara y necesitara toda la atención mía en ese específico momento. Bueno, tiene algo que ver con eso... y también con el concepto de la famosa pared, "The Wall", lo que quisieron hacer los Pink Floyd, es super real pero no necesariamente tiene que ser así. Se asocia mucho a los artistas con la locura, la muerte, esto y el otro, entonces todas esas cosas que se le adjudican a un artista que tiene éxito, el famoso "precio de la fama", eso no tiene nada que ver con la música. Es como si te cobrara un tax por ser más perseverante, más trabajador, más inteligente..., y cualquier persona que consultes te va a decir que los primeros cuarenta años de su vida como un aprendiz sin esperar ningún tipo de remuneración a cambio fue haciendo su metier para tener un lugarcito en esta misma vida para seguir en paz. Y si un tipo común tiene un problema generalmente lo resuelve como sea, ¡y chau!.

Charly García en la puerta del Punta Carretas Shopping.
Charly García en la puerta del Punta Carretas Shopping.
Foto: Darwin Borrelli.

—¿Y vos cómo hacés?

—Yo hago lo mismo en mi caso particular, no es que me vaya a tirar por la ventana por eso. Esto está instalado en nuestra cultura, no sé. Yo fui un niño prodigio y pasa un poco eso. Como los niños prodigios de ahora, como "Mi pobre angelito" y qué sé yo. Me imagino pobre pibe. Teniéndolo claro, uno puede trabajar mucho mejor porque la imaginación no pone barreras de cómo le va a caer a mi tía y después que se puede leer la historia que uno hace como una historia. Y bueno, esa es la historia y creo que a todo el mundo le pasa.

"Casi nunca falté a un recital"

A poco de llegar a destino, Charly detuvo el habla y quedó hipnotizado por una joven promotora que inocentemente repartía volantes a la altura de playa Miramar, ignorando la punzante mirada de su admirador. En un acto de complicidad, respetamos esos segundos de distensión visual y aguardamos en silencio hasta que volvió en sí y dijo: "¡Estaba buena, que la parió..! ¿Qué te estaba diciendo...?".

—Uno de los temas principales en la previa del concierto era comprobar si venías o no. Perdiste más de tres vuelos hasta que finalmente se concretó tu llegada. ¿Qué sabores les encontrás a ser un tipo imprevisible?

—Este... bueno, no sé. Es que no lo hago siempre a propósito sino que las cosas pasan así, además que la gente lo banca. En el recital de Obras, por una serie de cosas, se atrasó todo, y me di cuenta de que a la gente no le importa si iba a tocar. O sea, querían verme pero si no iba estaba todo bien. Digamos que a mí, el viejo adagio de "el show tiene que seguir" es al primero que le pega. Yo tengo 47 años y toco desde los cuatro años. En toda mi carrera debo haber faltado sólo a tres conciertos. Me parece que el artista generalmente moldea lo que hace sobre su propio barro, sobre su propio cuerpo. Encima de eso pedirle que no haga lo que el que mira mal no puede", ahí está lo del ego. Yo en el festival de Buenos Aires quería agarrar a uno de esos tipos que me critica y sin que supiera, ponerlo en la mira y empezar a pasarlo en la pantalla.

—¿Entonces, te gustaría poner a alguien en tu lugar?

—No, bueno... Si y no. Lo que te digo es que la gente me critica sobre las cosas que no puedo hacer. Pero no lo que no puedo hacer por ley... No, lo que no puedo hacer porque no puedo, simplemente. Viene uno me dice "vo' te cogiste a cinco minas". ¿Y qué? Yo creo que es como muchas veces dicen las viejas: "muchas veces es envidia lo que tienen".

Charly García hojea la revista Posdata en el Punta Carretas Shopping.
Charly García hojea la revista Posdata en el Punta Carretas Shopping.
Foto: Darwin Borrelli.

—Más allá de "Charly" como figura pública, en tu caso personal, ¿te gusta ser imprevisible y asombrarte de tus propios antojos?

—Bueno, si hiciera lo que se me antoja hacer sería previsible. Justamente, lo que pasa es que no sé lo que estoy haciendo. Pero te puedo decir que yo debo ser una de las personas más controladas que conozco (risas). O sea, lo que parece un caos no es un caos. Yo puedo aceptar el caos, hasta ahí. Un caos es un caos, lo que hago yo tiene: letra, armonía, música, matemáticas y una serie de cosas y quizás sí, como todo artista agarro cosas de acá y de allá, lo aleatorio. Pero si yo creyera que la anarquía es la solución de todo sería anarquista, pero no, no.

—¿Estás de acuerdo con esa frase que dice "el caos es el principio del orden"?

—Sí, puede ser que pateando el tablero las piezas reflexionen y se pongan en el lugar. Pero el caos en el espectáculo puede ser el sonido del helicóptero, te tira una onda, caos. Está todo organizado como una película. Una película buena tiene de todo. No es una película de amor nada más o de terror nada más. Los personajes generalmente están bien dibujados con claroscuros, no son unidimensionales. Lo que hago yo no es tampoco unidimensional. Solamente la mitad de lo que hago yo es música, a veces escribo sin música, me gusta. Pero cuando estamos en la música o en la poesía no hay muchos más parámetros que el gusto. Justamente, el misterio de eso es lo que lo hace bueno. Si la música fuera demasiado obvia todo el tiempo, cansaría. Esta música no está del todo afinada a propósito, pongámoslo así.

—Me citabas el caso de las películas, ¿viste alguna película que te haya gustado últimamente?

—Sí, ¿cuál fue?, hace mil años que no voy al cine. Me gustan.., eh... las películas que trabajan sobre la transformación. Se puede decir que "La Mosca" es una. Un tipo que se va degradando hasta llegar a mosca y no puede evitar transformarse y... Yo me transformé.

Charly García durante su show de 1999 en el Velódromo Municipal.
Charly García durante su show de 1999 en el Velódromo Municipal.
Foto: Darwin Borrelli.

Crítica del show de Charly García en el Velódromo Municipal: "Desprolija ejecución, luminosa presencia"

Por Adrián Minutti

Para los uruguayos la expectativa era volver a ver a Charly después de tantos años. ¿En qué estado afrontaría este compromiso?, ¿cómo sería la performance de ese hombre que en los ochenta brindó veladas de honor a los amantes del rock de este lado del Plata?

—"Tengo las expectativas máximas porque hace como siete años que no viene, me parece. Y me encanta Charly. La última vez que lo vi fue en Buenos Aires, en el Roxy. Apareció a las cinco de la mañana y se puso a tocar ahí... piré". (Rodrigo, 30 años).

—"Pensamos que va a ser muy bueno, al menos como los recitales de Charly que vimos en Buenos Aires... Esperemos que no se arme problema después". (Alberto, 42 años).

—"¿Esto?, alucinante, lo mejor de lo mejor, porque lo amamos a Charly". (Carolina, 19 años).

Los consultados, entre los que se marca una franja etaria aproximada de los 20 a los 40 años, formularon inquietudes positivas que pasaron la duda, esencialmente, en el estado con que Charly encararía el recital. Y es ahí donde el comentario se vuelve ambiguo. Porque la noche fue inolvidable debido a la disponibilidad de García para tocar —lo hizo por casi cuatro horas—, pero desde una óptica musical es imposible obviar las carencias de sonido y ejecución musical.

Desde el arranque —lo único idéntico al recital de Buenos Aires— con "Cerca de la revolución", "Promesas sobre el bidet" y "Rezo por vos", situado unos "escalones" por encima de lo que entendemos por normalidad, Charly no tuvo voz. Y eso condicionó la calidad interpretativa ya que se apoyó para suplir la ausencia de su timbre en improvisados arreglos que no dejaron percibir originales en ningún momento.

Charly García en el Velódromo Municipal.
Charly García en el Velódromo Municipal.
Foto: Darwin Borrelli.

Con el pasar de los minutos el fanatismo se acrecentó pero el sonido no mejoró. Más allá de la soltura escénica de Charly, por completo desprejuiciada, de los comentarios irónicos que apuntaron a Punta del Este, la burocracia política y otros ítems de índole privado, es innegable que por momentos Charly desorientó con su libertinaje a la banda. María Gabriela Epumer hizo lo que pudo para tratar de llevar adelante con su guitarra a un grupo de músicos que no podía dejar de fijar la mirada en el "boss" por la incertidumbre que generaba lo que podría hacer. Pateó micrófonos, tiró por los aires guitarras, tocó la guitarra desafinada en varias ocasiones, cruzó a sus músicos en temas como "No llores por mí Argentina", planteó desde los teclados "colchones" improvisados que no siempre entraron en tiempo.

Aunque la estructura de la banda fue novedosa: guitarra, bajo (teclados de apoyo en algunos temas), violín eléctrico, violonchelo, batería, batería electrónica (y algunos elementos percusivos como pandereta y tontón), saxo y, por supuesto, teclados, sintetizador y piano en las manos de García; la mala amplificación, las carencias a nivel técnico —García se quejó con insistencia de los micrófonos— y la tendencia a improvisar siempre, hicieron del recital, por momentos, un ensayo.

Charly García junto a su banda en el Velódromo Municipal.
Charly García junto a su banda en el Velódromo Municipal.
Foto: Darwin Borrelli.

A pesar de las contras, las diez mil personas presentes escucharon la simpatía de "Chipi, Chipi" y el marcado rock & roll de "El Aguante". Además, incluyó su amor por los viejos clásicos que lo marcaron a fuego con diferenciadas y confusas versiones de "A ticket to ride" de The Beatles y "Sympathy for the devil" (solidaridad y no simpatía) de The Rolling Stones. Esa condición de mito, de estrella de rock venerada, de agita masas, fue el verdadero espectáculo.

Su postura "Say no more", la que ha adoptado para no afrontar más polémicas, es la que guía su vida y la que lo lleva a hacer, literalmente, lo que quiere. ¿Eso es permitido? Es posible que para la mayoría de los mortales no, pero para Charly sí. Y el aval lo da el pueblo, máxima palabra. Como se escuchó a la salida de varias voces cansadas: "Charly es Charly".

¿Encontraste un error?

Reportar
Temas relacionados
Premium El País +
Te puede interesar