El Antel Arena cobra un nuevo color con las linternas de los celulares. Sobre el escenario, Chano Carpentier finaliza “Obsesionario en la mayor” sentado junto a su hermano Bambi en el piano. Se abrazan y así sellan uno de los tantos momentos emotivos de la primera de las tres noches que Tan Biónica tiene previstas en el recinto, todas con entradas agotadas.
El público aplaude, el mismo que de inmediato se pondrá a saltar, cantar y corear por Chano. En esa curva sinusoide, hay un set de DJ, una intersección con "Sweet Dreams", de Eurythmics, momentos de balada y también de festejo.
Pasaron muchas cosas desde su explosión pop con hits como “Ciudad mágica” o “Ella”, que la consagraron como una banda con canciones para divertirse en la década de 2010.
Chano, el líder del grupo, vivió varias vidas. Fue una joven estrella que luego se vio envuelta en romances, choques automovilísticos y episodios que lo convirtieron en blanco de críticas y burlas. También incursionó en proyectos alternativos, como un reality show. Tras la pausa de Tan Biónica en 2016, comenzó su carrera solista, pero durante el aislamiento de la pandemia, sus problemas de consumo y salud mental quedaron más expuestos. La situación llegó a un punto de inflexión en 2021, cuando atravesó una crisis psiquiátrica durante la que un policía le disparó.
Es, entonces, un sobreviviente, o al menos esa es la idea que subyace desde el comienzo del show de El regreso, la gira que presenta el primer álbum de estudio de Tan Biónica en 10 años. El reencuentro fue en 2023 bajo la premisa de “una última noche mágica”.
Con un amanecer en las pantallas y “X=4” sonando, pasadas las 21.00 aparece Chano en el escenario, con una capa azul y los brazos abiertos, mientras mira hacia arriba. Se toma su tiempo para mirar cada sector del Antel Arena antes de empezar y esa señal de entrega se traduce en acciones a lo largo del recital: pasa de la guitarra al piano, corre con esfuerzo a lo largo del escenario con la cámara siguiéndolo, dedica minutos a hablarle al público y pide perdón por extenderse demasiado.
“Que venga un porteño a decir que Uruguay es su segunda casa puede ser molesto, pero para nosotros es así”, dice y recuerda cómo comenzaron en un teatro para 300 personas en Ciudad Vieja con un show al que apenas fueron 100.
La lista de temas intercala los grandes éxitos de distintos álbumes con las nuevas canciones, y la respuesta del público permite distinguir unos de otras: entre quienes saltan y gritan con los hits, algunos aprovechan los estrenos para ir a comprar cerveza. De todas maneras, Tan Biónica tiene suficientes éxitos como para no reservarlos para el final. En el primer bloque suenan “Ella”, “Arruinarse” y “Beautiful”.
“Todo pasa, eh, lo bueno y lo malo, también”, afirma Chano antes de cantar “Las cosas que pasan”, una frase que adquiere otro significado viniendo de él. Ese tipo de intervenciones se repite durante la noche y ayuda a explicar por qué, después de tantas noches mágicas en Buenos Aires, los fanáticos continúan al lado de Tan Biónica. En las pantallas aparece un cartel con la cara del cantante convertida en una estampita de Jesús.
Uno de los momentos más memorables llega cuando la banda se traslada a un segundo escenario, más cerca de las plateas del fondo. “Es un acto de justicia a aquellos que no pudieron acceder a un ticket más caro”, explica. Inmediatamente, dice que no puede tocar la guitarra con las pulseras que lleva puestas y decide bajar a regalárselas a algunos de los asistentes.
En ese espacio, habla de Ruben Rada, a quien le dedica “Pastillitas del olvido”, un “intento de candombe”, según él. También cita Las palabras andantes, de Eduardo Galeano, libro que lo inspiró a escribir “La invención”. Le agradece al resto de la banda, “sus amigos”. Entre canciones, recuerdos y esos pequeños gestos de cercanía, el recital deja ver cuánto de la convocatoria descansa también en su carisma.
El último bloque concentra varios de los temas más esperados. “Partimos de una ciudad mágica, ha llegado por fin el momento. La ciudad mágica no es un lugar, es un estado al que te lleva Tan Biónica”, se lee en pantalla y se escucha a través de una voz femenina. Naturalmente, es el turno del hit. Después llegan, entre otras, “Hola, mi vida” y “Obsesionario en la mayor”, con el abrazo entre los hermanos que ilumina uno de los momentos más emotivos del encuentro. El final triunfante con “La melodía de Dios” lleva al Antel Arena entero a cantar “Con vos es 4 de noviembre cada media hora”.
Así, Tan Biónica cierra la primera de tres noches agotadas en el Antel Arena, un nuevo hito en su historia. La de una banda que, más allá de toda subestimación, tiene un repertorio de canciones que siguen sonando en las radios y un líder cuya historia de vida acrecienta su figura, pero que también conquista con gestos tan sencillos como bajar a regalar unas pulseras o abrazar a su hermano junto al piano.
Aquella “última noche mágica” de 2023 parece haberse alargado de manera indefinida. En Montevideo, al menos, le quedan dos noches más.
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