Anne Hathaway, de ser “odiada” por internet a reina de Hollywood: el inesperado regreso de la actriz

La actriz atraviesa un 2026 extraordinario con cinco estrenos, dos grandes éxitos de taquilla y una nueva imagen, después de varios años marcada por el rechazo de internet.

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Anne Hathaway.
Foto: Difusión.

Anne Hathaway lo está haciendo todo bien. El público la ama. Las redes la aman. Pero la cuestión es que antes tampoco hizo nada mal. No específicamente mal. Pero ahí el público la odió. Internet la odió. El mundo se puso en su contra. Sin embargo, este año la actriz estadounidense estrena cinco películas; entre ellas, dos de los taquillazos del año, El diablo viste a la moda 2 y La odisea.

El jueves se estrenó la cuarta, El final de la calle Oak, una película de dinosaurios en los suburbios estadounidenses. Hace 10 años, a esa Hathaway las redes se la habrían merendado, los esnobs de las pantallas la habrían ridiculizado, la taquilla seguro la habría hecho trizas. Pero pasó una década y todo cambió. Para el público, para la recaudación y, sobre todo, para ella misma.

Este 2026, Hathaway, de 43 años, encara el año más exigente de toda su carrera. Llegó a decir que es algo que probablemente nunca se repita. Y que tenía que estar muy preparada para ello. Ella lo fue calculando, desde que empezaron a lloverle los guiones que cristalizaron en rodajes y se rematan ahora con impecables campañas de promoción que se extenderán hasta la temporada de premios, en el primer trimestre de 2027.

Diablo 2
Imagen de la película "El diablo viste a la moda 2". Foto: Difusión.
Foto: Captura de YouTube

Y en junio anunció su embarazo. Y así redondea su perfecto y calculado retorno. Ella misma lo dejaba claro a The New York Times cuando arrancó su imparable temporada, entre carcajadas, su mejor herramienta de promoción: “Antes no estaba preparada como persona ni como artista. Necesitaba desarrollarme más, porque si no me iban a comer viva”. Sabía bien de lo que hablaba, porque había sufrido ese canibalismo una década atrás.

El año para Hathaway empezó en abril con el estreno en Estados Unidos de Mother Mary (no tuvo estreno en Uruguay), una película oscura e independiente donde interpretaba a una estrella de la canción. Una película pequeña a la que en una semana siguió otra gigante: la esperada segunda parte de El diablo viste a la moda, donde retomaba el que ella ha dicho que es uno de los papeles con los que más la identifican por la calle, el de Andy Sachs, la torpe y muy humana subordinada de la gélida Miranda Priestly (Meryl Streep). Su impecable química volvió a funcionar, acompañada de una brillante promoción global y millonaria, y la taquilla premió la película con 700 millones de dólares.

Muchos millones, pero no tantos como La odisea, de Christopher Nolan, que lleva recaudados 1.200 millones de dólares. Tras años deseándolo, Hathaway por fin volvió a trabajar con Nolan, más de una década después de Interestelar (2014), que supuso un salto hacia una imagen más poderosa tras su papel, más vulnerable, en la adaptación al cine del musical Los miserables, por el ganó el Oscar en 2013.

Anne Hathaway en la Met Gala 2026
Anne Hathaway en la Met Gala 2026. Foto: Archivo.
Foto: Angela Weiss/AFP fotos

El final de la calle Oak, una de aventuras con Ewan McGregor, que ha rodado sobre todo por las ganas de trabajar con su director, David Robert Mitchell. Y aún le falta Verity, en octubre, un thriller sobre una exitosa escritora a la que, tras un accidente, sustituye Dakota Johnson.

La actriz ha sabido mezclar los proyectos: lo indie, lo más pop, la gran película de autor, la familiar, la de miedo. En El diablo viste a la moda 2 comparte elenco con Streep y Emily Blunt. En La odisea brilla entre un reparto más global. En El final de la calle Oak comparte juego con McGregor. Tanta variedad y cantidad no parece cansar a una actriz a la que hace solo una década Hollywood decidió odiar sin un motivo concreto y que, ahora, no pasa un día sin soltar una carcajada ante un fotógrafo.

Quizá ahí esté la clave, por cursi que suene: pasó de la sonrisa a la risa. Antes, sonreía discreta. Ahora, no duda en reírse en entrevistas, photocalls, hasta de sí misma. Todo empezó cuando ganó el Oscar por un papel durísimo. Ella contó a The Guardian que no sintió esa esperada “felicidad sin complicaciones” cuando subió a por la estatuilla, tras un papel que le exigió ayunar, perder 11 kilos y raparse el pelo; entonces, parecía pedir perdón a cada paso. Sus declaraciones sonaban siempre políticamente correctas. Dijo, por ejemplo, al hilo del Oscar: “Me sentía mal estando ahí con un vestido que costaba más dinero del que mucha gente vería en su vida”. Llevaba un Prada hecho a medida valorado en 70.000 euros y un collar de 8,6 millones. Tan caros como los de cualquier actriz. Tan prestados como los de cualquier estrella.

Atravesó la segunda década de los 2000 con muchos proyectos, pero no todos reconocidos. El plan no era dejar de estar, sino estar más calculadamente. Ella misma contaba a The New York Times que creía estar “en la sección indie y rarita” de su carrera, y que lo grande no volvería. Hasta que hace un par de años, dos películas dieron otro giro de guion a su carrera.

Por un lado, la romántica La idea de ti, un exitazo de plataformas, donde interpreta a una mujer de 40 años que se enamora de un músico veinteañero, que le dio visibilidad entre las nuevas generaciones. Por otro, el que ella ha definido como uno de los papeles más complejos de su carrera, el de Céline en Vidas perfectas, con Jessica Chastain, que la colocó en un punto complejo con respecto a la maternidad. Para entonces, ya hablaba alto y claro de los Hathahaters: “Mucha gente no me ofrecía papeles porque les preocupaba mucho lo tóxica que se había vuelto mi identidad en Internet”, reconocía en Vanity Fair.

Ahora, Hathaway está de vuelta. Tras este ajetreado 2026, el año que viene estrenará El diario de la princesa 3, donde retomará su popular Mia Thermopolis. Y fue proclamada “leyenda de Disney”, título que lucen Julie Andrews, Miley Cyrus, Elton John y George Lucas, entre otros.

Todo suma. Su compromiso político, con los demócratas, donde llama al voto desde el humor y tirando de cultura pop. Su imagen personal, cada vez más refinada, elegante pero decidida (no dudó en lucir barriga de embarazada al aire en el estreno de El final de la calle Oak, acaparando titulares), y un rostro juvenil la han colocado en los podios de las más admiradas. Ya no mide tanto sus palabras y su sinceridad es frontal, o todo lo frontal que puede ser una estrella dentro de la pautada maquinaria hollywoodense.

María Porcel / El País de Madrid

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