“¿Es Tato? ¡Me muero!”, exclama entusiasmada una trabajadora de la playa al reconocer al uruguayo que ganó Gran Hermano en 2025, en medio de una producción de fotos. Él hace una pausa en la sesión, accede con una sonrisa y se toma una selfie con ella. “Sos un divino, ¡me gané el día!”, le agradece. La escena ya es parte de la rutina de Santiago “Tato” Algorta desde que su vida dio un giro de 180° tras consagrarse en el reality más popular del mundo.
Hace seis meses, recién salido de la casa, Tato le contaba a Sábado Show cómo había sido el encierro. Hoy, con el paso del tiempo, el foco está puesto en un desafío distinto: aprender a transitar el “después”. El campeón describe una realidad a la que todavía se está adaptando, en la que la exposición sigue es casi la misma, pero no tiene la contención del aislamiento. En un diálogo introspectivo y lejos de las polémicas que rodean al programa, reconoce que, aunque lo esperan filas de personas para saludarlo, al volver a su casa se enfrenta a la soledad. “Extraño a mi familia y a mis amigos que están lejos”, confiesa sobre su vida en Buenos Aires.
Mientras atraviesa este proceso personal, también vive una etapa de expansión profesional: se sumó en Telefe al panel de especialistas de la nueva temporada del reality. Antes de ese debut junto al conductor Santiago del Moro, lanzó su propio podcast, incursionó en el streaming y protagonizó una serie vertical. “Quiero tener más oportunidades para demostrar una evolución”, asegura sobre su faceta como actor.
Además, habla de su cita más reciente, de los vínculos que construyó con otros ganadores de Gran Hermano y qué es lo que le cansa de seguir hablando de su paso por la casa. “Quiero volver al Tato que era antes de entrar, el que hacía lo que sentía sin importar el juicio del resto”, resume.
-Se te ve compartiendo mucho tiempo con los ex Gran Hermano, ¿cómo es tu vínculo con ellos?
-No tengo un grupo de amigos formado en Buenos Aires y me apoyo mucho en ellos. Mis amigos de siempre ya están casados o con hijos y, si bien surgen encuentros, ya no es lo mismo que antes. Este verano compartí mucho con Bauti (Mascia) y Marcos (Ginocchio).
-¿Han comparado experiencias con Bautista, el otro campeón uruguayo?
-Él me dio varios consejos y me contó las cosas que le pasaron después del reality, pero la verdad es que hasta que uno no las vive en carne propia no toma dimensión de lo que significan.
-¿Cómo definirías a Marcos, que se ha constituido como un personaje misterioso?
-Es alguien muy tranquilo, buena gente y muy sano; no toma ni un vaso de fernet (risas). Coincidí con él en la serie vertical que grabamos juntos y me encontré con una persona muy generosa. Cuando vino a Punta del Este me invitó a su casa con sus amigos; ahí salimos y compartimos más tiempo. Después me invitó a Mar del Plata. Es un chico que piensa mucho, no se deja llevar por la locura y tiene muy claro lo que quiere.
-Has hablado mucho sobre la experiencia en Gran Hermano, ¿pero cómo definirías el avance de los meses después de que el reality terminó?
-Antes de entrar, los que sabían que iba a participar me preguntaban si creía que iba a aguantar el encierro. Sin embargo, hay algo de estar adentro que es espectacular: no te enterás de las noticias negativas, no estás pendiente del celular y no te llegan las críticas. Lo difícil es el después, algo que muchas veces se subestima. Es como volver a nacer.
-¿Con qué te encontraste?
-Entré a un ambiente desconocido en el que la gente a mí sí me conocía. Y al ser de otro país se hace todavía más difícil porque tenía que hacer trámites por el DNI, cuentas bancarias y residencia. Mi familia y mis amigos estuvieron unos días, pero después volvieron a Uruguay a seguir con sus vidas y yo quedé solo. Y es un entorno hostil: así como hay mucho amor, también hay mucha crítica. Te tiran a un océano lleno de tiburones y hay que surfear la ola para sobrevivir. En estos meses me encargué de eso.
-¿Cómo te plantás ante esa situación?
-Hay que decidir qué querés hacer hacia adelante y trabajar mucho. Al estar solo, el apoyo en los exparticipantes es fundamental porque están pasando por lo mismo que uno. Es muy loco: salgo de la casa y hay filas de gente pidiendo fotos, me saludan en todos lados, pero a mi casa vuelvo solo.
-¿Te pesa esa soledad?
-No sé si me pesa, pero la siento. Durante muchos meses estuve encerrado en una casa rodeado de gente, con distracciones y estímulos permanentes. Cuando salí estaba la locura de la repercusión, pero después, a mi casa llegaba solo. Lo notaba y lo sentía. Extrañaba a mi familia y a mis amigos que están lejos. A veces me pregunto si vivir en otro país es realmente lo que quiero para toda mi vida.
-Muchos exparticipantes la pasaron realmente mal al salir y se hicieron públicos varios episodios en los que estuvieron al límite.
-Lo entiendo perfectamente. Hay que tener la cabeza muy fuerte porque no es fácil sobrellevar esta situación. Yo tuve la suerte de recibir mucho amor de la gente y eso se disfruta, pero otros no tienen esa fortuna y salen de la casa con muchas críticas, o se van al principio y no llegan a construir ese apoyo. No sé qué cabeza aguanta eso completamente. Y todo esto es apenas la base, porque además hay una expectativa muy alta de que uno sale del programa con la vida solucionada, y eso no le pasa a ninguno. Algunos chicos me dicen que el afuera de la casa no llegó a cubrir sus expectativas. En mi caso sí porque entré solo para salir de mi zona de confort y vivir la experiencia.
-Pero es cierto que salen de la casa con una megaexposición que es casi imposible de sostener.
-Sí, y encima hay una presión inmensa por mantenerla. Cuando salís hay un furor increíble y hermoso, pero es imposible de mantenerlo en el tiempo. Hay que saber soltar y entender que en la vida hay altos y bajos. Lo que es innegociable es que hay que seguir esforzándose. Uno tiene que saber qué quiere, porque existe una ansiedad por mantenerse que quizás no coincide con los deseos reales. Están los comentarios de “¿en qué anda fulano? Desapareció”, y capaz que esa persona simplemente no quería seguir en el medio. También está el comentario de alguien que llega y te dice “a vos te amaba”, como si uno se hubiera muerto. Hay que estar preparado para entender que la gente te “compra” por ese tiempo determinado, y lo que sigue depende de cada uno. Si no lo tenés claro, esa presión te lleva puesto.
-¿De qué forma?
-En algunos casos se ve que, para mantenerse, empiezan a hacer cosas que no están buenas. Ahí es donde tengo claro que no voy a entrar. Me llegan propuestas de todo nivel: personas que se acercan sabiendo que, si me vinculo con ellas, se va a hablar de mí y voy a generar ruido en la prensa. No es complicado que se hable de uno; lo difícil es estar en el tapete trabajando y haciendo las cosas que a uno le gustan. Hay mucha gente opinando y es fácil descarrilarse. A mí esto me agarra maduro, con 30 años, pero en Gran Hermano hay chicos de 18 y todo ese entorno te puede ir torciendo.
-¿Lo hablás en terapia?
-Sí, empecé después de salir del programa. La casa me expuso en muchos sentidos. Me enfoqué en lo mío y las cosas salieron bien, pero también me sentí expuesto en puntos que todavía tengo que trabajar. Yo quiero hacer lo que a mí me gusta, pero en la casa pesa mucho la opinión ajena porque eso determina si uno gana o no, y cuando el programa se termina, la salida laboral sigue dependiendo en parte de lo que opina la gente. En el trabajo de redes, por ejemplo, al público le tiene que gustar lo que hago. Es fácil dejarse llevar, pero hay que priorizarse.
-¿Te cuesta lograrlo?
-Es algo que quiero trabajar. Abro el celular y veo que critican algo que hice; entonces, la próxima vez que voy a hacerlo, ya estoy condicionado por esa opinión. Quiero volver al Tato que era antes de entrar a la casa, el que hacía lo que sentía porque estaba convencido, sin estar atravesado por el juicio del resto. La exposición empuja a eso y, si uno no está afianzado, se termina influyendo consciente o inconscientemente. Yo nunca dejo de hacer nada por la opinión del otro, pero a veces me siento condicionado. Me pasa desde el momento de subir un TikTok hasta en lo que digo en esta nota.
-¿Cuánto cuidás la imagen personal?, ¿sos muy coqueto?
-Lo soy, me gusta. Disfruto de estar bien vestido y perfumado, que es clave. De esa forma me siento mejor y más seguro. Sin embargo antes creo que me compraba más ropa que ahora, que ando con menos tiempo.
-Ser el ganador de Gran Hermano, ¿ayuda o complica a la hora de establecer vínculos amorosos?
-Lo hace más difícil. Yo quiero conocer al amor de mi vida y formar una familia, y después del programa se complica encontrar el momento de relax necesario para conocer a alguien. Salgo menos y, cuando lo hago, me cierro un poco más. Ser tan conocido me aisló.
-¿Y para vínculos más esporádicos?
-Sí, para vínculos sin valor te facilita las cosas. Es agarrar el celular y tener miles de mensajes con opciones. Pero en este momento de mi vida busco otra cosa. Siempre fui de salir, divertirme y tener vínculos cortos. Antes era mucho del touch and go. Salvo por tres años que estuve de novio, ya me saqué las ganas de todo eso y ahora ya no me atrae salir con mil chicas. Si sigo boludeando como a los 20, me alejo del objetivo de conocer a la mujer de mi vida. También es cierto que quizás no es el momento ideal porque quiero crecer profesionalmente y no podría dedicarle a una pareja el tiempo que me gustaría.
-¿Cómo transcurrió este verano en ese sentido?
-Conocí a alguien y tuve una cita. Fue un picnic en la playa de noche, con una manta, un parlante y un fernet. Charlamos como hasta las cinco de la mañana. La había conocido hace tiempo por redes, antes de entrar a Gran Hermano. Vimos que coincidíamos en el mismo lugar y nos juntamos. Le conté de mi experiencia en el programa, que para alguien que no lo vivió es una historia divertida.
-¿Cuánto de tu paso por Gran Hermano sigue formando parte de tu conversación diaria?
-Muchísimo, un poco más de lo que me gustaría. Incluso en las conversaciones conmigo mismo. Tengo que entender que en algún momento hay que cerrar esa etapa, guardarla en el baúl de los lindos recuerdos y enfocarme hacia adelante. No puedo quedarme en la nostalgia. Yo quiero avanzar y que se hable más de lo que hago ahora. Eso otro estuvo buenísimo, pero ya lo cerré. También me pasa que no quiero aburrir; cuando alguien nuevo pregunta por el reality, pienso en el resto de los que están ahí y ya escucharon lo mismo veinte veces. Pero entiendo que hay curiosidad.
-¿Cuál es la pregunta que más te hartaste de contestar?
-Las que tienen que ver con los vínculos de la casa: “¿por qué te mostrás con este y no con aquel?”, “¿te seguís viendo con tal?”. Está todo bien con todos, pero la vida te lleva naturalmente a compartir más tiempo con algunas personas que con otras.
-Incursionaste en la actuación formando parte de la serie vertical El Hotel de los Secretos con otros ex Gran Hermano, ¿qué te dejó esa experiencia?
-Estuvo buenísimo, nunca me imaginé que podría llegar a hacerlo. Ayudó hacerlo con compañeros de la casa porque estábamos todos en la misma. Fue salir de la zona de confort y arriesgarme de vuelta. Aunque no haya estudiado ni me haya capacitado en eso, estuvo bueno tirarme al agua y dar lo mejor de mí. Hubo un montón de críticas y comentarios, pero me quedo con haberme animado. Creo que aprobé. Podría haber salido muy mal para ser una primera experiencia. Y más allá de lo que piense yo o lo que digan las críticas, me quedo con la devolución que me hizo el director que fue muy linda. Me gustaría tener más oportunidades para demostrar una evolución. Esto fue un punto de partida.
-¿Te fastidian las críticas?
-No. Como no me dedico ni me preparé para actuar, no siento esa presión. Es lógico que no salga perfecto y que a muchos no les haya gustado. Pero yo me quedo con haberme largado a hacerlo y que el producto final sea digno y haya quedado lindo. Esas críticas no me pesan para nada.
-¿Vos la miraste con un ojo crítico después?
-No, no me gusta nada. Es como lo de Gran Hermano. Me aparecen mis clips todo el tiempo, pero prefiero no mirar.
-¿Sos mejor actor o entrevistador?
-El rol de entrevistador (en el podcast Empezá a ser claro) fue lo que más me gustó, pero la serie también estuvo buena porque fue súper desafiante. Tengo que mejorar las dos cosas, pero creo que soy mejor entrevistador porque me gusta mucho escuchar, dejar hablar y conectar con el otro. Por eso este año empecé a estudiar periodismo. Hubo comentarios muy lindos sobre el podcast.
-¿Con quién conectaste más?
-Con Ángela Torres, sin dudas. Fue muy relajada esa entrevista. Se generó algo lindo y parecía que estábamos en el living de una casa tomando un fernet.
Su rol en el debate de GH.
Tato se convirtió en uno de los panelistas estrella de Gran Hermano: generación dorada, la nueva temporada del reality show que ganó en 2025. Allí analiza el día a día de los participantes. “Me veo bien en este rol. La base es que soy fanático del programa. Lo estudio mucho y estoy al tanto de todo. Además lo viví desde adentro: sé lo que es estar desde el primer día hasta el último, tomar decisiones y pasar bien y mal", evalúa sobre su trabajo en el programa de Telefé que en Uruguay emite Canal 10. A su vez advierte que al entrar a la casa los participantes tienen que estar dispuestos a que hablen de ellos y por eso él se "toma la libertad de ser punzante, directo y crítico” con su desempeño.
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