En Buenos Aires
Colgado de un arnés oculto entre sus ropas angélicas, Dante Gebel entra volando al estadio de Vélez, surcando el aire por encima de los que llenan el campo —que de golpe cogotean hacia el cielo y lo ven. Y sorprendiendo también a los de la platea: unas 70 mil personas en total. Digo ropas angélicas porque lleva puesto un saco blanco, una camisa blanca, un pantalón blanco, unos zapatos blancos. Y además tiene los brazos extendidos, una rodilla doblada, flota en la noche como todo un querubín. Esto pasa un 7 de febrero del año 2004. No me la contó nadie, amigos. Yo estuve ahí.
El evento se llamó “el Súper Clásico de la Juventud” y fue la última de las grandes convocatorias que Gebel hizo en el final de los noventa y principios de los dos mil. Ya había llenado un River en 1996. Un Obelisco en 1998. Una cancha de Boca en 2000. Es decir, ya era un referente para los chicos de las iglesias que le colmaban las canchas. Recuerdo especialmente de aquel Vélez un cantito tribunero que se repitió toda la noche:
un minuto de silenciooo… / para el Diablo que está muerto
Fui porque venía trabajando en Cristo llame ya! - crónicas de la avanzada evangélica en la Argentina, un libro publicado en 2005, un año después de aquel Vélez. Por esos días, lo entrevisté mano a mano en las mesitas de un shopping. Veinte años después, Dante Gebel está evaluando si se presenta o no en las elecciones de 2027. Si gana, será el primer presidente evangélico de la historia argentina.
Cristianeitor
Nació y se crió en Billinghurst, partido San Martín, primer conurbano bonaerense, apenas al otro lado de la General Paz, un casi porteño. Según lo contó en su propio libro, El Código del campeón, Gebel tuvo una adolescencia mal llevada, víctima de bullying. Lo cito textualmente: “Piernas de tero, ojos saltones” y un mote pesado, lacerante, para soportar cualquier recreo: “Me decían el Muerto”. De pibe, a Dante Gebel le decían El Muerto.
O por lo menos eso es lo que conviene a las retóricas de caído y levantado, que siempre le dan motor a la victoria pentecostal.
No tenía 20 años cuando lo vio otro nacido en San Martín, el pastor Héctor Aníbal Giménez, un rockstar de la fe en el final de los ochenta y principios de los noventa. Farándula, religiosidad y medios de masas construyeron el fenómeno. Giménez le vio pasta a Gebel, especialmente para el manejo de las multitudes. Por entonces, los chicos de las iglesias que escuchaban a Kiosko o a Rescate, no tenían un referente en Luis Palau, tan geopolítico y siempre entre presidentes. Tampoco en Carlos Annacondia, tan de la familia. Necesitaban un pastor que rockeara con ellos. Y entonces.
Andaba por los veintipocos, Gebel, cuando ya volaba solo. Arrancó con Línea Abierta, una radio con prédica y música y humor y personajes en tono de show y de sátira. Cristianeitor, una criatura literalmente presentada como mitad cristiano mitad aparato, por ejemplo, que tenía misiones en el mundo secular (el mundo no evangélico) de donde tenía que volver sano y salvo. En Cristianeitor puede verse la semilla del hombre showman en cruce con tradición evangélica que será la materia de su formidable carrera. En 2001, por ejemplo, hizo Misión Rec: un show de láser y coreografías de combate que, en el afiche de promoción, anunciaba la presencia de los dobles de riesgo del Parque de la Costa. También en el mismo afiche se lo podía ver a Gebel con anteojos negros y saco largo de cuero negro, muy el Neo de Keanu Reeves, dejando atrás una explosión mientras a su lado caen los chirimbolos verdes de la Matrix.
Podemos pensar que es un pochoclero, un hombre que abreva en los tanques de Hollywood: Misión Rec replica la tipografía de Misión Imposible. Pero si finalmente su objetivo siempre fueron las masas, las multitudes, y entonces, dónde más abrevar.
Mientras tanto, una generación de evangélicos hacía nacer el rock gospel argentino, con Reyes al Servicio de Cristo en Tiempos Extremos, R.E.S.C.A.T.E, a la cabeza. Se trataba de un movimiento que iba contra las convenciones de comunicación pastoral, un problema crónico de la comunidad evangélica. Gebel hizo Misión Rec en el Luna Park, en el centro mismo del espectáculo porteño, e hizo tres funciones. Se enteraron solo los evangélicos.
La comunicación evangélica se ha visto tantas veces lesionada por el escándalo de sus pastores, la permanente sospecha del diezmo que los neopentecostales de la Iglesia Universal del Reino de Dios han reforzado y cierto estereotipo que se instaló para terminar produciendo series como El Reino. Debe ser ese lastre de discurso instalado lo que llevó a Gebel a querer desmarcarse de la etiqueta de pastor. “Soy un influencer”, dice hoy. “Soy un comunicador”, y remata: “Llamándome pastor me quieren bajar el precio”.
Cuando llenó estadios en los 2000, Crónica TV le destinó una de sus insignes placas rojas para bautizarlo “el pastor de los jóvenes”. No tuvo problemas, Gebel, en aquel momento, con que lo llamaran así.
¿Y qué cambió? Cambió que ahora está pensando en ser candidato a presidente de la Argentina en las elecciones de 2027.
Campus mediático
Después de la etapa local con Cristianeitor, volar en los estadios, los dobles del Parque de la Costa y demás, Gebel fue tejiendo su destino hasta llegar —siempre con un pie en los medios de comunicación— a Anaheim, California, donde en 2014 fundó la River Church, una iglesia que también es una fundación de ayuda humanitaria y que finalmente funciona para Gebel como su cuartel general. Es interesante porque Gebel no habla una gota de inglés.
Desde la River Church se construyó a sí mismo. Pero entre el pastor de los jóvenes netamente argentino y el predicador de las masas latinas en Estados Unidos, hay una historia.
En 2009, Gebel llega a California convocado por la Crystal Cathedral, la célebre catedral de vidrio fundada por Robert H. Schuller, una estrella del televangelismo y la oración motivacional, conductor del programa semanal de televisión Hour of Power, Hora de Poder, que arrancó en 1970. Schuller muere en el 2015 y la misión de Gebel era conducir el ministerio hispano, que tenía 300 asistentes cuando lo agarró y en unos años ya había alcanzado los 3000.
Ese crecimiento es crucial porque prueba que Gebel está en condiciones de convertirse en una figura central del evangelismo latino en los Estados Unidos. Pero la Crystal Cathedral entra en crisis financiera, se declara en bancarrota y termina vendida a la diócesis católica de Orange. Eso obliga a Gebel a independizarse.
Lo que viene después es la fundación, en abril del 2012, de la Favorday Church. Nadie recuerda hoy ese nombre, pero fue determinante porque fue la primera iglesia propia de Gebel, desligado ya del imperio Schuller. Dejó temprano el refugio del pastor Giménez para crear su radio y hacer Cristianeitor, ahora dejaba el amparo de la Catedral de Cristal. Es un comportamiento, en Gebel. Una cierta audacia.
Con templo propio, puso reglas propias. Y entonces el tejido de su enunciado tomó forma: el culto como espectáculo, la producción audiovisual que ese espectáculo es capaz de ofrecer, fuerte marca personal de Gebel y otra vez las masas, las muchedumbres, pero ahora en Estados Unidos y con comunidad hispanohablante. Una gota de inglés, no habla Gebel.
Finalmente, en 2014 funda legalmente la River Church USA Incorporated en California. Ese mismo año compra y remodela el antiguo Celebrity Theatre, un teatro circular de Anaheim, y lo convierte en River Arena. Al dato le sobra semiología: lo bautiza Arena, no templo.
Eso ya es toda una declaración estética: no quiere que parezca una iglesia tradicional, quiere que se vea como un domo, un centro de convenciones. Hay café, merchandising, estudio de televisión, transmisión global. Más que parroquia, es un campus mediático.
Acá está Gebel, metiendo un carrerón. De San Martín a América. Cuando lo entrevisté en aquel 2004, me encontré con un sujeto reconcentrado en sus movimientos, incluso un poco pasado. Me dijo que antes de entrar a la habitación de un hotel, hacía entrar a alguien de su equipo, no fuera cosa que una chica escondida en el placar saliera del cuarto al grito de “me quiso violar”. También tenía lo que él llamó un guardaespaldas de fotos. Era un tipo que se metía en todas las fotos que le pedían las chicas que lo iban a ver. Eso le daba alguna especie de reaseguro para no quedar en la foto él solo con las chicas.
Parecía alguien un poco pasado de susto, pero en todo caso era lo que él creía necesario para ir para adelante. El lugar donde me citó para la entrevista fue en el Unicenter Shopping. Siempre se sintió cómodo, Gebel, entre los públicos.
Showpolitik
Volodimir Zelenski estrenó en 2015 la primera temporada de El servidor del pueblo, una comedia donde un profesor de historia de un colegio secundario se termina convirtiendo en el presidente de Ucrania. Eso en la primera temporada. Para en el final de la tercera, en 2018, Zelenski ya había fundado su partido político en el mundo real. El partido se llamó igual que la serie, El servidor del pueblo. Con él ganó las elecciones y se convirtió en presidente de Ucrania. De la ficción a la presidencia. Del show a la política.
En la Argentina, el presidente Javier Milei es un hombre de constitución profundamente mediática. De hecho, nace panelista.
Nunca sabremos si cuando Gebel le puso a su nuevo show “PresidAnte” ya estaba jugando a la candidatura real, o solo fue una carambola del nombre y los acontecimientos.
PresidAnte fue lanzado a fines de 2024 como proyecto de gira y su tramo argentino arrancó oficialmente el 24 de abril de 2025 en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires.
No puede decirse que sea una obra teatral en sentido clásico —no hay personajes ni ficción dramática—, sino un unipersonal híbrido, mezcla de stand up, conferencia motivacional, autobiografía escénica y sermón de las emociones.
La premisa es que Gebel se da “la licencia” de ser “presidente por un día”: desde ese lugar imaginario habla del país, de la sociedad y de la vida privada. Pero en verdad el centro no es la política partidaria; es un dispositivo para hablar de sus temas habituales: la infancia y el barrio, los padres, la nostalgia, la muerte, la fe (aunque más lateral que explícita), los vínculos familiares, el paso del tiempo. Su propia promoción lo define como “un viaje al corazón y al alma”.
El 18 de marzo pasado, puntual a las siete de la tarde, en el microestadio del Club Lanús, conurbano sur de la periferia bonaerense, el sello político bautizado como Consolidación Argentina lanzó oficialmente la candidatura a presidente de Dante Gebel. Y como en el Vélez del 2004, también estuve ahí. Una vida siguiendo a este hombre.
El que no estuvo fue Gebel
Había carteles con la cara de Gebel, pancartas con el nombre de Gebel, los hombres de la organización llevaban colgando del cuello sus tarjetas con Gebel impreso en ellas. Estaba Gebel, por todos lados menos en carne y uña. Con cierta perplejidad le pregunté a la chica de prensa si efectivamente era el lanzamiento oficial de una candidatura a la presidencia y me dijo que sí. Podría haber mandado un videíto, un audio, pero no, nada. Para un sujeto que lleva una vida dedicada a la comunicación, es extraño.
En el lugar tampoco hubo ni Biblias ni sermones. Estaba todo correctamente desevangelizado. Y la pregunta acerca de quién está detrás de la candidatura de Dante Gebel recién comenzó a despejarse cuando llegaron los primeros apoyos. Entonces se apagaron las luces, se encendió la pantalla y en un video prolijo, con el tono bien trabajado en décadas de disertación legislativa, apareció Graciela Camaño, figura medular de todo el peronismo que no ha sido kirchnerista —y por lo tanto no ha sido poder. Camaño es un cuadro del Frente Renovador de Sergio Massa que no acompañó a Sergio Massa en su retorno al sello justicialista cuando fue candidato en 2023 y perdió el balotaje con Javier Milei. Es decir, si está Camaño está el peronismo federal. De renombre, no mucho más. Terceras líneas de Martín Llaryora, el gobernador de la provincia de Córdoba. Algo de la periferia sindical. Hasta ahí.
El último raid de medios que Gebel hizo en Buenos Aires, hace dos semanas, dejó a todo el mundo comentándolo como se comenta una aparición. Fue a la televisión, a la radio, a los streams y se anotó el poroto de dejar a todos hablando de él. Dijo muchas veces no sé, quedó dentro de algunas encrucijadas y más que respuestas lo que trajo fue una presencia disruptiva, nueva, todavía sin valoración, pero ya con el cogote por encima de la superficie del reconocimiento popular. Nadie se quedó sin saber que hay un tipo de matriz evangélica y que está evaluando la posibilidad de ser candidato a la Primera Magistratura de la Nación.
En 2024, en una entrevista que le dio a María Laura Santillán, defendió su vieja idea acerca de que los jóvenes deberían llegar castos, puros y vírgenes al matrimonio.
En esta última gira de prensa le preguntaron por su posición frente a la legalización del aborto y ahí no dijo “no sé”. Ahí fue claro y se mostró opositor a que alguien pueda estar amparado por la ley si quiere interrumpir voluntariamente su embarazo.
Es decir, es un pentecostal, que sería como la derecha evangélica frente a los luteranos, anglicanos o metodistas, que serían el progresismo. Lean esta línea como, apenas, una simplificación útil para una primera orientación.
Entre 2008 y 2019 (el periodo medido por el Centro de Estudios e Investigaciones Laborales dependiente del Conicet), los evangélicos pasaron de ser el 9 % del total de la población argentina al 15 %. Es un crecimiento de tres millones de personas. Proyectado al 2025, el total estimado de evangélicos en el país es de ocho millones. La pregunta que no debe hacerse y muchos menos contestarse es: ¿todos esos votos tienen traslado directo a un candidato evangélico?
Tal vez Uruguay esté algo más exento del nervio incandescente argentino que establece que en la arena política, después de Milei, cualquier cosa puede pasar. Lo que sabremos en las elecciones del 2027 es si “cualquier cosa” incluye el primer presidente evangélico en la historia de la república.
Los evangélicos uruguayos crecen, aunque aún están lejos del fenómeno de la región
Argentina es uno de los países de la región con mayor comunión entre iglesia y Estado: el artículo 2 de la Constitución Nacional establece: “El gobierno federal sostiene el culto católico, apostólico y romano”. Y ya sabemos que el laicismo uruguayo es una marca país. Pocas cosas nos diferencian tanto.
Ahora bien, la iglesia evangélica, con su crecimiento sostenido en ambas orillas, viene desafiando tanto al catolicismo de Estado argentino como a la laicidad hecha bandera en Uruguay.
A diferencia de Brasil, Guatemala o Honduras, donde el evangelismo se volvió un actor demográfico central, en Uruguay su crecimiento es más lento y sostenido.
Los primeros evangélicos de tipo pentecostal llegaron a Uruguay en la década de 1930 desde Estados Unidos. Luego, hacia fines de los años 30, otra rama vino de Suecia: las Asambleas de Dios. Años después llegaron ramificaciones desde Finlandia, Chile y más tarde desde Brasil. Según Latinobarómetro, una ONG que mide comportamientos sociales en América Latina, en 2023 los evangélicos rondaban el 5% de la población de Uruguay. Es cierto, sigue siendo un número bajo frente al promedio regional.
Pero la noticia no es el número, la noticia es que los evangélicos uruguayos crecen.
Y crecen de la mano de los llamado neopentecostales. Porque las viejas iglesias del protestantismo histórico (luteranos, valdenses, metodistas) han perdido filiación popular.
El dinamismo está en el mundo pentecostal y neopentecostal: templos barriales, iglesias de sanidad, congregaciones independientes y grandes estructuras como Misión Vida para las Naciones, probablemente la más influyente del país, que dirige el pastor Jorge Márquez. También la Iglesia Universal del Reino de Dios, de origen brasileño, con su megatemplo en 18 de Julio.
Este es el punto que subraya Néstor da Costa, sociólogo especializado en religiones: “No hay una iglesia evangélica, hay un universo evangélico muy fragmentado”.
En Uruguay hay más de 50 corrientes evangélicas con unos 300.000 adeptos y 1.400 templos distribuidos en todo el territorio, según un informe que Domingo publicó en 2021.
Hasta acá, esto podría tratarse solo de un dato estadístico. El tema es cuando el dato adquiere fuerza política. No existe en Uruguay una “bancada evangélica” como en Brasil. Sin embargo, sí hay mayor intervención pública. Y aunque todavía lo hacen con prudencia, empiezan a pedir cartas en la mesa de la política.
Hay debates sobre familia y educación sexual, articulación con partidos, figuras políticas de extracción evangélica y una voluntad creciente de incidencia.
Los evangélicos uruguayos están lejos de instaurar agenda, pero dejaron de ser invisibles.
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