En el segundo piso de Canal 12 el clima es de una tensa calma profesional. El equipo de ¿Quién es la máscara? se prepara para una nueva jornada de grabación de la quinta temporada, estrenada el pasado jueves. El anfitrión Maxi De la Cruz ya está en movimiento; Sofía Rodríguez circula con broches en el pelo y Patricia Wolf aún luce ruleros, señal de que todos están en pleno proceso de producción personal.
Para ellos, la jornada es una maratón que comienza mucho antes de que se enciendan las cámaras. En una oficina reservada para la entrevista junto al equipo, Sofía señala que llega a Canal 12 sobre las 9.30 de la mañana para comenzar con una rutina de maquillaje, peinado, reunión de guión y pruebas de vestuario, además de las esperas mientras se ensayan los números musicales y los almuerzos rápidos antes de grabar. Una vez en el estudio, los esperan más de tres horas de rodaje. “Es como un campamento de verano, estamos todo el día conviviendo adentro del canal”, compara Pablo Turturiello.
A pocos metros, el operativo de blindaje para preservar la identidad de cada famoso enmascarado es de un llamativo despliegue. No hay que olvidar que sostener ese secreto es una de las claves de este programa que lleva distintas celebridades escondidas bajo un disfraz y a través de pistas y presentaciones musicales, los "investigadores" juegan a adivinar de quién se trata cada uno.
Para entrar a la grabación de ¿Quién es la máscara?, los integrantes de la tribuna deben dejar sus teléfonos celulares en recepción y firmar un compromiso de confidencialidad estricto. “El invitado reconoce que el incumplimiento significa una falta grave y podrá ser pasible de sanciones económicas”, advierte el documento que cada asistente rubrica antes de ubicarse frente al escenario de la escenografía.
El celo por el secreto llega a niveles casi cinematográficos incluso en la papelería interna: sobre los escritorios de la oficina de recursos humanos, los sobres con los contratos de las figuras no llevan nombres civiles, sino los de los personajes que interpretan en el ciclo. Así, es común ver documentos legales a nombre de “Frutillita” o “Pingüina patinadora”.
La mística se mantiene hasta el último segundo: para el momento del desenmascaramiento, el estudio se vacía casi por completo. Las reacciones del público que se ven en pantalla se graban previamente, sin que la tribuna sepa realmente cuál es la estrella invitada, y así se preserva el impacto real para el día de la emisión.
Entre la preparación de escenografías y las secuencias que deben repetirse, el anfitrión Maxi De la Cruz da rienda suelta a su oficio de comediante para sostener la energía en los tiempos muertos. Fuera de cámara, improvisa presentaciones en un exagerado mandarín o alemán, e incluso ensaya coreografías de Loco Mía con sus clásicas fonomímicas, lo que es celebrado por el público y los investigadores. “Ayuda a que se nos pase volando”, apunta Pablo en referencia a las largas grabaciones.
Para los protagonistas, el nivel de producción que ostenta el ciclo marcó un quiebre en la industria local. “Hace no tanto tiempo los formatos en Uruguay no existían, y estábamos acostumbrados a otro tipo de trabajo. Acá hay que respetar lineamientos que vienen de otro lado, lo que subió la vara de la televisión”, reflexiona Sofía.
Pero antes de que la versión local de ¿Quién es la máscara? fuera una realidad, entre los convocados reinaba el escepticismo. Maxi recuerda que cuando le presentaron el formato por primera vez “no entendía nada”: “Yo dije: ‘lo hago, pero no creo que funcione”, confiesa entre risas. Patricia recuerda una sensación similar: “Lo que me mostraban era divino, pero dudaba de cómo se iba a hacer acá. La gente el primer día se preguntaba con maldad qué famoso internacional se iba a prestar a venir, y al final les tapamos la boca a todos”, evalúa a modo de revancha.
En esa línea de razonamiento, Sofía considera que el nivel de profesionalismo que exhibe esta adaptación obliga a todos los integrantes a una exigencia mayor “para estar a la altura”. Por eso sostiene que con ¿Quién es la máscara? ella atravesó un proceso de crecimiento “personal y profesional”.
A Pablo, en tanto, el programa también le implicó un antes y un después en su carrera. “Cerré un círculo porque empecé en el 12 participando de Yo me llamo (2015) y ahora estoy formando parte de un programa de horario central desde otro lado. Estar en La Máscara me dio ganas de seguir haciendo cosas en los medios”, comparte sobre el ciclo que lo mostró por primera vez en un rol más cercano al de un comunicador que al de actor o cantante.
Más allá de la parafernalia técnica, los momentos más recordados que ha dado el programa han tenido que ver con lo humano. Maxi recuerda con afecto, por ejemplo, la participación del expresidente de Nacional Ricardo Alarcón, meses después de haber atravesado un complejo cuadro de Covid-19 que lo había mantenido internado por casi dos meses. A Pablo le emocionó especialmente la máscara revelada en el primer programa de esta temporada, cuando detrás del disfraz de Pulpo estaba Natalia Oreiro. "Fue mi favorita y tiene que ver con lo que me voy a quedar haciendo en Montevideo", indica a propósito de que compartirá el rodaje de una película con la reconocida artista local.
Pero si hay un momento que quedó grabado en la historia del programa, ese ocurrió el día que detrás de la máscara de león, Maxi descubrió a su propio padre. “Yo me había dado cuenta de que era él por la voz, pero hasta que le saqué la máscara no me convencía. Fue emocionante para todos”, recuerda Maxi sobre la irrupción de Cacho en un encuentro que resultó la última vez que compartieron pantalla antes de su fallecimiento el pasado 7 de noviembre. “Fue un momento memorable”, define Sofía, nuevamente emocionada.
¿Y ha pasado de que no reconozcan a los famosos incluso después de haber sido desenmascarados? Pablo admite que sí, aunque se niega a revelar con cuál celebridad le ocurrió. Patricia, en tanto, con más espontaneidad, confiesa que luego de la revelación del futbolista Jorge Fucile, ella no sabía de quién se trataba. “No sé nada de fútbol, me da vergüenza que todos sepan quién es y yo no”, comenta con una sonrisa. Lo mismo le pasó cuando el famoso desenmascarado fue el basquetbolista Hatila Passos. “Ni yo sabía”, interviene Maxi, que explica que él pide sin excepción a la producción que le soplen al oído el nombre del famoso revelado a través del auricular apenas se produce el desenmascaramiento. “No me animo a tirar el nombre ni aunque lo vea y lo conozca”, señala.
¡#Pulpo🐙 desplegó todos sus tentáculos en el escenario!
— Quién Es La Máscara Uruguay (@lamascarauy) March 6, 2026
Cuando salió la máscara descubrimos a una estrella internacional pero bien nuestra: Natalia Oreiro ⭐️👑
Una sorpresa gigante que hizo explotar el estudio de #LaMascaraUY 🎭
📺 @teledoce pic.twitter.com/RZoD2oDMz5
Escuelas y política.
Además de convertirse en uno de los principales fenómenos de audiencia de la última década, ¿Quién es la máscara? también lleva el mérito de una transversalidad poco común en los días que corren: consiguió reunir a la familia frente al televisor y sumar fanáticos entre los más chicos de la casa.
“Hay una nueva generación que se acerca al televisor por el programa”, analiza Fata Delgado, que cuenta que la repercusión ha sido tal que lo invitaron de una escuela para que se disfrace de oso y los alumnos tuvieran que adivinar quién estaba dentro del traje. “Me terminé sacando como 500 fotos”, detalla sobre aquel día. Maxi ratifica que el fenómeno llegó a las aulas y agrega que le hicieron llegar el video de una clase en la que los maestros irrumpían con máscaras y los alumnos arriesgaban cuál era cada uno bajo la misma dinámica del programa.
Como si llegar al sistema educativo fuera poco, el fenómeno de La Máscara también tuvo en vilo a los partidos políticos. Es que entre sus famosos escondidos participaron dirigentes como Mario Bergara, Valeria Ripoll y Carmelo Vidalín. “No siento que lo hayan hecho por estrategia política, sino para experimentar algo distinto”, analiza Maxi, que también considera que hay varias figuras que se suman al programa para sorprender a sus propios hijos. Sofía agrega que ver a políticos en este rol “los humaniza” y lamenta que no haya habido más dirigentes dispuestos a participar.
Con la promesa de figuras internacionales, de famosos locales inesperados y el regreso a los jueves, ¿Quién es la máscara? vuelve a encender una maquinaria que busca mantener vivo el gran secreto de la televisión nacional. Como resume el Fata al buscar la llave del éxito del formato: “Nosotros queremos adivinar quiénes son y jugamos como si estuviéramos en casa. La gente se da cuenta de que nos divertimos naturalmente y se divierte con nosotros”. El ciclo de las adivinanzas con mayor producción de la televisión ya volvió y, como siempre, todo gira en torno a una pregunta que sigue hipnotizando al público: quién está detrás de la máscara.
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