Trancazo en cirugías de cambio de sexo: hay 134 personas trans en lista de espera en ASSE y mutualistas incumplen ley

Usuarios denuncian demoras de años en el acceso a las cirugías de reasignación de género, tanto de genitales como de tórax. Hoy, según los datos que maneja el MSP, hay 134 personas en lista de espera en ASSE para acceder a una operación. Algunos aguardan desde 2024

Personal médico trabajo en una cirugía en sanatorio de Uruguay.
Personal médico trabajo en una cirugía en sanatorio de Uruguay.
Foto: Archivo El País.

Cuando Rodrigo Falcón comenzó su transición tenía 41 años. Era 2012 y todavía faltaban seis años para que Uruguay aprobara la Ley Integral para Personas Trans. Había poca información, los varones trans casi no aparecían en la conversación pública y hablar de transición era, para muchos, hablar solo de mujeres trans y asociarlas al trabajo sexual. “Siempre supe que era varón”, dice hoy Falcón. Lo que no tenía era un camino claro para poder vivir esa certeza y transformar su cuerpo.

En su caso, primero llegó la hormonización y después una de las intervenciones que buscaba desde hacía tiempo: una histerectomía, con extracción del útero y los ovarios. La operación salió bien. Para la masculinización del tórax, en cambio, tuvo que esperar tres años para acceder a una mastectomía en un prestador privado.

Para Falcón, aquella espera es parte de una historia que todavía se repite entre quienes necesitan acceder a intervenciones de reasignación de género. El tiempo pasó, cambió la legislación y aumentó la información disponible, pero las listas de espera no desaparecieron. Por el contrario, hoy existe un “trancazo” que se arrastra hace años, según denuncian organizaciones de usuarios.

Rodrigo Falcón, varón trans de 55 años, junto a su esposa en una Marcha de la Diversidad.
Rodrigo Falcón, varón trans de 55 años, junto a su esposa en una Marcha de la Diversidad.

De hecho, en la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) hay 134 personas que manifestaron interés en acceder a una cirugía y se encuentran en distintas etapas del proceso, según dice a El País la coordinadora de Género y Diversidad Sexual del Ministerio de Salud Pública (MSP). La cifra corresponde a quienes expresaron ese interés por primera vez desde 2024.

Forrisi explica que, en realidad, hay dos listas. Una reúne a las personas que manifestaron interés en acceder a una consulta pero todavía no han llegado a esa instancia. La otra corresponde a quienes ya estaban en proceso de acceder a una intervención quirúrgica, pero aún no han podido concretarla.

En el sector privado también hay prestadores que realizan estas intervenciones. Casmu fue pionero y La Española también las ofrece, aunque el número de cirugías que se realizan todavía es reducido. Ante las demoras, algunos usuarios optan por cambiarse de mutualista y otros incluso pasan a ASSE porque, aunque sepan que deberán esperar, tienen la expectativa de que el procedimiento finalmente se concrete.

El MSP no cuenta con datos sobre los tiempos de espera para acceder a estas intervenciones en las mutualistas pero sostiene que están obligadas por ley a garantizar estas intervenciones. Sin embargo, desde el sistema mutual se plantea una interpretación diferente: que estas cirugías no forman parte del PIAS (Plan Integral de Asistencia en Salud) y, por lo tanto, no existe una obligación de cubrirlas.

Según Forrisi, la demanda quirúrgica entre mujeres y varones trans aparece, en términos generales, relativamente equilibrada.

La coordinadora de Género y Diversidad Sexual del Ministerio de Salud Pública, Florencia Forrisi.
La coordinadora de Género y Diversidad Sexual del Ministerio de Salud Pública, Florencia Forrisi.
Foto: Ignacio Sánchez.

Entre las cirugías de afirmación de género que se realizan en Uruguay, las más solicitadas son las de masculinización y feminización de tórax y la histerectomía. Las intervenciones genitales son menos frecuentes. En el caso de las mujeres trans, estas consisten en la construcción de una neovulva.

La situación puede parecer paradójica: mientras algunas personas encuentran dificultades para acceder a una cirugía dentro del país, Uruguay recibe pacientes del extranjero, principalmente de Estados Unidos y Argentina, que llegan para realizarse estos procedimientos.

Los especialistas consultados para este informe afirman que, a pesar de todo, Uruguay continúa siendo un referente regional en materia de atención a personas trans. Dicen que las prácticas médicas y los protocolos desarrollados en el país son tomados como referencia para el diseño de políticas públicas y modelos de atención en otros países de la región. En esa línea, el pasado jueves el MSP presentó la actualización de la guía sobre salud y diversidad sexual, un documento técnico destinado a fortalecer y orientar el trabajo de los equipos asistenciales y que actualiza una primera versión elaborada hace 11 años.

El reclamo de los usuarios por las demoras

La historia de Falcón muestra cuánto cambió el contexto desde que comenzó su transición y cuánto queda todavía pendiente. Hoy existe otro marco legal y sanitario, pero el acceso efectivo a las cirugías todavía está marcado por las demoras.

Recolección de firma para la Ley Trans en Marcha por la Diversidad.
Recolección de firma para la Ley Trans en Marcha por la Diversidad.
Foto: Archivo El País / Fernando Ponzetto.

Fundador de Trans Boys Uruguay, Falcón pasó de atravesar su propia transición casi sin información a desde la militancia acompañar a otros jóvenes trans y sus familias. En ese recorrido conoció de cerca historias y dificultades que se repiten: personas que esperan durante años para acceder a una intervención, que buscan alternativas por fuera del sistema o que encuentran obstáculos para hacer efectivo un derecho que, en los papeles, ya está reconocido.

“Existe una constante lista de espera para acceder a las cirugías debido a que hay una gran demanda y, por el contrario, existen muy pocas mutualistas dispuestas a realizarlas y pocos profesionales capacitados para llevar a cabo tanto el asesoramiento como las operaciones”, señala. El acceso a estas intervenciones, continúa siendo motivo de reclamos por parte de organizaciones de la sociedad civil. El MSP sostiene que es legítimo que las organizaciones planteen sus preocupaciones y cuentan que han recibido denuncias a través de expedientes y de su área de Atención al Usuario.

Uno de esos reclamos plantea específicamente la falta de información sobre las demoras. Se trata de una solicitud de acceso a la información pública presentada por una persona que se encuentra en lista de espera para una intervención quirúrgica de afirmación de género. El escrito cuestiona que no exista información clara, actualizada y suficiente sobre los tiempos de espera y los criterios utilizados para priorizar a las personas que aguardan una cirugía.

El planteo sostiene que esa falta de información genera incertidumbre entre quienes esperan y puede afectar su salud física, mental y emocional. Por eso, el reclamante solicita al ministerio datos concretos sobre la cantidad de personas que actualmente están en lista de espera, desde cuándo aguarda cada una, cuántas cirugías de afirmación de género se realizaron en los últimos tres años y cuántas horas de block quirúrgico fueron destinadas a estas intervenciones. También pide conocer qué medidas se están tomando para reducir los tiempos de espera y que se evalúen los recursos necesarios para garantizar un acceso oportuno a las cirugías, en cumplimiento de la normativa vigente.

El punto que plantean las organizaciones, entonces, no es solamente que existen personas esperando una cirugía. El problema no empieza necesariamente en la puerta del quirófano. Para algunas personas, la espera comienza antes, cuando todavía intentan conseguir una consulta que les permita ingresar al circuito de atención.

Mucha demanda: "tuve que venir a Montevideo para el tratamiento"

Para Emilia Viola, una mujer trans de 29 años oriunda de Carmelo, en Colonia, las demoras también formaron parte del proceso. Cuando decidió consultar por una feminización de tórax, todavía no tenía completamente definido qué quería hacer. Fue entonces cuando comenzó a conversar con Daniel “Turco” Márquez, médico especialista en medicina familiar y comunitaria y coordinador del Servicio de Diversidad Sexual. Él le explicó las distintas posibilidades y, según cuenta Viola, fueron evaluando en conjunto cuál era la opción que mejor se ajustaba a lo que buscaba.

Emilia Viola, una mujer trans de 29 años, oriunda de Carmelo, en Colonia.
Emilia Viola, una mujer trans de 29 años, oriunda de Carmelo, en Colonia

El proceso, sin embargo, fue largo. Viola tuvo que dejar Colonia y mudarse a la zona metropolitana con una tía. Aunque siempre contó con el apoyo de su familia, no encontró la misma respuesta en el sistema de salud de su departamento. Entiende que existe una demanda importante y que son pocos los profesionales que realizan este tipo de intervenciones. Pero también cree que sus experiencias anteriores con el sistema de salud pudieron influir en la forma en que vivió y transitó la espera. “Hay una lista de espera porque obviamente el sistema tiene sus tiempos, ya sea en salud privada o en salud pública”, dice.

El resultado tuvo un peso mucho mayor que el de una intervención quirúrgica. El aumento mamario, cuenta, fue un antes y un después que impactó en su relación de pareja, su ánimo y su salud mental. “Me quería hacer un aumento mamario porque sentía un poco de disforia al verme el pecho con poco volumen. Al ser una mujer un poco grande de cuerpo, tener tan poca mama me generaba un malestar con mi imagen corporal. Sentía que esa parte de mi cuerpo no se correspondía con cómo me veía y no me gustaba”, cuenta Viola.

No se trata solo del tiempo que transcurre entre una consulta y una cirugía. Para quienes esperan una intervención de afirmación de género, ese período puede ocurrir mientras continúan viviendo con un cuerpo con el que sienten que no terminaron de encontrarse.

Márquez lleva 16 años trabajando con personas trans y es uno de los referentes en atención a la diversidad sexual en Uruguay. Aunque se formó en el extranjero, gran parte de su trayectoria profesional la desarrolló en el país, acompañando a personas trans en distintos momentos de sus procesos. En estos años, dice, aprendió que hablar de salud y diversidad sexual no puede reducirse a hormonas, cirugías o cambios en el cuerpo. La consulta médica muchas veces empieza allí, pero continúa bastante más lejos: en una familia que expulsó a un adolescente de su casa, en una persona que no consigue trabajo, en alguien que llegó después de un procedimiento clandestino o en quien pasó años intentando acceder a una prestación dentro del sistema de salud.

El doctor Daniel “Turco” Márquez, lleva más de 15 años trabajando con población trans.
El doctor Daniel “Turco” Márquez, lleva más de 15 años trabajando con población trans.
Foto: Ignacio Sánchez.

Para él, una de las claves para entender estos procesos es dejar de pensar las intervenciones de manera aislada. Todas forman parte de lo que se denomina afirmación de género, un concepto que incluye desde tratamientos hormonales y cirugías hasta modificaciones en la expresión cotidiana de una persona.

Para Márquez, uno de los mayores desafíos está en desmontar algunos supuestos sobre qué significa ser una persona trans. No todas las mujeres trans quieren retirar sus genitales. No todos los varones trans quieren dejar de menstruar. No todas las personas buscan modificar quirúrgicamente su cuerpo.

“Hay mujeres trans que tienen pene, lo disfrutan, es parte de su cuerpo y no quieren operárselo”, explica.

La idea de que una persona trans necesariamente quiere transformar su cuerpo para encajar en el modelo tradicional de hombre o mujer, sostiene, responde muchas veces a una mirada binaria de quienes observan desde afuera.

Él mismo reconoce haber atravesado ese aprendizaje. “Cuando arranqué, mi mente era rebinaria”, cuenta. Con los años, dice, fueron sus propios pacientes quienes le enseñaron a cuestionar esas categorías. Incluso algunas técnicas que hoy utilizan los profesionales surgieron del intercambio con las propias pacientes. Márquez recuerda que una de ellas le enseñó a identificar, mediante un simple pellizco en la piel, zonas donde podía haber silicona industrial. Así nació la llamada “técnica del pellizco”, que luego incorporó al conocimiento académico.

Márquez entiende las demoras y parte de su trabajo consiste también en gestionar alternativas para agilizar las intervenciones, incluso coordinando con los equipos para realizar cirugías en horarios nocturnos. Pero también en acompañar a los pacientes durante la espera y ayudarlos a sostener el vínculo con el sistema de salud.

Las cirugías genitales se realizan en el Pereira Rossell y en el Hospital de Clínicas. Márquez, coordinador del servicio de diversidad sexual del Pereira Rossell, afirma que se realizan con poca frecuencia y que en su opinión “se deberían de estar haciendo más”.

El médico señala, además, que cuando el sistema formal no logra dar respuesta -por falta de cirugías o porque los procedimientos se trancan- comienza a recibir en su consultorio a más personas que han recurrido a intervenciones clandestinas.

Explicar los riesgos

Hormonas de frontera o compradas en las ferias

La clandestinidad también atraviesa la hormonización. Aunque médicos señalan que no existe falta de medicación ni en ASSE ni en las mutualistas, algunas personas siguen recurriendo al mercado informal. Allí, advierten, cambia también la información: en algunos casos ni siquiera se sabe con certeza qué medicamento están tomando.

Uno de los problemas que encuentran con frecuencia es el uso de anticonceptivos en dosis elevadas para lograr efectos hormonales, una práctica que puede aumentar los riesgos de trombosis y de ACV.

Ante estas situaciones, los médicos buscan explicar los riesgos y promover que el tratamiento continúe dentro del sistema sanitario, con seguimiento y medicación adecuada.

Salud mental: la espera también pesa

Las personas trans presentan mayores niveles de sufrimiento psíquico y riesgo de suicidio que la población general. En ese contexto, el acceso a una atención integral y el acompañamiento durante la transición pueden ser determinantes.

Palacio Legislativo iluminadopor el Mes de la Diversidad
Vista nocturna de la fachada del Palacio Legislativo con iluminacion con motivo del Mes de la Diversidad, en el barrio Aguada de Montevideo, ND 20250917, foto Ignacio Sanchez - Archivo El Pais
Ignacio Sanchez/Archivo El Pais

El psicólogo Diego Gervasini, del Pereira Rossell, dice que la construcción de una nueva corporalidad es un proceso lento. Algunas modificaciones pueden percibirse antes que otras y, en general, “más o menos una persona tarda un año en poder detectar los cambios en su cuerpo”. Ese período puede ser particularmente difícil: el cuerpo comienza a cambiar, pero todavía puede no reflejar aquello que la persona esperaba.

A eso se suma la espera para acceder al sistema de salud. Gervasini explica que actualmente existe una lista de espera y que los recursos humanos son limitados. Aunque la demora puede ser similar a la de otras especialidades médicas, hay una diferencia que, para él, no puede perderse de vista. “Estás hablando de un tema de identidad. Ese tiempo de espera duele mucho a esa persona”, dice.

Viola conoce ese malestar desde el otro lado. Para quienes esperan una hormonización o una intervención quirúrgica, sostiene, no se trata simplemente de esperar por una consulta o una operación más. Son procedimientos que pueden resultar centrales para poder habitar el cuerpo con el que quieren vivir.

Por eso insiste en que la respuesta no puede reducirse a garantizar una cirugía. También es necesario que exista un acompañamiento que evite que las personas, especialmente los más jóvenes, queden libradas a soluciones por fuera del sistema. “Tratemos que los chicos y chicas no se hormonicen solos”, sostiene.

El planteo coincide con una de las ideas que Gervasini intenta transmitir en la consulta: no existe una única forma de transitar. No todas las personas trans sienten rechazo por su cuerpo. Algunas quieren modificarlo de determinadas maneras; otras no. Algunas quieren hormonizarse, pero no desean una cirugía. Otras pueden decidir detener la hormonización cuando consideran que alcanzaron los cambios que buscaban.

Pero que cada transición sea diferente no significa que deba atravesarse en soledad. Para Viola, el acompañamiento debe comenzar antes y sostenerse más allá de una fecha o una campaña. “No estamos hablando solo de setiembre, el mes de la diversidad. Porque los derechos conquistados se siguen conquistando, celebrando, reivindicando y salimos a la calle y todo genial”, dice. Porque, por más prensa que tenga la marcha, aún queda mucho camino por recorrer, en eso están de acuerdo todos.

Silicona industrial silicona industrial

Fuera del sistema: operaciones clandestinas

Otra parte de esta realidad ocurre por fuera del sistema de salud. El doctor Daniel Márquez, docente y especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, conoce de cerca los casos de personas que, ante las dificultades para acceder a una cirugía, terminan recurriendo a procedimientos clandestinos.

Marcha de la Diversidad
Marcha de la Diversidad 2023
Foto: Estefanía Leal

A lo largo de estos años ha atendido pacientes que se inyectaron silicona industrial en los glúteos, el abdomen o la región pectoral. Los procedimientos pueden realizarse en hoteles u otros lugares por fuera del sistema sanitario. Además de la aplicación de la silicona, en algunos casos reciben indicaciones de antibióticos, analgésicos y otros medicamentos que también adquieren en el mercado ilegal.

Las razones para recurrir a estas prácticas son diversas. En algunas mujeres trans aparece “la urgencia” vinculada al trabajo sexual y a las exigencias de los clientes. Otras conocen a alguien que se realizó el procedimiento y tuvo un buen resultado. También están quienes, por ansiedad u otras circunstancias, no pueden o no quieren esperar los tiempos del sistema formal.

Las consecuencias pueden aparecer incluso tiempo después. La silicona industrial es capaz de provocar infecciones y granulomas, además de migrar a través de los tejidos y quedar adherida a distintos planos del cuerpo, lo que dificulta su tratamiento.

Márquez recuerda el caso de una paciente que tuvo una infección en un glúteo y cuyo material migró hacia la pierna. Hoy tiene afectado el pie y dificultades para calzarse. También ha atendido personas que se inyectaron silicona en la región pectoral y en las que el material migró hacia el abdomen, llegando a comprimir el estómago y dificultar la alimentación. En otros casos, puede generar dolor crónico o afectar el nervio ciático.

“Yo no conozco a nadie, y hace muchos años que atiendo personas con procedimientos clandestinos, que no haya tenido consecuencias, o de infecciones o de dolor crónico”, afirma.

Para Márquez, la relación con las dificultades de acceso al sistema formal es directa. “Cuanto más cerrado está el sistema formal, más abierto está el sistema clandestino”, resume.

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