"No es un proceso sencillo": ASSE realizó casi un centenar de procedimientos de cambio de sexo en una década

El prestador de salud reportó intervenciones en adultos de entre 19 a 68 años; "las identidades trans somos un traje a medida", señaló una joven, que destacó servicio público de diversidad sexual.

Hospital Libertad
ASSE. Ofrece servicio de diversidad sexual a donde acuden personas trans para controles y procedimientos.
Foto: Fernando Ponzetto/El País.

La Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) realizó 91 procedimientos de cambio de sexo o afirmación de sexo desde el año 2015, según datos brindados por el prestador a El País a través de un pedido de acceso a la información pública. Asimismo, se informó que hubo cuatro solicitudes de estas intervenciones en el 2024 y 10 el año pasado.

Los procedimientos llevados adelante a personas de “entre los 19 a 68 años” fueron “mastectomías segmentarias, simples, subcutáneas y totales más vaciamiento axilar, reconstrucciones mamarias e inclusión de cualquier tipo de prótesis”, de acuerdo a la información de la Dirección de Cirugía de ASSE.

Estos procedimientos, se realizaron en el Hospital de la Mujer, uno de los dos hospitales que forman parte del Centro Hospitalario Pereira Rossell; así como el Hospital Maciel y también el Hospital de Clínicas (Universidad de la República), donde ASSE cuenta con los equipamientos para este tipo de intervenciones.

Ante la consulta del costo total de la intervención de cambio de sexo y si existieron juicios por mala praxis vinculados a estos procedimientos, ASSE respondió que “no se cuenta con la información sistematizada de la forma que fue solicitada”.

“La información se encuentra en datos agregados, que no es posible extraerlos de forma desagregada de los sistemas de información existentes”, añadió el prestador que nuclea a casi 1,5 millones de usuarios en todo el país.

“No es sencillo”

Emilia Viola tiene 28 años, es una mujer trans, y hace un año decidió realizarse una ampliación mamaria por disforia de género, un malestar que ocurre cuando la identidad de género difiere del sexo asignado al nacer. “No es un proceso sencillo”, señaló.

Emilia, oriunda de Carmelo (Colonia) donde además vive, contó a El País que desde chica no se sentía identificada con el sexo con el que nació. A los 14 años se lo planteó a sus padres, y sintió que la “pasaban de un médico a otro” que le decían que “era una etapa”. Decidida, cuando cumplió la mayoría de edad, empezó su camino en otro departamento porque “no tenía respuesta” en su ciudad. “Tuve una identidad, no me sentía habitada en ella y tenía dos caminos: o quedarme estancada y complacer a la sociedad en una vida que a mí no me hacía feliz, o irme, como me fui a hacer mi proceso en Montevideo”, dijo.

Tras tomar la decisión de “alejarse” de su familia, que aseguró siempre la “aceptó” y no la “exilió” como ocurre en otros casos, cambió su identidad e inició una terapia hormonal trans. “La comencé en el Hospital Maciel, con endocrinólogo, porque estos cambios se hacen con médicos, con acompañamiento, siempre. No está bueno autohormonarse, ni mucho menos”, relató.

Su naturaleza “andrógina” -combinando características femeninas y masculinas- señaló que la ayudó en el cambio hormonal porque “enseguida” vio resultados. Como esta transición “afecta todo”, narró, tiene controles médicos en Montevideo, en la policlínica de Diversidad Sexual, en el Pereira Rossell. “En el interior, la mayoría buscan irse a Montevideo para vivir de una forma más tranquila, más normal. Yo no iba a volver a irme porque la ciudad no me aceptara o no tuviera trabajo”, contó Emilia.

Nueva vida

“Identidades trans somos un traje a medida”

Emilia rearmó su vida en Carmelo, con su nueva identidad. Hace un año, tras reunirse con cirujanos y el equipo de Diversidad Sexual de ASSE, decidió hacerse una feminización de tórax, con la quedó “muy conforme”. “Tenemos un lugar en Uruguay donde podemos ir y somos bien atendidas, con una contención muy grande”, dijo. El País intentó, sin éxito, hablar con Daniel Márquez, referente de dicha policlínica. “Las identidades trans somos un traje a medida”, dijo Emilia respecto a su decisión de un implante mamario. Aún recuerda cuando estaba por operarse y un nurse le dijo que era una “operación estética”, a lo cual le aseguró que no era por eso, sino por disforia de género, “por salud”. “Estoy muy contenta con lo que soy y la identidad que generé”, concluyó.

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