De la madrugada en el tambo a los altos sueldos de planta: la historia atrás del eterno conflicto en Conaprole

Los productores dicen que los salarios de los trabajadores están alejados de la realidad de los tamberos, mientras que el sindicato sostiene que la empresa busca instalar un discurso de conflicto permanente. Hoy Conaprole se reúne con Orsi. ¿Cómo funciona la cooperativa más grande del país?

Tambo en Florida
Recorrida por tambo en el departamento de Florida, establecimiento de ganado vacuno holando destinado al ordeñe.
Foto: Fernando Ponzetto/Archivo El País.

"El conflicto es complejo porque la leche no puede dejar de procesarse”, resume Álvaro Ambrois, cuando intenta explicar por qué la empresa parece vivir en tensión permanente con el sindicato. El último conflicto se originó por el cierre de la planta en Rivera. Ambrois sabe de lo que habla: productor lechero y asesor rural, integró durante 15 años el directorio por la lista 10-10 y fue electo presidente en dos períodos.

La cooperativa mueve cifras de gran magnitud y, en el mercado uruguayo, tiene un peso determinante. En su último balance, facturó 1.058 millones de dólares: 690 millones provinieron de exportaciones y 368 millones del mercado interno.

En los años con superávit, ya sea por mejores precios internacionales o por acuerdos favorables, la cooperativa redistribuye esas ganancias entre sus socios productores. Esa devolución se refleja al año siguiente en sus ingresos bajo la forma de una “reliquidación”. Aunque pueda parecer un detalle menor, se trata de uno de los rasgos cooperativos más claros del modelo de Conaprole y de un factor clave para que muchos tambos puedan sostenerse en períodos adversos, como caídas de precios, sequías u otras dificultades.

Tambo
Un grupo de terneros en un tambo de Flordia.
Foto: Fernando Ponzetto.

“Los productores hacen inversiones constantemente, si no los establecimientos se fundirían”, dice Leandro Noya, presidente de la Sociedad de Productores de Leche de Rodríguez. Tiene 42 años y ordeña unas 530 vacas. Su tambo es fundador de Conaprole y viene de su bisabuelo. Está en San José en la zona de Capurro, a pocos kilómetros de la ciudad de Rodríguez, donde funciona la planta industrial más grande de Conaprole para la producción de leche en polvo, sobre todo con destino de exportación.

Noya sostiene que muchos de los trabajadores de la industria están alejados de la realidad de los tambos. Y un concepto que manejan todos los lecheros consultados para este informe, desde los más chicos con 40 vacas en ordeñe a los administradores de los megatambos: “El empleado de la planta recibe todos los meses su sueldo, no pasa meses y años con números en rojo y se piensa que porque un año hubo ganancias nos hacemos ricos”. Ese año de ganancias es usado estratégicamente para comprar maquinaria: tractores, riego o silos. También para comprar vacas de mejor rendimiento y para inversiones que están esperando años, como la compra de una nueva máquina de ordeñe, de un tanque de frío, de calefones y hasta de alambrado.

Este lunes las autoridades de Conaprole se reunirán con el presidente Yamandú Orsi. Un productor que participó en las últimas instancias internas confirmó que uno de los planteos centrales al Poder Ejecutivo será de fondo: qué modelo de producción lechera quiere el país y qué tipo de lechería se busca.

Según esa fuente, el sector siente que las inversiones recientes han sido cada vez más difíciles de sostener. “Si una empresa uruguaya invierte de forma continua, innova y busca mantenerse en los niveles más altos de producción, pero al mismo tiempo enfrenta trabas constantes, entonces capaz que hay que mirar otro horizonte”, cuenta. En ese marco, la expectativa de los productores es que el encuentro sirva para que el gobierno marque con claridad el rumbo y que defienda la actividad lechera, teniendo como precedente la creación de la nueva colonia del Instituto Nacional de Colonización en la estancia María Dolores, que es lechera.

Asamblea de los 29
Reunión de la Asamblea de los 29, uno de los órganos directivos de la cooperativa.
Foto: Leonardo Mainé.

En esta historia conviven múltiples protagonistas y miradas, según el lugar que cada uno ocupa en la cadena: productores lecheros chicos, medianos y grandes; gremialistas que trabajan tanto para su empresa como para el sector; y productores rurales que integran listas y pueden convertirse en presidentes o directores de Conaprole, elegidos cada cinco años mediante voto secreto y con supervisión de la Corte Electoral. Este año, en noviembre, habrá una nueva elección.

Sindicalistas que son valorados como trabajadores claves y otros señalados por poner “palos en la rueda”. Paros de toda una cadena por un trabajador que fue despedido por robar. Un caso muy sonado porque llegó hasta el Pit-Cnt. El caso terminó en la Justicia, que falló a favor de la cooperativa y entendió que el hombre que había sido grabado mientras robaba, que incluso se reconocía en las cámaras, había cometido el hecho con dolo.

Hay funcionarios que aseguran que están afiliados al sindicato por los beneficios y que es la norma. Unos 1.300 son los afiliados, en una plantilla fija de 1.500. Algunos dicen que no se quieren meter mucho “porque te hacen la vida imposible”, según cuenta una empleada que pidió cambio en su rol por tensiones con el sindicato.

Sede de Conaprole
Fachada de uno de los edificios de la empresa Conaprole.
Foto: Leonardo Mainé.

Pero también hay una discusión que vuela en el aire. Algunos gremialistas dicen que los integrantes del sindicato quieren algo imposible: tener un régimen similar al de los empleados públicos y, además, que quieren un “cogobierno”.

Vayamos un poco hacia atrás en el tiempo. Durante el gobierno de Jorge Batlle en el año 2000 se aprobó la ley 17.243, que eliminó la representación directa del Poder Ejecutivo en el directorio de Conaprole y retiró a los delegados políticos de su conducción.

Sin embargo, varias fuentes sostienen que la idea de que la cooperativa funciona como si fuera un ente público persiste en el imaginario. De hecho, El País confirmó que años atrás organismos estatales consultaron a la empresa por supuestos incumplimientos de obligaciones propias de empresas públicas, pese a que Conaprole es formalmente una cooperativa privada regida por su estatuto.

Ya con José Mujica como presidente, a los directivos de Conaprole le seguían llegando llamadas para tratar de ubicar a cargos del ejecutivo en la empresa. Estas situaciones ya están totalmente desterradas, según confirmaron desde la empresa, pero es una de las hipótesis para explicar la forma en la que se dan los reclamos por parte del sindicato.

La voz de los empleados

“Desde la empresa se quiere instalar la idea de que el sindicato siempre está en conflicto”, dice el dirigente de la Asociación de Obreros y Empleados de Conaprole, Luis Goichea. Es un sindicalista histórico, está hace décadas en la empresa y, de hecho, se acaba de jubilar, pero sigue integrando el gremio.

Leche Conaprole.
Góndola con faltante de productos.

Goichea señala que muchas veces se califica como conflicto a instancias de negociación sin medidas. “Si se negocia tres meses y después hay una acción, parece que todo el año fue conflicto y no es así”, sostiene. Goichea dice que el sindicato procura preservar la materia prima, la leche, porque no puede dejar de procesarse. Diariamente ingresan cuatro millones de litros a las plantas y detener totalmente la actividad implicaría pérdidas irreversibles.

Según el sindicalista, el caso de la planta de Rivera se inscribe en un proceso de reestructura de décadas. Es que entre las décadas de 1970 y 1990 la cooperativa expandió su red de plantas en el país, pero desde fines de los 90 comenzó una etapa de concentración productiva hacia el sur, con cierre de instalaciones y tercerización de servicios. La empresa llegó a tener unos 3.500 trabajadores; hoy ronda los 1.700. Parte de esa reducción, explica Goicochea, responde a una política sostenida durante años: los cargos que quedaban vacantes por jubilaciones o retiros no siempre se volvían a cubrir. Hoy la plantilla se compone de unos 1.500 funcionarios fijos y entre 200 y 250 zafrales, que suelen ingresar para tareas más manuales o estacionales.

Otro de los puntos sensibles que tensiona la discusión es el nivel salarial. Según distintas fuentes del sector, el sueldo promedio de un trabajador de planta ronda los 110.000 pesos mensuales nominales, sin contar partidas como salario vacacional, aguinaldo u horas extras.

Tambos se quejan de que trabajan a pérdida y que la suba de tarifas los ahogan. Foto: archivo El País
Vacas en sala de ordeñe.
Archivo El País

Álvaro Quintans, presidente de la Asociación Nacional de Productores de Leche, dice que hay muchos tamberos que preguntan lo mismo: cuánto más puede tensarse la cuerda. “El problema no es un conflicto puntual. Es la sensación de vivir en conflicto permanente”.

“Tiene que ser un ganar-ganar”, insiste. Pero, a su juicio, el equilibrio se rompe cada vez que una medida sindical impacta en la producción. “Cada conflicto lo paga el productor. La leche baja y la pérdida es nuestra”. El dirigente traza una comparación: el 75 % de los productores no alcanza a percibir el salario medio de la cooperativa. “Eso es gravísimo”, dice. Para él, el punto no es el salario de los funcionarios, sino la frecuencia de las medidas. “Terminamos un reclamo y empieza otro. Eso genera cansancio, tristeza y preocupación”.

Historias de los conflictos

En muchos tambos el ordeñe es de madrugada para aprovechar las tarifas más bajas de UTE, una práctica que tiene raíces históricas. Décadas atrás, cuando el ordeñe era manual, en algunos tambos no había alternativa: se trabajaba antes del amanecer porque era el momento en que pasaba el camión y había que arrimar hasta la entrada del establecimiento los tarros de aluminio de 50 litros.

Tambo en Florida
Tambo en el departamento de Florida.
Fernando Ponzetto/Archivo El Pais

Unos años atrás se tuvo que resolver la peor opción: tirar leche. El expresidente Ambrois recuerda cuando la planta de Soriano dejó de recibir leche y el teléfono no le paraba de sonar: productores llamaban para preguntarle qué hacer con una producción que no podía esperar.

—¿Y qué le decía a los productores?

—Hay que tirar leche, hay que ordeñar aunque el tanque se desborde.

—¿Recuerda algún conflicto?

—Me tocó un domingo llamar al Ministerio de Trabajo, con (Ernesto) Murro como ministro. Y le transmito la gravedad, estábamos tirando la leche. ¿Sabe la respuesta de la mujer que me atendió? “Ay qué horrible, pensé que los domingos no se ordeñaba”.

Álvaro Ambrois, presidente de Conaprole. Foto: Archivo El País
Álvaro Ambrois, ex presidente de Conaprole.
ARCHIVO EL PAIS

El expresidente de Conaprole dice que parte del conflicto nace del desconocimiento sobre cómo funciona el sector. “Si una autoridad que negocia no sabe algo tan básico como que a las vacas hay que ordeñarlas todos los días, dos veces, ¿qué le queda a doña María, que no está en esto?”, cuestiona, convencido de que la información se distorsiona para el ciudadano urbano, que solo percibe el problema cuando falta leche en la góndola.

Antes de su presidencia, una figura clave para entender la lógica moderna de la cooperativa fue Jorge Panizza, referente histórico que durante 35 años impulsó una gestión más profesional y empresarial. Fallecido el año pasado, su nombre sigue apareciendo como referencia obligada cada vez que se analiza el presente. Entre las iniciativas que promovió estuvo llevar a representantes del gobierno y del sindicato a recorrer tambos de distinta escala para mostrar la realidad productiva. La experiencia, sin embargo, no logró modificar posiciones. “Era insólito. Escuché una conversación entre dos muchachos del sindicato y decían ‘mirá la escena que nos plantaron’”, recuerda Ambrois.

La realidad de los productores familiares -donde las mujeres trabajan a la par de los hombres, ordeñando, arreando el ganado, sembrando la tierra y estirando los sistemas de riego- puede resultar, para muchos, imposible. Más aún la vida de los más chicos, que apenas pueden empiezan a ayudar y crecen entre tareas rurales. Son niños cuyos espacios de ocio suelen mezclarse con la rutina del tambo, en una cotidianeidad donde trabajo y vida familiar transcurren en el mismo campo.

El pasado miércoles fue la reunión de la llamada Asamblea de los 29, el órgano integrado por productores que conduce Conaprole, una suerte de parlamento interno de la cooperativa. Allí se resolvió aceptar las condiciones de negociación planteadas en la tripartita. La decisión apuntó a recuperar cierta normalidad tras un conflicto que se arrastra desde hace un año, iniciado en marzo de 2025 con el proceso de cierre de la planta de Rivera.

Asamblea de los 29
Reunión de la Asamblea de los 29, realizada con cita especial por el actual conflicto.
Foto: Leonardo Mainé.

En esa zona del país se cerraron varios tambos. De esos que de lunes a lunes, sin feriados ni pausas, se ordeña dos veces al día. Donde se trabaja pensando en la calidad de la leche, proteínas y grasas, en la higiene del tambo, en la sanidad de las vacas, en las praderas y en el agua, por nombrar solo algunas de las variables en la ecuación de un tambo. Porque el productor recibe no por litro de leche, sino por las variables de la calidad.

¿Pero entonces qué es lo que hace que siempre haya tensiones entre el sindicato y la directiva de la empresa?

La clave para entender el enfrentamiento prolongado es la materia prima. “Un frigorífico puede dejar de faenar, pero la leche llega todos los días. Con conflicto o sin conflicto hay que procesarla”, explica Quintans, el presidente de la ANPL. Esa condición vuelve especialmente delicadas las medidas parciales, porque impactan en líneas específicas, mientras la operativa general no puede detenerse.

Ese rasgo, sostiene Quintans, crea una negociación desigual: “Ellos paran sectores puntuales y pierden poco salario; la empresa puede perder una fortuna”.

¿Cómo funciona la cooperativa?

El 1° de junio de 1936 nació Conaprole, una cooperativa creada para domesticar el desorden de un mercado incierto y convertirlo en una promesa diaria: que la leche fresca llegara siempre.

Sede de Conaprole.
Cartel de la sede de Conaprole en Montevideo.
Foto: Leonardo Mainé.

No fue un gesto romántico sino una decisión estructural. Seis empresas pasaron a integrar su base inicial y la ley nacional que la fundó le dio una misión concreta: recibir toda la producción de sus socios, procesarla y venderla dentro y fuera del país. En su estatuto cooperativo se establece un sistema de gobierno con tres órganos elegidos por voto secreto cada cinco años: el presidente y el directorio, con un integrante de la lista que resulte segunda, la Asamblea de los 29 y la Comisión Fiscal. Todos son productores lecheros que remiten a Conaprole.

Para Noya, presidente de la Sociedad de Productores de Leche de Rodríguez, es importante saber de esa historia, pero también cómo funciona hoy la empresa y la cercanía con los directivos. Aunque él no apoyó la lista oficial que ganó las elecciones, como todos los tamberos tienen voz y voto, y sin problema le escribe al presidente de la cooperativa o algún gerente.

El sistema cooperativo dentro de la lechería uruguaya no es, para Ricardo de Izaguirre, solo un modelo empresarial: es una estructura productiva con impacto social directo. El actual presidente del Instituto Nacional de la Leche lo define sin rodeos como “uno de los esquemas de funcionamiento que mayor impacto social genera en el agro uruguayo”.

Según describe, el corazón del sistema está en la igualdad entre socios. El precio que recibe un productor por litro de leche es único, sin importar escala ni volumen. Además existe una atención especialmente dedicada a los predios más pequeños. Técnicos en el campo, asesoramiento permanente, investigación aplicada y transferencia de conocimiento forman parte de esa lógica.

Foto: Darwin Borrelli
Sala de ordeñe de un tambo en pleno trabajo.
Archivo El País

El principio cooperativo también se refleja en la estructura de costos. “Podés comprar una bolsa de urea o un camión y el precio es el mismo”, explica, subrayando que el volumen colectivo abarata insumos para todos. Lo mismo ocurre con el financiamiento: el sistema está diseñado para adaptarse a la lógica lechera, con pagos vinculados a la remisión de leche y no a cuotas fijas que podrían asfixiar a los productores en épocas de baja.

Pero al final, en este rubro se vuelve al mismo punto. Mientras en oficinas, sindicatos y despachos se discuten cifras, convenios y estrategias, en los tambos la escena se repite todos los días: las vacas, con las ubres cargadas, entran dos veces a la sala de ordeñe. Su rutina no entiende de negociaciones ni puede suspenderse.

Asamblea

Empresa aceptó la propuesta y el sindicato levanta medidas

Tras la reunión de productores -la llamada Asamblea de los 29, uno de los órganos de gobierno de la cooperativa- realizada el pasado miércoles, Conaprole resolvió aceptar la fórmula de acercamiento propuesta por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social para encauzar el conflicto sindical abierto semanas atrás a raíz del cierre de la planta 14 de Rivera, que operaba como un centro de distribución.

Conaprole, Asamblea de los 29.jpeg
Presidente de Conaprole y sus directores, en la Asamblea de los 29.
Foto: Leonardo Mainé.

“Conaprole manifestó su disposición a aceptar la propuesta recibida, en tanto se garanticen condiciones claras y sostenibles”, señaló la cooperativa en un comunicado.

En el mismo texto, el directorio agregó que el colectivo resolvió solicitar al Poder Ejecutivo que asuma “la responsabilidad que le compete en garantizar relaciones laborales sanas y justas para todos los actores de la cadena láctea vinculados a la cooperativa”.

Además, representantes de la empresa tienen previsto reunirse este lunes con el presidente Yamandú Orsi, en un encuentro que se perfila como clave para destrabar el conflicto actual, pero también para poder discutir el modelo de lechería que el Ejecutivo quiere para el país.

Asimismo, el sindicato difundió un comunicado en el que informó que “debido a que Conaprole aceptó las propuestas realizadas por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, desde el jueves 26 de febrero a las 22 horas se levantan las medidas de trabajo a reglamento”. La resolución implica, en los hechos, el restablecimiento de la operativa habitual mientras continúan las instancias de negociación. Y marca un giro en el conflicto que mantenía tensas las relaciones laborales en la cooperativa, tras varias semanas de medidas sindicales y cruces públicos entre las partes.

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