¿Qué debe tener el próximo DT de Uruguay? Cinco aspectos a tener en cuenta para la elección de un cargo clave

En la Asociación Uruguaya de Fútbol vendrá el tiempo de análisis tras el ciclo de Marcelo Bielsa para luego de las elecciones en 2027 elegir al nuevo entrenador.

Entrenamiento de la selección de Uruguay durante el Mundial 2026.
Entrenamiento de la selección de Uruguay durante el Mundial 2026.
Foto: @Uruguay.

El ciclo de Marcelo Bielsa al frente de la selección de Uruguay ya quedó atrás. La bronca por la mala actuación de la Celeste se sigue masticando en el pueblo uruguayo mientras el Mundial 2026 sigue su curso y va rumbo a la definición.

Pero en pleno tiempo de análisis para luego soltar y barajar de nuevo, hay varios aspectos que deben tomarse en cuenta de cara al futuro porque la elección del nuevo entrenador no será algo sencillo, sino más bien todo lo contrario porque la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) no puede fallar. Debe dar en la tecla.

Y por eso se tomará su tiempo, más allá de que primero habrá elecciones para elegir al nuevo presidente del organismo en marzo del próximo año.

Si bien se habla de que el futuro director técnico de la Sub 20 —que aún no está designado— tome las riendas de la mayor para afrontar las fechas FIFA de setiembre, octubre y noviembre, después de marzo y con el acto eleccionario de la AUF ya consumado, las baterías se pondrán en la designación del nuevo DT de la Celeste.

Será una decisión pesada en la que la AUF no puede tambalear porque el elegido será el encargado de conducir un proceso que tiene como horizonte el Mundial 2030 que tendrá a Uruguay como sede de al menos un partido hasta el momento.

Es por eso que teniendo que cuenta lo que se hizo en el ciclo de Marcelo Bielsa con cosas buenas y malas, lo que dejaron anteriores entrenadores y lo que se necesita a futuro, repasamos cinco aspectos que se deben tener en cuenta para la elección del nuevo técnico de la Celeste pero sin entrar en nombres propios, más allá de que de manera extraoficial ya hay algunos que aparecen en una posible lista de candidatos a evaluar.

1. Un proceso a largo plazo

La selección no es un club y como tal, necesita de proyectos que se sostengan en el tiempo, más allá de los resultados que lamentablemente, muchas veces se ponen por delante de todo. Pero de nada servirá elegir a un entrenador en marzo de 2027 para cambiarlo en diciembre de ese mismo año.

A Uruguay se le viene un enorme desafío como el Mundial 2030 y además de los esfuerzos políticos y organizacionales para albergar de momento uno de los partidos inaugurales celebrando los 100 años de la Copa del Mundo de la FIFA, la AUF deberá ponerle cabeza a la designación del técnico.

Para eso, es indispensable que uno de los puntos más importantes de la elección sea el del proyecto a largo plazo, algo a lo que se apostó con el maestro Tabárez en su momento -con gran éxito- y luego, tras fallar con Diego Alonso, con Bielsa, ciclo que no tuvo el final esperado.

Ese proyecto deberá blindarse contra el cortoplacismo al que está sometido el fútbol uruguayo a nivel de clubes -en la gran mayoría de los casos-, algo que no debe alcanzar la estructura de una selección que tras el fracaso en el Mundial 2026 necesitará tiempo para reconstruirse y empezar casi que desde cero en varios aspectos determinantes.

2. Proyección de juveniles

El nuevo entrenador de la selección mayor deberá involucrarse de lleno en el proceso de juveniles, estar al tanto de las captaciones en territorio nacional y el extranjero, y tener cierta injerencia en la designación de los técnicos de las diferentes categorías.

Se trata de un punto clave en la gestión ya que cuando las selecciones juveniles alimentan a la mayor, el abanico de opciones para el seleccionador es más grande.

Un dato a tener en cuenta y que Uruguay lo padeció en este último tiempo es que luego de haber conquistado el Mundial Sub 20 de 2023 en Argentina, en el Mundial 2026 no hubo ni un solo jugador de ese plantel en la mayor que disputó la Copa del Mundo en México, Canadá y Estados Unidos. Preocupante, por cierto.

A los juveniles que ingresan a la órbita de la selección uruguaya no solo se los integra de a poco a las diferentes categorías para competir y defender a la Celeste, sino que también se le inculcan valores, costumbres y los métodos de relacionamiento que deben tener en una estructura de esa magnitud con el objetivo de que cuando lleguen a la mayor ya tengan varias etapas superadas en la formación.

3. Manejo del grupo

Otro punto clave que se debe tener en cuenta por parte de la Asociación Uruguaya de Fútbol a la hora de designar al nuevo entrenador es que el elegido tenga experiencia en el manejo de grupos.

La selección se compone, por lo general, de jugadores de elite mundial que también se mezclan con juveniles que recién salen de los procesos formativos y ese combo de relacionamiento debe estar nivelado por un líder dentro del vestuario.

Ese rol lo debe cumplir el director técnico sin dejar de detectar ni reconocer a los líderes del plantel que también juegan un rol fundamental.

En el proceso que tuvo a Marcelo Bielsa como conductor el relacionamiento entre plantel y entrenador estuvo en tela de juicio permanente luego de la Copa América 2024 y eso generó tensiones dentro y fuera de la selección, algo que no le hizo nada bien al camino hacia el Mundial 2026.

Es por eso que la gestión del grupo es clave en una selección ya que un técnico se va a encontrar con el desafío de alinear talentos, egos y emociones hacia un mismo objetivo en común para todos, por lo que esto se transforma en otro punto determinante que se debe tener en cuenta a la hora de designar al nuevo entrenador.

En este ítem, aspectos como el liderazgo y la comunicación cobran vital importancia para generar confianza en el mensaje que se quiere transmitir así como también la cohesión grupal y el sentido de pertenencia para fomentar unión en el plantel por lo que será clave generar identidad colectiva.

También acá está el equilibrio emocional ya que el técnico debe gestionar la presión de los que juegan y la frustración de los que no lo hacen habitualmente para que no se generen altibajos en la convivencia grupal.

El DT debe apoyarse mucho en los líderes naturales del plantel como los capitanes y los referentes para transmitir con claridad sus ideas y también tratar de mantener el buen ambiente en momentos de tensión o crisis que pueden llegar a darse en el proceso.

4. El rumbo deportivo

El nuevo técnico de la selección deberá conocer de primera mano las fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas del futbolista uruguayo para que, a partir de ese análisis, decida el rumbo deportivo en cuanto a la idea de juego.

Bielsa, a su entender, no cautivó a los jugadores. Es por eso que basado en este antecedente, el nuevo seleccionador tendrá el desafío de cautivar y convencer a los futbolistas elegidos para transmitir su mensaje y sobre todo, la idea de juego que será algo clave.

Uruguay no solo tendrá que definir cómo quiere jugar en su próximo proceso de selección mayor sino que también se deberá bajar línea para que eso se transmita a las juveniles, ya que serán una fuente de alimentación importante.

5. Acercarse a la gente

La selección se había caracterizado en el Mundial de Sudáfrica 2010 por estar cerca de la gente y eso se basó en lo que Tabárez le inculcó al plantel mayor y también a las juveniles.

El ida y vuelta con el público llegó a tener picos más que emocionantes y vibrantes, ya sea en partidos en el Estadio Centenario o en despedidas o llegadas de la Copa del Mundo.

Pero lentamente esa llama se fue apagando y en el ciudadano de a pie se notó, sobre todo en la previa al Mundial 2026. La gente no estaba entusiasmada con la selección como en años anteriores y ese, sin lugar a dudas, será otro de los grandes desafíos que afrontará el nuevo entrenador que deberá volver a enamorar a un exigente público uruguayo que está desencantado.

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