Peñarol atraviesa su momento más complicado de la temporada y hay un problema que se repite partido tras partido: la falta de gol. El equipo de Diego Aguirre perdió contundencia, le cuesta generar situaciones claras y, cuando consigue hacerlo, sus delanteros no están teniendo la eficacia necesaria para marcar diferencias. Una combinación que explica buena parte de los puntos que dejó por el camino en las últimas fechas.
Los números reflejan el presente del Carbonero. En sus últimos cinco encuentros por el Campeonato Uruguayo consiguió apenas una victoria, tres empates y sufrió una derrota, con solamente tres goles convertidos. Una producción ofensiva muy pobre para un equipo que pretende quedarse con la Tabla Anual y todavía mantiene aspiraciones en el Torneo Clausura.
Lo más preocupante es que el problema no apareció de un día para el otro. Peñarol venía mostrando dificultades para imponerse desde el juego, pero encontraba soluciones en los minutos finales. Ante Boston River consiguió una victoria agónica por 2-1, frente a Montevideo City Torque rescató un empate 1-1 y contra Racing volvió a quedarse con los tres puntos gracias a un gol sobre el cierre. Sin embargo, ese recurso que tantas veces lo salvó comenzó a desaparecer.
El empate 1-1 frente a Progreso fue otra señal de alerta y luego llegaron dos partidos consecutivos sin convertir. Primero, la derrota 1-0 ante Liverpool, en un encuentro en el que prácticamente no generó peligro, y después el empate sin goles contra Juventud de Las Piedras en el Estadio Centenario.
Ante el equipo Pedrense hubo una mejoría en el segundo tiempo y aparecieron oportunidades claras, pero volvió a fallar la definición. Abel Hernández desperdició un mano a mano que encontró una buena respuesta de Sebastián Sosa, mientras que Matías Arezo tampoco consiguió aprovechar las situaciones que tuvo. El arquero rival terminó siendo una de las figuras y Peñarol volvió a retirarse sin festejar.
La falta de eficacia de sus delanteros se transformó en una preocupación adicional para Aguirre, que probó distintas variantes ofensivas sin encontrar una solución definitiva. Ante Juventud apostó inicialmente por Hernández, dejó a Arezo entre los suplentes y posteriormente recurrió a los cambios para intentar quebrar el cero. Ni las modificaciones ni la acumulación de hombres en ataque alcanzaron.
Matías Arezo ha convertido cinco goles en 12 partidos del Torneo Clausura y Abel Hernández anotó dos tantos en la misma cantidad de encuentros.
Pero el problema va más allá de los nombres propios. Peñarol también perdió claridad en la elaboración, profundidad por las bandas y capacidad para abastecer a sus atacantes. Muchas veces depende de una acción individual o de alguna pelota quieta para acercarse al arco contrario, una limitación que sus rivales han sabido aprovechar.
El propio Arezo reconoció la situación después del último empate y asumió su responsabilidad por las ocasiones desperdiciadas. Diego Aguirre, por su parte, resumió lo sucedido con una frase: "Faltó meterla adentro". El entrenador reconoció que frente a Liverpool su equipo prácticamente no había generado situaciones, aunque valoró las oportunidades creadas ante Juventud.
A falta de tres fechas para terminar el Clausura, Peñarol ya no tiene demasiado margen para seguir dejando puntos. La Tabla Anual continúa dependiendo de sí mismo, pero para sostener esa ventaja deberá recuperar cuanto antes una virtud indispensable para cualquier equipo que pretende ser campeón: convertir goles.
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