EN EL ARENA DA BAIXADA
El aurinegro empezó bien, recibió un gol y tuvo un penal en los pies de Ceppelini que el volante falló; Athletico Paranaense avanzó a la final ante Bragantino con un global de 4-1.
Hay un nivel en el fútbol internacional en el que no se puede fallar si se pretende llegar lejos. Y si bien Peñarol llegó lejos en la Copa Sudamericana, alcanzó un horizonte que no pudo superar y con más errores propios que virtudes de su rival, perdió la serie con Athletico Paranaense y quedó eliminado en semifinales.
El equipo de Mauricio Larriera intentó ser competitivo, fue fiel a una idea, pero sabía que tenía una carrera contrarreloj en el Arena da Baixada en la que no pudo nunca entrar en competencia más allá de dominar por momentos a su adversario. El carbonero perdió 2-0 con Athletico Paranaense y con un global de 4-1 tras perder también en Montevideo, se despidió del sueño internacional, pero sin nada para reprocharse.
Un buen inicio de partido, una superioridad numérica importante a la hora de marcar con presión alta y algunas jugadas de peligro marcaron el comienzo del partido para Peñarol en Curitiba. Vértigo, intensidad y actitud. Buen trato de pelota de un lado a otro pero sin generar una sola chance clara de peligro.
Del otro lado, un Furacao que se defendía bien y que apostaba a la salida rápida para lastimar de contragolpe. Y fue así que en ataques rápidos generó peligro. Y mucho.
A los 9’ la pelota le quedó al borde del área a Guilherme Bissoli, el delantero que sacó un tremendo zapatazo que obligó a la primera gran intervención de Kevin Dawson evitando el gol del equipo local en una jugada clara de peligro.

Pero había más mientras el carbonero dominaba y jugaba en campo rival. Es que Paranaense esperó ese error que sabía podía generarse a partir de tanto traslado de pelota de Peñarol y así fue que pudo abrir el marcador. A los 23’ y en una jugada de muy poca fortuna en ataque, Agustín Álvarez Martínez jugó la pelota hacia atrás estando en campo rival confundiéndose al árbitro con un compañero y David Terans empezó un embalaje por el callejón central que se iba a tornar imposible de frenar. El “Rey” pisó el área, encaró y luego la jugó para que apareciera Nikao, quien remató fuerte para anotar el 1-0.
Lo impredecible y lo imprevisto del fútbol a Peñarol le volvió a jugar una mala pasada y a Athletico Paranaense una buena porque aprovechando una pequeña falla mirasol estaba en ventaja.

Pero tal como pasó en Montevideo, Peñarol no se vino abajo, sino que todo lo contrario. El nivel de juego no decayó, la actitud no cambió y el carbonero fue al frente, fiel a su estilo. Fabricó un penal para intentar empatar las acciones pero Santos le adivinó la intención a Pablo Ceppelini, quien no le entró bien a la pelota y se perdió una inmejorable chance de poner el 1-1.
Peñarol siguió dominando y jugando mejor que su rival, pero desnudó problemas defensivos y Dawson apareció para evitar la caída de su arco.
En el complemento, el Furacao jugó con el reloj como aliado, cerró líneas y el aurinegro no le encontró la vuelta. Ni con los cambios que ensayó Larriera el equipo pudo elevar el nivel para lograr la hazaña.
Y con un rival que no hilvanaba juego ofensivo y que no lograba llegar con peligro, Paulo Autuori empezó a mover el banco de suplentes. Refrescó las líneas y los que ingresaron generaron acaso más peligro que los que estaban porque a los 80’ apareció Pedro Rocha para ponerle el broche de oro a la llave y anotar el 2-0 con el que el local liquidó el encuentro asegurándose el pasaje a la final.
Sin absolutamente nada para reprocharse y con errores que pagó caro, Peñarol se despidió de la Copa Sudamericana con el sabor amargo de la derrota, pero dejando en claro que hay un camino a transitar para llegar al éxito internacional y en esta edición del torneo, el equipo de Mauricio Larriera dejó una huella.