Una suba del 50% en el precio de los cigarros, como resultado de la aplicación de impuestos, podría evitar entre 69.000 y 138.000 fumadores en Uruguay, según una simulación incluida en un estudio académico sobre la demanda de tabaco en el país.
Para un incremento del 20%, la estimación se ubicaría entre 28.000 y 55.000 personas, mientras que una suba del 10% podría evitar entre 14.000 y 28.000 fumadores.
El País accedió al estudio, titulado Estimación de la demanda de cigarros en Uruguay: un análisis basado en las encuestas de ingresos y gastos de los hogares, elaborado por las economistas Mariana Gerstenblüth, Cecilia González y Patricia Triunfo, del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República (Udelar).
El trabajo analiza cómo varía la demanda de cigarros ante cambios en los precios y en el gasto de los hogares, a partir de datos de la Encuesta Nacional de Gastos e Ingresos de los Hogares (Engih 2016-2017).
“Estos resultados implican que los aumentos de precios derivados de la aplicación de impuestos probablemente reduzcan el consumo total de cigarros, observándose respuestas conductuales más marcadas en los hogares de menor gasto”, indicó la investigación.
Las cifras de fumadores que podrían evitarse no corresponden a personas que hayan dejado de fumar como consecuencia de aumentos concretos de precios, sino que surgen de una simulación que contempla distintos escenarios de encarecimiento y su posible efecto sobre el hábito de fumar.
La estimación general del estudio indica que un aumento del 10% en el precio se asocia con una caída de 6,39% en la demanda total de cigarros. Es decir, en promedio, cuando el precio aumenta, el consumo disminuye, aunque en una proporción menor.
Sin embargo, el resultado cambia al observar los hogares según su nivel de gasto. Entre los ubicados en el tercil de menor gasto per cápita, la elasticidad-precio —un indicador que mide cuánto cambia la demanda de un producto cuando varía su precio— se estimó en -1,391. Esto implica que, ante un aumento del 10% en el precio, la demanda de cigarros de ese grupo caería aproximadamente 13,91%. Su respuesta sería, por tanto, más intensa que la del promedio general, cuya elasticidad fue de -0,639, según el informe.
En sus conclusiones, las investigadoras señalaron que “el consumo de cigarros aumenta moderadamente a medida que se incrementa el gasto de los hogares” y también indicaron que “los hogares situados en el tercil de gasto más bajo muestran una sensibilidad al precio mucho mayor”.
Para la comparación, las economistas agruparon los hogares según el gasto per cápita, como aproximación al nivel socioeconómico de los hogares, en lugar de utilizar sus ingresos.
El gasto en cigarros representa una proporción mayor del presupuesto entre los hogares de menores recursos. Según el estudio, entre los hogares que compran estos productos, el gasto en cigarros equivale en promedio al 4,4% del gasto total. En el tercil de menor gasto, esa proporción asciende al 4,9%.
En cambio, en los dos terciles de mayor gasto, las estimaciones de la respuesta al precio no fueron “estadísticamente significativas” y las autoras advirtieron que no se encontró evidencia suficiente para afirmar que el consumo se reduzca ante un aumento de precios.
A partir de estos resultados, las investigadoras señalaron que “los aumentos de precios derivados de la aplicación de impuestos probablemente reduzcan el consumo total de cigarros”.
En las conclusiones, las economistas sostuvieron que los resultados “respaldan la tributación sobre el tabaco como una herramienta eficaz de salud pública y señalan la existencia de respuestas conductuales más intensas en los hogares de menor gasto”.
También aclararon que, si bien el estudio no realizó una evaluación integral del bienestar, sus resultados “son coherentes con la posibilidad de generar efectos progresivos en la salud”. En ese sentido, destacaron la importancia de “contar con una política fiscal bien diseñada dentro de estrategias integrales de control del tabaco en países de ingresos medios”.
¿Cómo se hizo el cálculo?
Para estimar la demanda, las investigadoras analizaron los gastos y las cantidades de cigarros declarados por los hogares en la Engih. La encuesta relevó una muestra de 6.889 hogares y registró las compras realizadas durante una semana.
A partir de esos datos, el trabajo estimó la relación entre los precios y las cantidades demandadas. Según explicaron, las economistas buscaron contemplar tanto el consumo de cigarros vendidos legalmente como el de los provenientes del contrabando, “un factor relevante en Uruguay”, especialmente en zonas fronterizas.
Para dimensionar el alcance de la simulación, las autoras tomaron como referencia datos de la Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas del año 2018. Según esa medición, el 27,9% de las personas de entre 15 y 65 años había consumido tabaco en los 30 días anteriores, lo que equivalía a unos 647.300 fumadores y el consumo promedio era de 12 cigarros diarios.
Durante el período analizado (2016-2017), “la tributación del tabaco en Uruguay consistía en la aplicación del Impuesto Específico Interno (Imesi) combinado con el Impuesto al Valor Agregado (IVA). El Imesi se aplica con una tasa legal del 70%, con un tope del 72%, y grava una base imponible inferior al precio final de venta al público; por su parte, el IVA (22%) se aplica sobre el precio que ya incluye el Imesi. Como resultado, la carga tributaria total representaba aproximadamente el 62% del precio final de venta al público”.
Las economistas destacaron que los resultados de la investigación “confirman que los precios siguen siendo una herramienta de política pública eficaz, incluso en entornos regulatorios consolidados” como el uruguayo.
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