La consultora CPA Ferrere sostiene que la economía uruguaya no acelera y que tensiona el programa fiscal del gobierno. Si bien mejoraría en el segundo semestre del año, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) se mantendrá moderado, según sus proyecciones. Asimismo prevé que el 2027 sea más exigente de lo previsto y que la economía crezca 1,8% ese año.
Esta actualización de las proyecciones económicas de la firma, fueron presentadas por los economistas Alfonso Capurro y Nicolás Cichevski, socio y gerente senior respectivamente de CPA Ferrere, a sus clientes y que luego compartieron en un comunicado.
Los antecedentes
La economía uruguaya se contrajo 0,5% en términos interanuales en el segundo trimestre del año, acumulando un crecimiento de 0,3% en el primer semestre. El desempeño desfavorable estuvo concentrado en las actividades primarias, afectadas por la sequía y la caída transitoria de la faena.
En contraste, el consumo privado mantuvo un crecimiento sólido y la inversión repuntó tras tres años de contracción. En este contexto, la firma prevé que la actividad crecería 1,8% interanual en el segundo semestre y cerraría 2026 con un crecimiento promedio de 1%.
Capurro explicó que la contracción del segundo trimestre no introdujo cambios significativos en el diagnóstico de la firma. Excluyendo las actividades primarias y el suministro de electricidad, gas y agua, la economía mantiene un ritmo de expansión cercano al 1,3% anual observado en la última década.
Las proyecciones
Para 2027, proyecta un crecimiento de 1,8%, favorecido por la reversión del impacto de la sequía y una baja base de comparación. En tanto, para 2028 se prevé una expansión de 1,6%. Estas proyecciones incorporan el deterioro del contexto internacional, aunque la persistencia del shock externo agrega riesgos a la baja.
El aumento de la recaudación apuntala las metas fiscales en 2026, pero el bajo crecimiento tensiona el programa hacia 2029, advirtió el comunicado.
A pesar del escaso dinamismo de la actividad, la recaudación neta de la Dirección General Impositiva (DGI) aumentó 2,3% en términos reales en enero-agosto, favorecida por una expansión del consumo superior a la del PIB.
“Esta evolución contribuye al cumplimiento de las metas fiscales del año, aunque no despeja los desafíos para el resto del período”, señaló.
Capurro recordó que el Gobierno plantea una reducción del déficit fiscal de 1,5% del PIB hacia 2029 y cuyo cumplimiento supone un crecimiento económico promedio de 2,4% en 2025-2029, ingresos adicionales por el Impuesto Mínimo Global (IMG) equivalentes a 0,6% del PIB y una mejora de la recaudación de 0,75% del PIB asociada al programa de eficiencia de la DGI y a la reducción de la informalidad.
Asimismo, requiere que las próximas leyes de Rendición de Cuentas, en 2027 y 2028, no incorporen incrementos adicionales del gasto.
Las presiones
Los economistas señalaron que menor crecimiento y tasas más altas reducen el margen fiscal.
Las proyecciones de actividad de la firma se ubican por debajo de las contempladas por el Gobierno, lo que introduce presión sobre la trayectoria prevista de los ingresos públicos. A esto se suma un contexto internacional de tasas de interés elevadas, que encarece el financiamiento, agregaron.
En un escenario pasivo de menor crecimiento y tasas más altas, la deuda neta del Gobierno Central y Banco de Previsión Social (BPS) se acercaría al ancla de 65% del PIB hacia 2029.
“Si además se materializara un incumplimiento parcial de la convergencia fiscal prevista, la deuda superaría el 65% en 2029, lo que impondría un ajuste en la próxima administración para asegurar la convergencia al ancla”, alertaron.
La Fed, tasas e impacto en Uruguay
La inflación cerraría 2026 en 4,7% y el BCU comenzaría a aumentar la tasa de interés.
En otro orden, el economista destacó que la inflación repuntó desde el mínimo de marzo y se ubicó en 4,55% en agosto, ligeramente por encima de la meta, y prevén que cerraría el 2026 en 4,7%, superaría transitoriamente el 5% en el primer trimestre de 2027 y convergería a 4,5% al cierre del próximo año.
En este marco, espera un aumento de la Tasa de Política Monetaria (TPM) en el próximo Comité de Política Monetaria (Copom) del BCU y una convergencia gradual hacia un nivel de al menos 6,5% en 2027.
“El shock por la guerra persiste y las tasas internacionales consolidan un escenario más restrictivo”, agregó.
Cichevski explicó, según el comunicado, que la guerra redefinió el escenario internacional de 2026, con mayor inflación, menor crecimiento, fortalecimiento del dólar y tasas de interés más altas.
“La persistencia de precios elevados de los commodities ha impulsado revisiones al alza de las perspectivas de inflación global y llevado a los bancos centrales de las economías avanzadas a retomar los aumentos de sus tasas de referencia”, afirmó.
En este contexto, la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos adoptó una postura más restrictiva y el dólar se fortalece. El informe destacó que en Estados Unidos, la inflación permanece elevada, presionada por los precios de la energía.
En ese contexto, la Fed aumentó su tasa de interés en 25 puntos básicos en setiembre y señaló la posibilidad de nuevos incrementos.
Cichevski destacó, entonces, que la reciente decisión de la Fed se produjo en un contexto de crecientes riesgos fiscales y presiones políticas sobre la conducción de la política monetaria.
“Las tasas de largo plazo alcanzan máximos en dos décadas y encarecen el financiamiento”, afirmó Cichevski, quien evaluó las presiones derivadas del deterioro fiscal y del elevado endeudamiento de las economías avanzadas, que impulsan las tasas reales de largo plazo aun cuando las expectativas de inflación permanecen ancladas. La tasa del bono de referencia de EE.UU. a 30 años alcanzó el 5,6%, el mayor registro nominal y real desde 2005.
“Para Uruguay, este escenario supone condiciones más restrictivas para la inversión privada y para el financiamiento del sector público” advirtió.
La firma concluyó señalando que mejores precios de exportación amortiguan el shock externo. “A diferencia de 2025, el aumento de los precios de exportación de Uruguay compensa parcialmente los efectos negativos del encarecimiento del petróleo y de las tasas de interés”, apuntó.
“En los granos, la mayor demanda de soja, la menor disponibilidad de arroz y las disrupciones de oferta de trigo sostienen los precios. En la carne, las restricciones de oferta asociadas al ciclo ganadero en Estados Unidos y el aumento de la demanda mantienen firmes los precios internacionales”, afirmó sobre los rubros.