Uruguay tiene un peso reducido en términos absolutos dentro del mapa aeroportuario de América Latina y el Caribe, pero se destaca por el nivel de conectividad aérea internacional en relación con su población. Según datos de Airports Council International (ACI), la asociación mundial de aeropuertos, el país se ubicó tercero en la región en pasajeros internacionales per cápita durante 2025, solo por detrás de República Dominicana y Costa Rica.
El dato fue presentado por el director general de ACI-LAC, Rafael Echevarne, durante una conferencia organizada por ACl en Lima, Perú, en la que participó El País. Según los datos de 2025 exhibidos por la organización, Uruguay registró un ratio de 0,67 pasajeros internacionales por habitante, frente a 1,71 de República Dominicana y 1,62 de Costa Rica. Como referencia fuera de América Latina y el Caribe, Estados Unidos registró un ratio de 0,77.
La posición de Uruguay cambia cuando se considera el tráfico total. Los aeropuertos del país movilizaron unos 2,3 millones de pasajeros durante 2025, una cifra muy inferior a la de los principales mercados de la región: Brasil registró 235 millones, México 191 millones, Colombia 100 millones, Argentina 50 millones y Perú 43 millones.
En pasajeros totales por habitante, Uruguay registró 0,68 en 2025. En ese indicador quedó por debajo de Panamá (5,69), Colombia (1,87), Chile (1,84), República Dominicana (1,71), Costa Rica (1,68), México (1,45), Perú (1,25), Brasil (1,11), Argentina (1,09) y El Salvador (0,82). Aun así, superó a Ecuador, Cuba, Guatemala, Paraguay, Honduras, Venezuela y Nicaragua.
Para Echevarne, uno de los aspectos que explica la posición de Uruguay es el desarrollo alcanzado por el Aeropuerto Internacional de Carrasco y su integración con la actividad logística. Consultado por El País sobre el presente y futuro aeroportuario uruguayo, destacó especialmente el posicionamiento del país en esta área.
“Uruguay es uno de los países estrella, no solamente en la región, sino incluso casi a nivel mundial”, afirmó.
En particular, mencionó al centro logístico Latin America Cargo City (LACC), al que calificó como “algo realmente impresionante”. Según Echevarne, Montevideo consiguió consolidarse como un hub para la industria farmacéutica con alcance regional, atendiendo no solo al mercado uruguayo, sino también a Argentina, Brasil y Paraguay.
Además, remarcó la integración entre el aeropuerto y el puerto de Montevideo y destacó que el país logró desarrollar una plataforma logística que trasciende lo estrictamente aeroportuario.
“Es un ejemplo muy interesante de poder de posicionamiento y de ir más allá de lo que es meramente lo aeronáutico”, concluyó.
Un crecimiento más moderado en la región
El desempeño de Uruguay se da en un mercado regional que continúa creciendo, aunque a un ritmo más moderado. Echevarne señaló que durante la primera mitad de 2026 el tráfico de pasajeros en América Latina y el Caribe aumentó 1,9% respecto a igual período de 2025, mientras que la carga creció 3,6%.
Si bien países como Panamá y Brasil mantienen ritmos de expansión elevados, el ejecutivo reconoció que en términos generales se observa una desaceleración “prácticamente en toda la región”.
Pese a esa moderación, ACI-LAC mantiene una perspectiva de expansión a largo plazo. Según Echevarne, la región crecerá a un promedio de 3,1% anual hasta 2054 y pasará de los 809 millones de pasajeros previstos para el cierre de este año a aproximadamente 1.500 millones en 2045.
La recuperación posterior a la pandemia también fue relativamente rápida en América Latina y el Caribe. Echevarne destacó que la región fue una de las que más rápidamente recuperó los niveles de actividad previos al covid-19 y que en aproximadamente un año y medio o dos años ya había vuelto a los niveles de tráfico anteriores.
La recuperación, sin embargo, fue desigual. Actualmente existen 133 aeropuertos de la región cuyo tráfico de pasajeros todavía se encuentra por debajo de los niveles de 2019 y 161 que no recuperaron los registros de carga previos a la pandemia.
Para Echevarne, una de las claves para recomponer esa conectividad pasa por una mayor liberalización y desregulación del transporte aéreo, ya que, según sostuvo, “está demostrado a nivel global” que eso “estimula el tráfico”.
También defendió el esquema de tarifas aeroportuarias y afirmó que representan menos de 6% de los costos operativos de las aerolíneas. Según sostuvo, ese porcentaje incluso será menor este año por el aumento de los combustibles.
Echevarne señaló que las tarifas están vinculadas a los costos operativos y a las inversiones realizadas en los aeropuertos y destacó que son “estables y predecibles en el tiempo”. A la vez, remarcó que ACI no cuestiona la libertad de las aerolíneas para definir sus precios.
“Tienen total libertad, lo respetamos y aplaudimos que haya esa libertad comercial”, afirmó.
El desafío de ampliar la capacidad
Mientras el tráfico continúa creciendo, uno de los principales desafíos para la industria será contar con infraestructura suficiente para atender la demanda.
De acuerdo con un estudio que ACI se encuentra finalizando, serán necesarios unos US$ 178.000 millones durante los próximos 30 años para ampliar instalaciones existentes y construir nueva capacidad aeroportuaria.
Echevarne remarcó que ese desembolso no debe verse únicamente como un costo, sino también por su impacto en la actividad y el empleo. En ese contexto, puso el foco en el papel de los gobiernos para habilitar los proyectos.
“Lo que necesitamos es el permiso por parte de los gobiernos para que se lleven a cabo esas inversiones de una forma eficiente y rápida”, afirmó.
El director general de ACI-LAC recordó además que América Latina y el Caribe es la región del mundo con mayor participación privada en la gestión aeroportuaria.
Por su parte, el director general de ACI World, Justin Erbacci, sostuvo que la demanda global de viajes continúa mostrando fortaleza pese a las distintas crisis que atraviesa la industria.
“La gente quiere viajar, los agentes de negocios quieren conectar y los países quieren los negocios que la aviación permite”, afirmó.
Erbacci señaló que la compra de pasajes se mantuvo relativamente estable desde marzo y por encima de los niveles de 2025. “El panorama a corto plazo para la aviación sigue estando fuerte”, sostuvo.
No obstante, advirtió que el sector enfrenta un entorno marcado por la incertidumbre geopolítica, los riesgos climáticos y de seguridad, así como por una creciente presión sobre la infraestructura y el capital.
Para el director general de ACI World, el principal desafío de los próximos años no será generar demanda, sino contar con capacidad suficiente para atenderla. Muchos de los aeropuertos más transitados del mundo se encuentran ya cerca de sus límites prácticos y el número de aeropuertos congestionados aumentó 36% durante la última década, según remarcó el ejecutivo.
Erbacci también destacó el papel de los aeropuertos como motores económicos. “Los aeropuertos son activos estratégicos, son catalizadores de desarrollo económico, traen inversión y oportunidades”, sostuvo. Según dijo, el nivel de conectividad también incide directamente en la competitividad de un país.
Tecnología y nuevos riesgos
En paralelo al crecimiento de la actividad, la industria enfrenta nuevos desafíos vinculados con la tecnología, el cambio climático y la seguridad.
La directora de Safety Management, Sustainability and Global Outreach de la European Union Aviation Safety Agency (EASA), María Rueda, señaló que uno de los principales desafíos es la ciberseguridad. Según explicó, los aviones, aeropuertos y servicios de tráfico aéreo utilizan cada vez más sistemas interconectados, lo que aumenta su exposición a posibles ataques.
“Cada vez hay más tecnología, tanto en el avión como en los aeropuertos, con los servicios de tráfico aéreo, y eso significa que puede ser hackeado por actores que tienen intenciones maliciosas”, señaló.
A ello se suma el desafío del cambio climático. Rueda indicó que la industria trabaja con el objetivo de descarbonizar la aviación hacia 2050, pero al mismo tiempo debe adaptarse a fenómenos climáticos que ya afectan las operaciones aeroportuarias.
Entre las principales herramientas mencionó el combustible sostenible de aviación (SAF, por sus siglas en inglés), que podría representar entre 30% y 40% del esfuerzo de descarbonización. También señaló el desarrollo de aeronaves propulsadas por electricidad e hidrógeno, tecnologías que exigirán nuevas adaptaciones por parte de los aeropuertos.
Otro desafío será integrar nuevos actores al espacio aéreo. Rueda mencionó los drones, la movilidad aérea avanzada, los vuelos supersónicos e hipersónicos y las operaciones espaciales, entre otros desarrollos.
“Todavía no tenemos un sistema regulatorio para hacer que este tráfico se integre con el tráfico tradicional”, afirmó.
Para Rueda, la respuesta deberá surgir de una mayor cooperación entre aeropuertos, aerolíneas, proveedores de tráfico aéreo y reguladores. “Para mantener la seguridad operacional debemos trabajar todos juntos”, afirmó.
En ese sentido, señaló que la industria debe avanzar hacia sistemas capaces de anticipar problemas antes de que ocurran. “Hay que ser más predictivos en la identificación de riesgos. Debemos hacer simulaciones de riesgos potenciales”, concluyó.
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