"Parece que hay un mundo cada vez más fragmentado" que "obliga a tomar decisiones que no necesariamente buscan maximizar valor económico", afirma el Global Head of Commercial & Institutional Client Solutions de BBVA, Jaime Sáenz de Tejada en entrevista con El País. En ese escenario "América Latina aparece razonablemente bien posicionada" y se abren oportunidades, agrega. Para Uruguay esto implica empezar "a ver la botella medio vacía, no el conformismo de la botella medio llena", dice el ejecutivo que tiene responsabilidad directa para el país y Venezuela. "Creo que Uruguay tiene la capacidad de reinventar nuevas industrias y conseguir que haya nuevas industrias que se instalen en el país. Tenemos que ser capaces de generar esos consensos sociales, parecido a lo que se hizo con la celulosa", sostiene Sáenz de Tejada. El ejecutivo español lleva 33 años en el banco y en sus comienzos en la institución vivió tres años en Uruguay.
-¿Cómo está viendo este escenario geopolítico complejo: guerra en Medio Oriente, la situación de aranceles de Estados Unidos, y en América Latina todo el tema del fenómeno climático de El Niño?
-Son todos riesgos a gestionar que están obligando a las empresas y también a los Estados a tomar decisiones muy importantes. Cada vez es más importante este concepto de autonomía estratégica, de resiliencia de las cadenas de suministros. De alguna manera se está rompiendo un poquito esa globalización que ha sido la pauta desde la Segunda Guerra Mundial y parece que hay un mundo cada vez más fragmentado en bloques y donde obliga a tomar decisiones a empresas y gobiernos que no necesariamente buscan maximizar valor económico. Pero sí mejorar la resiliencia para garantizar el suministro. Eso por supuesto que puede generar menos crecimiento económico, menos empleo y la sensación de que cada vez más en el mundo hay bandos. Al final, siempre en estas situaciones termina habiendo oportunidades. Y yo ahí sí tengo la sensación de que América Latina aparece razonablemente bien posicionada, porque en algunos de estos insumos clave Latinoamérica tiene un peso relevante: toda la importancia que se le está dando a la energía, con América Latina que está muy alejada de algunos de estos lugares complicados, y que están condicionando el suministro, y eso es algo que de alguna manera puede vender e intentar posicionarse como un suministrador confiable. Pero también están los términos de intercambio récord histórico en alimentos. En estos momentos, Uruguay se está beneficiando una barbaridad de unos términos de intercambio históricos prácticamente en algunos productos. O sea que, como todo en esta vida, oportunidades para algunos si son capaces de aprovecharlo bien.
-Ahora hablaremos más sobre ese punto, pero ¿cómo ve desde el lado del sistema financiero global que si se quiere fue un poco protagonista en la última gran crisis, de 2008-2009 y hoy por hoy parece estar viendo de costado estos riesgos?
-Es verdad que las tasas de interés están subiendo, pero todavía no están subiendo demasiado. Los balances empresariales, con carácter general, siguen siendo muy sólidos, y de hecho, estamos viendo cómo, a pesar de esta subida de tipos de interés, la bolsa se está comportando bien. Y eso a priori es tremendamente contradictorio. Es verdad que hay una apuesta por unas productividades futuras de la Inteligencia Artificial, que tendremos que garantizar que efectivamente son capaces de defender las valoraciones que se están cotizando, pero en general, incluso fuera de esos tipos de empresas, está habiendo resultados buenos. Y en el fondo, los sistemas financieros y los bancarios son reflejo de esa economía. Por tanto, tipos altos a priori, pero tipos altos que no generan incremento de coste de riesgo, son entornos que a los bancos razonablemente nos vienen bien. Creo que tenemos retos de transformación como todos los sectores y sin duda la incorporación de la Inteligencia Artificial es uno. Pero creo que hemos demostrado en el pasado que somos capaces de enfrentarnos a estas disrupciones de manera muy proactiva y estamos convencidos de que haremos en esta oportunidad.
-¿Cómo ve la inteligencia artificial? Para el banco es una oportunidad de ganar eficiencia y demás, pero a nivel general de lo que puede generar en la economía global, teniendo en cuenta que a diferencia de las revoluciones industriales anteriores, esta, si se quiere, va muy muchísimo más rápido de lo que es la capacidad humana para reaccionar ante ella. ¿Ven ese riesgo de pérdidas masivas de empleos?
-Está siendo más rápido, además, está siendo más transversal porque probablemente es una tecnología con capacidad de disrupción en amplios sectores económicos. Creo que sin duda el ahorro, la mejora de eficiencia, los aumentos de productividad es un factor, pero a nosotros nos está obsesionando más incluso que eso en qué medida la Inteligencia Artificial puede cambiar la experiencia que ofrecemos a nuestros clientes. En la medida que, vía estas herramientas y el uso de los datos y la inteligencia que tenemos de nuestros propios clientes, somos capaces de construir unos contextos que nos permitan asesorar de manera diferencial, pensamos que podemos generar una experiencia distinta y una capacidad de generar valor al cliente también distinta. Y creo sinceramente que ese es el principal reto mucho más que el de una pura eficiencia o una pura productividad. Porque en el fondo eso implica muchas veces una obsesión por la transformación que, si no eres capaz de llevar adelante, te puede eventualmente desintermediar un tercero. Entonces, algunas de las reflexiones que estamos teniendo son muy parecidas a las que tuvimos hace 20 años cuando muchas fintechs pensábamos que podrían llegar a desintermediar la relación bancaria y eso no se produjo y ahora tenemos el probablemente el mismo riesgo y el mismo reto. No creo que sea muy distinto el riesgo de obsolescencia personal a lo que hemos tenido en otras etapas. Creo que al final el impacto en los cambios de modelo se irán produciendo con el tiempo y habrá capacidad suficiente de reciclaje probablemente no para absolutamente todas las funciones, pero sí para la mayoría, sería mi sensación.
-No está de acuerdo con eso.
-Por ahora no, pero tampoco tengo datos. Hasta ahora, los datos que estamos viendo es que se sigue creando empleo, se sigue invirtiendo y de hecho se está invirtiendo muchísimo más. Y lo que están apareciendo son cuellos de botella en muchísimas actividades derivadas de toda esa bonanza inversora. Y se necesitan más electricistas, se necesitan más fontaneros, se necesitan más especialistas en aire acondicionado, en gestión de aguas. Entonces, por ahora, el mundo está creciendo, está creciendo más y no se está destruyendo empleo. Veremos cómo evoluciona porque esto seguro que será también una historia cambiante.
-Al comienzo de la entrevista mencionaba que ve oportunidades para los países de América Latina ante estos riesgos geopolíticos que hay en la vuelta, si hacen las cosas como para aprovechar esa oportunidad. ¿Qué es lo es que deberían hacer los países para subirse a esta oportunidad?
-Diría fundamentalmente dos cosas: hay que subir la inversión, sobre todo la inversión privada, y estar obsesionado con la mejora de productividad. Son los elementos que de largo plazo garantizan la creación de riqueza y la mejora del bienestar de las sociedades. Y eso es lo que tenemos que intentar conseguir que tanto los nacionales como los internacionales consideren que América Latina es atractivo para invertir en la región. Y lamentablemente en las últimas décadas hemos tenido diferentes décadas perdidas. Creo que en estos momentos hay una oportunidad con términos de intercambio extraordinarios que tenemos que ser capaces de reinvertir adecuadamente en la propia sociedad, pero aprovechando suficientemente. Ya no es suficiente crecer al 1% o al 2% tenemos que aspirar a más porque la oportunidad está ahí. Y si no la aprovechamos nosotros, la va a aprovechar otro. Entonces, muchas veces me da más pena el coste de oportunidad de lo que podíamos haber crecido si hubiésemos tenido políticas o medidas adecuadas que lo que efectivamente se haya conseguido. Así que Latinoamérica tiene un reto, pero también una enorme oportunidad que aspiraría después de haber trabajado tantos años aquí en la región a que lo aprovechemos.
-¿Y qué medidas o políticas concretas se deberían llevar adelante?
-Mantener la institucionalidad es clave, creo que la seguridad jurídica es fundamental. Reducir los costes es un factor muy importante. Hay sociedades mucho más costosas que otras para operar. La regulación en determinados sitios es excesiva. Hay muchísimas trabas burocráticas que enlentecen muchísimo el proceso de decisión y que termina habiendo costes productivos muy relevantes. Y aquí hay una competencia: por costes laborales, hay competencia por costes fiscales, hay competencia por costes de capital. Y tenemos que intentar lograr, cada sociedad, un equilibrio que no tiene que ser en todos los casos igual, pero que tiene que hacer que las matemáticas salgan para incentivar esa inversión. Por ejemplo, Uruguay tiene una capacidad de generar energía que probablemente no está aprovechando suficientemente, y hay que tener la visión país para garantizar que esos grandes proyectos de inversión, como en otras épocas históricas pudo ser la celulosa, intentar convertirlos en polos de desarrollo industrial cada vez más importantes. Porque lo que estamos viendo es que hay muy poca industria en el país y la industria tiende a generar empleo de mucha calidad.
-Mencionaba recién el caso de Uruguay y la oportunidad que tiene en energía. El cuestionamiento aquí es el costo de la energía, que es alto comparado con la región, pese a tener disponibilidad de energías renovables. Entonces, ¿qué es lo que falta? ¿Hay falta de decisión política? ¿Falta que el empresario empuje más?
-Pues probablemente las dos cosas. Aquí lo importante es tener visión país y tener una visión país compartida por agentes públicos y privados. Uruguay ofrece una estabilidad política e institucional extraordinaria, una alternancia de partidos en el poder que se asume con completa naturalidad y eso es muy positivo. Bueno, junto con esa fortaleza es muy importante tener una visión país compartida y que los diferentes gobiernos, con independencia del signo político, vayan haciendo cada uno su parte en ese proceso. Entonces, hay que ser transparentes con la visión país que queremos construir y verdaderamente ser transparentes con las oportunidades que le queremos dar a los jóvenes, que es lo más importante para evitar que ese talento se vaya fuera. Es importante que trabaje aquí que reinvierta todo su conocimiento en el país.
-Hace poco estuvo en Uruguay la directora gerente del FMI, Kristalina Georigieva, y pasó un mensaje: “tienen que animarse a más, tienen que tomar más riesgo. La estabilidad está muy bien, es una insignia del país, pero tienen que arriesgar más porque si no van a seguir creciendo al 1 y poco por ciento, que es lo que ha pasado la última década”. ¿Cómo ve eso?
-Bueno, pues que probablemente necesitamos más ambición. Se vive muy bien en Uruguay y puede no ser necesario tomar decisiones, porque total, vivimos suficientemente bien. Pero tenemos que intentar ver la botella medio vacía, no el conformismo de la botella medio llena. Si analizamos el coste de oportunidad de las decisiones que tomamos, creo que probablemente entre todos seríamos capaces de empezar a generar un determinado movimiento social que nos ayudase a realizar los cambios que necesitamos. Y lo que pasa es que, como sociedad, tenemos que ser capaces de explicarlo, verbalizarlo y ver si se genera el consenso suficiente. Si estos temas no están encima de la mesa, si no están en la agenda público-privada no se van a discutir y no se van a tomar las decisiones. Así que como país más ambición, estoy de acuerdo que es algo que nos vendría bien y junto con esa ambición, la convicción de la necesidad de hacer los cambios que sean necesarios.
-En ese sentido, a veces se dice que esa búsqueda de consenso que hay en Uruguay, que no sucede de repente en otros países, es un poco a la vez parte de la ventaja y de la conveniencia del inconveniente.
-Sin romper el consenso, que es muy importante porque creo que estos viajes trascienden un periodo de gobierno, lo que creo que es muy importante es que se trabaje para el futuro, pero para el futuro más allá de los siguientes cinco años y que los horizontes temporales de gestión trasciendan los periodos electorales. Reconozco que eso no es fácil, porque hay toda una serie de intereses creados, pero en la medida que seamos capaces de generar esas visiones compartidas, creo que todos podremos hacer una parte para ir avanzando en esa visión. Y es lo que me encantaría ver también en Uruguay.
-Cree que el acuerdo Mercosur-Unión Europea que, después de tantos años de negociación, se aprobó, ¿puede ser un catalizador para esas oportunidades?
-Me encantaría pensarlo porque se abre un mercado gigantesco para el Uruguay y para Mercosur en general, donde Uruguay en concreto tiene ventajas competitivas muy claras, lo que hay que hacer es maximizarlas ¿y aprovecharlas, no? Pero, ni siquiera me refiero solo a los productos tradicionales de exportación que simplemente vamos a redirigir de un sitio a la Unión Europea, aunque aumentemos cantidad. Creo que Uruguay tiene la capacidad de reinventar nuevas industrias y conseguir que haya nuevas industrias que se instalen en el país. Tenemos que ser capaces de generar esos consensos sociales, parecido a lo que se hizo con la celulosa, que fueron diferentes gobiernos los que de alguna manera fueron tomando decisiones y se terminó convirtiendo en un proyecto país. Pues algo parecido, creo que tenemos que intentar con alguna otra industria.
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