Entrevista a vice del Banco Mundial: Uruguay necesita "cierta ruptura" y habrá "tensiones", pero el "riesgo es no hacer reformas"

La vicepresidenta del BM para América Latina y el Caribe, Susana Cordeiro advirtió en entrevista con El País, que Uruguay requiere reformas en logística, energía -donde hay una "paradoja", ya que tiene una matriz muy limpia, pero "los costos de la electricidad son altos"- y capital humano.

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Susana Cordeiro, vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.
Foto: Ignacio Sánchez / El País.

La vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, Susana Cordeiro, estuvo en Uruguay la semana pasada para participar de la celebración del 80° aniversario de relacionamiento entre el país y el organismo. Además, mantuvo reuniones con el ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone y el presidente de la República, Yamandú Orsi. En entrevista con El País, Cordeiro planteó que ante el bajo crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en la región existe "una gran presión por gastar, en lugar de pensar cómo gastar mejor". Marcó que más allá del proyecto de ley de Competitividad y Reducción del Costo de Vida, esperan "una nueva ola de reformas más ambiciosas".

Para Cordeiro "lo que trajo al país hasta aquí no será suficiente para llevarlo a la siguiente etapa. Es importante reconocer la necesidad de cierta ruptura y transformación —procesos que inevitablemente conllevarán desacuerdos y generarán ganadores y perdedores—, y exigirá tomar decisiones difíciles". Por eso, "el país necesita reflexionar más es en el 'cómo', en la manera de alcanzar esos objetivos. Y parte de ese 'cómo' requiere tensiones y fricciones", agregó.

Además advirtió: "Si estas reformas no se encaran ahora, dentro de 10 años podríamos estar teniendo una discusión mucho más grave por haber dejado pasar la oportunidad".

-¿Ve un riesgo de que América Latina se enfrente a otra década perdida? ¿Qué factores podrían desencadenarla?

-Veo que se están produciendo muchos cambios en la región y a nivel geopolítico. Algunos hablan de la incertidumbre que esos cambios pueden traer, pero nosotros los vemos como una oportunidad para la región. En este preciso momento se están produciendo transformaciones profundas en las cadenas de suministro, la seguridad alimentaria y la seguridad energética, factores que juegan a favor de las ventajas comparativas de la región. Y, especialmente en el caso de Uruguay, estas ventajas son reales: credibilidad, solidez institucional y una base de educación e infraestructura digital que le permite al país tener un peso mucho mayor que el que cabría esperar por su tamaño. Así que, más que incertidumbre o una década perdida, veo oportunidades reales si se ponen en marcha las reformas adecuadas.

-Como usted decía, si se llevan a cabo las reformas correctas; no obstante, la región se enfrenta a un bajo crecimiento del PIB tras haber vivido el súper ciclo de las materias primas. ¿Qué opina al respecto?

-Efectivamente, la región ha crecido apenas un 1,5% anual durante la última década. Es una preocupación real, pero creo que eso es solo ruido de fondo. La señal clave reside en la heterogeneidad que se observa en la región. Hay diferencias importantes en las tasas de crecimiento y vemos ejemplos reales de crecimiento sostenido en países como Argentina, El Salvador y Paraguay. Estos países están encarando reformas difíciles, entre ellas las necesarias para asegurar la estabilidad fiscal y macroeconómica, y procurando que los gobiernos no solo gasten más, sino que gasten mejor.
Creo que es fundamental priorizar la cuestión fiscal y abordarla como una tarea diaria, porque existe una gran presión por gastar, en lugar de pensar cómo gastar mejor. Al mismo tiempo estos países están llevando a cabo una estrategia muy interesante: mantienen una orientación fiscal conservadora, pero atienden la dimensión social. Se trata de un conservadurismo fiscal con rostro social; y sus resultados son visibles en la mejora de los índices de pobreza. Lo vemos en Paraguay, en Argentina y también en El Salvador. Por ello, creo que existe una manera de mantener el ancla de la estabilidad fiscal y macroeconómica, y, a la vez, haciendo hacerlo de forma inclusiva.

Asumió el cargo hace un año y gestiona la relación del BM con 31 países

Susana Cordeiro Guerra es vicepresidenta del Banco Mundial (BM) para América Latina y el Caribe, cargo que asumió el 15 de setiembre de 2025.

En este cargo, administra el compromiso del organismo con 31 países y supervisa una cartera de US$ 41.500 millones en operaciones en curso.

Antes de unirse al BM, ocupó cargos de alta dirección en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), incluido el de directora de la Oficina de Planificación Estratégica y Efectividad en el Desarrollo y gerente del Departamento de Instituciones para el Desarrollo (IFD). En estos cargos, lideró la estrategia en programas fiscales y económicos, impulsó la toma de decisiones basada en datos y promovió la innovación financiera.

También se desempeñó como presidenta del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), donde supervisó a 12.000 funcionarios, y encabezó la modernización de las estadísticas oficiales del país y el censo nacional de población. Al principio de su carrera, trabajó en el Grupo Banco Mundial en múltiples departamentos y regiones, en temas de descentralización y el desarrollo subnacional.

Cordeiro Guerra mantiene doble nacionalidad, estadounidense y brasileña, tiene un doctorado en Ciencias Políticas del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), una maestría en Administración Pública y Desarrollo Internacional de la Harvard Kennedy School y una licenciatura en Estudios Sociales de Harvard College.

-¿Y qué impacto podría tener el fenómeno climático El Niño en la región y, específicamente, en la economía uruguaya?

-Creo que El Niño —y el fenómeno de un "Súper Niño"— representa una preocupación real para toda la región, en particular para el Caribe, Centroamérica, el corredor andino y Uruguay. Lo más importante —y es un aspecto en el que el Banco Mundial ha estado trabajando con los países— es fortalecer la preparación para enfrentar este desafío. Eso implica aportar conocimiento técnico, contar con financiamiento contingente y disponer de herramientas que permitan modelar los riesgos de manera predecible.
Contamos con nuevos modelos paramétricos aplicados a nuestros instrumentos que nos permitieron anticipar algunos de estos daños y asignar coberturas de seguro de forma muy específica y estratégica a sectores clave. En el caso de Uruguay, la agricultura es fundamental. Por eso será importante trabajar de manera muy focalizada, y estamos dialogando con el gobierno para apoyarlo en esa dirección.

-Mencionó que mantienen un diálogo con el gobierno y este ha anunciado algunos créditos de la CAF y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). ¿Está también el Banco Mundial incluido en esa agenda?

-No participamos en ese crédito específico, pero sí formamos parte de una agenda más amplia. De hecho, el préstamo de US$ 300 millones aprobado la semana pasada incluye un componente DDO (Opción de Desembolso Diferido) un tipo de herramienta que le proporciona a Uruguay espacio fiscal en caso de que este riesgo climático se materialice. Estamos integrando la resiliencia y la preparación en nuestros instrumentos financieros. También es importante que los organismos multilaterales nos coordinemos cada vez más.
Cuando se producen crisis, aumenta la necesidad de actuar con agilidad y de facilitar el apoyo que los organismos multilaterales pueden brindar a sus contrapartes. Por eso estamos buscando maneras de trabajar cada vez más estrechamente y contar con instrumentos conjuntos en lugar de múltiples instrumentos distintos. Creo que esto es una parte fundamental de nuestro marco de reconocimiento mutuo, aprobado recientemente por el presidente Ajay Banga junto con el BID. Tenemos un marco similar con el Banco Asiático de Desarrollo.
Sin embargo, el aspecto clave de estos marcos es traducirlos en proyectos y programas concretos, y en eso estamos trabajando. Considero que Uruguay ofrece el entorno ideal para colaborar y fortalecer nuestra alianza en beneficio de todos los uruguayos.

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Susana Cordeiro, vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.
Foto: Ignacio Sánchez / El País.

-¿Cómo fueron las reuniones que tuvo en Uruguay?

-Tuvimos una serie de reuniones muy productivas. Comencé el día reuniéndome con el ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone y su equipo, y también me reuní con el presidente de la República, Yamandú Orsi. Las reuniones fueron muy útiles para entender en qué punto nos encontramos en nuestra agenda de colaboración con el gobierno y hacia dónde podemos avanzar, cuál es la próxima ola de reformas. El gobierno ha avanzado mucho con el proyecto de ley de Competitividad, aprobado recientemente en el Senado. Esperamos que la agenda de competitividad incluya una nueva ola de reformas más ambiciosas. Identificamos algunas áreas estructurales clave.

-¿Cuáles?

-Es importante contar con una agenda de reformas estructurales que sirva de ancla para los esfuerzos de competitividad. Creo que hay un par de elementos sumamente importantes. Uno es la logística: Uruguay ocupa el puesto 65 de 139 países en desempeño logístico. El otro es la electricidad: sus costos son muy elevados para los hogares. Es una verdadera paradoja, porque Uruguay tiene una matriz energética muy limpia y ha sido pionero en esta área, y sin embargo los costos de la electricidad son altos, en gran medida por acuerdos heredados, subsidios cruzados y los costos fijos propios de una economía pequeña. Existe una oportunidad real de avanzar en esta agenda estructural, ser más ambiciosos, destrabar los cuellos de botella logísticos y mejorar el acceso a la energía. Son pilares fundamentales de una agenda de apertura, en la que Uruguay realmente puede convertirse en un centro neurálgico para la región.

-El proyecto de ley de Competitividad y Reducción del Costo de Vida no incluye los costos logísticos ni los costos de la energía. Después de reunirse con el presidente Orsi y el ministro Oddone, ¿qué impresión le queda sobre estos factores que no figuran en el proyecto de ley?

-Creo que comparten la visión de que estos temas forman parte de la agenda de competitividad. Hay un amplio consenso sobre la dirección y la visión hacia las que el país debe avanzar. El Banco Mundial está aquí para apoyar al gobierno a encontrar la mejor manera de lograrlo. Al mismo tiempo, Uruguay enfrenta un desafío que está vinculado a una de sus mayores fortalezas: su capacidad de construir consensos. El país es reconocido mundialmente por ello, y esa es una gran virtud que le ha otorgado credibilidad. Tiene instituciones sólidas y respeto por el Estado de derecho. Todo esto forma parte de su ADN y de su fortaleza. Pero, lo que trajo al país hasta aquí no será suficiente para llevarlo a la siguiente etapa. Es importante reconocer la necesidad de cierta ruptura y transformación —procesos que inevitablemente conllevarán desacuerdos y generarán ganadores y perdedores—, y exigirá tomar decisiones difíciles. Es parte de la próxima ola de reformas de competitividad que Uruguay necesita para llegar a un equilibrio distinto al actual. Para nosotros, el riesgo no está en hacer las reformas. El riesgo está en no hacerlas.

-Ahora, por ejemplo, la única terminal de contenedores del puerto de Montevideo ha sufrido más de 40 días de paro en lo que va de año. Esto preocupa a los exportadores, no solo por los costos, sino también por la operatividad de la terminal para realizar negocios. ¿Qué opinión tiene el Banco Mundial al respecto y como se enlaza con lo que mencionó anteriormente de que una de las claves de Uruguay es la construcción de consensos en torno a reformas o cambios?

-No puedo referirme específicamente a este caso, porque no conozco en profundidad lo que sucedió. Sí puedo hablar, en términos más generales, sobre los contextos en los que vemos que se producen transformaciones. Son contextos en los que surgen tensiones y fricciones, no solo respecto de qué hacer, sino también de cómo hacerlo. Creo que en Uruguay existe un gran consenso sobre la visión y sobre lo que es necesario hacer. Se percibe en todas partes y a través de los distintos partidos políticos. Donde el país necesita reflexionar más es en el “cómo”, en la manera de alcanzar esos objetivos. Y parte de ese “cómo” requiere tensiones y fricciones. No es necesario estar de acuerdo en todo. Se puede coincidir en el rumbo y en la visión, y admitir el desacuerdo sobre el proceso para llegar allí. A corto plazo habrá ganadores y perdedores, pero en el largo plazo todos se beneficiarán. La convicción de que las reformas generarán mayor inversión privada, atraerán nuevos actores, permitirán un nuevo posicionamiento de Uruguay en la región y, en definitiva, impulsarán una productividad y un crecimiento más inclusivos, con más y mejores empleos, es lo que debería mantener a todos enfocados en el objetivo.
Pero hay otro aspecto importante, que a veces no se discute lo suficiente: la ventana de oportunidad es estrecha. En este momento que vive la región, esa oportunidad está presente. Por eso, la urgencia de poner en marcha estas reformas es real. Y, por nuestra parte, el Banco Mundial está plenamente dispuesto a acompañar a Uruguay en esa ambición.
Creo que hemos marcado un momento histórico al celebrar el 80° aniversario de nuestra asociación con Uruguay. A lo largo de este tiempo, nuestra colaboración ha evolucionado. Pero lo interesante de esta alianza es que aportamos conocimiento global al país, pero también vemos a Uruguay como una ventana al mundo: llevamos al resto del planeta las innovaciones que implementamos aquí. Uruguay tiene una importancia estratégica para el desarrollo gracias a su nivel de capacidades y la solidez de sus instituciones. Eso permite aspirar a metas más ambiciosas. La pregunta es cómo avanzar en esa dirección con mayor determinación.

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Susana Cordeiro, vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.
Foto: Ignacio Sánchez / El País.

-Usted mencionó que el riesgo para Uruguay radica en no llevar a cabo estas reformas. El país también se enfrenta al desafío de un bajo crecimiento durante la última década ¿Qué podría hacer el país para abordar esta situación además de lo que planteó?

-Hay tres pilares, por así decirlo, que hemos tratado en las reuniones de hoy. El primero es, sin duda, avanzar hacia un gobierno más moderno y eficiente. Eso implica un esfuerzo fiscal anclado en la nueva regla fiscal, que es fundamental, y en el ancla de deuda del 65% del PIB, que también es crucial. Requiere un gobierno comprometido con gastar menos y con mayor eficiencia para brindar mejores servicios a la población. Ese es el primer pilar, y realmente constituye el ancla. Lo vemos en los gobiernos de la región que están creciendo: son aquellos comprometidos con la disciplina fiscal.
El segundo pilar es el que ya comentamos: la agenda de competitividad. La próxima ola de reformas, como hemos dicho, debe concentrarse en la energía y la logística.
Pero hay un tercer pilar que quería mencionar y que, sinceramente, es el motor clave para responder a su pregunta sobre crecimiento y productividad: el capital humano. Creo que el capital humano —y el enfoque en el empleo, buscando no solo más puestos de trabajo, sino empleos de mejor calidad— representa una agenda importante para Uruguay, especialmente a la luz de los resultados de las pruebas PISA que conocimos. Hubo avances reales en algunas áreas, como las ciencias, pero también existen ámbitos que requieren atención, como las matemáticas.
Además, vemos casos de estudiantes que terminan la educación secundaria, pero donde solo cuatro de cada 10 poseen las competencias básicas. Es una cifra problemática para cualquier país, pero especialmente para Uruguay. Esto vuelve a la pregunta sobre el costo de no hacer las reformas: sin ellas, se corre el riesgo de perder los avances logrados. En ningún ámbito esto es más evidente que en el capital humano.
Esta agenda también incluye las tasas de deserción y abandono escolar en secundaria, que son muy elevadas, y el hecho de que muchos jóvenes que ni estudian ni trabajan no tienen las habilidades que requieren los empleos disponibles. Por eso, la capacitación y reconversión de habilidades de esta población joven constituye también una preocupación y una prioridad fundamental. Dada la situación demográfica de Uruguay y el envejecimiento de su población, el capital humano es un área en la que podemos aprovechar la tecnología, la inteligencia artificial y las fortalezas del país en infraestructura y capacidades digitales para potenciar la productividad de cada trabajador y así afrontar este desafío demográfico. Y no hay lugar donde esto sea más viable que aquí, dada la base tecnológica y el nivel de adopción digital existentes. En definitiva, se trata de una agenda que entrelaza el capital humano, la tecnología y la demografía, ofreciendo una gran oportunidad para lograr ese crecimiento productivo e inclusivo del que hablábamos.

-Disculpe, pero he escuchado este diagnóstico de los problemas de capital humano en Uruguay durante los últimos 15 años, sin embargo nadie ha logrado abordar este problema con éxito. ¿Ve a Uruguay capaz de hacer lo necesario para mejorar su capital humano?

-Creo que es parte de la agenda más amplia de competitividad del país. Uruguay no puede competir en el mundo ni abrirse de la manera que busca sin capital humano. Es una condición necesaria para esa agenda. Y percibo que el gobierno comparte esa visión.

-¿También en el ámbito educativo?

-Así es; sin duda existe acuerdo sobre esa visión.

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Susana Cordeiro, vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.
Foto: Ignacio Sánchez / El País.

-¿Y cuál es su valoración de la agenda fiscal de Uruguay de cara al futuro? Usted mencionó la regla fiscal, además Uruguay ha implementado el impuesto mínimo global. ¿Cómo prevé la evolución de esta agenda?

-Creo que la agenda ha evolucionado positivamente. Hablamos de la regla fiscal, que también formó parte de nuestra colaboración. Es una de las más sofisticadas de la región y se basa en las mejores prácticas internacionales. La nueva ancla de deuda del 65% del PIB —también parte de nuestra colaboración— refuerza ese marco. Esto explica en parte por qué Uruguay cuenta con grado de inversión, a diferencia de muchos otros países de la región.
Son señales claras de que se avanza en la dirección correcta. No obstante, la disciplina fiscal no se mantiene por sí sola; es una práctica diaria. Todos los gobiernos enfrentan presiones para gastar más, y muy pocos incentivos políticos para gastar menos y mejor. La tentación es tratar cualquier espacio fiscal como una oportunidad para aumentar el gasto. Por eso será fundamental mantener la disciplina en esta senda de consolidación. Esto no supone un freno para el crecimiento. De hecho, lo habilita. Las reglas fiscales creíbles atraen inversión privada, y ese es, esencialmente, el tipo de círculo virtuoso que queremos ver en Uruguay. Pero, para que ocurra, necesitamos reformas estructurales en logística y energía. Y necesitamos capital humano.

-Si hubiéramos tenido esta entrevista hace 10 años, probablemente habría mencionado el problema de la inflación en Uruguay. Hoy ese tema no figura en la agenda, ya que el país ha logrado reducir la inflación. Más allá de eso, todavía Uruguay es un país caro; ¿cuál es la perspectiva del Banco Mundial sobre el avance hacia la meta de inflación y el hecho de que siga siendo un país costoso?

-Creo que esto va de la mano con la respuesta anterior: una parte esencial de la reducción de la inflación es este compromiso con la estabilidad fiscal y macroeconómica. Para que los costos sigan bajando, necesariamente deberán avanzar estas reformas estructurales. Uruguay presenta varias paradojas.
En energía tiene todas las posibilidades de contar con un mercado muy competitivo y, sin embargo, los costos energéticos son altos. En educación, tiene todos los ingredientes para lograr mejores resultados y, no obstante, vemos un deterioro. En logística y puertos, tiene la ubicación y la geografía ideales para conectarse con el resto de la región y ser un canal de apertura, pero cuenta con un sistema portuario obsoleto. Por tanto, creo que el desafío reside en abordar estas paradojas.
Hace 10 años, tal vez habríamos tenido el mismo debate, sumado además el problema de la inflación. Si estas reformas no se encaran ahora, dentro de 10 años podríamos estar teniendo una discusión mucho más grave por haber dejado pasar la oportunidad. Esto me lleva de nuevo a la primera pregunta sobre la "década perdida". Tenemos que pensar en la próxima década, porque existen oportunidades reales que la región —y Uruguay en particular— puede aprovechar. Este es el momento adecuado para hacerlo, especialmente dada la coyuntura actual del país. La cuestión no es tanto el destino, sino cómo llegar hasta allí: cómo tomar decisiones difíciles y apoyarse en instituciones como el Banco Mundial para aportar mejores prácticas, conocimiento, asistencia técnica y financiamiento cuando sea necesario para atraer inversiones y acelerar esta transformación.

-¿No es el destino, sino el camino?

-No me refiero exactamente a ese dicho, aunque lo conozco. Se trata menos del “qué”, y más de involucrarse y hacer el trabajo difícil del “cómo”. Eso implica que habrá ganadores y perdedores, y que será necesario transitar situaciones incómodas. Pero también de reconocer que quienes pierden en el corto plazo, se beneficiarán de una porción mucho mayor de los resultados en el futuro.

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