Con el objetivo de mejorar la calidad de las decisiones financieras, el Banco Central (BCU) creó la Unidad Especializada en Salud y Cultura Financiera a partir del informe “Decisiones financieras en Uruguay” que incluye un diagnóstico del conocimiento de la población en materia financiera. El BCU entiende que el nivel de alfabetización financiera se encuentra por encima del promedio regional, aunque reconoció que “los resultados financieros efectivos de esa misma población son preocupantes”.
En su exposición de motivos, el BCU señaló que se basa en tres capas de trabajo y agregó que la unidad “produce contenido para la concientización masiva, aporta al diseño de la educación financiera curricular e incide en la arquitectura de la decisión que la regulación ya empieza a moldear”.
“Cerca de un tercio de las personas registra un informe negativo por incumplimiento de pagos; del lado del ahorro, se suma una preferencia por la liquidez y por la moneda extranjera; y del lado del ahorro jubilatorio, la tasa de reemplazo se ubica por debajo de umbrales de referencia habituales, sin que esto se traduzca en mayores aportes voluntarios, prácticamente marginales”, arrojó el informe del BCU y agregó que existe una escasa diversificación de las inversiones que dejó en evidencia la revelación de los fraudes asociados a los fondos ganaderos.
“Aun con consumidores plenamente competentes, persisten las externalidades de riesgo sistémico (el impacto de las decisiones individuales sobre el conjunto, en particular a través de la dolarización y la estructura de plazos del fondeo) que ningún programa educativo puede neutralizar por sí solo”, sostuvo el Central.
El diagnóstico del Banco Central
El BCU reconoció que el problema principal que enfrenta el sistema es el nivel de endeudamiento de los uruguayos. Según el informe del Central, cerca de 1 millón de las personas en la base de Equifax (ex Clearing de Informes) registra al menos un incumplimiento de pago, de acuerdo con datos presentados por la propia empresa ante la Comisión de Hacienda de Diputados. En la comparación regional, Uruguay tiene la segunda mora más alta entre los países relevados y el nivel de endeudamiento se concentra en los sectores de menores ingresos.
El Central también se refirió a la edad de los deudores y sostuvo que los menores de 30 años en la Central de Riesgos Crediticios del BCU pasaron de 40.000 en mayo de 2015 a 300.000 en mayo de 2023. En el mismo período, la proporción de jóvenes con dificultades en su capacidad de pago pasó de 30,4% a 44,44%, y el capital promedio de endeudamiento creció de $ 19.000 a $ 87.500.
“La mayor parte de los jóvenes con dificultades de pago tiene deudas de crédito al consumo con empresas administradoras de crédito”, sostuvo el BCU en el informe y agregó: “Por cada peso depositado, cerca del 93,6% se transforma en crédito, mientras que por cada dólar depositado, solo un 37,2% vuelve a la economía como crédito”.
El BCU señaló que dos mecanismos explican por qué el endeudamiento se vuelve problemático: por un lado, las personas tienden a subestimar cómo se acumula el interés compuesto además de postergar el pago.
Por otra parte, Uruguay registra niveles bajos de ahorro entre las personas. De acuerdo con la Encuesta de Capacidades Financieras de 2022, apenas uno de cada tres encuestados declaró haber ahorrado dinero en los 12 meses previos. Además, Uruguay se encuentra entre los cuatro países con mayor proporción de depósitos a la vista (84 % del total) y de dolarización de los mismos (69 % del total). “Esta preferencia tiene un costo para quien ahorra.
“El poder de compra de un dólar ahorrado en 1997 llegó a 173 tras la crisis de 2002–2003 y se erosionó hasta 50 hacia 2024, con una volatilidad siete veces mayor que la del peso”, dijo el Central en el documento y agregó: “La dolarización, en particular, tiene un costo en poder adquisitivo para buena parte de los ahorristas, cuya magnitud depende de la moneda en que se cotizan los bienes y servicios que planean comprar”.
“Una línea consolidada de investigación muestra que las experiencias macroeconómicas vividas moldean la toma de riesgo financiero durante décadas, de modo que quienes atravesaron períodos de crisis o de bajos retornos mantienen conductas más conservadoras, con menor participación en activos de riesgo, mucho después de que las condiciones que originaron esa cautela desaparecieron”, expresó el Central en el informe.
Tres capas de trabajo: información y toma de decisiones; concientización; y educación
El BCU destacó la importancia de abordar el proyecto a través de tres capas de trabajo. Por un lado, a nivel de información y toma de decisiones propone analizar la política a partir de cómo las personas realmente deciden. “Ese sesgo del entorno pesa sobre la conducta porque las personas no tienen atención ni tiempo ilimitados para evaluar cada alternativa, en especial frente a productos financieros complejos”, dijo el Central.
Además señaló que la normativa actual se perfila hacia ese sentido. “El proyecto de reforma de la ley de usura que el Parlamento tiene a estudio prevé que toda oferta, publicidad y documentación de crédito informe de manera clara y destacada la tasa efectiva anual, el monto total a pagar y las penalidades”, explicó el BCU y agregó que esto se vincula con el concepto “smart disclosure” (publicación oportuna de información compleja).
“A partir de ahí se abren líneas de exploración, como mostrar el costo del crédito en pesos y cuánto de más se termina pagando, además de la tasa; revisar cómo se presenta el pago mínimo en tarjetas, a la luz del efecto de anclaje o estudiar, donde hubiera margen, esquemas de ahorro con opción por defecto”, señaló el documento del BCU y agregó: “Esta lógica podría aplicarse al ahorro previsional, otorgándoles información a los afiliados sobre la suficiencia de su situación previsional, que les permita evaluar a tiempo si necesitan aumentar sus aportes voluntarios”.
Por otra parte, el BCU distinguió la capa de concientización, que opera sobre algo previo, la disposición a participar. “Las campañas masivas no enseñan en sentido técnico, pero normalizan la conversación financiera, reducen el estigma de no saber y modifican las normas sociales percibidas”, expresó.
Para aplicarlo, el BCU defiende la postura de priorizar el lenguaje cotidiano de las personas por sobre el técnico regulatorio, con mensajes simples, visuales y concretos, difundidos por canales digitales de bajo costo y efecto medible.
Por su parte, la tercera capa consiste en la educación y en ella, el Central resaltó el programa BCU Educa que lleva adelante acciones para instalar temas financieros en la agenda e incluirlos en los planes de enseñanza escolar, liceal y de formación docente.
“La educación financiera rinde más cuando se orienta a cómo se paga que a si se toma o no crédito, y para un problema de tipo “clearing” como el uruguayo, ese es precisamente el margen que importa”, dijo el BCU
Dolarización financiera
“La elección de moneda es, además, un equilibrio de coordinación que ninguna decisión individual puede revertir por sí sola. La política monetaria, la regulación prudencial y el desarrollo financiero son los mecanismos que la evidencia sobre Uruguay documenta para modificar ese equilibrio”, consideró el BCU.
También agregó que la composición por moneda se suma la composición por plazo del fondeo bancario. “Un fondeo corto y exigible en cualquier momento condiciona el activo, ya que limita la capacidad de comprometer recursos en préstamos de largo plazo, empuja hacia colocaciones de corto plazo y, por la vía del riesgo de transformación de plazos, presiona al alza las tasas”, señaló el informe.
“El mercado de crédito al consumo queda atrapado en un equilibrio negativo, en el que la poca información genera tasas altas; las tasas altas desalientan la inversión en mejor información, y la dolarización, al restringir la oferta en pesos, sostiene esas tasas elevadas”, indicó el Central.