¿Por qué el Líbano no puede contener a Hezbolá?: décadas de intentos fallidos y debilidad estatal

El grupo terrorista aún conserva influencia política en el Líbano, aunque en menor medida. Tras el alto al fuego, la viabilidad de este podría depender de la capacidad del Estado para frenar a Hezbolá.

Militantes del grupo terrorista libanés Hezbolá
Militantes del grupo terrorista libanés Hezbolá

El alto el fuego de 10 días acordado entre Líbano e Israel parecía mantenerse el viernes, pero una de las dos partes en conflicto no figuraba en el acuerdo: Hezbolá, la milicia libanesa respaldada por Irán contra la que el ejército israelí había estado luchando.

En declaraciones posteriores al anuncio de la tregua mediada por Estados Unidos, Hezbolá hizo referencias vagas al alto el fuego, pero no se comprometió a respetarlo. El grupo desencadenó la última ronda de combates el mes pasado al atacar Israel en solidaridad con Irán, poco después del inicio de la campaña de bombardeos estadounidenses e israelíes en ese país. Israel respondió a los ataques de Hezbolá lanzando ataques aéreos en todo el Líbano y ampliando su invasión terrestre en el sur del país.

La viabilidad de la tregua podría depender de la capacidad del Líbano para frenar a Hezbolá, algo que ha intentado sin éxito durante décadas.

Durante años, el gobierno libanés se ha visto atrapado entre las exigencias occidentales de desarmar al grupo, al que Estados Unidos ha catalogado desde hace tiempo como organización terrorista, y el temor a exacerbar las tensiones sectarias, que fueron la causa principal de una sangrienta guerra civil de 15 años en el Líbano que terminó en 1990.

Partidarios de Hezbolá ondean la bandera amarilla del grupo militante libanés y retratos de su líder asesinado, Hassan Nasrallah
Partidarios de Hezbolá ondean banderas del grupo libanés y retratos de su líder asesinado, Hassan Nasrallah
Foto: AFP

Hezbolá es un grupo militante chií que surgió en la década de 1980 con el apoyo de Irán y se convirtió en la fuerza de combate más poderosa del Líbano. Para sus seguidores, era el protector de los musulmanes chiíes libaneses frente a Israel, que ocupó el sur del país durante casi 20 años, así como frente a las milicias de otras sectas. También gestionaba una red de servicios sociales como escuelas, clínicas y hospitales.

Hezbolá aún conserva influencia política en el Líbano, aunque menor que antes. El grupo ejerce un control de facto sobre amplias zonas del sur del país y representa un desafío real para la autoridad del gobierno libanés.

En 2023, Hezbolá atacó a Israel en solidaridad con Hamás, el grupo palestino que también cuenta con el apoyo de Irán. Israel respondió con brutalidad, aniquilando a muchos de los principales comandantes de Hezbolá, incluido su líder, Hassan Nasrallah; arrasando gran parte de su infraestructura; y obligándolo a utilizar una parte considerable de su arsenal de armas.

En diciembre de 2024, el levantamiento rebelde que derrocó a Bashar al-Asad —el dictador sirio que llevaba mucho tiempo en el poder y un importante aliado regional de Hezbolá— asestó otro golpe al grupo.

“A lo largo de las décadas de 2000, 2010 e incluso hasta bien entrada la década de 2020, existía la sensación de que el equilibrio de poder favorecía a Hezbolá”, afirmó Andrew Arsan, profesor de historia árabe en la Universidad de Cambridge. “Pero la guerra entre Israel y Hezbolá, que comenzó en octubre de 2023, debilitó al partido, tanto militar como políticamente”.

Un hombre instala una bandera de Hezbolá en Nabi Sheet tras una operación militar israelí en el valle de la Bekaa, Líbano
Un hombre instala una bandera de Hezbolá en Nabi Sheet tras una operación militar israelí en el valle de la Bekaa, Líbano
Foto: AFP

Tras el alto el fuego con Israel en 2024, Hezbolá evitó en gran medida tomar represalias, incluso mientras el ejército israelí mantenía fuerzas en el sur del Líbano y llevaba a cabo ataques aéreos casi a diario.

Muchos se sorprendieron por la intensidad de los ataques de Hezbolá contra Israel a partir de marzo. Esto indicaba que el grupo mantenía un considerable arsenal de cohetes, misiles y drones, así como la capacidad de producir armas localmente, algo cada vez más crucial para su supervivencia como fuerza de combate sin el apoyo de Siria.

La tregua de 2024 con Israel obligaba al Líbano a tomar medidas para desarmar a Hezbolá. El ejército libanés declaró en enero que había logrado avances en sus esfuerzos por restringir el acceso de Hezbolá a las armas, lo que Israel calificó de alentador, pero insuficiente.

Durante los enfrentamientos más recientes, el gobierno libanés declaró de facto a Hezbolá como grupo ilegal al declarar ilegales sus actividades militares. El gobierno también impulsó la erradicación de la influencia iraní en general, llegando incluso a ordenar la expulsión del embajador de Irán en el Líbano.

Pero la respuesta de Hezbolá a esas medidas puso de manifiesto los límites de la autoridad de Beirut. El grupo lanzó amenazas veladas de reavivar la violencia interna, y el embajador de Irán, Mohammad Reza Shibani, se negó a abandonar el país. Leo Sands / The New York Times

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