Leah Stewart es una mujer australiana de 34 años que fue atacada por un tiburón blanco de aproximadamente 4 metros de largo en las costas de Coogee, Sydney.
“Ya está, así es como voy a morir” relata Stewart en una entrevista para la BBC. Sin embargo, al recordar a su hija recuerda: “No podía dejarla… Sé que suena extraño, pero de alguna manera me obligué a volver”.
El ataque, ocurrido en el mes de junio de este 2026, se generó cuando Stewart regresaba tras un baño que formaba parte de su rutina de los sábados, cuando el animal la atacó mordiendo su muslo y sus brazos.
Recuerda que segundos antes del suceso, escuchó a una chica gritar fuertemente. Cuando giró, una enorme aleta apareció justo detrás de Stewart detectando, por su tamaño, que no se trataba de un delfín.
La situación provocó que la mujer y el animal se encontraran a unos 30 centímetros de distancia, según relata. Remarca que sus “ojos negros, pequeños y diminutos”, sumados a sus “dientes y boca enormes”, formaban algo “horrible” en ese momento.
A pesar de mantener la calma durante los primeros segundos, la mujer de 34 años decidió actuar. Si bien explica que su mano hábil es la derecha, la desesperación ante el contexto la llevó a soltar un golpe con su mano izquierda. “Extendí mi brazo izquierdo, pero él me agarró el antebrazo y me lo arrancó” describe. Explica que el tiburón desgarró su extremidad por completo: “la piel, el músculo, todo”. “Había un enorme hueco entre mi mano y mi antebrazo” recuerda.
La fuerza del tiburón blanco, especie que posee 300 dientes y puede alcanzar los 1.800 kilogramos, la arrastró durante algunos metros, mientras también sujetaba parte de su pierna. En ese momento, Stewart pensó que iba a morir.
En qué derivó el ataque del tiburón blanco a una mujer en las costas de Sydney
En un contexto donde Leah Stewart, una mujer de 34 años, estaba con graves heridas en sus brazos mientras seguía siendo atacada por un tiburón blanco de aproximadamente 4 metros, por un segundo pensó que moriría, pero recordó a su hija, August.
“Pensé que crecería sin madre, simplemente sabía que no podía dejarla” indica la mujer. “Sé que suena extraño, pero de alguna manera me obligué a volver” describió.
En ese contexto, la mujer continuó golpeando al enorme animal en lo que describe como “golpear una pared de ladrillos”. Explica que debió darle un golpe contundente, ya que de un momento a otro la soltó.
Fue lo más difícil del mundo, pero logré salir de allí
Posteriormente, un grupo de nadadores se acercó a ayudar a la mujer llevándola hasta la orilla. Tras ser trasladada a urgencias, la indujeron a un coma y le realizaron más de una decena de intervenciones quirúrgicas, según relata. Las graves heridas sufridas en su brazo izquierdo terminaron provocando su amputación. Además, aquel episodio también derivó en lesiones en sus brazos y muslo, aunque de menor grado.
Al recordar la historia, y ese trágico suceso, Stewart aclara que no quiere ser definida tan solo por el episodio.
Con información de OGlobo/GDA