En una inusual entrevista concedida en vísperas de convertirse en la primera ministra que más tiempo ha permanecido en el cargo de forma ininterrumpida en la historia de la República Italiana, Giorgia Meloni reflexionó sobre su largo recorrido desde la derecha postfascista hasta ocupar un lugar central en la política europea que ella misma está transformando.
Siempre expresiva, reflexionó: “Debería haberme dedicado al teatro. ¡Imagínense lo mucho más divertido que lo habría pasado! No sé cómo terminé aquí, pero así fue”.
Su improbable ascenso ya ha tenido un poderoso impacto más allá de las fronteras de Italia. El término “melonización” se ha incorporado al lenguaje común. Este término describe el proceso que Meloni ahora personifica, mediante el cual un partido posfascista se deshace de la amenaza del autoritarismo violento y logra la aceptación generalizada.
Con Marine Le Pen, de la otrora marginada extrema derecha francesa, como una candidata fuerte en las elecciones presidenciales del próximo año, y con el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) liderando las encuestas en ese país, el efecto Meloni está a punto de ponerse a prueba en la Europa de la posguerra.
No te metas con Italia
La octava economía más grande del mundo ha tenido que convivir con la percepción de ser la menos importante entre las grandes potencias. Meloni está decidida a cambiar eso. “No me gusta la idea de una Italia sumisa, una Italia que se considera inferior a las demás”, afirmó. Su objetivo es lograr “la mayor revolución que pueda ocurrir en esta nación: una revolución de orgullo”.
Inconformista por naturaleza, se unió a la derecha posfascista a los 15 años, cuando esta no tenía ninguna posibilidad aparente de llegar al poder, y no ve razón alguna para que Italia no se reinvente. “No me gusta que otros me digan cuáles son mis límites”, afirmó. “Un ‘no’ es una de las cosas que más me motiva”.
Lo que se aplica a ella se aplica también a su nación, como siempre la llama, prefiriendo ese término a república o país. “Creo que lo que me trajo hasta aquí fue el coraje de posicionarme en el lado incómodo de la historia”, dijo Meloni. “Optar por ir contra la corriente”. “Coraje” es, con mucha diferencia, su palabra favorita.
Trump
Dadas sus ambiciones para su país, no fue sorprendente que Meloni reaccionara con indignación recientemente cuando el presidente Donald Trump sugirió que ella había “suplicado” ser fotografiada junto a él en junio en la cumbre del G7 en Francia. “Es evidente que con Donald Trump creía que las cosas serían más fáciles”, dijo Meloni. “Pero las cosas han resultado de otra manera”.
En junio se convirtió en la primera de varios líderes europeos insultados en responder con dureza a Trump, a quien reprendió diciendo: “Italia y yo nunca mendigamos”. Al preguntársele si ella y Trump hablarían después de las vacaciones de verano, dudó. “Bueno, ya veremos”. Aun así, no se arrepiente de nada: “Sigo creyendo que la unidad de Occidente es algo muy importante. No decido la estrategia italiana en función de mis relaciones personales”.
Feministas
Meloni ha sido criticada por elegir que la llamen “il presidente” en masculino en italiano. Comentó que cree que las feministas han librado “las batallas equivocadas” con temas como las cuotas de género.
“Lo que me interesa es si tengo libertad para convertirme en presidenta del Consejo de Ministros”, dice, utilizando el nombre formal del Gabinete italiano y de su primer ministro. “Eso es igualdad, no que me llamen ‘la presidenta’”.
Es famosa por declarar: “Soy Giorgia, soy mujer, soy madre, soy italiana, soy cristiana. ¡No me pueden quitar esto! ¡No me lo quitarán!”.
Así que le pregunté a Meloni por qué su grito de auxilio había tenido tanta repercusión. “Porque tocó una fibra sensible que millones de personas sintieron”, dijo. “Sentirse amenazado en la esencia más auténtica y básica de uno mismo. Fue un eslogan sencillo para una rebelión emocional”.
Parte de esa “identidad básica” es ser mujer, dijo Meloni, sin especificar cómo se ve amenazada. Se mostró evasiva cuando le pregunté si era feminista.
Críticas de la izquierda
Meloni se enfureció cuando mencioné las críticas de la izquierda a su gestión económica. Enumeró una larga lista de “parámetros”: empleo, inflación, llegadas de inmigrantes ilegales, gasto en salud, márgenes de mercado. “¡Díganme si no están mejor!”
Estas cifras, en efecto, han evolucionado en una dirección positiva, aunque a veces de forma muy marginal.
“Pero es posible -dijo con su característico ingenio sarcástico- que no haya hecho nada”.
Esa es la acusación en su contra. Elly Schlein, líder del Partido Demócrata de centroizquierda, citó la escasa tasa de crecimiento económico de Italia, del 0,5%, una fuerte caída de los salarios reales, algunas de las facturas de energía más altas de Europa y la escasez de hospitales públicos como prueba de una “oportunidad histórica desperdiciada”.
Los italianos decidirán en las elecciones del próximo año quién tiene razón. Roger Cohen /The New York Times
Oferta de albergar negociación Líbano-Israel
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, reiteró ayer viernes al presidente de la República del Líbano, Joseph Aoun, el apoyo de Italia a la soberanía y la integridad territorial libanesas y ofreció acoger nuevas rondas de negociaciones entre Líbano e Israel. Meloni se reunió con Aoun en Tarento, al margen de la ceremonia de inauguración de los XX Juegos del Mediterráneo.
Durante el encuentro, ambos líderes abordaron la situación en el Líbano, el desarrollo de las negociaciones con Israel y los escenarios relacionados con la retirada gradual de la FINUL, la misión de la ONU en el país, prevista a lo largo de 2027.
Meloni reiteró también el respaldo de Italia “a los esfuerzos para alcanzar una paz justa y duradera entre Líbano e Israel” y confirmó la disposición de Italia a acoger nuevas sesiones de negociación entre ambos países. La séptima ronda de negociaciones entre Líbano e Israel, mediadas por Estados Unidos y celebradas en Roma, concluyó el 6 de agosto. EFE
Cruce con oposición por política migratoria
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, defendió ayer viernes su política migratoria ante las críticas de la oposición sobre el “efecto bumerán” de su gestión por la posibilidad de que países de la Unión Europea devuelvan a Italia a migrantes irregulares que entraron por su territorio.
“Elly Schlein (líder del opositor Partido Demócrata) habla de un bumerán y de un supuesto fracaso del Gobierno en la gestión de los migrantes. Pero antes de difundir propaganda, conviene entender la diferencia entre los temas que se debaten”, manifestó Meloni en redes sociales. La mandataria sale así al paso de las críticas de Schlein quien ha afirmado que, justo después de que Meloni decidiera aplicar controles a España por la crisis migratoria de Ceuta, países como Alemania, Austria, Suiza, Finlandia o Suecia han expresado su intención de volver a enviar a Italia a migrantes que entraron a UE desde este país.
Pero según Meloni, “Schengen y el Pacto sobre Migración y Asilo son dos cosas completamente distintas y no tienen nada que ver entre sí. Y es precisamente el nuevo Pacto el que marca un punto de inflexión positivo para Italia en la gestión de los migrantes denominados ‘dublineses’”.
Este término alude al Reglamento de Dublín, la norma de la UE que determina qué Estado miembro es responsable de examinar una solicitud de asilo, y se usa para denominar a migrantes que ingresaron ilegalmente en un Estado miembro y luego se trasladaron a un segundo país europeo.
Según medios italianos, varios países europeos están planteando, bajo el nuevo Pacto de Asilo y Migración de la UE, iniciativas para devolver a Italia migrantes “dublineses”.
Meloni explicó que las nuevas normas de la UE “ofrecen mucha mayor protección a los países de primera entrada en lo que respecta a las solicitudes de asilo, y con el fortalecimiento del principio del ‘tercer país seguro’ que defiende Italia, será más fácil implementar repatriaciones aceleradas”. EFE