El líder del partido Israel Beitenu, Avigdor Líberman, cerró ayer viernes la posibilidad de que se sume a un hipotético pacto del bloque opositor al primer ministro Benjamín Netanyahu con las listas árabes, cuyos escaños resultan clave para formar gobierno.
“¡No nos sentaremos con los partidarios del terrorismo! Quien quiera apoyar a los terroristas será maldito. Ese no es el sitio de Israel”, publicó Liberman, que obtuvo 7 escaños en los comicios, en su cuenta de Facebook.
La Comisión Electoral Central de Israel publicó en la madrugada del viernes los resultados definitivos de las elecciones del martes, que dan la victoria al Likud, el partido de Netanyahu, con 27 escaños, y 53 asientos a su coalición.
En segundo lugar quedó el partido opositor Yashar! del exgeneral Gadi Eisenkot, con 21 escaños. El bloque anti Netanyahu quedó así con 48 escaños y necesitaría del apoyo de las listas árabes -que sumaron 19 diputados en el mejor resultado de su historia- para superar el umbral de 61 parlamentarios necesarios para gobernar.
Sin embargo, la mayor parte del bloque opositor, integrado por algunas formaciones de la derecha sionista y con altos cargos militares, aseguró en campaña que no pactaría con listas árabes. Dentro de esta coalición, solo Los Demócratas, considerados de izquierda en Israel, han tendido la mano a los árabes para que Netanyahu no repita legislatura.
“Después del 7 de octubre, Ofer Cassif (de la Lista Conjunta árabe) apoyó un proceso iniciado por Sudáfrica contra Israel en la Corte Internacional de Justicia en La Haya, en el que se afirmó que Israel está cometiendo genocidio y afirmó que ‘el ejército israelí está llevando a cabo actos terroristas’”, lamentó Líberman.
El líder de Israel Beitenu también ha sido muy crítico con Netanyahu por su gestión antes y después de los ataques de la organización terrorista Hamás el 7 de octubre de 2023, enterrando también cualquier posibilidad de asociarse con el Likud si el mandatario permanece en el cargo. En ese contexto, la repetición electoral es un escenario que no se puede descartar. Los comicios del martes fueron los primeros desde el ataque del 7 de octubre de 2023.
Se caracterizaron por la participación más alta desde 1999, con el 77%, y un avance espectacular de los dos partidos árabes, Raam y la Lista Unificada, que obtuvieron por sí solos 19 escaños, según los resultados definitivos. Esas formaciones fueron blanco el jueves de acusaciones de fraude electoral difundidas por el bando de Netanyahu.
Autoridades y medios de comunicación afirmaron, en particular, que se sospecha que estas formaciones habían recibido fondos de Catar para financiar la compra de votos. Por su parte la oposición hizo campaña acusando a Netanyahu y a su entorno de tener vínculos con Catar, que ha sido sede de la dirección política de Hamás durante años.
Catar y los partidos árabes rechazaron estas acusaciones, mientras Eisenkot acusó a Netanyahu de intentar “deslegitimar los resultados”. El servicio de inteligencia interna (Shin Bet) indicó que estaba investigando sospechas de irregularidades, al tiempo que afirmó que dicha pesquisa no busca “incriminar a toda una comunidad que votó de manera democrática y legal”.
Estas tensiones pueden sumir a Israel en una crisis política en medio del conflicto en Medio Oriente en el que Netanyahu amenaza con relanzar una campaña militar contra Irán.
El escrutinio final de las elecciones del martes se entregará oficialmente el miércoles al presidente Isaac Herzog, quien iniciará entonces un proceso de consulta con los líderes de los partidos representados en la próxima Knéset (Parlamento) antes de designar a uno de ellos para intentar formar un gobierno. La falta de mayoría en esta etapa augura negociaciones difíciles que podrían durar semanas. En caso de fracaso, el país podría tener nuevas elecciones, como ha ocurrido en varias ocasiones a lo largo de su historia.
Lanzan campaña contra Netanyahu
Cerca de 50.000 israelíes se han sumado en las últimas horas a una campaña que aboga por un nuevo Gobierno integrado por partidos judíos y listas árabes -conformadas a su vez por palestinos ciudadanos de Israel principalmente- para sustituir al Ejecutivo liderado por el primer ministro Benjamín Netanyahu.
La iniciativa, promovida por Zazim, el mayor movimiento de activismo digital y comunitario de Israel, aboga por que los partidos árabes sean considerados “socios políticos legítimos”, a diferencia de la visión mayoritaria en el bloque opositor israelí y también en el actual Gobierno.
“El respaldo público a la cooperación política entre judíos y árabes es mucho mayor de lo que sugiere el debate político”, afirmó Raluca Ganea, directora ejecutiva de Zazim, en un comunicado. Y añadió: “El propio Likud mantuvo en el pasado negociaciones de coalición con la Lista Árabe Unida (...) Estas elecciones han puesto de manifiesto que el futuro de la democracia israelí dependerá de la colaboración política entre judíos y árabes”.