Por Maite Beer (en colaboración con Dara O'Carroll)
Incendios masivos, monumentos vandalizados, violencia policial y 2400 detenciones: estas son algunas de las imágenes y videos de la ola de protestas en Francia que circulan por todo el mundo. El sábado más de medio millón de franceses tomaron las calles al unirse a las 110 marchas –en su mayoría pacíficas– a lo largo y ancho del país. Se trató de la jornada de protestas con mayor convocatoria desde que comenzaron las manifestaciones por los altos costos de vida y la precariedad del sistema educativo. Los sindicatos, por su parte, indicaron que el sábado hubo más de 800.000 participantes.
Desde que empezaron las manifestaciones, a mediados de septiembre, los estudiantes han bloqueado cientos de centros educativos y el gobierno indicó que se dañaron o incendiaron al menos 24 instituciones. A raíz de los disturbios del fin de semana, el lunes el gobierno liderado por Emmanuel Macron decretó toques de queda en las principales ciudades como París, Lyon, Marsella y Lille.
La destrucción y el nivel de violencia que se vieron en las calles de Francia son las más severas de las últimas décadas. Pero, ¿qué es exactamente lo que reclaman los estudiantes y docentes y por qué se alcanzaron niveles tan altos de vandalismo? El País entrevistó a Isabelle Ungemach-Benedite, profesora de historia y geografía con 23 años de trayectoria en educación pública e integrante del sindicato SUD Éducation.
Isabelle se desempeña como docente en las denominadas REP, Red de Educación Prioritaria (Réseau d’éducation prioritaire) que conforman escuelas y centros de secundaria de barrios desfavorecidos de París. En la actualidad trabaja en la comuna de Seine-Saint-Denis, en los suburbios de la capital, y participó en la protesta del 17 de octubre al igual que en otras manifestaciones en el último mes.
¿Cuáles fueron las demandas específicas del sindicato y por qué decidieron unirse a las manifestaciones masivas?
En primer lugar, hay liceos que se están cayendo a pedazos: filtraciones de agua, calefacción que no funciona, falta de mesas y sillas, baños sin puertas e incluso ratas. Además, sobre todo en los centros educativos de la periferia, no se cubren las ausencias de los docentes. Hay estudios que muestran que los estudiantes pierden casi un año de escolaridad por la falta de suplentes. A su vez, los salarios docentes son muy bajos. También se reclama la eliminación de Parcoursup, la plataforma de admisión a las universidades que Macron puso en marcha en 2018.
¿Qué impronta tiene SUD Éducation y cuál es tu rol dentro del sindicato?
SUD tiene tanto una faceta de lucha sindical así como una pedagógica. En mi sindicato hay trabajadores de la enseñanza primaria, secundaria y universitaria de toda Francia, así como estudiantes. Actualmente me estoy postulando para integrar la CAPA, la comisión que se ocupa de los problemas relacionados con la carrera profesional de los docentes.
¿Por qué creés que las marchas se tornaron tan violentas?
En estos movimientos hay personas muy politizadas, una minoría ínfima, a las que se conoce como los autonomes. Rechazan la democracia representativa. Son antisistema y anticapitalistas. Para ellos hay que hacer una revolución, y la revolución se hace en la calle. Pero son una minoría muy pequeña. Después, creo que otras personas se sumaron a ellos y aprovecharon la situación. Pensaron: “¿Por qué no?”.
Se difundieron muchas imágenes de vandalizaciones hacia comercios de grandes marcas como Apple y Louis Vuitton, ¿cuál es tu visión al respecto?
Creo que algunas personas querían dirigirse al Palacio del Elíseo, la sede de la Presidencia. Había muchos policías frente al palacio, pero en el camino encontraron calles vacías con tiendas de lujo que podían saquear. Para los autonomes, esas tiendas son símbolos del capitalismo. Pero acá no estamos hablando en absoluto de simpatizantes de La Francia Insumisa. Hablamos, por ejemplo, de Revolución Permanente o de otros grupos que quieren hacer una revolución, acabar con el capitalismo y con la sociedad burguesa. Entonces, varios grupos confluyeron y aprovecharon la situación.
París es una de las ciudades que más recibe turistas en el mundo, ¿creés que las manifestaciones están ahuyentando a los turistas?
Por supuesto que los turistas tienen miedo. Pero, personalmente, yo le tengo más miedo a los policías que a quienes provocan disturbios. Pero sí, es una situación caótica. Ahora bien, si nos preocupáramos por el daño a la imagen que los turistas tienen de París, nunca protestaríamos. Y París no es solo la Torre Eiffel. París también es la gente que trabaja, la gente que vive cada vez peor. El problema es que, por lo que difundieron los medios de comunicación, uno pensaría que todo París está en llamas. Yo vivo cerca de la Plaza de la República y, en mi barrio, efectivamente hubo destrozos en algunas calles, pero de ninguna manera en todo París. Los manifestantes no atacaron a los turistas que estaban sentados a las afueras de los cafés. Durante la manifestación pasé junto a restaurantes llenos de turistas e incluso uno nos aplaudió.
¿Sentís que los episodios violentos opacaron los motivos reales de las protestas pacíficas?
Es muy extraño que la violencia sea lo que más atención recibe. Sí, hay que hablar de ella y mostrarla, pero no veo nada sobre lo que estamos reclamando ni sobre las razones de las protestas. Es demasiado fácil hablar de los “casseurs” —quienes provocan destrozos—, de la ultraizquierda y demás. La policía tiene una actitud de confrontación y, para mí, genera caos. Nunca había visto tantos carteles en contra de la policía entre los manifestantes. Además, hubo episodios graves de violencia policial. Dos estudiantes de secundaria perdieron una mano, una joven perdió un ojo y hubo personas que recibieron gases lacrimógenos mientras marchaban pacíficamente. El problema es que, al centrarse únicamente en los destrozos, se borra por completo el contexto político.
¿Considerás que el sistema político francés está en crisis?
Sí, estamos atravesando una grave crisis política. Seguimos siendo el séptimo país más rico del mundo y hay personas que, con un salario mínimo, no consiguen acceder a una vivienda. Yo ya soy mayor, tengo 57 años, y da mucha tristeza ver que antes éramos el país con mejores resultados en salud y ahora hay que esperar meses para conseguir una consulta. En Francia, el Estado de bienestar tiene muchísima importancia y la gente ve cómo está desapareciendo. Eso genera mucha indignación.
¿Cómo afecta esto a los estudiantes que provienen de los estratos sociales más bajos?
Los jóvenes que viven en la periferia de París están muy mal vistos. Tienen muchos problemas y creo que llevan mucho tiempo sin tener voz en Francia. Se los estigmatiza sistemáticamente por ser musulmanes o afrodescendientes y, la mayoría de las veces, se los equipara con delincuentes. Su imagen está muy deteriorada.
¿Y cuál es su relación con el estado?
Estos jóvenes de la periferia tienen una relación muy complicada con la policía. Somos el único país de Europa donde la policía puede pedirte que muestres tu documento de identidad. Así que, a los problemas sociales, se suman las humillaciones cotidianas. Son de origen inmigrante, pero sus familias llevan varias generaciones aquí y ellos siguen sin ser aceptados. El sistema educativo también los estigmatiza mucho. Hay, entonces, toda una serie de decepciones y, aun así, ellos creen en la República. Vi muchas banderas francesas durante las protestas. Nuestro lema nacional, “Libertad, igualdad, fraternidad”, está por todas partes, pero muchas personas no lo viven en su día a día.
¿Creés que los franceses tienden a salir a la calle para expresar sus reclamos más que en otros países europeos? ¿Por qué?
Sinceramente, no sé cómo explicarlo. No sé por qué ocurre más en Francia que en otros países. Es cierto que hay una tradición revolucionaria arraigada en la Revolución Francesa. Vi muchas consignas contra Macron que lo presentaban como un rey. Desde la instauración de la Quinta República, en 1958, tenemos un sistema en el que el Poder Ejecutivo predomina sobre el Legislativo. El Parlamento tiene mucho menos poder que en otras democracias europeas. Por eso, la gente no se siente representada en el sistema, porque hay muchísimas desigualdades. Y en los últimos años, desde el movimiento de los llamados “Chalecos Amarillos”, hay una verdadera voluntad de hacerse oír, y de hacerse oír en la calle. También lo he escuchado en las manifestaciones: “Si no hay violencia, no te escuchan”.
¿Qué logró la manifestación del 17 de octubre? ¿Pueden las protestas generar cambios cuando el gobierno carece de mayoría parlamentaria?
Creo que quizás sea demasiado pronto para decir qué logró la protesta, pero lo que sí sé es que hay un problema real. El primer ministro pertenece a un partido que obtuvo el 5 % de los votos en las últimas elecciones legislativas. También está el problema del mantenimiento del orden público. Se supone que el Ejecutivo debe restablecer el orden y, en este caso, creo que hace lo contrario. El gobierno conoce muy bien los reclamos, porque las manifestaciones se llevan a cabo desde hace más de un mes.
Macron dio un discurso en el que dijo: “Siento vergüenza”. Bueno, yo siento vergüenza de nuestra policía y siento vergüenza de este gobierno, que efectivamente gobierna sin mayoría. Es legal, pero carece de legitimidad. Por eso hay tantas movilizaciones: no representa a nadie. Lo que está claro es que, desde que Macron está en el poder, quienes reciben el apoyo del gobierno son las grandes empresas y las personas muy ricas. Todos los demás se sienten completamente abandonados, sin ser escuchados y con un poder adquisitivo cada vez menor.
¿Creés que la educación pública mejoraría si Marine Le Pen gana las elecciones presidenciales del próximo año?
Creo que la situación ciertamente no va a mejorar, porque quieren un sistema basado en el mérito. No ven que la sociedad también contribuye a generar desigualdades, especialmente en la educación. Si crecés en un entorno adinerado o con un capital cultural muy elevado, partís con una ventaja que la escuela debería compensar para los alumnos que no nacen en este contexto. Lo intentamos con la creación de la educación prioritaria, pero está lejos de ser suficiente.
Agrupación Nacional no quieren una escuela igualitaria, quieren una desigual. Y ven a los docentes como unos izquierdistas terribles, con el cuchillo entre los dientes. Con el lema de la “prioridad nacional” sabemos muy bien que irán primero contra los inmigrantes, sean quienes sean. Y eso es contrario a nuestra Constitución.