El modelo francés en crisis: protestas, disturbios, declive económico y un país donde los extremos crecen

La capital y Lyon se sumaron a los toques de queda, mientras el Ejecutivo francés atribuye a “grupúsculos de extrema izquierda” una estrategia insurreccional tras los saqueos y disturbios del fin de semana.

Un agente de policía permanece tras una cinta perimetral cerca de Chatelet - Les Halles, en París, durante un toque de queda parcial
Un agente de policía permanece tras una cinta perimetral cerca de Chatelet - Les Halles, en París, durante un toque de queda parcial
Foto: AFP

Los liberales estadounidenses a menudo han tomado a Francia como modelo de lo que les gustaría ver en Estados Unidos: atención médica universal; guarderías de bajo costo; universidades asequibles; sólidas protecciones para los trabajadores; beneficios sociales intocables; impuestos altos; grandes inversiones en energía verde; una república laica en una sociedad multicultural; presupuestos de defensa limitados, crecimiento económico modesto pero mucha alegría de vivir. Durante mucho tiempo, ese modelo parecía casi plausible. Ya no.

Lo que ha ocurrido en Francia en las últimas semanas —las protestas estudiantiles contra el deterioro de las escuelas, que se han convertido en manifestaciones masivas contra el deterioro de las condiciones económicas, que a su vez han derivado en violencia y disturbios contra el propio Estado a un nivel no visto en años, y todo esto antes de unas elecciones presidenciales que podrían acabar enfrentando a la extrema izquierda de Jean-Luc Mélenchon con la extrema derecha de Marine Le Pen— son escenas de un país que se desmorona.

No se debe a que sus finanzas o su sistema político estén en crisis, aunque ambas lo estén. Más profundamente rotas están las promesas que debían mantener unido al país: que los jóvenes encontrarían oportunidades y los mayores contarían con apoyo; que el país podría seguir funcionando como un vasto Estado dependiente de las ayudas sociales sin tener que competir como un país ágil y emprendedor; que Francia mantendría su identidad y su seguridad dentro de una Europa pacífica, abierta a sí misma y al resto del mundo.

Esas promesas nunca fueron realmente sostenibles, aunque resulta sorprendente la tenacidad con la que los franceses se han aferrado a ellas.

Varios primeros ministros franceses han tenido dificultades para aprobar una reforma que eleve la edad de jubilación de 62 a 64 años, lo que la equipararía al promedio de la Unión Europea y ayudaría a paliar la enorme carga fiscal que supone el pago de generosas pensiones en una sociedad que envejece.

Sin embargo, la medida es políticamente inviable y se ha pospuesto hasta después de las próximas elecciones para que el actual primer ministro pueda conservar su puesto.

Francia adopta toques de queda en París y más ciudades para atajar disturbios y saqueos
Unas personas observan locales vandalizados tras los enfrentamientos entre la policía antidisturbios y los manifestantes, en París, Francia.
Foto: EFE

El desempleo juvenil en Francia ronda el 20%, casi el triple que en Alemania. Sin embargo, los costes sociales obligatorios para los empleadores son más elevados en Francia —alrededor del 45% del salario bruto— que en cualquier otro lugar de Europa, lo que desincentiva la contratación.

El Estado gasta un impresionante 57% del producto interior bruto del país. Sin embargo, la calidad de las escuelas públicas, los hospitales, la policía y otros servicios sociales franceses está en evidente declive, no porque el gobierno gaste poco, sino porque intenta abarcar demasiado.

Francia no es el único país donde la gente se resiste a renunciar a las ayudas estatales en aras del bien común. Sin embargo, sus problemas se ven agravados por sus arraigadas tradiciones de estatismo, incluso bajo la presidencia supuestamente reformista de Emmanuel Macron, y por una profunda hostilidad hacia los mercados libres y la iniciativa empresarial. Una encuesta reciente realizada en 34 países situó la actitud francesa hacia la libertad económica en el último cuarto de la tabla.

Por supuesto, los franceses tienen todo el derecho a desconfiar o repudiar lo que ellos llaman, generalmente de forma despectiva, "neoliberalismo". Pero deberían aceptar las consecuencias que conlleva esa desconfianza.

Una mujer se protege el rostro mientras está sentada en una parada de autobús cubierta de grafitis dos días después de una protesta nacional contra el "alto costo de vida".
Una mujer se protege el rostro en una parada de autobús cubierta de grafitis luego de una protesta nacional contra el "alto costo de vida".
Foto: AFP

El salario medio anual en Francia, medido en dólares estadounidenses, es más de un 30 % inferior al de Estados Unidos. La última vez que el Banco Mundial publicó su clasificación sobre la facilidad para hacer negocios, en 2020, Francia ocupó el puesto 32, al mismo nivel que Turquía. Esto podría explicar por qué Francia recibe relativamente poca inversión extranjera directa: apenas el 15 % de la que recibe la pequeña Singapur.

En la lista de las 100 empresas más grandes del mundo por capitalización bursátil, 62 son de Estados Unidos, 11 de China y Hong Kong, y solo cuatro de Francia. El año pasado, Le Figaro informó que "casi 15.000 recién graduados de escuelas de ingeniería y administración francesas optan por comenzar sus carreras en el extranjero cada año", siendo los bajos salarios en Francia la principal razón para ello.

Las políticas de autoempobrecimiento nacional tienen efectos más amplios en la cohesión social y la seguridad nacional. El resentimiento contra los migrantes inevitablemente se agrava cuando la gente siente que comparte los menguantes recursos nacionales con los recién llegados. Lo mismo ocurre con la mayoría de los demás resentimientos —de clase, edad, religión y raza— cuando la gente se enfrasca en disputas sobre cómo distribuir esos recursos en lugar de pensar en cómo incrementarlos.

Las previsiones demográficas anticipan un aumento neto de la inmigración del 50% en las próximas décadas, en comparación con el incremento neto de los últimos 30 años. Salvo que se impongan restricciones migratorias drásticas o se produzca un crecimiento económico extraordinario, esto augura un conflicto civil, si no una guerra abierta.

Una pareja pasa junto a un grafiti que dice «Luis XVI: lo decapitamos», en el centro de París, el 19 de octubre de 2026.
Una pareja pasa junto a un grafiti que dice «Luis XVI: lo decapitamos», en el centro de París, el 19 de octubre de 2026.
Foto: AFP

También es una fórmula para otro tipo de peligro. Aunque aparentemente son opuestos, tanto Le Pen como Mélenchon se oponen a la ayuda militar a Ucrania y desean una retirada parcial o total de Francia de la OTAN. En la medida en que las protestas y los disturbios han impulsado sus posibilidades presidenciales, también han aumentado la probabilidad de que Vladimir Putin gane finalmente su guerra, especialmente ahora que la administración Trump se ha vuelto, vergonzosamente, contra Ucrania.

Siempre es posible que los estallidos de violencia del fin de semana recuerden a los franceses, algunos de los cuales se encuentran ahora bajo toque de queda, que su política suele acabar mal cuando se lleva a las calles. Esto constituye una advertencia para todos los ingenuos que solían ensalzar las virtudes de un país que creía saber vivir de verdad. Bret Stephens / The New York Times

Italia: envían militares a Milán por disturbios

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, anunció ayer martes el despliegue de 500 soldados en Milán hasta fin de año tras los saqueos y enfrentamientos del fin de semana entre la policía y manifestantes. Meloni declaró en un video difundido en X que en una reunión de gabinete se aprobaron medidas para facilitar la detención de menores, imponer multas a sus padres por cualquier daño causado y tipificar el delito de “participación violenta en una manifestación”. “Protestar es un derecho.

Destruir nuestras ciudades no lo es”, escribió en X. Cientos de manifestantes fueron detenidos durante dos días de disturbios en Milán, el sábado y el domingo, y decenas de agentes resultaron heridos. Varias tiendas de lujo de la capital de la moda italiana fueron saqueadas. Algunos comercios han permanecido cerrados, han retirado artículos de sus escaparates o han reforzado las medidas de seguridad. Se prevén nuevas protestas el fin de semana. AFP

elecciones de 2027

Le Pen, la favorita a ganar las elecciones

A seis meses de las elecciones presidenciales francesas, la ultraderechista Marine Le Pen se sitúa como la clara favorita para suceder a Emmanuel Macron en el Elíseo, según una encuesta del instituto Ifop difundida ayer martes.

En la segunda vuelta del 2 de mayo de 2027, Le Pen vencería con holgura ya sea contra un candidato de izquierda (Jean-Luc Mélenchon), de centroizquierda (Raphaël Glucksmann o François Hollande) o de centroderecha (Gabriel Attal o Édouard Philippe).

Ante Mélenchon, Le Pen ganaría con un 68% de los sufragios; ante Glucksmann, con un 57%; frente a Hollande (quien aún no oficializó su candidatura), con un 59%; Attal, con un 58%; y contra Philippe, con un 56%, en el que sería el porcentaje más ajustado.

Marine Le Pen, de Agrupación Nacional (RN).
Marine Le Pen, de Agrupación Nacional (RN).
Foto: AFP.

El estudio, realizado por Ifop-Fiducial por encargo de Le Figaro, LCI y Sud Radio, se llevó a cabo entre el 17 de octubre (jornada de extrema violencia urbana en Francia) y el 19 con entrevistas a 1.928 personas.
Para la primera vuelta del 18 de abril, la clasificación a la segunda vuelta Le Pen y Mélenchon se perfila como el escenario más probable.

La líder de Agrupación Nacional (RN) oscila del 34% al 38%, mientras que el izquierdista del 15% al 18%, de acuerdo con las diferentes simulaciones que tienen en cuenta posibles fusiones de candidaturas. En un discurso de tono muy presidencial sobre los disturbios de estos días en Francia, Le Pen aparece en su despacho sentada delante de una bandera francesa y su antigua toga de abogada. En este video publicado en las redes sociales el domingo, la política de 58 años denuncia la “impotencia” del gobierno de Macron, y acusa al partido de izquierda radical La Francia Insumisa de su rival Mélenchon de querer provocar una “guerra civil”.

“Vivimos una profunda crisis de confianza, de autoridad, que supone una amenaza para la democracia”, lamenta Le Pen. El lema que propone Le Pen es “Frente al caos, la Francia en orden”. EFE, AFP

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